“Estoy tan nerviosa como cuando la primera vez que se levantó el telón del Solís, haciendo un bolo con letra, junto a mi maestra Margarita Xirgu. Este momento, comparado con aquel, se me hace más difícil, porque aquí no hubo ensayo, ni director de escena. Ni un personaje en el que pueda refugiarme y dar lo mejor de mí”, dijo Estela Medina el martes 14 en el Paraninfo de la Universidad de la República, en su discurso de agradecimiento por el título de doctor Honoris Causa que le entregó en mano el rector de la Udelar, Roberto Markarian.
A su lado, sentados en la larga mesa que preside la sala abovedada, estuvieron los tres oradores principales: Hugo Achugar en representación de la comisión asesora que intervino en la distinción; Fernando Miranda, director de la Escuela Nacional de Bellas Artes, y en representación de la Escuela Multidisciplinaria de Arte Dramático (EMAD), el actor de la Comedia Nacional, Levón Burunsuzián, amigo íntimo de la actriz y ex compañero del elenco oficial.
Entre los más de 200 presentes estuvo buena parte de la comunidad teatral montevideana. Desde los directores de Cultura del MEC y de la Intendencia, Mariana Percovich y Sergio Mautone, ambos ligados al teatro, alumnos y docentes de la EMAD, junto a su directora Alicia Migdal y la del Teatro Solís, Daniela Bouret; actores de la Comedia como Juan Antonio Saraví, Daniel Spinno, Florencia Zabaleta y su director Mario Ferreira; figuras de las tablas como Miriam Gleijer, Cecilia Baranda, Margarita Musto, Jorge Bolani, Gabriel Calderón, Fernando Toja, Adhemar Rubbo, Dardo Delgado, Gerardo Begérez, Raquel Diana y Luciano Aramburu. Además de músicos, técnicos, diseñadores, productores, críticos, gestores culturales, varios decanos y los últimos dos rectores de la Udelar, Rafael Guarga y Rodrigo Arocena, y la ministra de Educación y Cultura, María Julia Muñoz.
Percovich dirigía la EMAD cuando se firmó el convenio que la vincula con la Facultad de Artes de la Udelar, a raíz del cual el instituto teatral y las escuelas de Música y Bellas Artes propusieron este doctorado para Medina, hace dos años. La comisión asesora de la Udelar integrada por los catedráticos Hugo Achugar, Susana Mallo, Enrique Cabaña, Rodolfo Gambini y el rector Markarian, dio su aval y el Consejo Directivo Central de la Udelar la aprobó con el voto unánime de sus 20 integrantes.
Pero no fue sino hasta hace unos pocos días que la actriz fue enterada. A los 84 años, Medina protagoniza de viernes a domingos En la laguna dorada, producción del Teatro Circular, en cartel desde febrero. Según el director de la puesta, Gerardo Begérez, una vez que supo la noticia la actriz fue invadida por una lógica ansiedad. “Estas cosas la desajustan un poco, se pone nerviosa, pero está muy entusiasmada por ser la quinta mujer en 80 años en recibir esta distinción y la primera representante de las artes escénicas”, dijo. Estos datos fueron el común denominador de la velada.
“Esta entrega es parte de un nuevo camino de reconocimiento universitario a las artes escénicas. Y Estela es nuestra gran figura. Su carrera, sus premios y sobre todo su espíritu de estar en permanente formación. Es única, sigue actuando, sigue viendo todo lo que puede y haciendo cursos y talleres. Esto es muy importante para ella y también para todos nosotros”, dijo Percovich a Búsqueda, mientras el público se acomodaba. Medina estaba enfundada en un portentoso abrigo —que no se quitó en toda la noche— esperando en el estrado, mientras en la pantalla se proyectaban fotos de sus trabajos que integran el archivo del Solís. Sobre su experiencia conjunta en Bodas de sangre, la recordada puesta de Percovich con la Comedia en 2008 que levantó polvareda entre los sectores más conservadores del público, la directora afirmó: “Medina es un animal escénico, tiene una capacidad de trabajo tal, que si bien no estuvo de acuerdo en el enfoque, fue la más disciplinada de todo el equipo”.
El veterano y aún activo actor Adhemar Rubbo, discreto como en toda su vida, asistió al acto de pie, al fondo de la sala. De todos los presentes, es quien conoce a Medina desde hace más tiempo. “Fuimos compañeros del primer grupo de la EMAD, en el 49. Hicimos juntos La tigra, de Florencio Sánchez. Gran compañera, deliciosa persona y una actriz que admiré desde el principio. Tengo una foto juntos donde ella puso: ‘A mi primer admirador’ (ríe). Recuerdo algo cómico: fuimos a hacer una función con la Escuela a Piriápolis, los dos estábamos pintados de negro y no teníamos manera de despintarnos, y terminamos lavándonos el maquillaje en la orilla del mar”.
En la breve intervención que abrió el acto, Markarian destacó que Medina es la quinta mujer en recibir el título desde el primero, entregado a Franklin Delano Roosevelt en 1936, y la primera proveniente de las artes escénicas. El rector subrayó el hecho muy poco usual de que Medina haya realizado varios papeles de la misma obra, según su edad, con el ejemplo emblemático de Bodas de sangre, en la que interpretó la Niña en su debut en 1952, luego la Novia y en 2008 la Madre, su adiós a la Comedia. También subrayó su compromiso político al recitar los versos libertarios de Mariana Pineda, de Federico García Lorca, en Retablo de vida y muerte, de 1975, en plena dictadura. Al final destacó una frase de la actriz que “la pinta perfectamente”: “No me gusta hablar con mi palabra sino con la palabra de los autores”.
