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    “A la larga hace bien” y es “sano” que se denuncie en redes hechos de acoso que viven las universitarias, opina la decana de Derecho

    La facultad analizará en un consejo extraordinario las denuncias de abuso y violencia de género que se multiplicaron en las últimas semanas

    Cristina Mangarelli tenía 26 años y aspiraba a trabajar como docente de la Facultad de Derecho de la Universidad de la República (Udelar) cuando una autoridad le preguntó durante una entrevista de admisión si estaba segura de que iba a seguir la carrera docente teniendo un hijo de apenas meses, sugiriendo que su maternidad reciente podía afectar su desempeño laboral. En aquel entonces, la hoy decana de Derecho —primera mujer grado 5 en Derecho Laboral y también primera abogada en ocupar el decanato de la facultad— no le dio mayor trascendencia al episodio. Pero el comentario le quedó resonando, al punto que más de 40 años después se plantea que “seguramente a un docente hombre no se le pregunta eso”.

    “Aquello estaba tan naturalizado...”, dice hoy, convencida de que “sigue existiendo discriminación en toda la sociedad uruguaya, que asigna roles en base a estereotipos sexistas, basados en ideas de dominación del hombre sobre la mujer”. Son justamente esas prácticas las que como decana y experta en Derecho Laboral pretende mitigar, en procura de una “igualdad real”.

    Lo que sigue es un resumen de la entrevista con Búsqueda.

    Usted es experta en materia de acoso, sobre todo laboral, y quien ha trabajado más doctrinariamente el tema. ¿Cómo observa esta andanada de denuncias difundidas en distintos ámbitos?

    —El tema del acoso es cada vez más importante a nivel mundial. Eso queda claramente de manifiesto con la adopción por la Organización Internacional del Trabajo (OIT) en 2019 del Convenio Nº 190, relacionado con la violencia y el acoso laboral. Y Uruguay se convirtió en el primer país en validarlo. El convenio todavía no está en vigencia, aunque mucho de lo que allí se señala ya rige en nuestro país. Desde 2009 también tenemos ley sobre acoso sexual (Nº 18.561), que previene y sanciona el acoso sexual en las relaciones laborales o docentes y protege a sus víctimas, la cual se aplica tanto en el ámbito público como en el ámbito privado. Y pronto aprobaremos otra sobre acoso laboral o moral y sobre violencia en general. Es un mensaje claro de que estas conductas no pueden ser admitidas en el mundo del trabajo, y pone de manifiesto la importancia de la prevención de la violencia y el acoso en su vinculación con el combate a los estereotipos culturales, de género. Porque esos estereotipos son las causas de muchas conductas de violencia.

    ¿Qué pasa concretamente con estos temas en el ámbito universitario? ¿Cómo cree que la universidad y la facultad deben tratar situaciones como el acoso laboral, sexual, el abuso de autoridad en el aula, los comentarios sexistas, la discriminación?

    —El acoso y la violencia en ámbitos laborales y académicos es una manifestación de la violencia en la sociedad uruguaya. A nivel de la Udelar hay una importante declaración que señala que no se admite ningún tipo de acto de acoso, de violencia y de discriminación. Yendo concretamente a la facultad, desde que yo asumí el decanato en Derecho hace dos años tenemos una política clara de prevención de estas conductas. Hay un procedimiento para presentar las denuncias que está publicado en la página web de la facultad, que investiga y ofrece confidencialidad y protección a todas las partes, y si encontramos faltas, el consejo de la facultad sanciona. Eso da tranquilidad y seguridad a las presuntas víctimas de que sus denuncias son tratadas con las máximas garantías.

    ¿Cuándo se aprobará el protocolo de actuación en Derecho?

    —El protocolo se discutió el año pasado en el consejo de la facultad y el proyecto quedó a la espera de la redacción final del protocolo central de la Udelar, en vías de modificación. Esperamos ese protocolo central para ajustar el nuestro. Pero aunque no haya un procedimiento establecido en un protocolo, insisto en que hay mecanismos específicos para presentar las denuncias, y en las investigaciones administrativas hay una especial protección porque la ley de acoso sexual se aplica a la administración pública y establece mecanismos de confidencialidad. Trabajamos en la prevención y en la investigación de los casos denunciados.

    ¿Cuántos casos de acoso se investigó desde que asumió el decanato de la facultad, en 2018?

    —No demasiados: seis en total, la mayoría se presentó en Montevideo y uno en Salto. Pero ¿cuántos casos que se plantean son realmente acoso laboral o sexual? No hay que abusar del término, porque muchas veces se denuncian hechos que no necesariamente son acoso, que es una cosa muy dañina y sutil. Esto no implica que la falta de respeto o la discriminación no sea sancionable, pero no es específicamente acoso. Y algunas veces se utiliza el recurso para pedir un traslado; se argumenta que alguien sufre acoso a sabiendas de que no lo es, porque lo primero que se hace es separar a las personas para reducir el eventual daño. Hay personas que reclaman traslados y, como no le dan la razón, esgrimen acoso. Entonces se mal utiliza el término; o se confunde el acoso con el conflicto. Eso lo señalan tanto jurídicos como psicólogos.

    ¿En qué quedó su idea de incorporar la “perspectiva de género” en todas las ramas del Derecho?

    —El consejo de la facultad aprobó en febrero esa propuesta que presenté en diciembre para que en todas las ramas del Derecho se estudie con perspectiva de género, y no quede limitado a una materia específica y opcional, Derecho y Género. Ahora todas las materias, Civil, Procesal, Constitucional, Laboral, Seguridad Social... todas tienen que enseñar el Derecho y analizarlo, de manera transversal, con enfoque de género. Ese es un gran paso para los estudiantes, los futuros egresados y aplicadores del derecho, y para toda la sociedad, porque así también se combaten los estereotipos que permean a toda la sociedad uruguaya. Por ejemplo, esa idea de que la mujer no está capacitada o no puede acceder a determinados trabajos o lugares, es una cuestión bien clara de género. Me refiero al rol que se le asigna a la mujer respecto al trabajo, la familia y los cuidados. En el fondo de eso está el tema de la violencia de género, o, dicho de otro modo, de la dominación del varón respecto de la mujer.

