La tarde cae con un sol cálido en Carrasco. En una amplia sala toman café y van de un lado a otro muchas mujeres y algunos niños. Allí se puede ver a una chica delgada que lleva el pelo recogido y tirante resaltando unos hermosos ojos claros, dientes perfectos y una mandíbula fuerte, angulosa. María Noel Riccetto intenta consolar a una niña de cuatro años que lleva un precioso tutú rosa y está deshecha en lágrimas pidiendo por su mamá. La niña no se calma y Riccetto, la bailarina, la empresaria, la mujer, la alza y la lleva a su oficina para llamar por teléfono a la madre, que no aparece. El mundo entero se concentra en el llanto de la nena que se cayó en clase y ahora solo quiere ese abrazo que nadie más puede darle. De repente, aún sollozando, pide para volver a clase: el susto pasó. María también afloja la tensión, sonríe, la lleva.
En 1990 comenzó a estudiar ballet en la Escuela Nacional de Danza y ocho años después recibió el Premio Elena Smirnova en Argentina, y fue becada para estudiar en la North Carolina School of the Arts. En 1999 fichó para el American Ballet y tres años después se convirtió en solista. En cine, fue la bailarina que interpretó las escenas de danza de la actriz Mila Kunis en la película Cisne Negro (2010). Luego de 13 años en la compañía neoyorquina, donde conoció a Julio Bocca, volvió a Uruguay en 2012, para bailar en el BNS, convocada por su amigo que se había hecho cargo de la compañía dos años antes.Ya en 2010 había bailado como invitada, y el proyecto refundacional del BNS logró repatriarla.
—¿Cuándo se inauguró la Escuela de Música, Actuación y Danza?
—Fue en diciembre, pero en esa fecha se va todo el mundo para afuera, entonces se abrieron las puertas de nuevo, para inscripciones, el 18 de enero. Es todo nuevo para mí: llegar y estar rodeada de niños, tratar de complacer a todo el mundo, armar grillas. En los primeros días va a ser una locura.
Mientras habla, una niña entra y pregunta: “¿Qué hay arriba?”. Riccetto responde: “La sala de música; ahora andá que te está buscando tu abuela. (...) ¿Ves? A eso me refiero, esto es un cambio para mí”.
—El lugar lo compartimos tres escuelas: de comedia musical con Luis Trochón, de ballet mi hermana Magdalena y yo, y de música con la escuela 440, de Juan Manuel Martínez y Juan Andrés Jutgla (de la banda Juan El Que Canta).
En ese momento interrumpe una madre que habla sin pausa y le entrega una mallita rosada: la nena no sabe aún si hará baile clásico o comedia musical. Riccetto la mira con atención mientras repite “perfecto, perfecto, dale”. Vuelve a la entrevista.
—¡Perdón, perdón! Te decía: la infraestructura es impresionante, tengo un equipo de profesores en los que confío un montón y estoy supercontenta porque nos entendemos muy bien. Estoy viendo cómo es toda esta parte de organizar.
Suena el teléfono y Riccetto atiende, siempre atenta. “Lo peor fue decirte que vinieras acá”, se disculpa, espontánea y frontal.
—¿Cuántos docentes son y a qué edades están destinadas las clases?
—Clases de ballet a partir de los cuatro años. Después hay yoga, pilates, yoga para niños, ballet para adultos y ballet fit. Desde que volví siempre tuve ganas de pensar en un futuro: ¿qué va a pasar después de que yo deje de bailar? La idea era armar algo así y ver cómo iba. A las mamás que vienen esperanzadas les digo “Enseñarles a bailar como María Riccetto va a ser imposible”. Pero sí quiero transmitir el respeto, el amor y la pasión que siento por esto. Indudablemente, la realidad es que mi compromiso sigue siendo con el Ballet Nacional, y por eso elegí tener un equipo de gente calificado con el que me siento bien. Sí quiero transmitir todo lo que me enseñaron, cómo aprendí, con disciplina pero también actualizándome.
—¿O sea que está haciendo la transición de su desempeño artístico a un rol más de intercambio con el público?
—Sí: acá perdí esa distancia que yo tengo con mi público en el escenario. Tengo que escuchar de todo, siempre con una sonrisa. Me parece importante que haya comunicación siempre y cuando yo no cambie mis principios y lo que yo quiero para este lugar. Estamos desbordados: en este momento tenemos 135 alumnos y el primer día fue ayer. La escuela en total tiene 380 alumnos. Mi compromiso sigue siendo con el ballet y quiero seguir bailando con buen nivel, aunque no pretendo hacerlo de la misma manera que la temporada pasada.
—Usted ha hablado de su retiro, ¿cómo se siente al respecto?
—Cada vez estoy tomándomelo con más calma. Hace un tiempo sentía ansiedad: ¿qué va a pasar, qué va a pasar? Siempre fui una persona que planificó mucho todo y vengo haciendo esto hace 30 años. No sé si es angustia pero es “buaa, qué voy a hacer después de esto”. Por eso quiero que me agarre preparada y esto es un gran comienzo de algo que puede crecer mucho, algo que me va a dar de comer y también otro tipo de satisfacciones. No la del escenario, que es única. Me encanta sentir que realmente me esté gustando más de lo que me imaginaba. Esto es polifacético... lo que me enloqueció un poco (risas). Bueno, es recién el segundo día... Y no tengo experiencia con hijos tampoco, aunque esto es como un gran parto (risas).
