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Desde el comienzo se presenta como la película que se ríe de las películas que se ríen de las películas de superhéroes —véase Kick-Ass. Una ficción posmoderna que arranca riéndose de ella misma y de las fórmulas que se aplican a las producciones superheroicas. Ya desde los créditos de apertura, el público puede hacerse una idea. No se mencionan nombres propios. Deadpool es un filme protagonizado por “Un perfecto idiota”, con “Un villano británico”, “Una chica que está buena” y que además contiene “Un personaje generado por computadora” y “Un cameo gratuito”, entre otros detalles.
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Tras los créditos, la acción. Que acontece en medio de un tiroteo en una autopista. La secuencia es ultraviolenta, diabólicamente estilizada, con chorros de sangre, dilatación temporal, desmembramientos y varios disparos de humor físico y verbal. Doce balas para muchos cuerpos en un limbo feroz. Hasta que Ryan Reynolds, el “perfecto idiota” debajo de la máscara de Deadpool, decide congelar el tiempo, hace una pausa y le cuenta al espectador cómo fue que se llegó a este punto. A partir de los primeros minutos se rompe la cuarta pared y el encapuchado dialoga con el espectador, hace comentarios y bromas sobre lo que está pasando, sobre lo que pasó y sobre lo que va a pasar. A partir de entonces se sabrá que el protagonista, un tipo grosero, cínico y malhablado no se ve a sí mismo como un superhéroe. Que tiene ciertos poderes, sí, pero poco de héroe.
El hombre se llama Wade Wilson. Y si se le quitan las capas de humor a su historia, se verá que lo suyo es bastante turbio, triste y retorcido. Cuanto menos. Como él mismo lo aclara, antes de enfundarse la máscara, Wilson era un chico malo que se encargaba de darles su merecido a los más malos que él. Era un mercenario, aunque con ciertos códigos. Se enamoró de Vanessa (Morena Braccarin, la de V-Invasión Extraterrestre), una prostituta con la que conoció una nueva parte de su sexualidad. Con ella su vida se amplió, intentó ir por “el buen camino”, hasta que recibió un diagnóstico delirante, un cáncer fulminante, inoperable, en varios órganos, y todo se fue al diablo. En la desesperación un día huyó de casa y se sometió a una serie de experimentos que le prometieron la cura. Un delirio. No solo se curó. Los experimentos, a cargo de Ajax, un científico siniestro con problemas para asumir su nombre propio (Ed Skrein), que cuenta con una asistente letal (la campeona de artes marciales Gina Carano), le otorgaron una asombrosa capacidad para regenerar sus tejidos, mejorando de manera impresionante sus habilidades para el combate, convirtiéndolo en un hombre-ejército. Pero le provocaron, a su vez, terribles deformaciones en el rostro y en el cuerpo. Ahora todo lo que quiere Wilson/Deadpool es venganza. Encontrar a Ajax para recuperar su rostro. Por eso está aquí, en esta autopista, a los tiros, al comienzo del filme.
Reynols ya había interpretado al personaje en X-Men Origins: Wolverine, y fue uno de los principales impulsores de este proyecto, interviniendo en el guion y en la producción del largometraje. Se nota que se lo pasa bien en la piel de este cretino; la película anduvo mejor de lo que se esperaba y el actor/productor está en conversaciones para trabajar en una segunda parte.
Deadpool se mueve en taxi, es descaradamente flatulento y apenas llega a casa se pone las Crocs. Es un gil que se cree encantador. Está convencido de que su compañera de piso, su “Robin”, Blind Al (la veterana actriz y cantante Leslie Uggams), “vieja, negra y ciega”, está enamorada de él: “igual que Robin de Batman”. Colossus, el “personaje generado por computadora”, en compañía de Negasonic Teenage Warhead (Brianna Hildebrand), intenta convencerlo de que ingrese de una buena vez a los X Men, él los desprecia por mutantes, cuando él mismo lo es. En un momento acude a la Mansión X: “Una casona enorme y solo están ustedes dos. Se ve que a la producción no le dio para pagar por más mutantes”. Deadpool dispara con metralleta: hay referencias al propio Reynolds como figura mediática y por su participación en la fallida Linterna Verde, a Hugh Jackman por su papel como Wolverine, a otras películas más allá del universo Marvel.
Tantos chistes y bromas metatextuales pueden saturar, se agotan rápidamente, aunque Tim Miller, animador y artista de efectos especiales conocido por haber dirigido dos cortos animados y por crear las secuencias de apertura de La chica del dragón tatuado y Thor: Un mundo oscuro, le imprime velocidad y buen ritmo a la película. Y aunque los secundarios —y especialmente el villano, ahí está la principal falla, es muy flojo— quizás sean demasiado secundarios, hay en Deadpool un antihéroe magnífico para ver pero para tenerlo bien lejos.
Deadpool. EEUU-Canadá, 2016. Director: Tim Miller. Guion: Rhett Reese y Paul Wernick. Con Ryan Reynolds, Morena Baccarin, Gina Carano, Ed Skrein, Brianna Hildebrand. Duración: 108 minutos.