Argentina y Uruguay tienen muchas coincidencias y en las negociaciones desde 2017 trabajan juntos. Al grupo además se suma Brasil, un vecino que en esta COP25 ha resultado polémico. La conferencia terminó el domingo, dos días después de los previsto, entre declaraciones que hablaban de fracaso y acuerdos magros. Brasil fue uno de los países que se mostró tajante con algunas posturas que impidieron llegar a un acuerdo y en esos momentos se separó de Argentina y Uruguay.
El grupo de negociación Argentina, Brasil Uruguay (ABU) se estableció en la COP de Marrakech en 2016, la que le siguió a París, en donde se logró el acuerdo que en las siguientes instancias ha venido tomando forma. “Sirvió como un grupo de negociación principal” hasta la COP de 2018 en Polonia y hoy “igual compartimos algunos puntos de negociación conjunta como transparencia”, contó Ignacio Lorenzo, director de Cambio Climático del Ministerio de Vivienda. Hay un punto en el que no hay acuerdo en ABU y eso estuvo claro desde un principio. Los países participantes también coincidieron en que si había diferencias en algunos puntos, solo en esos se mantendrían separados y no forzarían una posición conjunta. Brasil propone que los proyectos MDL (que pertenecen al mercado de carbono que se montó con el Protocolo de Kyoto, acuerdo previo al de París) pasen a pertenecer al nuevo sistema que se crearía bajo el paraguas del Acuerdo de París. Sostienen que esos proyectos deberían de forma lineal poder utilizarse en el Acuerdo de París y este es un problema, ya que se acreditarían a favor viejos compromisos sin hacer nuevos esfuerzos. Es una postura independiente al presidente Jair Bolsonaro, es previa, aclaró Lorenzo. Brasil no fue el único país que se opuso a un acuerdo para un nuevo mercado de carbono.
En este punto el resultado de la COP25 pasa la tarea a la COP26, que se realizará en 2020 en Glasgow, Irlanda. Se asume que no hay consenso.
Con respecto a la negociación, Mario Caffera, integrante de la ONG Amigos del Viento y enviado a la COP25 por las ONG ambientalistas uruguayas, opinó que la delegación uruguaya “hizo un muy buen papel defendiendo la posición de los países más vulnerables y buscando entendimiento a la vez”.
“Fui testigo de eso, puedo dar fe, llevó la voz cantante en sacar y poner corchetes, incluso frente a las delegaciones halcones como la de Australia”, contó Caffera a Búsqueda. Posiciones cerradas con defensa a los combustibles fósiles como las de Arabia Saudita, Estados Unidos y Brasil (aunque este más suave en sus discursos), hicieron fracasar el acuerdo, consideró.
En la negociación, para contar con un mecanismo de pérdidas y daños con apoyo económico para que los países en desarrollo afronten las pérdidas económicas de las consecuencias del cambio climático, no se logró aporte económico de las grandes potencias. En esto la posición de ABU fue conjunta en pedir apoyo, una “ventanilla específica” que no se logró, informó Lorenzo.
Dos palabras
Hubo dos palabras que a Ignacio Lorenzo le quedaron grabadas: decepción y agridulce. El secretario general de la ONU, António Guterres, dijo tras finalizar la COP25: “Estoy decepcionado con los resultados”. Su opinión “es compatible en el sentido de que el principal punto de negociación que estaba, que era el de mercados, no alcanzó un resultado concreto”, dijo Lorenzo a Búsqueda. También en los hechos fue la negociación más larga de la historia, que finalizó 42 horas después de lo previsto, con reuniones incluso de madrugada y con un resultado que dejó que desear.
“Creo que bien hubiera valido si se hubieran alcanzado resultados, pero no fue así. Esa extensión se transformó también en una cosa incómoda. ¿Por qué seguirla extendiendo si no es que faltaba trabajo para lograr un acuerdo sino que las posiciones estaban muy divergentes? Genera un cierto agotamiento y estado de ánimo negativo”, evaluó Lorenzo a tres días de regresar a Uruguay.
La segunda palabra que Lorenzo destaca es agridulce. La ministra española Teresa Ribera terminó liderando las últimas horas de negociación luego de que Chile, con una performance bastante criticada, le dejara el mando. Ribera dijo que el resultado le “deja un sabor de boca agridulce”. Por un lado la negociación por lograr un nuevo mercado de carbono para el Acuerdo de París no dio sus frutos, pero sí se logró incluir referencias a la necesidad de mayor “ambición”. Esto último en el contexto de la negociación implica un “logro”, evaluó Lorenzo, quien dijo que a nivel “doméstico” hubo aspectos positivos.
