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    “El sistema político no estaba abierto a tener a Eduy21 como interlocutor” de acuerdos, y sin eso no hay reforma posible

    “Acordar cuesta mucho en Uruguay en todas las áreas y en educación particularmente porque el debate está muy crispado. Más que debate es un diálogo entre gente que no se escucha”, opinó el especialista Renato Opertti

    Eduy21, la organización civil de mayor referencia en la educación de Uruguay, comunicó su disolución esta semana, según informaron sus integrantes mediante un mensaje difundido a través de las redes sociales, firmado por su comisión directiva, integrada por Juan Pedro Mir, Rocío Schiappapietra, Luciano Corujo, Cecilia Roso y Renato Opertti.

    El anuncio llega meses después de que se reunieran con distintos líderes políticos, entre ellos, el presidente Luis Lacalle Pou. Este colectivo ideado en 2016 como un think tank en el área educativa estuvo compuesto por profesionales y técnicos del ámbito educativo y de todos los partidos políticos, como Mir y Opertti, junto con Fernando Filgueira, Adriana Aristimuño, Pablo da Silveira, Ana Ribeiro, Sebastián Bauzá, Héctor Bouzón, Ademar Cordones, Guillermo Fossati, Javier Lasida y Patricia Viera. Así logró abrir el debate social, académico y político sobre la educación pública de Uruguay. Y lo hizo con una propuesta integral plasmada en 2018 cuando presentó el llamado Libro abierto, un documento que condensó sus propuestas, que además fueron expuestas a discusión de todo el arco parlamentario apuntando a la definición de una política también abierta a la sociedad. Pero encontró que “Uruguay no tiene un sistema educativo como tal” y que al político le cuesta “enormemente” acordar en las cuestiones esenciales sobre la educación, según dijo Opertti, fundador y promotor de Eduy21, aparte de magíster en Investigación Educativa y experto senior de la Oficina Internacional de Educación (OIE, Unesco), en diálogo con Búsqueda.

    —Ya a finales de 2021 usted y otros integrantes de Eduy21 habían planteado que era tiempo de dar cierre a la tarea del colectivo, pero al final decidieron seguir adelante hasta esta semana. ¿Cuáles son las razones de fondo por las cuales dan por “cerrado” su ciclo? 

    —Las razones por las cuales en Eduy21 entendemos que hemos completado una etapa son varias y tienen que ver con un análisis que hemos venido haciendo durante estos últimos meses. En primer lugar, la constatación de que fue relevante haber construido Eduy21. Sin Eduy21 muchos de los temas que estuvieron en la campaña electoral y que están en la agenda de las transformaciones educativas actuales no hubieran estado. Inclusive la discusión sobre los modos de gobernanza de la educación, sobre la profundidad de una transformación educativa, sobre los enfoques por competencias, sobre una educación integral que vincule a primaria y media bajo un marco educativo y unitario, la necesidad de fortalecer la gestión de los directores de centros educativos, el foco del centro como marco de apoyo institucional, pedagógico, curricular, la insistencia en la necesidad de inversión en educación focalizada en los sectores más vulnerables… Hay muchos aportes.

    —Eduy21 también impulsó acuerdos políticos y sociales en el campo educativo para procesar cambios profundos en el sistema que perduren en el tiempo. ¿Consiguió plasmarlo?

    —No. Pero por lo menos están en la agenda. Algunos más explícitos, otros menos y otros no están. Pero Eduy21 no solo se creó con esa idea o esa voluntad de transformación del sistema educativo, sino que asimismo elaboró una propuesta de transformación y la expuso a la discusión, que fue el Libro abierto. Esa es la propuesta educativa más integral de cambio educativo que el país ha encarado después de la salida de la dictadura (1973-1985). Y tiene la gran virtud de ser una propuesta fundada en gran diversidad de posicionamientos, donde intervinieron técnicos, académicos, profesionales, trabajadores, educadores de los más diversos pelos ideológicos, políticos, sociales, comunitarios… Eso le da un valor que está más allá de la coyuntura. Es la construcción más plural y más propositiva de las últimas tres décadas. Eso tiene un valor muy importante en un país donde la construcción plural de la política pública todavía es fuertemente un desafío.

    —“Queremos compartir la sensación de que nuestro sistema político, en lo que a cambios educativos se refiere, mantiene una deuda de larga data con las transformaciones fundamentales”, expresan en su comunicado de cierre. ¿Creen que el mensaje de Eduy21 al final del día no fue bien comprendido en el arco político?

