Ya se marcha la plana mayor de la Educación nacional que en esta soleada mañana del martes 9 presentó oficialmente el Programa Educativo de Verano en la escuela Nº 178, Martin Luther King, de Unidad Casavalle. En el patio de esta emblemática escuela —levantada junto al barrio hace 60 años sobre la calle Gustavo Volpe, y salpicada a balazos a fines de 2017 por bandas criminales de la zona—, juega a la pelota Pablo Caggiani con un grupo de escolares sin túnicas ni moñas. “Noté a los niños más contenidos que antes, como que se mueven menos al jugar”, dirá luego a Búsqueda el integrante del Consejo de Educación Inicial y Primaria (CEIP) para concluir, aún agitado y con la frente perlada de sudor: “Y es natural que después de una situación como la que vivieron estos meses en el barrio vayan reconstruyendo la confianza de a poquito”.
Caggiani había sido el orador del acto oficial y en su breve discurso quiso transmitir un mensaje claro. “No es casualidad que hoy estemos todos acá: donde se necesita más Estado y más política pública”. El consejero conoce la zona, suele trabajar “en territorio” y además allí enseña su pareja, también maestra, en una escuela próxima al barrio Gruta de Lourdes. Habla con propiedad: “Acá hay intervención estatal, aunque sigue faltando Estado, pero hace apenas 10 años faltaba por todos lados: hoy hay plaza, comisaría, policlínica, centro cívico, y la ANEP (Administración Nacional de Educación Pública) invirtió mucho en jardines, escuelas, liceos y UTU de toda la Cuenca”. Casavalle es la localidad que presenta el mayor porcentaje de jóvenes que no culminan el bachillerato del país; solo dos de cada 100 terminan sexto de liceo. (Búsqueda Nº 1.953)
Preguntado sobre la actuación de Primaria ante la reciente violencia desatada a las puertas de esta escuela de Casavalle, Caggiani afirmó: “Acá hubo una situación puntual de alarma pública, pero esto no es parte de la vida cotidiana del barrio, y tampoco puede haber una respuesta inmediata a una forma delictiva que era inesperada. Este no es ‘el lejano oeste’ ni es ‘tierra de nadie’, como se ha dicho; Primaria no administra ‘favelas’. Todo eso es ficción. Sí hay gurises que dejan el sistema educativo y a los 14 o 15 años hacen changas y luego, ‘si hacés esto, mirá que tenés la moto…’ y ahí se te disparan. Pero muchos estudian o trabajan. Esto parece el caos, pero no es el caos. En el fondo, es un lío económico y hay una parte de la sociedad que lo permite, hasta lo habilita, porque lo ignora”.
Así y todo, continuó el funcionario, “Uruguay tiene hoy un problema con la tolerancia y la naturalización de la desigualdad, porque acá no todos entendemos lo mismo por igualdad”. Se explicó: “No tengo claro cuánta igualdad tolera el uruguayo. Mucha gente aún no sabe cómo vive otro montón de gente a veinte minutos del Centro. Casavalle es un barrio de gente laburante, donde familias enteras comparten una pieza con una sola cama, sin baño, entre chapas y tierra”.
“Y tampoco veo que atrás del debate sobre el sistema educativo haya una sincera aspiración a la igualdad. Leo demasiada ficción”, apuntó Caggiani.
Modelo para armar.
Días después, en el edificio José Pedro Varela —la sede de Primaria de la calle Bartolomé Mitre—, Caggiani retomó el hilo de la charla con Búsqueda. En las paredes del despacho que ocupa desde febrero de 2016 como consejero en representación de los trabajadores, destacan fotos de maestros desaparecidos durante la última dictadura (1973-1985); entre ellos Julio Castro, cofundador hace 70 años de la Federación Uruguaya de Magisterio (FUM), sindicato del que provienen, de varias vertientes, los tres consejeros de Primaria: la directora general Irupé Buzzetti, Héctor Florit y Caggiani.
A este maestro de 37 años de edad, recibido en 2001, hermano del diputado frenteamplista Daniel Caggiani (MPP) y con casi una década de trabajo en el Instituto del Niño y el Adolescente del Uruguay (INAU), le preocupa, sobre todo, “la desigualdad” en la educación. “Las propuestas educativas tienen bases filosóficas, pero siempre son políticas. Unas entienden que lo deseable es la igualdad, y otras que cierta selección o exclusión, léase desigualdad, es correcta”. Personalmente, dijo estar en contra de estas últimas y por eso se opone a las que impulsan las instituciones educativas gratuitas de gestión privada —como el Liceo Jubilar, el Impulso o Los Pinos, ubicadas en Casavalle—, porque “hay quienes pretenden vender ‘un modelo caro’, riesgoso y mucho más desigual” que el estatal.