“Desde la perspectiva de Uruguay fue dulce porque es un logro el Plan de Acción de Género que fue aprobado en su segunda versión, la primera había sido en Lima”, y se presentó la quinta Comunicación Nacional al ser el segundo país en desarrollo en hacerlo luego de México, destacó el negociador uruguayo Lorenzo. También fue dulce porque Uruguay tuvo una delegación ampliada con participación de la sociedad civil y del sector privado. “Pudimos intercambiar de manera abierta y fluida en todo el proceso”, agregó.
Solo unos 80 países abogan por mayores compromisos. Son unos 120 los que “no estarían en este proceso de manera más activa”, contó Lorenzo. Estados Unidos aún bajo la presidencia de Donald Trump se mostró contrario a asumir mayores compromisos y ya solicitó retirar a su país del acuerdo pero con elecciones en puerta, todo depende de quién ocupe la Casa Blanca en 2020. En París, Estados Unidos, China y la Unión Europea se mostraban unidos al acordar en 2015 sobre cambio climático. Ahora la situación es más fragmentada. Resta “tomar el timón fuerte y pasar la tormenta, que seguro va a pasar”, auguró Lorenzo.
Todos juntos
Para la Asociación Uruguaya de Energías Renovables (Auder) el impulso a participar de la COP25 es la firma del convenio de cooperación con asociaciones colegas de Iberoamérica para fomentar energías renovables. El acuerdo integró asociaciones de Argentina, Brasil, Uruguay, México, Ecuador y España. “La idea de firmar en la COP25 fue de posicionamiento. Con fuentes limpias mejoran las emisiones de CO2 a la atmósfera”, dijo a Búsqueda Jorge Cernadas, vicepresidente de Auder.
Además, destacó que participar de la delegación uruguaya le permitió ver de primera mano lo bien posicionado que está el país en el tema y apoyar también la línea de trabajo que transciende los gobiernos. Ya es una política de Estado, con la seguridad que esto implica para las inversiones que se hacen en el país con certezas políticas y jurídicas, a diferencia de lo que ocurre en países vecinos, por ejemplo. En definitiva, los privados “invierten en el país” y formar parte de una delegación oficial como ocurrió en el caso de Uruguay es parte “importante” de ese mensaje de “reglas claras” que “hay que mantener”, destacó Cernadas.
Las ONG ambientalistas le plantearon al gobierno si en la COP25 incluirían a la sociedad civil dentro de la delegación tal como habían hecho en la COP de Lima cinco años antes. Así fue que las ONG comenzaron a preparar su ida a la conferencia este año. Amigos del Viento fue la que participó en la delegación finalmente. La “etiqueta” cambia, comentó Caffera enviado por las ONG ambientalistas uruguayas. Es que no solo la acreditación de las delegaciones tiene otro color, sino que ser parte les permite participar en reuniones y negociaciones a las que si no, no podrían acceder. A Caffera ver de cerca todo esto lo ayudó a poner “en contexto” los reclamos que le suelen hacer al gobierno uruguayo pidiendo más acciones para combatir el cambio climático y ver cómo en el concierto internacional Uruguay cumple un rol interesante y hasta destacado en algunos temas.
Caffera opinó que Costa Rica a escala internacional tiene “más marketing” por ser un país que presenta una imagen fuerte en el combate al cambio climático. De todos modos, Uruguay “no está muy lejos y en muchas cosas estamos mejor, nosotros somos mucho más sobrios y ellos están muy marketinizados”.
De la COP25 “sobre todo nos traemos deberes, porque la realidad latinoamericana es muy diversa”, dijo Caffera, perteneciente además con su ONG a la organización Climate Action Network en su capítulo latinoamericano.
La decisión de la ARU de participar en la COP25 surgió a partir de que la reunión, en una primera instancia, se iba a realizar en Chile. Las gremiales agropecuarias pidieron al gobierno la posibilidad de acompañar a la delegación oficial. “Consideramos que el tema cambio climático y agropecuario están muy relacionados y sentimos que el cambio climático afecta al sector agropecuario. Nos parecía importante acompañar a la delegación”, planteó Aznárez.
Tras los problemas en Chile, la sede cambió a Madrid. Algunas delegaciones no pudieron viajar pero ARU se mantuvo firme. “La idea fue acompañar durante los tres días en los que el tema agro iba a estar más en el tapete y en los días en que estaban los ministros”, contó Aznárez. El ministro de Ganadería, Enzo Benech, y la ministra de Vivienda, Eneida de León, viajaron para participar de la COP25.
El caso de Argentina terminó por dejar en claro que la presencia de ARU como parte de la delegación uruguaya era una señal importante. A Aznárez le quedaba claro, pero lo de Argentina lo hizo todo más visible.
Edición 2051
2019-12-19T00:00:00
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