    —No. La acción de Eduy21 no solo se quedó en una propuesta sino que impactó en la agenda política, impactó en la última elección presidencial, impactó en los partidos, como en el caso del Partido Independiente, que se apropió completamente de la propuesta, y en otros partidos en diferentes grados. Pero en definitiva la propuesta no fue indiferente al sistema político. Lo que sucede es que después el sistema político no logró ponerse de acuerdo sobre las cuestiones esenciales que tienen que ver con la educación en Uruguay.

    —¿Por qué los políticos no logran ponerse de acuerdo en estas “cuestiones esenciales”?

    —Porque les cuesta mucho, les cuesta enormemente acordar… Cada uno se encierra en su lógica, en su reducto, y le cuesta mucho abrirse, le cuesta mucho dialogar sobre bases que no sean simplemente de adjetivaciones o de cuestiones retóricas. Acordar cuesta mucho en Uruguay en todas las áreas y en educación particularmente porque el debate está muy crispado. Más que debate es un diálogo entre gente que no se escucha, entonces ni siquiera es diálogo. Por lo tanto, el sistema político reconoció la necesidad de cambio, incorporó algunas propuestas dentro de sus plataformas electorales pero le cuesta enormemente ponerse de acuerdo en cuatro o cinco cosas esenciales para cambiar verdaderamente la educación. Uruguay es un país muy encerrado en el sistema de partidos políticos y le cuesta mucho al sistema político reconocer a otros actores que pueden aportar desde fuera del sistema para fortalecerlo. Y esa es una lección muy aprendida de Eduy21. Yo recuerdo una frase del presidente Lacalle Pou que decía que el de Eduy21 es un modelo a replicar en diferentes áreas porque es un modelo de apertura a la sociedad y de reconocimiento de la diversidad para la construcción. Bueno, eso fue Eduy21. Pero eso le cuesta mucho asimilarlo al sistema político, le cuesta enormemente.

    —Para el presidente del Consejo Directivo Central de la Administración Nacional de Educación Pública (ANEP), Robert Silva, que integró Eduy21, este colectivo cumplió un papel importante en el diseño de la transformación educativa en curso.

    —Y lo reconocemos con beneplácito y alegría. Pero también decimos que esa transformación no tiene vida si no se hace en el marco de un acuerdo político. Hay propuestas de Eduy21 incluidas en la transformación del gobierno actual pero encontramos que el sistema político no estaba abierto a tener a Eduy21 como interlocutor importante en la mesa de la definición de las políticas educativas o en el desarrollo de lo que podía ser una política pública abierta a la sociedad. Esa es la opinión de Eduy21: sin un acuerdo político de largo aliento no hay transformación educativa.

    —Según la misiva de Eduy21, los cambios impulsados por el gobierno también enfrentan “importantes dificultades presupuestales y de gestión”.

    —Sí, encontramos que esta transformación que hoy se impulsa tiene algunas debilidades presupuestarias, en la concepción de la gestión de la gestión de la educación y también en la profundización de los contenidos. Porque una cosa es lo que uno dice a nivel del documento marco de una propuesta y otra es lo que efectivamente va a pasar en la enseñanza y los aprendizajes en los centros educativos. El aterrizaje de las propuestas por ahora es un plano más teórico porque todavía falta la concreción de la propuesta de la transformación curricular que impulsa la ANEP en las aulas.

    —¿Y entonces? ¿Cree que a la hora de convertir todo eso en políticas educativas debieron ser más enfáticos para posicionarse sobre los discursos y las acciones del actual gobierno?

    —La relevancia de Eduy21 ha sido parcialmente atendida. Porque implica animarse a armar un marco de construcción más plural, de más amplia base de la política pública, y a los partidos políticos que alternaron el poder, de distinto signo, les cuesta mucho una construcción más plural de la política pública en diálogo con la sociedad civil. Eduy21 venía fundamentado porque representaba a la diversidad política y desde la sociedad civil interpretaba al sistema político para que tomara decisiones sobre la educación. El Libro abierto impactó en el debate electoral, pero su impacto en la construcción de la política educativa ha sido menor que en el debate electoral. Y eso tiene que ver con la dificultad de los partidos políticos de abrirse a una construcción que incorpore a la sociedad civil en su desarrollo. Es un tema de cierta reticencia o aprensión a una construcción más abierta y más plural de la política pública. Lo que le está faltando a la transformación es una visión más integral del cambio educativo, que en definitiva es un problema mucho más fuerte que la transformación, y es que Uruguay por diferentes razones históricas hoy no tiene un sistema educativo.

