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    “Estoy de luto esta semana”

    El caso Nisman salpica el monólogo que Enrique Pinti presenta desde hoy jueves 29 en El Galpón

    “Es como una conferencia. Como ya estoy grande, la mitad la hago sentado. Si estoy parado una hora y media me empieza a doler la espalda, el culo, el pelo, todo. Pero a los 75 años la llevo muy bien, y por ahora no pienso parar”, dice Enrique Alejandro Pinti, minutos después de arribar al puerto de Montevideo para promocionar Pinti recargado, que se presenta en El Galpón hoy jueves 29, el viernes 30 y el sábado 31 a las 21 h, y el domingo 1º a las 20 (entradas de $ 1.050 a $ 1.550, en Red UTS). El jueves 22, en una mesa de hotel, la muerte del fiscal Alberto Nisman acaparó la charla. Imposible hablar de otra cosa en esos días. La realidad invade su monólogo, y el hecho que conmociona a la Argentina pasará inevitablemente por su metralleta verbal. Pinti se empecina en mantener su independencia intelectual en un país polarizado por una brecha política y cultural. El comediante conoce muy bien su sociedad, su materia prima, y ubica los hechos en la perspectiva histórica, desde Perón a Cristina, y los sazona con irreverencia, ironía y desparpajo.

    —Linda semana para hacer reír. ¿Cómo la ve?

    —En este entramado se quieren buscar buenos y malos. Es tan descabellado pensar que fue Clarín como que lo mató la presidenta, porque es de todo menos boluda. Es obvio que todos iban a apuntar el dedo al gobierno. Y Nisman no era ningún pelotudo. No es que le vendieron pescado podrido y cuando vio que haría un papelón se pegó un tiro de la vergüenza. Estamos en medio de una guerra de espías, algo muy oscuro con las mafias y los servicios de inteligencia. Es ridículo que una persona así se mate. Alguien lo limpió porque no le gustaba lo que iba a decir. Si le hicieron una cama, un papelón en el Congreso no era problema. Los papelones de Bush y los republicanos con la guerra de Irak eran para suicidarse de verdad. Desa­taron una guerra por armas tóxicas que no existían y nadie se mató. Al lado, esto es un vodevil.

    —Dice que la crisis es el estado natural y la estabilidad es un paréntesis hasta la siguiente crisis. ¿Es el destino inexorable de la Argentina?

    —A mí me dicen Pepe Historia, en mis espectáculos siempre recuerdo los defectos de mi país, que me incluyen a mí también. Cuando era joven, pensaba que las dictaduras no se terminaban más. Teníamos una cada cuatro o cinco años. Pero en esta parte del mundo no sufrimos el racismo expreso. Sí el “gallego de mierda” o “judío de mierda”, pero no hubo segregación. Judíos y árabes vivieron en perfecta armonía. Estaba la tienda del moishe y al lado la tienda del turco Alí. No se enfrentaron ni durante la Guerra de los Seis Días. Hasta hubo casamientos. Hasta que llegó el Califa.(Silencio.)

    —¿Menem?

    —Menem, que por sus lazos sanguíneos empezó a hacer negocios. Aparecieron personajes como Al Kassar, el señor de Marbella que traficaba armas, las valijas de Amira Yoma, la bailarina Fairuz. Se musulmanizó el ambiente, surgió la amistad con Gadafi, mientras el hijo de puta de Berlusconi se paseaba con Gadafi y le compraba petróleo. Después Menem dijo “relaciones carnales con Estados Unidos”, les hizo un corte de manga a los árabes que lo bancaron y se pudrió todo: primero el atentado a la Embajada de Israel, después la AMIA y la muerte de su propio hijo. Y todo esto ¡es pura ficción!, porque no se comprobó nada. Son leyendas.

    —¿Que se mantienen en la era Kirchner?

    —No soy gorila ni antiperonista, analizo las cosas con lo bueno y lo malo. El peronismo irrumpió en Argentina para quebrar la política de los conservadores ganaderos, que eran bastante hijos de puta y tenían una buena parte del pueblo sumergida. Con Perón la cosa se niveló un poco pero cometió mil barbaridades y atropellos. Yo critico la demagogia, pero cuando hay obra, hay obra. Si viene un tipo como Perón y hace un montón de escuelas y hospitales que funcionan bien, entonces, populismo las pelotas. Populismo fue obligar a los artistas a ir a Plaza de Mayo a bailar el pericón nacional con relaciones, ver a Luis Sandrini y Zulli Moreno vestidos de gauchos y cantando “¡Viva Perón!” y “Los muchachos peronistas”. ¡Eso es populismo!

