• Cotizaciones
    sábado 21 de febrero de 2026

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, tu plan tendrá un precio promocional:
    $ Al año*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, por los próximos tres meses tu plan tendrá un precio promocional:
    $ por 3 meses*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * A partir del cuarto mes por al mes. Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
    stopper description + stopper description

    Tu aporte contribuye a la Búsqueda de la verdad

    Suscribite ahora y obtené acceso ilimitado a los contenidos de Búsqueda y Galería.

    Suscribite a Búsqueda
    DESDE

    UYU

    299

    /mes*

    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá

    “Las comparsas de hoy no hacen música, son batallones de tambores”

    Mano a mano, palo y palo: antes de las Llamadas, una charla con Fernando “Lobo” Núñez

    Crió ocho niños. Tres propios y cinco de sus parejas. Dos de ellos, Fernando y Noé tocan juntos en La Calenda Beat y como sesionistas de los mejores músicos uruguayos. Vive con su familia en la misma casa que sus ancestros, en Carlos Gardel y Julio Herrera y Obes. La misma que hace un año visitó Mick Jagger, cuando cumplió 60 años. A la vuelta, en Río Negro y la rambla, está su taller de tambores El Power. Fernando “Lobo” Núñez se define como músico y luthier y dice que su vida es el candombe. Tocó en leyendas como Morenada y Esclavos de Nyanza y grabó con Opa, Rada, Eduardo Mateo, Jaime Roos, la familia Fattoruso, Jorge Galemire, Mariana Ingold, Jorge Drexler, Fito Páez y Ketama, entre tantos. “Media hora, tengo”, dijo el Lobo a Búsqueda el lunes 6 por la tarde. Una hora más tarde recordaba orgulloso la proclama que hizo años atrás ante la Unesco, en Cuzco, para que el candombe fuera declarado patrimonio cultural de la humanidad.

    El Lobo pega fuerte: denuncia la deuda histórica de los estados con la raza negra, pide a las autoridades que decreten al tambor “instrumento autóctono del Uruguay” para evitar que sea registrado por otros países, y que se incluya el candombe en los programas educativos oficiales. “En Argentina ya saben hacer los tambores y andan diciendo que el candombe es rioplatense”, alerta. Cuenta cómo se construye un tambor, qué maderas usa, se queja de que hay luthiers que “avasallan la historia del instrumento” y dispara contra las innovaciones y fusiones en las Llamadas. Tilda de “mamarracho” los llamados “cortes” —piezas breves de percusión que identifican a cada comparsa— y dice que el candombe padece “un gran abuso de poder y falta de equilibrio” y que dejó de ser una fiesta popular para priorizar el negocio. Ante un nueva edición del Desfile de Llamadas, hoy jueves 9 y mañana viernes 10, vale la pena prestarle atención a la boca del Lobo.

    —¿Qué significa para usted el candombe?

    —Mi vida es el candombe. Hacer tambores y tocarlos. Mi desafío fue demostrarme a mí mismo que podía vivir de lo que mejor sabía hacer. Soy músico y luthier, el candombe es mi oficio y profesión. Es el folclore que considero más autóctono. Y con el tiempo la sociedad ha reconocido el aporte cultural que hemos hecho los descendientes de africanos. Por cierto, el estado hipócritamente nunca lo ha reconocido ese aporte. Los afrodescendientes, que fuimos traídos a América de la manera que todo el mundo sabe, nunca recibimos ninguna indemnización. El mercado de esclavos generó un genocidio enorme y los países europeos nunca se hicieron cargo. Se hacen los boludos. En los ejércitos de Artigas, los libros dicen que iban indios, negros, zambos y mulatos. Acá los únicos que dimos sangre además de los charrúas fuimos los negros, y además somos de los mas antiguos acá. Llegamos con los portugueses, antes que muchos otros. ¿De qué estamos hablando? Esa hipocresía se sigue manifestando hasta hoy en día. Todo el mundo toca el tambor pero el candombe no está en los programas educativos oficiales. Y los tambores chico, repique y piano, que son autóctonos del Uruguay, siguen sin ser reconocidos oficialmente como una creación de este país. Sí a nivel popular pero no de Estado. Por el contrario, el candombe no discrimina ni raza ni credo ni religión ni color político, e integra gente de todas las etnias. Las comparsas históricamente son de negros y lubolos, que son los blancos con la cara pintada de negro. Se está retomando la tradición de los lubolos. Incluso, hay comparsas que ya no tienen negros. Son solo blancos. A nivel musical, el candombe se ha fusionado con todos los géneros. Se ha unido a la murga de tal modo que gran parte de lo que toca la murga es el llamado “candombeado”. Más que la marcha camión. También se han candombeado la plena y otras músicas de origen tropical. El candombe se ha metido en todas las vértebras de la cultura.