    —¿Qué quiere decir con que “Uruguay no tiene un sistema educativo”?

    —Uruguay lo que ha tenido hasta ahora son instituciones que tienen que ver con la educación pero le ha costado mucho la construcción de un sistema educativo. Entonces, no tiene un sistema educativo como tal. Hay un fraccionamiento de instituciones y de enfoques y de visiones que generalmente son difíciles de converger en una visión unitaria de sistema. Lo que Eduy21 puso en el tapete es una construcción del sistema educativo y eso es lo que todavía está faltando. Si bien la Ley de Urgente Consideración (LUC) ha impactado en un sentido positivo en cuanto a sentar bases para un cambio de gobernanza de la educación y de alguna manera trató de apaciguar o de compensar los elementos más negativos, hoy se hace insostenible la educación hacia el futuro. Es impensable hacia el futuro tener una educación sin un Ministerio de Educación que tenga que ver con la educación. Es imposible hacer una transformación sin un verdadero sistema educativo. El problema es que hay un sistema que está armado de manera que funciona separadamente cada actor con su librito: los inspectores de primaria por un lado, los de secundaria por otro; la educación técnica por un lado y la secundaria por otro. Es tal el grado de fragmentación del sistema que si uno va a la transformación curricular que plantea la ANEP y observa la grilla curricular, lo que son las materias, encontrará que liceos y UTU mantienen su separación en muchas cosas. Entonces la impronta de una educación tan fragmentada es tan fuerte que hace insostenible una educación curricular como la que está planteando la ANEP.

    Presentación del Libro abierto en el Palacio Legislativo

    —Y, sin embargo, varios actores clave de la reforma formaron parte de Eduy21, como el ministro Da Silveira o Aristimuño, directora de Planificación Educativa de ANEP, entre otros jerarcas con incidencia política y técnica para encauzar los cambios. Esto debió facilitar las cosas…

    —Sí, es cierto que hay ahí una mezcla de técnicos y de políticos, y yo descuento la buena disposición de todos ellos. Sin duda, de Adriana y de Pablo, que es a quienes conozco más, que venían de la academia con interés explícito y genuino de cambiar la educación. Pero va más allá de los actores. El problema es que Uruguay tiene un diseño de política pública de la educación que es insostenible. Muchas de las ideas de Eduy21 que fueron calurosamente recibidas, como la idea de ir a una educación básica integral, que parcialmente se toma, después implica aterrizarla en cambios institucionales profundos; por ejemplo, implica cambiar todo el modelo de la formación docente. Entonces muchas de estas ideas que aparecen como muy loables cuando se empiezan a ver las consecuencias que tienen en términos de cambiar modalidades de gestión, formación y relacionamiento dentro del sistema educativo es donde se enfrentan a un sistema que no está pensado para actuar de una manera integral.

    —Pese a todas las dificultades que marca, pasando raya, ¿cuál es el balance que hace de esta experiencia de Eduy21?

    —Hay un reconocimiento de que hay una necesidad de un cambio en los contenidos educativos, en las maneras de enseñar, de aprender, de evaluar, y ese es un elemento positivo que está presente en la propuesta como un postulado importante. Otro es la clara referencia a un enfoque que integre conocimientos y competencias, que los alumnos se enfrenten a resolver desafíos, problemas, y que en la resolución de problemas desarrollen competencias como la creatividad, la innovación, el pensamiento autónomo, el trabajo en equipo, la empatía. Hay una clara opción por un modelo que ubica a Uruguay en el mundo. Y avanza hacia el germen de una revolución que hasta ahora no se ha concretado y es la de trabajar una educación básica integral, de primero a noveno, y de alguna manera articulada con la educación inicial, que intenta superar el fraccionamiento histórico entre primaria y secundaria. No obstante lo cual ese cambio es potencialmente revolucionario porque cuando uno va a ver la estructura institucional se siguen manteniendo secundaria y UTU como entidades separadas, y eso muestra las contradicciones que hay en los procesos educativos de Uruguay. Como sea, Eduy21 es un recordatorio de que al país le cuesta mucho construir política pública involucrando a la sociedad civil. Hay un sistema extremadamente partidocrático de construcción de la política pública que no es la mejor manera de construcción de futuro para el Uruguay.

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