Caggiani aludió así al economista Ernesto Talvi, quien propone crear 136 liceos gratuitos similares a los que funcionan en Casavalle en otras “zonas críticas” del país, pero gestionados por el Estado, para atender a unos 80.000 jóvenes, con una inversión adicional de US$ 150 millones. “Uruguay ya tiene un modelo educativo a replicar en casa: Finlandia está en Casavalle”, según Talvi. (Búsqueda Nº 1.932)
Avanzada la entrevista, Caggiani salió al cruce de la propuesta de Talvi: “Es la misma idea que instaló (el dictador Agusto) Pinochet en Chile y que aplicaron algunos estados brasileros: vos ‘le das la plata a los padres’ —entre comillas— para que ellos ‘elijan’ el instituto privado al que enviarán a sus hijos y así les irá mejor a los gurises”. Y enseguida dijo: “Pero esa es una gran ficción, las evidencias muestran que es falso. Primero, porque lo privado no es mejor que lo público en términos de aprendizajes, y porque ese modelo es selectivo, genera exclusión y desigualdad: eso es lo que debe evitar el sistema de educación pública”.
Para el consejero de Primaria, “Talvi y también Pablo da Silveira —asesor en temas de educación del senador y precandidato nacionalista Luis Lacalle Pou— vienen diciendo lo mismo desde los años noventa; uno desde la propuesta de los ‘vouchers’ del Instituto Ceres que dirige, y el otro a partir de la ‘reforma de (Germán) Rama’, que ya entonces decía que era ‘estatista’ y que se había quedado corta”.
Estas instituciones que dirigentes opositores “pretenden replicar” en el país, prosiguió Caggiani, “son gratuitas porque no le cobran al usuario, pero en realidad son financiadas por el Estado”, a través de donaciones empresariales a cambio de renuncias fiscales.
“Llevar a la sociedad a pensar que con mecanismos de empresa resolvemos un problema de política pública no tiene mucho sentido, más allá de la idea de que el Estado debe asumir un rol rector y replegarse, para que sean otros —los privados— los ejecutores de las políticas”.
Caggiani explicó que hasta ahora Primaria había mantenido cierta reserva sobre estos temas porque se trata en general de instituciones de educación media y por entender “insensato” el ir contra una propuesta educativa allí donde no había Estado. “Instituciones como el Jubilar o Impulso son bienvenidas. Lo más complicado es pensar que ese es el modelo de política para la educación, bajo una lógica de mercado, de consumidor y productor de servicios, entre padres y niños de zonas donde esa lógica solo entra a fórceps”.
“Que ese modelo se presente como la política educativa a seguir es riesgoso y, además, carísimo”, indicó el consejero. Dijo que aplicarlo supone “multiplicar por tres o cuatro” el presupuesto de la educación. “Si hay una estructura presupuestal donde el 80% se destina a salarios y ahora vas a multiplicar el gasto por alumno: o multiplicás el presupuesto o reducís los salarios. No hay otra”.
Sin embargo, Caggiani descartó que exista una “mercantilización” de la enseñanza pública. “¡No! ¿Cómo le voy a decir a la monja que está tecleando desde hace años para sostener su institución que está privatizando la educación? Tampoco propongo que haya que sacar a Impulso o a Los Pinos de Casavalle, de donde había un basural o un baldío. Lo que no se puede es pasar gato por liebre: que presenten esto como ‘El’ modelo a seguir. Uruguay debe lograr que todos los gurises del barrio tengan una propuesta de calidad: no que solo a unos les toque por sorteo”.
“Es curioso, pero los mismos que predican la reducción del Estado y que éste se retire, vienen a ponerse atrás de instituciones educativas que dan cuenta de la ausencia del Estado”, expresó.
Ficciones.
“Alguien lo tiene que decir: iniciativas como Los Pinos del Opus Dei deben estar prohibidas. No acepto que en 2017 se separen niñas y varones”, escribió Caggiani el 8 de abril en su cuenta personal de Twitter. Lo hizo en medio de un fuerte debate público sobre “la educación dual” que fue en aumento durante el año. “Publiqué eso porque no me parece admisible que una institución que separa nenas de varones, que funciona con plata de todos (…), que atiende 350 gurises (menos que cualquier escuela de la Gruta de Lourdes o Casavalle), paute publicidad en los medios. Es un despropósito. El dinero que tienen no debería ser para eso”, explicaría entonces el jerarca al portal de noticias Ecos.
Caggiani dijo a Búsqueda que su mensaje pretende alertar sobre “un movimiento cada vez más fuerte por la educación segregada” en países como España, Alemania, Estados Unidos e Inglaterra, que abogan por los colegios concertados. “La separación por géneros es una rémora de la Iglesia católica por una bula papal que hace 40 años quedó derogada”.
“La educación segregada es el refugio del sector conservador ante los avances de derechos para construir equidad de género. ¿Por qué separar hoy a niños y niñas? No parece razonable”, sostuvo.
Y machacó: “No es que esté todo mal con estas experiencias en Casavalle. No cuestiono a Pablo Bartol (director de Los Pinos) ni lo que hace. Digo que estos centros educativos de gestión privada no son alternativas reales a la enseñanza pública: no son ‘El’ modelo. El problema es que atrás hay un debate que en realidad lo instalaron Milton y Rose Friedman con su libro Free to choose (Libre para elegir, 1980), en el que abogan por los principios del libre mercado; ellos ya propusieron todo esto. Y todo esto fracasó. No se puede hablar de Finlandia sin considerar el presupuesto que se destina a la educación pública en Uruguay y a las instituciones de gestión privada, porque es hablar de ficciones”.
Información Nacional
2018-02-01T00:00:00
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