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    “Falta de incentivos macro y microeconómicos” y de “confianza” limitan la adopción de tecnología en el campo, según el INIA

    “El productor rural de cualquiera de los subsectores estudiados es abierto al cambio tecnológico y adopta tecnología, siempre y cuando entienda que se traducirá en (mayor) rentabilidad”, según un trabajo realizado por la consultora Sunny Sky Solutions, encargado por el Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA) y financiado por el UK Government’s Bilateral Fund.

    La investigación sostiene: “No estamos frente a un productor que se rehúsa a adoptar tecnología, todo lo contrario”.

    Con el objetivo de identificar “cuellos de botella” para el crecimiento de la productividad en el sector agropecuario, con énfasis en barreras tecnológicas y sugerir posibles soluciones, el INIA propuso a ese fondo británico realizar una investigación en 2016, que fue aprobada.

    Las barreras que impiden el crecimiento productivo del sector agropecuario uruguayo —productores que están rindiendo por debajo de su potencial—“raramente se relacionan con falta de oferta de tecnologías de producto (insumos)”, sino que “frecuentemente se relacionan con falta de tecnologías de proceso, especialmente de gestión”, se señala en el reporte final de ese trabajo.

    Esas barreras también están vinculadas a la “falta de incentivos macro y microeconómicos y de un contexto favorable a la inversión en agrotecnología”, se explica.

    Es “probable” que las limitantes “estén relacionadas con debilidades en la extensión y/o difusión de la tecnología”, plantea la investigación.

    Entre las conclusiones de ese estudio se destaca que en el caso de los productores de cualquier subsector que se encuentren trabajando cerca del potencial productivo, “el rol de la agrotecnología es absolutamente crucial para mantenerse a la vanguardia y para seguir siendo impulsores de la innovación para todo el resto de los productores”.

    Basada en la evidencia de ese estudio, la consultora sostiene que el camino para aumentar la productividad por medio de la agrotecnología “debe enfocarse en tecnologías de proceso”, en la “difusión, extensión y adopción”, que “requiere de más y mejor interinstitucionalidad” y que “es importante que la tecnología trate de aminorar el impacto negativo de la variabilidad climática, estabilizando los sistemas de producción”.

    Es necesario “contar con estudios económicos sólidos para diseñar y evaluar programas y proyectos” y “no descuidar la incorporación de tecnologías de punta para los productores más avanzados, que lideran la innovación del sector”, recomienda.

    Las sugerencias planteadas en el trabajo “deben tener en cuenta sistemas enteros y equilibrios delicados” y “deben provenir de varias disciplinas e instituciones, trabajo en conjunto”.

    Más allá de mejoras en la productividad, “la agrotecnología es crítica porque permite retener y atraer jóvenes y mujeres al campo, aumentar la calidad de vida del productor rural”, “incrementar el retorno a la inversión de otros factores” y dar tiempo de “pienso”, recordando que “el conocimiento y la diferenciación son claves para un país que no puede competir globalmente en volumen”, argumenta.

    El estudio destaca un comentario realizado por uno de los 35 expertos entrevistados respecto a que “se precisa una revolución microeconómica” para mejorar la productividad en el agro.

    “Lo que se repite es que muchos productores no tienen confianza en la relación entre la productividad física y el precio que obtienen por sus productos”, advierte la consultora en uno de los capítulos referidos a las distintas barreras que impiden un aumento de la productividad en el agro. “Por lo tanto, especialmente en ganadería, mantener los costos bajos es más importante que aumentar la productividad. Igualmente, muchas veces se considera mejor no aumentar la productividad, pero no aumentar los costos y el riesgo”, señala.

    Al analizar el tema del “mercado”, los entrevistados en ese estudio hacen mención a la “falta de confianza del productor ganadero en la cadena cárnica”.

    “Se entiende que muchos productores ganaderos consideran que los frigoríficos fijan los precios, o las cantidades, de la faena y por lo tanto no se justifica invertir en mejoras productivas si al final del día el frigorífico seguramente no lo premie e incluso baje el precio, haciendo que la inversión en generar más kilos por hectárea no sea rentable”, indica la investigación.

    Considera que “más allá de si ese comportamiento oligopólico de los frigoríficos realmente exista o no (la evidencia científica es variada), la percepción de muchos productores y actores del sector que existe es real, y por lo tanto influye en la toma de decisiones”.

    Otras limitantes.

    Respecto a las “barreras de las políticas públicas”, el trabajo menciona “la falta de apertura comercial” que fue destacada como una de las más importantes, ya que “actúa en detrimento de los márgenes de rentabilidad de los productores, en los precios y en los volúmenes, y por lo tanto, en los incentivos para aumentar la productividad”.

    Un “ambiente de negocios negativo” hacia la ganadería, con “amenazas constantes” de aplicar retenciones (impuestos a las exportaciones), la fijación de un impuesto a la tierra, un Impuesto de Primaria considerado “injusto” y ajustes en la tributación que generan “inseguridad y desconfianza”, figuran en ese estudio.

    Incluye también a los problemas de infraestructura que son una “barrera clave al agregar importantes costos al sector”.

    Las “barreras financieras” son otras limitantes a la mejora de la productividad agropecuaria, por la falta de financiamiento a largo plazo, según la consultora que —a modo de ejemplo— menciona sectores como la lechería, que compite con productos de Nueva Zelanda o Australia, donde hay condiciones crediticias a 20 años para los tamberos.

    Algunos entrevistados destacaron la necesidad de trabajar en la educación financiera de los productores, y sus asesores y que existe “aversión al endeudamiento” por “razones históricas (crisis) y culturales”.

    Los productores agrícolas han “mejorado mucho” su productividad y aplican “todo el paquete tecnológico”, pero les falta “disponibilidad de variedades (de semillas) y material genético”, hay “problemas en el rendimiento del trigo” por enfermedades y dificultades para el almacenamiento de agua en los suelos que afectan el crecimiento de cultivos de soja.

    En la ganadería y en la lechería se registran diferentes situaciones, desde productores que están “muy cerca del potencial” y que son “grandes consumidores de tecnología”, hasta otros que tienen una adopción tecnológica “muy básica” y “baja”.

    Respecto a otros factores que inciden en el tema en estudio, la consultora advierte que “si mejorando la productividad física el productor no ve un aumento de su rentabilidad (si lo que invierte no produce una ganancia por lo menos equivalente a lo que invierte, incluyendo su tiempo), es totalmente racional que el productor no tenga interés en aumentar la productividad de sus factores”.

    Eso “se repitió una y otra vez” durante la investigación, por lo que recalca “la importancia de entender la rentabilidad del productor para comprender por qué decide o no aumentar su productividad”.

    No se puede “pretender que el productor asuma riesgos de inversión en tecnología que mejoren la productividad si no ve un retorno en su inversión traducido en una mayor rentabilidad”.