    —¿Ve algo de eso hoy?

    —Los peronistas siempre han tenido concepciones raras, son capaces de ir de un extremo al otro y ven similitudes que no son tales. Más que por negocios, es por brutalidad creer que el régimen iraní se parece al peronismo. Y este gobierno tomó como aliado político a un régimen tremendo, que le trajo solo problemas. Entre la cagada por plata de Menem y la cagada ideológica de los K con Irán, se enrareció todo, y ahora estamos llenos de espías y agentes iraníes, como en una de James Bond. Me lo decían hace un tiempo y no lo creía.

    —Y cuando esa gente trabaja bien, reina la confusión.

    —Y quedamos en zozobra. Algunos la tienen clarísima: fue esta hija de puta, y lo resuelven así. Los otros dicen que fue Clarín que organizó todo. Yo, como todavía no estoy para internación, no creo en ninguno, y es probable que quede la incógnita, como quedó el misterio de quién mató realmente a Kennedy, quién mató a Oswald y quién mató al que mató a Oswald. Y eso no pasó en un pueblito, ¡fue en Estados Unidos de Norteamérica, la democracia más perfecta del mundo! ¿Y qué pasó con aquel Papa que quería investigar el Banco Ambrosiano y le dijeron: “Lo vemos nervioso, tómese un tecito”? ¡Epa! Acá seguramente tampoco lo podremos comprobar.

    —¿Cómo se hace humor en horas tan desgraciadas?

    —Es muy difícil hacer humor ante la desazón que tenemos en el alma. Estoy de luto esta semana. Hay que contextualizar todo y no permitir que la sangre llegue al río. Siempre que llovió, paró. Siempre parecía que estábamos pasando lo peor, y siempre vino algo peor.

    —¿Ve a la sociedad argentina dividida?

    —La brecha existe, el país está absolutamente dividido. Pero en aquella época la brecha era: o eras peronista o no laburabas, y muchos artistas de valía se tuvieron que ir por enfrentarse a Perón y Evita. Luego de la Revolución Libertadora, en 1955, se fueron otros por la misma razón, pero al revés. En las dictaduras, si te quedabas te podían matar. Esas son brechas mucho más importantes que esta.

    —Pero esta brecha también divide a familias y amigos.

    —Sí, y a eso voy en Pinti recargado: digo que no debemos dejar que la clase política nos divida. Que más allá de los dirigentes están las instituciones. Porque además, la mayoría de los políticos después se amigan, como Massa con De Narváez, que antes se odiaban y ahora son aliados.

    —¿Es difícil mantenerse en el medio?

    —Muy difícil. Antes que Menem asumiera en 1989 dije como broma en Salsa criolla, que no se pelearan porque la siguiente fórmula podía ser Menem-María Julia Alsogaray, y cuando la vi en la toma de mando me quería matar. No te dejes de saludar con tu madre, con tu amigo, a pesar de las diferencias, porque mañana la fórmula es Macri-Cristina y vamos a salir todos cagando.

    —¿Cómo ve la evolución de la presidenta Fernández?

    —Una evolución rara. Es una mujer muy inteligente, con presencia y aplomo, pero la mata su soberbia, su prepotencia y su autoritarismo. Muchas cosas que han hecho contaron con mi aprobación, como las asignaciones por hijos, la igualdad sexual en un país machista y homofóbico, la recuperación de nietos y la condena a militares genocidas, pero ahora nombró a Milani (general que actuó en la dictadura) en la SIDE, un tipo que mató a mucha gente. ¿Cómo sale de esa? Y además, la mentira infame de decirnos que no hay inflación ni inseguridad.

    —¿Y si le digo Lázaro Báez y Boudou?

    —Boudou es impresentable. Tendría que haber renunciado hace rato. Aunque sea inocente, tendrían que haberle pegado una patada en el culo solo por la sospecha.

    —¿Y los negocios de Báez con el gobierno?

    —Eso me importa tres carajos. En todos los gobiernos hay vivos que ponen guita, hacen negocios y se la llevan. No lo justifico, pero no creo que sea tan grave como lo institucional. Ford y Rockefeller fueron amigos de todos los presidentes americanos.

    —Sostiene su humor en “la risa, la lágrima y la puteada”. ¿Qué siente al hacer reír?

    —Uno siente un cierto poder y cierta impotencia, porque ves que la desgracia no termina. Me dicen que el día en que no haya más problemas me quedo sin laburo. ¡No! Voy a seguir. Hace poco hice Molière, hice Hairspray, Vale Todo y Los productores. Soy actor, me gusta sacarme cada tanto la mochila de la política y seguiré actuando donde sea.