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    ¿El Mundial 2030 son migajas para Uruguay?: el gobierno lo ve como un premio a la insistencia

    La falta de votos en la FIFA y la posición moderada de Argentina imposibilitaban obtener la candidatura

    “Premio consuelo”, “caramelito”, “migajas”, “puesta en escena”, “papelón”, “relato mitológico” y “vergüenza”. A muchos hinchas, políticos y periodistas sudamericanos les sobraron las críticas para la decisión de la FIFA de otorgar tres partidos del Mundial 2030 a Montevideo, Buenos Aires y Asunción y descartar a Chile como cuarto anfitrión. Fueron aún más duros respecto a la postura de los gobiernos de Uruguay, Argentina y Paraguay de celebrar lo que en los hechos entendían como una derrota ante España, Portugal y Marruecos.

    “Uruguayos campeones”, escribió el miércoles 4 en su cuenta de X el presidente Luis Lacalle Pou. “Es muy especial. La historia vuelve al Estadio Centenario. Hay que festejarlo”, dijo el mismo día en rueda de prensa el secretario nacional del Deporte, Sebastián Bauzá.

    Un dirigente de la Asociación Uruguaya de Fútbol (AUF) incluso manifestó que “el malestar no lo debe tener Sudamérica” sino España, Portugal y Marruecos, que tenían el triunfo asegurado durante la elección de la candidatura en el Congreso de la FIFA de 2024 y ahora quedaron “opacados” con la participación de Uruguay, Argentina y Paraguay.

    Horas después de anunciar oficialmente la decisión, la FIFA tuvo que enviar un comunicado para aclarar cómo será el diseño del Mundial ante la confusión que generó en Europa el hecho de que la ceremonia inaugural pueda desarrollarse en Montevideo. “En la capital de Uruguay tendrá lugar la ceremonia de celebración del centenario, en reconocimiento al papel de Uruguay como anfitrión y campeón de la edición de 1930”, indicó la FIFA, que añadió un cronograma tentativo del torneo para ratificar que el evento de apertura será una semana después en España, Portugal o Marruecos.

    En el gobierno consideran que obtener la candidatura ya era imposible por la vía de los votos y, aun en el utópico escenario en que eso sucediera, era riesgoso desde lo económico. Consultado por Búsqueda, Bauzá valoró que al no hospedar el campeonato entero Uruguay evita invertir alrededor de US$ 1.000 millones. En 2020 el jerarca había pedido “ser muy conscientes de la inversión” y “responsables en administrar los dineros del Estado”, una preocupación que compartían en el Ministerio de Economía y Finanzas.

    Todavía más conformes parecen estar en Argentina, que prácticamente desde el comienzo de la candidatura prefirió eludir erogaciones millonarias. “Quiero explicar una cuestión económica muy importante: esto al país no solo no le cuesta plata sino que además no le significa un impacto desde lo impositivo”, destacó Sergio Massa, ministro de Economía y candidato a presidente, en una conferencia de prensa la semana pasada. “Y hay algo mucho más importante, que es que le significa ingresos”, añadió.

    No le cuesta plata

    Corría enero de 2016 cuando Mauricio Macri fue invitado por Tabaré Vázquez a la estancia de Anchorena. Había asumido hacía pocos días la presidencia de Argentina y existía cierta incertidumbre respecto al relacionamiento entre Uruguay y Argentina debido a las diferencias ideológicas de sus presidentes. Macri y Vázquez despejaron esas dudas rápidamente con un poderoso anuncio: ambos países iban a presentarse juntos para organizar el Mundial 2030. “No hay mejor oportunidad que comprometernos a candidatearnos”, señaló Macri.

    Aunque la sede compartida buscó transmitir un mensaje de unión diplomática y cultural entre las naciones vecinas, la razón de la candidatura conjunta radicó en la importancia económica de Argentina para cargar el peso logístico y de infraestructura de un Mundial, un país mucho más preparado para ofrecer estadios, centros de entrenamiento, conectividad, aeropuertos, hoteles, servicios, ciudades y puntos turísticos.

