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Hace unos años, cuando la industria uruguaya del software exportaba US$ 250 millones anuales, algunos empresarios del sector proyectaban que esos negocios se multiplicarían por cuatro hacia el 2020. “No lo vamos a cumplir” y hoy lo que el sector le vende al mundo son unos US$ 400 millones, comentó Marcel Mordezki, catedrático de Innovación de la Universidad ORT. Esa cifra “no está mal” si se compara con los de potencias del rubro —como los US$ 10.280 millones de Israel, los US$ 33.000 millones de Irlanda o los US$ 120.000 millones de Singapur—, aunque resultan magras respecto al “potencial” que tiene esa industria en Uruguay, añadió. Y como síntesis del diagnóstico, dijo: “(…) No hemos hecho las cosas correctas”, si bien “se mantiene una ventana de oportunidad hacia delante”.
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Mordezki habló el pasado viernes 31 de agosto en un foro organizado en la sede del Latu por la Cámara Uruguaya de Tecnologías de la Información (CUTI) para reflexionar sobre los desafíos para el sector.
Su visión y la de otros oradores —también del ámbito académico y la consultoría en tecnologías de la información (TIC)— fue coincidente en advertir como una debilidad lo que se presentó como una gráfica en forma de “u” o de sonrisa: lo que genera más valor está en los extremos de la cadena (la creación y el contacto con los clientes), y menos en el tramo central (fabricación), donde está parada en general la industria uruguaya.
“No me vayan a masacrar. No digo que sea mal negocio, solo digo que los indicadores de tendencia muestran que existen otras oportunidades y que existen algunos riesgos de que el negocio se vea bajo presión en el futuro cercano”, planteó. Para él, dichas tendencias “son claras. Piensen unos ocho años atrás cuando nos decían que los smartphones iban a ser la revolución. ¿Alguien tenía dudas? ¿Hicimos lo que había que hacer? No hicimos la preparación para tener los equipos humanos relevantes para atender las tendencias relevantes”, reflexionó. Según Mordezki, hoy se tendría que estar capacitando mucho más en, por ejemplo, big data.
Identificó un problema de “conaprolización” del sector de las TIC. Conaprole “hizo solo un intento de posicionar su marca”, en Brasil, mientras que la mayor parte de sus exportaciones son de leche en polvo desecada a la que luego un intermediario le agrega agua y la vende como leche fluida. “Si hay un valor de marca importante para un queso, imagínense” si lo tendrá “para un intangible como un software” como elemento de “confianza” frente a los clientes, y “más (si es) de una empresa que nace en un país ignoto del Cono Sur”, comparó. “¿Qué hacemos nosotros? Vendemos servicios, que los metemos dentro de una app, a la que otro señor le pone una marca y luego la vende en un mercado internacional”, señaló.
Mencionó algunos casos que escapan a esa realidad; uno, dijo, es Genexus, que está tratando de ser reconocida por su marca y de generar una comunidad para atender las necesidades de los usuarios. “Por lo menos entienden del modelo de vender tecnología”, sostuvo el catedrático de la ORT; pero en general “faltan destrezas de management” en el sector. Es necesario invertir para escalar en la cadena de valor, añadió.
Como resumen, Mordezki planteó que las TIC en Uruguay tienen una historia por la que puede sentir orgullo, pero acotó: “Sin embargo, hay muchísimas oportunidades y la verdad es que no hemos sido capaces de capturar oportunidades en toda su dimensión”.
“Fritos”
Otra de las expositoras, la economista e investigadora en especialización productiva Lucía Pittaluga, compartió que el sector tiene espacio para avanzar en la escala de generación de valor.
“Esa fenomenal incorporación de tecnología en uno de los productos más tradicionales, sin duda que la trazabilidad, afectó nuestra reputación como vendedores de carne. Pero ¿por qué no se generó un sector estilo forestal como generó Finlandia? Es una pregunta que hay que hacerse” para reflexionar sobre “cuán competitivo en forma genuina” es el sector de las TIC, dijo. Agregó que hoy está “en la parte de la menor generación de valor en esa curva sonrisa” que mencionó Mordezki.
También aludió esa curva en “u” el ingeniero Pablo Santor, consultor y profesor en el área de sistemas de información en el IEEM-Escuela de Negocios de la Universidad de Montevideo.
“Cada vez más el valor está en los colaboradores sofisticados. El técnico que hace muy bien su parte técnica está muy bien, pero está amenazado en el futuro”, opinó. “La excelencia técnica es muy difícil de mantener en Uruguay, por escala. No se puede ser muy bueno en muchas tecnologías. No lo somos”, amplió. En el exterior lo que valoran de los uruguayos como productores de TIC es que “son muy buenos, son flexibles, son generalistas. (…) No es que estemos mal, pero no hay un diferencial allí”, amplió.
“Más cooperación” dentro del sector es clave para competir, consideró.
Para Santor, las TIC deberían ser un rubro “extremadamente estratégico” para el país, aunque el argumento “no es glamoroso; no tanto porque estemos mejor posicionados que la mayoría de los potenciales competidores, sino porque ahí podemos competir. En los otros, estamos fritos. Las TIC no requieren recursos naturales, los fletes no son un problema”, y eso “mitiga varias desventajas que tienen otros sectores”.
Desde su perspectiva, la productividad es otro desafío. Utilizando números ficticios señaló que si el sector se fijara como meta crecer 10%, y teniendo en cuenta que anualmente se incorporan al mercado un 1% de nuevos profesionales en el área de las TIC, entonces la productividad debiera aumentar 9%. “¿Cuánto ha subido la productividad del sector? (…) No tengo claro que haya subido en estos años en Uruguay”, afirmó. Para ese consultor, donde sí hay algo más de productividad es en servicios prestados al exterior, pero “cuyas estadísticas no están en ningún lado, (…) no figuran estadísticamente. Suelen ser personas con una flexibilidad que les permite hacer una diferencia de productividad. Es un temita para reflexionar, porque es parte del sector”.