—¿En este momento se plantea la posibilidad de ser madre?
—No sé... Me agarrás un día cargado como el de hoy y pienso “no quiero tener hijos”. Hay momentos que siento que sí y otros que no. Me encantaría adoptar para darle a un chiquito una posibilidad. Esa idea me gusta mucho. Me dan miedo el embarazo y el parto. Quizás yo sigo esperando por ese clic que te indica que estás preparada. En estos momentos tengo mucha cosa en la cabeza: mi carrera que me ocupa mucho, la escuela que tiene un lugar superimportante, mi pareja y mi familia.
—¿Se planteó la posibilidad de ser la sucesora de Julio Bocca?
—En este momento, no. Si viene la oportunidad, se verá. Ahora estoy disfrutando de trabajar para él. Ponerme en el lugar de él sería realmente llenar unos zapatos muy grandes. Me gusta pila trabajar con profesionales, porque ahí puedo compartir muchísimo más. Ahora, estar en la dirección es otra historia. Por ahora ni me lo cuestiono, Julio está pasando por un divino momento en la compañía y ojalá lo tengamos mucho tiempo. Siempre le digo: “El día que vos te vayas, avisame”. La primera que se va a enterar si se va, soy yo (risas).
—¿Qué profesionales de la danza fueron sus referentes en Nueva York?
—Con el director artístico del American Ballet, Kevin McKenzie, tengo una relación divina y lo visito cada vez que voy. No tengo otra cosa que agradecimiento con él. Entre las bailarinas tengo amigas maravillosas como Alessandra Ferri, Julie Kent y Paloma Herrera. De todos esos grandes me llevé un poquito. No tengo una bailarina favorita: son los brazos de Julie Kent, las piernas y pies de Paloma Herrera, la parte artística de Ferri con ese cuerpo moldeado. La limpieza de José Carreño, el virtuosismo de Julio. De todos guardo una foto mental.
—Su padre es productor rural, ¿lo acompañaba al campo?
—Vivimos afuera mucho tiempo, hasta que empezamos el colegio y después todas las vacaciones eran afuera. Mi jardín de infantes fue en una escuela rural. En vacaciones íbamos con mis amigas, era además el momento de estar juntos toda la familia, porque mi padre viajaba mucho, iba y venía, estaba tres días en Montevideo y el resto de la semana afuera. Cuando entré en la Escuela Nacional de Danza eso cambió y se me cortaron las vacaciones. Andábamos a caballo, trabajábamos en los corrales, nos encantaba. Me hubiera gustado ser varón para ayudarlo más a mi padre en toda esa parte. Era “bendito tú eres entre todas las mujeres” (risas). El padre vive en la ciudad de Durazno, sigue teniendo campo y siempre que puedo voy para allá.
—¿Qué consejos le daría a alguien que quiere dedicarse a la danza?
—Justo hablaba con la madre de una chica que va a hacer la carrera de comedia musical acá, después de terminar el liceo. Y la gente le pregunta “¿Cómo? ¿No vas a hacer una carrera?”. Y ella está fascinada con hacerla y poder vivir de esto. Pero está podrida de contestar lo mismo y que nadie la entienda. Ahora soy más conocida y no me pasa, pero antes muchas veces me decían: “¿A qué te dedicás?”. Yo respondía: “Soy bailarina” e insistían: “No, pero ¿de qué vivís?”. Es tedioso, medio insoportable. La gente tiene que cambiar la cabeza. Hay que aceptar que se puede vivir del arte. Hay gente que adora estar involucrada en el arte. En esto hay que ir como caballos (hace el gesto con las manos al costado de los ojos): mirar para adelante y darle, porque realmente es un ambiente difícil, hay que pelearla mucho y sobresalir de alguna manera. Hay que estar concentrado y enfocado. Y si te metés en esto, disfrutalo, porque hay partes dolorosas: hay muchos “no” y puertas que se cierran. Entonces, cuando llega la oportunidad es importante que estés preparado.
—¿Qué opina del lugar que ocupa hoy en Uruguay la labor cultural y el apoyo que se le brinda?
—Los que están más arriba, llamalos como quieras, todavía no entienden que la cultura es la base de un país. Hasta que no se les grabe eso de alguna manera, esto no va a cambiar. No me puedo quejar, yo sé que el gobierno de Mujica le dio luz verde a Bocca desde el día que asumió. Pero así como pasó con el ballet tiene que pasar en otros lados. Hay que poner a la gente adecuada, preparada y profesional en cada sitio. Y es esencial tener buenas intenciones y querer llevar todo para adelante. Acá hay más artistas de los que se sabe y sería interesante dar a conocer a todas esas personas que se desviven y se rompen el lomo haciendo lo que más les gusta.
Vida Cultural
2016-03-17T00:00:00
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