Miranda hizo una muy completa semblanza humana y artística de Medina, repleta de nombres y datos asociados a su figura (diez premios Florencio, incluyendo el de Oro y 19 nominaciones en más de 150 trabajos), con el lógico destaque de los de García Lorca y su maestra Margarita Xirgu. “El verso español tiene en Estela Medina una legítima sucesora de la Xirgu”, afirmó.
Achugar fue el más inspirado y emotivo. “Esto es un acto de justicia indiscutible”, dijo, y recordó que durante siete décadas la única doctorada Honoris Causa fue la ex primera ministra de Israel, Golda Meir, hasta que en 2008 lo recibió la argentina Estela Barnes de Carlotto, seguida de la poeta Ida Vitale (2010) y la activista Luisa Cuesta (2013). El ex director nacional de Cultura puso énfasis en las habituales tensiones entre las humanidades y las ciencias; señaló la menor valoración académica de las primeras (“solo una cuarta parte de estas distinciones son para artes y ciencias sociales”), y subrayó los aspectos que las unen. “Ambas imaginan, son parte de la creación y contienen el rigor y la belleza; sin riesgo no hay ciencia ni arte”. Al final, puso de pie a la audiencia con una encendido elogio a Medina: “Maestra de las artes escénicas, modelo de actriz, señora de las artes, doctora de los escenarios”.
Por su parte, Levón hizo gala de su histrionismo natural: “Estoy enamorado de usted”, le dijo, y distendió a la audiencia con un breve anecdotario culinario referente a su amiga, que terminó con la descripción de un plato personalizado para la artista, llamado “Pastas romanas a la Medina”, compartido en un restaurante español durante una gira.
A su turno, la homenajeada hizo gala de su engañosa timidez y aparente fragilidad. Definió el homenaje como un “reconocimiento colectivo a todos quienes dieron lo mejor de sí, con valentía, alegría, sacrificio, generosidad y voluntad de servicio, haciendo de su vida arte, haciendo en su vida teatro, esa disciplina tan efímera e inasible que solo deja rastros y marcas en aquellos pocos que se arriesgan desde una butaca a emprender esos viajes maravillosos y únicos que los conectan consigo mismos y con los otros”. Y continuó con su apología: “El teatro abre cabezas, nutre corazones, siembra ideas, alimenta el alma, genera conocimiento. Eso hace el teatro, genera una vida mejor, es el lustre y gloria de toda ciudad, nos hace mejores personas, mejores ciudadanos, mejores países”. Aseguró, ya enardecida, que los personajes que encarnó en la EMAD y en la Comedia, le permitieron “reconocer de qué estamos hechos nosotros y nuestros sueños”.Medina describió con elocuencia la materia prima ibérica con la que ha trabajado en escena: “Encontré también en el teatro otra dimensión, otra resonancia a esta lengua materna, que solo entonces pude valorar y gozar a través del exquisito tamiz del verso español, en la palabra de los grandes autores clásicos, con esa maravillosa técnica de relojería y métrica imprescindible para poder darles valor, vida y sentido”. Y rindió tributo a sus héroes del escenario: “Mi maestra Margarita Xirgu, Pepe Estruch, Orestes Caviglia, Armando Discépolo, Alberto Candeau, China Zorrilla, Eduardo Schinca, Nelly Goitiño, Roberto Fontana, Jorge Curi, Taco Larreta y a nuestro querido Levón. Junto a ellos estoy aquí, hoy, agradecida y bendecida por este honor”.
Finalmente, su cuerpo fue poseído por los duendes de la palabra, que modificaron dramáticamente su postura, su mirada y su tono de voz, y la hicieron recitar magistralmente tres poemas de Juana de Ibarbourou, Delmira Agustini y Julio Herrera y Reissig. En su forma de decir se hizo evidente una vez más la pasión vital que prodiga esta mujer por su oficio. Una energía que contagia y enciende el auditorio, y dispara inevitablemente la ovación de pie.
En el pasillo del recinto, mientras se apagaban los aplausos, el ex rector de la Udelar, Rodrigo Arocena, sintetizó su admiración por Medina de esta manera: “Hace unos años tuve que presentar a Estela a unos extranjeros que no la conocían. Y les dije: ‘Miren, acá en Uruguay estamos convencidos de que el verso clásico se inventó para que Estela lo dijera’. La vi por primera vez hace más de 50 años en Peribáñez y el comendador de Ocaña y nunca más me olvidé de ella recitando a esos labradores”.
Jorge Bolani compartió solo dos títulos con Medina durante su decenio en la Comedia: La cantante calva y Bodas de sangre. Mientras se retiraba, recordó a Búsqueda su primera impresión sobre lo que acababa de presenciar. “Escuchando su discurso pensaba si lo había escrito ella misma o no. Y me fui convenciendo de que era de ella por todo lo que puso en esa lectura. Le debe haber llevado días, fue muy emocionante lo que dijo y sobre todo cómo lo dijo. Es una mujer que está en un lugar más allá de todo”.