El miércoles 6 por la mañana, el canciller Rodolfo Nin Novoa recibió una llamada de un representante del gobierno de Corea del Sur. Ese país quería conocer la posición de Uruguay sobre el anuncio que había hecho Corea del Norte sobre una prueba nuclear con una bomba de hidrógeno. En la tarde de ese día, el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, presidido por Uruguay, discutió el tema y anunció nuevas sanciones sobre el país que lidera Kim Jong-un.
Ese lugar le dará a Uruguay visibilidad internacional en momentos de “inestabilidad” mundial, con amenazas globales como el “terrorismo” que requieren la cooperación de todos los estados para enfrentarlas. Consultado acerca de si eso supone un riesgo para el país, Cancela respondió que mantenerse “al margen” del “escenario internacional” es una “opción ilusoria, porque más tarde o más temprano, los problemas que afectan a la comunidad internacional alcanzan a todos”.
—Naciones Unidas es el punto donde convergen el derecho internacional y las realidades del poder, y tal vez el órgano donde eso se expresa mejor es el Consejo de Seguridad, porque ahí nos encontramos con un órgano en el cual existen cinco miembros permanentes con derecho a veto y que son los cinco vencedores de la II Guerra Mundial. Es un órgano que conjuga realidades de poder fáctico político, con una organización cuya regla es la carta de las Naciones Unidas y por lo tanto la afirmación del derecho internacional.
Uruguay lo integró a mediados de los años 60 y luego de cincuenta años vuelve a integrarlo. Ya era tiempo de que Uruguay volviera a ser parte del Consejo. Es un ámbito de presencia internacional en el que era importante que Uruguay volviera a estar presente. Le da al país una visibilidad internacional importante, le da la posibilidad de opinar y de participar en las discusiones sobre los temas más candentes y más importantes de la política internacional.
—¿Qué rol puede jugar Uruguay en ese organismo?
—La participación de Uruguay en el Consejo de Seguridad no es un hecho aislado, que salga de la nada, sino que responde a un camino de colaboración con la comunidad internacional. El prestigio de Uruguay como un país comprometido con el derecho internacional, como un país moderado, articulador, lo transforma en un país útil para jugar un papel importante en aquellos temas que requieren diálogo. Uruguay se ubica desde una perspectiva muy anclada en sus principios y en la defensa del derecho internacional.
—¿Se ha podido ver el rol articulador de Uruguay en estas primeras semanas de trabajo?
—El primer hecho que valoramos positivamente ha sido la propia adopción de la agenda de trabajo del Consejo para el mes de enero. La agenda define básicamente los temas que va a tratar el Consejo y entre ellos los debates. Por ejemplo, el debate sobre la protección de civiles fue elegido por Uruguay. Lo eligió para tratar de lograr el mayor nivel de consenso posible para hacer efectiva la protección de civiles. A eso vamos a apuntar en este debate y en toda nuestra labor. Uruguay trabaja para acercar posiciones, acordar sobre las diferencias. En el caso de los ensayos nucleares de Corea del Norte, los miembros del Consejo llegaron a un acuerdo. En el caso de Siria el Consejo ha ido evolucionando hacia posiciones más cercanas en cuanto a cómo llegar a una solución del conflicto.
—El Consejo de Seguridad tomó algunas resoluciones para cortar las finanzas del Estado Islámico (ISIS, por sus siglas en inglés), pero no hubo una decisión de usar la fuerza. Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña y Rusia tomaron acciones militares contra ese grupo terrorista. ¿Para qué sirve el Consejo si después algunos países actúan por sus propios medios?
—Claramente hay algunos Estados que pueden actuar fuera del Consejo, y así lo hacen. La idea es que esas actuaciones se encuadren en el marco del Consejo, porque es lo que le da la legitimidad necesaria.
—¿Por qué el Consejo solo tomó medidas financieras y no militares?
—Estamos en el ámbito del terrorismo, que tiene un lado de respuesta militar pero que no es el único. Para ser combatido eficazmente, el terrorismo debe ser enfrentado no solo en el ámbito militar, sino también en el ámbito financiero, cultural, de las tecnologías de la información. Es un fenómeno multidimensional, que por lo tanto precisa respuestas del mismo carácter. Ha sido difícil encontrar acuerdos en el seno del Consejo, sin embargo creo que en los últimos meses hay un acercamiento de las visiones, a lo cual no son ajenas las reuniones para tratar el conflicto en Siria. Está claro que una solución política a la crisis de Siria es clave para enfrentar el problema del Daesh. Creo que estamos ante una amenaza global y requiere respuestas globales. No estoy pensando solo en el terrorismo, sino también en temas como el calentamiento global. En esas cosas pasa a ser muy importante la cooperación internacional. Los estados nación deben esforzarse más para aumentar la cooperación para poder enfrentar exitosamente estos fenómenos, si no, es imposible encontrar respuesta.
