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    miércoles 12 de junio de 2024
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    “La diosa negada”, de Hugo Rocca, con dibujos de Pilar González

    En busca del cetro perdido

    Es un libro de género indefinido que comparte terreno con el ensayo literario, con la historia, con la antropología y con la mitología. Y es justamente la falta de una definición precisa lo que hace más atractivo y accesible a La diosa negada (Ediciones El Elfo Aviador, 2022). Su autor es el músico y compositor Hugo Rocca, de larga trayectoria al frente del colectivo Proyecto Caníbal Troilo (PCT), cuyo último trabajo es Gaucho cosmopolita (PCT, 2023), un disco de tangos y milongas “impuros” que incorporan ritmos de rock, jazz, música electrónica y candombe. Un disco que también escapa a las clasificaciones y que contó con los dibujos de la artista Pilar González.

    Ambos creadores vuelven a reunirse en textos y dibujos en La diosa negada, un conjunto de narraciones protagonizadas por mujeres que fueron diosas, sabias, religiosas o guerreras y atravesaron la historia con un destino similar: perdieron la condición divina que era el cetro que portaban y quedaron relegadas a un segundo plano detrás del hombre. Ese quiebre y esa pérdida es lo que le interesó indagar a Rocca. El libro investiga figuras femeninas de Occidente, desde la Antigüedad grecorromana hasta finales del siglo XIX.

    “El disparador para este libro fue mi hija”, dice Rocca en entrevista con Búsqueda, y con esta explicación la dedicatoria del libro a su hija y a su madre (“mujeres que me susurraron el secreto del eterno femenino”) cobra otro significado. “Cuando salíamos a pasear aprovechaba cualquier situación para dejarle algo, alguna enseñanza de lo que a ella le asombraba. En una ocasión, se dio una situación determinada con adolescentes y le di una explicación sobre su ser femenino, sobre cómo podría comportarse para no perder su esencialidad. Entonces ella me preguntó por qué no escribía un libro sobre la mujer”.

    En ese momento, Rocca no pensó que tuviera algo que escribir al respecto, pero aquella pregunta de su hija le quedó rondando en su cabeza y empezó a leer, y se fue a los orígenes, a la mitología. Allí encontró a Medea, la tragedia de Eurípides, una historia terrible sobre una mujer que mata a sus hijos para vengarse de su marido, que la había abandonado. “De todos los seres animados y dotados de pensamiento, las mujeres somos el más desdichado. Pues, en primer lugar, tenemos que comprar un marido con excesivo gasto de dinero y conseguir un dueño de nuestro cuerpo, pues esta es una desgracia más dolorosa aún. Y el embate supremo es conseguirlo, malo o bueno”, es parte de la cita de Medea elegida por Rocca para anticipar lo que se viene en su libro.

    Sus lecturas fueron variadas y de ello da cuenta la bibliografía al final del libro: escritores y filósofos clásicos, estudiosos de los mitos como Mircea Eliade o Robert Graves o escritores y filósofos contemporáneos como Aldous Huxley con La experiencia humana o Michael Foucault con su Historia de la sexualidad. Entre esas lecturas aparece Carl Jung con sus arquetipos femeninos que se alimentaron en la mitología.

    Uno de los autores que más llamó su atención fue el comediante Aristófanes, quien en su libro Asamblea de las mujeres cuenta sobre la reunión convocada por Praxágora para discutir la situación que compartían las mujeres griegas que quedaban en sus casas mientras los hombres discutían en la plaza, tomaban vino y después las sometían a prácticas sexuales no siempre agradables para ellas. “En su etimología, Praxágora significa ‘arengadora de multitudes’. Los hombres iban a discutir y ellas quedaban en sus casas y los libros de Aristófanes hablaban de eso. Por ejemplo, Lisístrata trata sobre la guerra del Peloponeso y de la guerra sexual que inician las mujeres. Los griegos eran hedonistas, eran sibaritas y un poco sexópatas: tenían la esposa, las concubinas, las esclavas, las hetairas y a veces los efebos. La esposa era la que estaba confinada en su hogar”.

    Otro de los libros que leyó fue Historia de los animales de Aristóteles, que le hizo encontrar las puntas de lo que buscaba. “Fue el libro de cabecera del dogma del medioevo junto con la Biblia, especialmente con la caída edénica para culpar a la mujer y responsabilizarla de todos los males del mundo, y el Levítico que habla de la sangre menstrual como semen estéril, como materia inadecuada”.

    La sangre menstrual y la relación entre la mujer y la tierra son temas abordados por este trabajo para entender los cambios en el poder. “En la Antigüedad el hombre veía que él mataba un animal, sangraba y moría, mientras que la mujer sangraba y no solo no moría sino que daba la vida. Esas cualidades fisiológicas le dieron a la mujer el cetro divino, era una diosa viviente. Y fue la que primero se acercó al conocimiento. Mientras el hombre cazaba, era la mujer quien clasificaba las hierbas porque estaba muy ligada a la tierra. Cuando el hombre se dio cuenta de ese poder, empezó a someter a su entorno, a animales, a la tierra y también a la mujer. El macho alfa pasó por encima de todo”.