    —¿Y el origen concreto del toque de tambor?

    —La base del ritmo vino de África y se fue deformando. El chico, repique y piano nacieron en la Ciudad Vieja, con los toneleros del Montevideo rural. Lo mismo paso en Cuba con las barricas de ron y las tumbadoras. En Buenos Aires había cultura afro pero la raza negra fue extinguida y acá en la guerra de la Triple Alianza nos aniquilaron y quedamos solo el 10% de la población. Somos 300 mil nada más. El toque se fue definiendo a principios del XX, y el candombe ha evolucionando sin pausa. Ahora los tambores tienen más volumen, ha cambiado el sistema de afinación. Hay dos toques, que son la raíz: Sur y Palermo. La diferencia mayor está en los pianos y en la velocidad. Hoy, los tambores de Cuareim han casi que igualado la velocidad de Ansina.

    —¿Y de dónde viene el toque Cordón?

    —Cordón es una buena imitación de Palermo, con la misma frase de los pianos, mayor cantidad de tambores y más volumen. Surgió en el conventillo de Gaboto, con la Llamada de Cordón

    —Originalmente, el toque Cuareim…

    (interrumpe) ¡No es de Cuareim, es del Barrio Sur! Cuareim se llama desde hace, ponele, 50 años. Pero antes acá en el Sur estuvieron los pobres negros cubanos, Libertadores de África y otros grupos negros que venían tocando desde fines de 1800. Los primeros toques fueron en el Cubo del Sur. Y ya había gente que salía por estas calles a fines de 1800. Entonces, Cuareim es una calle que funcionó de punto de reunión cuando estaba el conventillo Medio Mundo, y ya está. Ahí se armó Lonjas de Cuareim y su Morenada, liderados por los hermanos Silva cuando se vinieron para el conventillo con otros muchachos del barrio. Si hablamos de antigüedad, en este barrio la siguen teniendo los Vilaza, que están acá desde 1837. Yo desciendo de los Ocampo Vilaza. También están los Cubimba, los Rodríguez Andrade, las familias antiguas. El gran Rodríguez Andrade, que inventó la vuelta olímpica, aunque la historia dice que fue aquel equipo del 24, vivía acá en la calle Paraguay. Los Silva vinieron mucho después, por los años 50.

    —¿Por qué decidió hacer tambores?

    —Porque sentí la curiosidad de saber cómo se hacían, y porque quería estar seguro de tocar tambores de calidad.

    —¿Influyó que estaban de moda los parches de plástico?

    —No. Hubo gente que quiso simplificar y sustituir al cuero con el plástico, simplemente por ser modernos y porque el plástico dura más y no cambia el sonido si se moja. Una cosa es aplicarle al cuero un tensor mecánico que se acciona con llaves, que todos lo incorporamos. Pero el plástico es el recurso del que no sabe nada. Por suerte no tuvo andamiento. ¡Porque era muy terraja! Muy terraja el sonido y muy terraja el que lo usaba. ¡Había que ser berreta para tocar ese parche de nailon!

    —En los últimos años se volvió al sonido del cuero y al parche clavado en la tabla…

    —Claro. El tambor clavado tiene una calidez que no tendrá nunca uno con tensor. Es algo bien folclórico y tradicional. Hay un matiz natural entre el tambor afinado al calor del fuego y cómo se va desafinando a medida que se toca y baja el tono. En una llamada, los tambores clavados y con tensor matizan diferente.

    —¿Fabrica los dos?

