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    Uso de preparados industriales gana terreno frente a leche materna, pese a que generalmente “no existe una necesidad real”, según experto

    La lactancia materna es una de las formas más efectivas de proteger la salud de las madres y sus recién nacidos; en las primeras reduce el riesgo de padecer cáncer de útero y ovario, mientras que en los hijos incrementa el desarrollo físico e intelectual. Sin embargo, cada año en todo el mundo 7,6 millones de bebés no se benefician del amamantamiento por diferentes factores, según datos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

    A partir de un estudio reciente, Unicef informó que la mayoría de estos niños (21%) provienen de países ricos, y solo 4% de los bebés de países pobres nunca recibieron leche materna. Esto se debe, entre otros motivos, a la necesidad de las mujeres de países industrializados de volver rápidamente al mercado de trabajo, donde en ocasiones no cuentan con el apoyo suficiente o con las políticas públicas apropiadas para continuar con la lactancia.

    Y si bien los efectos que el amamantamiento tiene sobre el sistema inmunológico del niño están comprobados, la comercialización de alimentos para el lactante y la disponibilidad de sucedáneos de leche materna generaron un aumento de la alimentación mediante biberón. Tal es así que hasta 2014 las ventas mundiales de las preparaciones para lactantes llegaron a U$S 44.800 millones y para el 2019 se proyecta que el valor del mercado aumentará a U$S 70.600 millones, informa la ONU en su página web.

    Bernardo Horta, profesor e investigador en el área de salud de la Universidad Federal de Pelotas, Brasil, especialista en lactancia materna, expuso semanas atrás en Montevideo en el desayuno de trabajo Intervenciones regulatorias efectivas para la prevención de Enfermedades no Transmisibles en el curso de la vida, organizada por Unicef, el Ministerio de Salud Pública, la Organización Panamericana de la Salud y la Organización Mundial de la Salud (OMS).

    Su participación tuvo como fin plantear los riesgos que presenta el uso de preparados, así como la necesidad de regular su comercialización.

    “Si las madres tienen suficiente apoyo en el momento posparto, la lactancia se da en la mayoría de los niños. Por eso en general no hay necesidad real de incorporar sucedáneos de la leche materna”, explicó Horta durante su entrevista con Búsqueda.

    Hasta los seis meses los bebés deben alimentarse únicamente a través de la lactancia y es responsabilidad de la sociedad garantizar que el niño “pueda ejercer su derecho a recibir el mejor alimento para su mejor desarrollo”, añadió.

    —¿Cuáles son los beneficios de la lactancia materna y cómo puede influir en el desarrollo de enfermedades no transmisibles?

    —Las evidencias sugieren que la lactancia materna reduce los riesgos de obesidad en la edad adulta. Existen varios mecanismos que explicarían esa asociación. Por ejemplo, con el biberón muchas veces se acaba superalimentando al niño, pero la leche materna tiene un cierto volumen. Es muy difícil superalimentar al bebé, porque este va a estar entrenado desde pequeño para comer lo necesario, para saciarse con menos. Otros elementos sugieren que podría también haber mecanismos epigenéticos que cambiarían la expresión de los genes y también cuestiones vinculadas a la diversidad de la dieta. La leche materna tiene los gustos influenciados por lo que la madre come, entonces el niño va acostumbrándose a diferentes sabores. Con respecto a la saciedad, estudios realizados en Brasil y otros similares en Europa muestran que si un niño tiene diagnosticado el gen FTO (asociado a la obesidad) tiende a comer más, pero con la lactancia los efectos de los genes disminuyen. Contra la diabetes tipo 2, son menos los estudios que comprueban la protección, pero los resultados igual sugieren que esta podría explicarse al disminuir los efectos en la obesidad, que constituye un factor de riesgo. También puede haber otros mecanismos envueltos que no comprendemos. Cuando se habla de efectos de la lactancia materna a largo plazo, hay que ver los efectos sobre el capital humano. Es importante saber que la lactancia promueve un mejor desarrollo cognitivo del niño y que eso se ve reflejado en la edad adulta en una mayor escolaridad, es decir que esto impacta en la vida de los individuos. Basándose en estos datos, se ha estimado que si todos los niños del mundo fuesen amamantados por dos años como lo recomienda la OMS, tendríamos un aumento en el PBI global de medio por ciento.

    —¿Qué riesgos puede generar el uso de otro tipo de complementos o preparados en la alimentación de un niño?