    Con el paso de los meses, sin embargo, lentamente se diluyó el entusiasmo inicial de Macri y Argentina para comprometerse con inversiones a futuro. En 2018 el Fondo Monetario Internacional (FMI) aprobó un préstamo de US$ 50.000 millones y jerarcas del gobierno debieron retrucar reportes de prensa que señalaban que el FMI había solicitado retirar la candidatura para que el gasto estatal se derivara a rubros más prioritarios. Aunque el gobierno argentino nunca se bajó de la postulación, el ruido inicial del Mundial 2030 se silenció, aun cuando en 2017 y en 2019 se habían sumado Paraguay y Chile para facilitar la organización.

    Ya en 2020, con Alberto Fernández como presidente y en plena pandemia del Covid-19, el propio gobierno de Uruguay admitió que la iniciativa estaba congelada. “Ninguno de los cuatro países que son candidatos están en situación de ponerse a pensar en el Mundial 2030. Nadie puede plantear a sus gobiernos hoy por hoy hacer una inversión para el Mundial”, afirmó entonces Bauzá.

    La situación, que parecía zanjada, volvió a cambiar al año siguiente. La Confederación Sudamericana de Fútbol (Conmebol) confirmó a Montevideo como sede de las finales de la Copa Libertadores y la Copa Sudamericana 2021, financió reformas al Estadio Centenario y recibió de Uruguay vacunas contra el Covid-19. “Lo que nos hicieron es lo que hace un amigo, es darnos la oportunidad. Esa gestión se hizo gracias al presidente Lacalle Pou”, valoró Alejandro Domínguez, presidente de la Conmebol.

    Fuentes del gobierno señalaron que el vínculo que se produjo entre Lacalle Pou y Domínguez fue “fundamental” para que Uruguay convenciera a los otros países de reactivar la candidatura al 2030 bajo el liderazgo de Domínguez, al apelar a sus relaciones dentro de la FIFA y en especial con su presidente, Gianni Infantino.

    Arabia Saudita, China, Corea del Sur, Grecia e Inglaterra, hipotéticos rivales, desistieron de ser sede, lo que dejó a España y Portugal como único contrincante y un abanico de votos abierto a disputarse en el Congreso de la FIFA previsto para fines del año que viene. Desde el punto de vista económico, el argumento de Uruguay se sostuvo en la esperanza de que la FIFA fuera menos exigente en los requisitos de organización, alejados de las locuras multimillonarias de Brasil 2014, Rusia 2018 y Catar 2022.

    En agosto de 2022 la candidatura se lanzó de manera oficial en el Estadio Centenario con la presencia de Domínguez y en noviembre se creó la Corporación Juntos 2030, una institución de derecho privado encargada de llevar a cabo el proceso formal y legal de postulación ante la FIFA. Pese a los anuncios, Argentina continuó con una posición moderada; Alberto Fernández incluso intentó sumar a Bolivia para repartir aún más los costos. “Tras varios encuentros, los cuatro países han acordado que esta postulación sea austera y sostenible”, afirmó el gobierno argentino en un comunicado.

    No hubo presentaciones de obras de infraestructura ni de nuevos estadios. Tampoco llamados a licitación ni una discusión seria sobre las probables sedes. “El Mundial 2030 no está en agenda hoy en la Asociación del Fútbol Argentino (AFA), ya que todos los esfuerzos están concentrados en Catar 2022. Aunque el presidente de la AFA, Claudio Tapia, buscará avanzar en el tema eventualmente, el horizonte hoy luce complejo por la delicada situación financiera que atraviesa Argentina”, informó entonces Bloomberg, en un artículo donde añadió que ya en la pandemia Argentina había señalado “las dificultades para costear su parte del torneo, que sería la de mayor incidencia en el presupuesto total”. De esa manera quedó truncada cualquier chance de competir en infraestructura con España y Portugal.

    La carta electoral murió definitivamente en marzo de este año, cuando a la sede europea se sumó Marruecos, lo que le aseguró los votos de todas las federaciones europeas y africanas, suficientes para ganar la elección en el Congreso de la FIFA. Pese a ese teórico punto final “Uruguay mantuvo vivo el fuego”, dijo Bauzá a Búsqueda, al insistir en la diplomacia de Domínguez para que junto con Infantino negociaran una alternativa que nadie esperaba.

    Deportes
    2023-10-11T22:56:00