    ¿No alcanza con la ley?

    —La ley sin duda es un mecanismo muy importante para el cambio cultural hacia la igualdad real, pero con eso solo no alcanza para librarnos de los estereotipos, de comentarios sexistas, de comentarios machistas, de lo que se cree que es galantería y no lo es, y que la mujer no tiene por qué aceptarlo. Todas estas situaciones causan graves daños. Ya en la educación de la mujer muchas veces hay una autolimitación y consideraciones de género que no se dice pero que subyacen. También es un tema de poder.

    ¿Qué consideración le merecen las denuncias y testimonios difundidos recientemente en las redes sociales, sobre situaciones de acoso en la Facultad de Medicina y en la de Derecho?

    —(Se toma unos segundos). Creo que todo eso, en definitiva, a la larga, hace bien. Porque hace que la sociedad piense en estas cosas, y las analice. A mí, realmente no me molestan esos comentarios, todo lo contrario. Es sano para la sociedad expresar y conocer estas situaciones, aunque no sean los mecanismos oficiales. Está bien que se expongan de esta manera.

    ¿Estas denuncias tuvieron repercusiones a la interna de la facultad?

    —Sí, sí. La semana pasada en el consejo de la facultad resolvimos que todo este tema será tratado en un consejo extraordinario previsto para los próximos días.

    Todo este tema incluye casos que no solo refieren a episodios de acoso sexual; muchos aluden, por ejemplo, a comentarios desubicados de docentes en clase...

    —Sí, no solamente hay comentarios sexistas. Muchas veces discriminamos por la apariencia o por la edad, por el color de piel o el lugar de origen, y eso a veces se traduce en “chistes” que no se pueden admitir. Por eso creo que estas vías de denuncia también constituyen un avance para la sociedad. Porque ponen de manifiesto muchas situaciones que están mal, como eso de que la mujer no puede aspirar a determinados cargos… Eso condiciona a las personas que se educan así y después asumen actitudes que corresponden a una construcción social.

    Foto: Nicolás Der Agopián / Búsqueda

    Para convertirse en la primera abogada decana de Derecho, ¿también sufrió los efectos de esa construcción social?

    —Y sí… (se ríe). Lamentablemente, desde mis épocas de estudio… En uno de los concursos abiertos para docente me preguntaron si yo con un hijo chico estaba realmente segura de que iba a poder seguir la carrera, por esa idea de que si la mujer toma algo, lo toma a medias... Entonces yo no le di mayor trascendencia al tema. Pero seguramente a un docente hombre no se le preguntaba eso, pero aquello estaba tan naturalizado… ¿Y por qué una mujer con un hijo chico no puede seguir trabajando y estudiando? Es como cuando te dicen: “Pero tú trabajás como los hombres...”. ¿Qué quiere decir eso? Eso es una construcción social, y la verdad... hay estructuras de poder en determinadas posiciones, grupos de poder que generalmente son todos varones. En esas estructuras, las mujeres siempre tienen que estar por detrás de los hombres, nunca por delante. No me refiero a cuestiones que estén sucediendo ahora en la facultad, sino ciertas lógicas o estereotipos culturales y a la dominación del varón respecto de la mujer.

    ¿En qué medida esas lógicas persisten en el ámbito laboral y académico?

    —Esas lógicas persisten y eso también se ve en la Udelar. Es verdad todo eso que se dice de que a la mujer le cuesta mucho más llegar… eso es verdad. Y también es verdad que en el desarrollo profesional se le perdona menos a la mujer, mucho menos que al hombre. Todo eso es verdad. Pero muchas mujeres no están advertidas de las dificultades que tendrán en su desarrollo profesional. La mujer generalmente salva el examen y tiene mejores calificaciones que el varón, pero después, cuando entra en los trabajos, ya se nota la diferencia. Por eso importa que las mujeres sepan esto, que todavía está en la sociedad la idea de que determinados lugares tienen que ser ocupados por hombres. Eso es así, aunque parezca que no, porque no está claramente dicho, y es algo con lo que las mujeres tienen que luchar.

    ¿Los directores de los institutos deben supervisar e intervenir para evitar esas malas prácticas o eso es parte de la libertad de cátedra del docente?

    —En los últimos tiempos muchas mujeres fueron designadas como grado 5 y varias de ellas son actualmente directoras de institutos, por lo que se logró descomprimir ese desequilibrio. Por supuesto que aún hay más varones que mujeres.

    Pero entonces ese desequilibrio se está rompiendo.

    —Se está rompiendo y la mujer también está alcanzando los cargos más altos de la carrera docente. Pero en muchos casos aún no aspira a llegar a determinados lugares, y eso es tremendo. Aún pervive una especie de sanción social para la mujer que impide que se desarrolle con libertad en el trabajo y en la academia. Esa idea de que “no atiende al marido o no atiende a los hijos…”, que no cumple con lo que la sociedad le dice que tiene que cumplir por ser la madre o la mujer en la familia. Pero insisto, el tema nos ocupa en la facultad. Estamos haciendo talleres y otras actividades de prevención. Además, propuse unos llamados a proyectos de investigación y de extensión, y dos de ellos tienen como tema la prevención de la violencia de género. Todo esto demuestra nuestra preocupación, y que el esfuerzo por la igualdad real está muy presente en Derecho.

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