    —En los primeros seis meses el único alimento recomendado que debería recibir un niño es la leche materna, porque le transmite al recién nacido todos los nutrientes que este necesita. Después de ese período podría comenzar a recibir alimentos normales, pocos y lentamente, como para ser introducido en una dieta variada, con alimentos de preferencia preparados en casa, no industrializados. Algunos niños no pueden recibir leche materna, pero son realmente la minoría. Para esas criaturas existen preparados especiales. Pero lo que tenemos que pensar es que si las madres tienen suficiente apoyo en el momento posparto, la lactancia se da en la mayoría de los niños. Por eso en general no hay necesidad real de incorporar sucedáneos de la leche materna.

    —En todo caso, los complementos que se le dan a los niños, no son en sí mismo malos. ¿No?

    —El problema es que algunos de los alimentos que se le dan a los niños no son necesarios. Un niño de un año tiene una dieta variada en general, en la que no necesariamente necesitaría consumir una leche especial. Influye mucho el marketing y la información que circula en la sociedad. Por ejemplo, es preocupante pensar que niños de dos años están consumiendo bebidas azucaradas. Hay que pensar qué debemos hacer para cambiar eso.

    'La leche materna tiene los gustos influenciados por lo que la madre come, entonces el niño va acostumbrándose a diferentes sabores'.

    —¿A qué debe prestarle atención un padre cuando quiere darle a su hijo un sucedáneo de la leche o complemento alimenticio???

    —Que sea lo más natural y casero posible. Eso es lo más importante. Cuanto menos sodio o azúcar se le agrega a los alimentos, mejor. Eso no solo impacta sobre el metabolismo, sino que lo condiciona. Si alguien crece consumiendo mucho azúcar, el cuerpo se acostumbra. Pero si desde la niñez consume poco sodio o azúcar en los alimentos preparados en casa o en los industrializados que eventualmente consuma, tiene un gusto ya entrenado.

    —En ocasiones las madres se apoyan en esos complementos porque no pueden amamantar cada vez que lo necesitan. ¿Cree que las políticas públicas acompañan la realidad recomendada?

    —Lo importante es pensar qué podemos hacer en nuestra sociedad para facilitarle eso a la madres. A veces hay un apoyo insuficiente en el comienzo de la lactancia: por ejemplo, si la madre tiene que volver al trabajo y no tiene un espacio adecuado para amamantar. Tenemos que crear leyes que faciliten y permitan eso, que la madre que trabaja pueda pasar más tiempo con su hijo. En algunos países de Europa tienen una mayor licencia maternal. También hay que pensar el problema que tiene una madre para amamantar a su hijo en algunos lugares públicos. Si le da un biberón se toma como algo normal, pero si le da el pecho a veces es un problema.

    'Es importante saber que la lactancia promueve un mejor desarrollo cognitivo del niño y que eso se ve reflejado en la edad adulta en una mayor escolaridad, es decir que esto impacta en la vida de los individuos'.

    —¿Qué beneficios tiene la lactancia sobre la salud pública y cuál es la necesidad de contar con políticas que la protejan?

    —La importancia de proteger la lactancia materna es garantizar que todo niño pueda ejercer su derecho a recibir el mejor alimento para su mejor desarrollo.

    —El consumo más alto de leche materna se aprecia en general en los sectores de más bajos ingresos. ¿Por qué?

    —En algunos países los grupos más pobres, de más bajos ingresos, amamantan más. A medida que cambia el estatus socioeconómico del país, la situación es contraria. Es una cuestión cultural, hay varias barreras. Muchas veces en los países más ricos las mujeres deben reincorporarse al trabajo y tienen dificultades, aunque las pobres pueden tener trabajos donde no tengan la facilidad de dar de mamar. Según un estudio hecho en Pelotas, la percepción en las madres de mayor nivel socioeconómico era que la lactancia era un acto de alguien que no trabajaba, que no tenía condiciones de controlar el ingreso de plata en su familia. Alimentar con fórmulas a su hijo era una manera de mostrarle a la comunidad que tenía poder. Tenemos que trabajar en ese sentido, es una cuestión de cambiar actitudes en los servicios de salud y en la sociedad.

    —¿Está creciendo el uso de sucedáneos?

    —Sí, crece, porque la industria se va adaptando. Necesitamos de la industria, pero precisamos que siga ciertos reglamentos. Por ejemplo, ¿es necesaria la inserción de azúcar o grasas en ciertos alimentos? Uruguay es un ejemplo para mí, en cuanto a los controles de sodio en el preparado de alimentos y en cuanto a políticas públicas en general está bien posicionado. Brasil, por otra parte, esta atrás de Uruguay y de Chile, infelizmente.

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