    En el prólogo del libro, la antropóloga Anabella Loy señala: “Brujas o santas, magas, parteras, herboristas, sibilas o vírgenes vestales, las mujeres fueron vistas como seres ocasionalmente bellos, misteriosos, temidos, incomprendidos, curiosos, salvajes, peligrosos o impuros y, por tanto, demonizados y cargados de culpas. La misoginia y el miedo a la mujer tienen mucho en común”. Ese miedo se hizo evidente en el medioevo con la quema de brujas. “La mujer al tener acceso a las plantas fue decodificando sus propiedades, y eso le dio sabiduría. En Roma ocurrieron asesinatos políticos a través de infusiones y brebajes, y se culpabilizó a las mujeres por tener ese tipo de conocimiento. Hipatia de Alejandría fue despellejada viva por los propios cristianos, un crimen atroz de lesa humanidad. El miedo a la mujer siempre existió, a que pudiera desarrollar cualidades parecidas al hombre y tomar poder. Por eso no la dejaron”.

    Por las páginas de La diosa negada pasan desde Circe, una maga ermitaña que decide vivir al margen de la polis, Afrodita, la diosa de la belleza y de la sensualidad, Era, la esposa ideal, hasta Penélope, que representaba la espera y era el emblema de la virtud para la sociedad griega. “Los griegos construyeron a partir de su mitología el cronograma mítico más perfecto para ellos, lo usaron como su sistema religioso, de creencias y educativo. Después se llamaron arquetipos, pero antes eran personajes míticos que representaban determinado tipo de mujer. Esos personajes representaban lo que debía ser y lo que no debía ser. Después los estudiosos de los mitos los decodificaron y encontraron en ellos la belleza del lenguaje y de la forma”.

    Dibujar la esencia

    Los dibujos de Pilar González son misteriosos y sugestivos, la expresividad está en los rostros, en las miradas y también en el movimiento de los cuerpos. Ella recibió el primer manuscrito que Rocca venía escribiendo desde hacía muchos años y después siguió leyendo las siguientes versiones con agregados y correcciones. Hizo una cantidad de dibujos especialmente para el libro, pero a Rocca le gustaron también otros que ya tenía y que también se incluyeron.

    “Lo interesante fue la conexión rápida que hice con los textos. Es la exaltación de lo femenino. Siempre le digo a Hugo que he aprendido mucho con este libro porque a algunos personajes los conocía y a otros no, pero aprendí del contexto histórico y cultural. Fue un gran aporte para mí”, contó González en la entrevista.

    Artista, ilustradora, escultora y diseñadora teatral, González es ante todo una gran dibujante. Su última muestra de dibujos y pinturas, Placeres, sordideces y penurias, se expuso el año pasado en las salas de exposiciones del Ministerio de Transporte y Obras Públicas (ver Búsqueda Nº 2.196). Para este libro considera que no hizo ilustraciones de las historias, sino dibujos. “En la ilustración te atenés a un texto, de pronto te agarrás de una palabra o de un fragmento, pero en este caso me basé en los ecos y las emociones que me quedaron después de leerlo. No ilustré el texto porque fue otra la relación que tuve. Leí la totalidad y trabajé con lo que me dejaba la lectura, con lo que me había movilizado”.

    Hace años que los dos creadores son amigos y comparten gustos, charlas y proyectos en común. “Tenemos miradas medio irónicas y vemos las cosas más allá de las apariencias. A veces tenemos charlas sobre lo que no se ve o suponemos que está ahí. Es un lenguaje común y por eso nos entendemos bien. Lo que más me gustó en este libro es que la mujer está tratada muy amorosamente y muy delicadamente. No como bandera”.

    El libro llega hasta épocas de la Revolución Industrial y para Rocca continuar en la historia significaría otras investigaciones y otro libro. “Yo hablo del principio femenino, no de los movimientos feministas, que son otra cosa”, aclara sobre cómo se puede leer su libro en la actualidad con las reivindicaciones feministas. “La batalla feminista no la tengo que liberar yo. Hablo del eterno femenino que fue desplazado, al que no dejaron expresarse”.

    Rocca terminó este libro hace dos años y se lo regaló a su hija Fiamma, la inspiradora de la investigación, el 24 de diciembre. Su investigación y escritura había comenzado nueve años atrás, en un “no tiempo” que le sacó a su actividad de músico y a su otro trabajo. Lo llevó a una editorial que se había manifestado interesada en publicarlo, pero allí permaneció dos años sin respuestas. Por eso decidió hacer una edición de autor con el diseño de Aldo Podestá, que adaptó de forma delicada y sobria los dibujos en blanco y negro de González. El resultado es un libro atractivo que abre varias líneas para reflexionar y seguir investigando. Porque estas diosas negadas aún hoy nos siguen susurrando.

    Vida Cultural
    2023-05-03T23:30:00