—El ISIS parece facilitar la cooperación de los países porque ha cometido atentados en varias partes del mundo.
—Claro, con una acción absolutamente contraria a todos los valores sobre los que se edifica nuestra forma de vida, nuestra civilización. Este es un accionar que desprecia la vida humana, desprecia la dignidad humana, desprecia la libertad; claramente está en las antípodas de nuestros valores.
—Usted dice que estar en el Consejo obliga a Uruguay a tener una posición sobre todos los temas. ¿Tiene una posición clara en cuanto a qué hoja de ruta hay que seguir contra el ISIS?
—Creemos que debemos, como comunidad internacional, intensificar los esfuerzos para combatir el terrorismo y en especial el fenómeno del Daesh. No es solo un tema militar, que lo es. En el ámbito del Consejo funciona un comité antiterrorista desde hace muchos años. Este comité se encarga de encontrar coordinación entre los países miembros para tomar acciones que impidan la alimentación financiera de los grupos terroristas. Muchas veces todas estas cosas de lavado de activos y financiamiento del terrorismo, son el oxígeno del que se alimentan los grupos terroristas. Eso requiere esfuerzos mayores de coordinación entre las administraciones tributarias de los estados, las aduanas. Estos no son aspectos que tengan que ver con un combate militar, pero pueden ser tan o más importantes. El Consejo ha singularizado a Daesh en su accionar y sigue monitoreando de cerca cómo evoluciona la situación en la región. No voy a adelantarme a lo que puede hacer el Consejo, pero pienso que irá tomando nuevas resoluciones en función de cómo se van dando.
—¿Uruguay acompañará una hoja de ruta que incluya también la opción militar?
—Acompañamos y tratamos de buscar consensos en aquellos aspectos en que sea posible.
—Durante una charla por el aniversario de la ONU usted comentó que el mundo es mucho más inestable que antes. ¿A qué se refiere?
—Alguna vez he dicho que si algo caracteriza a nuestros tiempos es inestabilidad y cambio. Hemos pasado del mundo de la Guerra Fría, que era un mundo estable, el comportamiento de los actores era previsible porque había una estabilidad basada en una cosa terrible: la destrucción mutua asegurada. Eso había dado lugar a un cierto orden. Ese mundo no existe más. Creo que estamos viviendo un momento de redefinición del sistema internacional, tanto de los patrones políticos como económicos. Estamos en proceso de transición hacia un nuevo orden que todavía no sabemos cuál es.
—¿Habla de un nuevo orden porque hay países que tienen más peso que antes mientras que otros pierden influencia?
—Por eso y porque también hay nuevos actores no estatales. Hemos salido de un mundo en el que los únicos actores eran los estados nación. Hay estados que tienen nuevos roles, hay desplazamientos de los centros de poder económico, hay una discusión sobre la correspondencia de las instituciones internacionales políticas y económicas con la realidad en la que vivimos, porque son instituciones creadas en otros contextos.
—Usted dijo que el Consejo de Seguridad le da visibilidad a Uruguay. Nunca se habló tanto de terrorismo en el país como en los últimos tiempos. ¿Es un buen momento para estar en ese lugar o es arriesgado?
—Vivimos en un mundo que no tiene vuelta atrás. Las cosas no van a tranquilizarse, por decirlo de alguna manera. El mundo que va hacia delante, es un mundo en transición. Por delante tenemos muchísimos años de cambios, de inestabilidad, de problemas que algunos ni siquiera prevemos; es decir, no va a haber tal cosa como un momento ideal de relativa calma mundial para asumir un lugar en el Consejo. En la época de la Guerra Fría se aprobaban una cantidad mínima de resoluciones, lo cual no quitó que en algunos momentos sus integrantes tuvieran que tomar posición sobre temas candentes. Pero en general se podía decir que era una situación más calma. Ese tiempo no vuelve. Y el Uruguay es un país que se caracteriza por no rehuir a sus responsabilidades internacionales. Las misiones de paz, por ejemplo, demuestran ese compromiso. No se entendería demasiado un país que tuviera un aporte a la comunidad internacional fuerte como Uruguay, pero que dijera: “ah no, en los órganos de decisión no me meto”. Siempre hay una opción política de un país de mantenerse al margen del escenario internacional, pero esa no ha sido nunca la opción de Uruguay. Creo además, que es una opción ilusoria porque más tarde o más temprano, los problemas que afectan a la comunidad internacional alcanzan a todos los Estados. Nadie puede, al final del día, ausentarse de este planeta en el que vive. Entonces, de alguna forma es ilusorio, tiene algo de engaño decir: “Yo me mantengo al margen de esto”. Al margen pero solo por un tiempo.