    —Y claro. Mi tambor piano es clavado. No me gusta tocar con tensor. Pero el tensor es bueno para el repique, para que mantenga la nota. Cada tambor tiene su voz, su función, su tamaño y su lonja adecuada. El tensor mecánico resiste más a la desafinación y permite volver a afinar fácilmente.

    —¿Un tambor se fabrica igual que en 1950?

    —¡Claro! Con el paso del tiempo fui perfeccionando el proceso. Lo puedo hacer en forma artesanal o más industrial, para poder cumplir con una demanda intensa. Teniendo las maderas ya curvadas un tambor se puede hacer en uno o dos días. Pero a mí no me gusta estoquear. Me gusta trabajar por encargo y tomarme mi tiempo, lo que me lleva algunos días más.

    —Antes se usaba la madera de la yerba de Brasil. ¿Y hoy?

    —Los tambores se hacían con barriles y barricas de yerba o de cualquier cosa que venía en barco. Hoy usamos tablas rígidas y las curvamos. Yo uso pino Brasil, pero puedo doblegar roble, cedro o cualquier madera.

    —¿Suena mejor con maderas más duras?

    —No, el sonido depende de la forma del casco. Las maderas más duras pueden rendir un poco mejor pero son muy pesadas. Y como el tambor se toca caminando no pueden ser muy pesados. Hay que encontrar el equilibrio entre una madera fuerte y que a la vez sea liviana. El problema es que el pino Brasil está escaseando.

    —¿Y el eucaliptus, que abunda?

    —Es una madera dura y pesada y aparte no curva fácil. De un tablón tirás la mitad, entonces hay que buscar otras alternativas como el pino americano y otras maderas nuevas de nombres muy extraños que admiten bien la curva. Yo curvo cualquier madera, y si hay curva, hay tambor.

    —¿Se usa calor?

    —A veces, pero no me gusta mucho informar de cómo los hago. Así como se llenó de profesores, se llenó de fabricantes, y a veces nosotros mismos contribuimos para que se llene de atrevidos. Hay gente que respeta las tradiciones, pero hay muchos que hacen tambores de cualquier medida, de cualquier forma y avasallan la historia del instrumento. Se llenó de luthiers y cada uno piensa que le puede dar la forma que se le antoja. Si la guitarra hubiera sufrido lo que sufre el tambor, si hubiera caído en manos de estos expertos, ya no existiría más: le habrían cambiado la forma.

    —¿Qué vicios tienen los tambores de hoy?

    —Le dan mucha panza para darles más volumen, entonces son muy grandes. Y los que tocan no se cansan de tocar sino de cargar. Y además tocan tan fuerte que no se escuchan. Cuando hay una cantidad de tambores en exceso y de gran tamaño hay demasiado volumen y poca escucha. Y cualquier buen músico sabe que para poder tocar cómodo y tocar bien, tiene que poder escucharse. Y hay tantos tambores que no se oyen, y no pueden dialogar entre las cuerdas, sino que tocan al unísono. ¡Las cuerdas compiten entre sí! Los muchachos piensan que quien toca mas fuerte toca mejor. Se perdió el diálogo rítmico, dejan de conversar entre las cuerdas y pierden el ritmo. Las comparsas de hoy no hacen música, son batallones de tambores.

    —¿Ese palo es generalizado o rescata alguna comparsa que mantenga el buen toque?

    —Son pocas. Este año, en el desfile de 18, Yambo Kenia fue la cuerda más equilibrada. Se escuchaban todos los tambores y se entendía bien lo que querían hacer. A veces quieren tocar tan fuerte, con tantos cortes y tantas figuras… ¡El candombe ya está inventado! Es un ritmo solo, no hay que agregarle mas nada. Todos esos que se hacen los arregladores, que vayan a un festival de percusión. En las Llamadas lo que hay que hacer es candombe, y hoy lo que menos se escucha, especialmente donde está el jurado, es el candombe liso, el candombe autóctono. Y lo que le estamos mostrando al mundo es un mamarracho. Si escucho por internet un desfile de llamadas voy a creer que es así, y nada que ver. Son ejercicios que vienen de otros lados, de las escuelas de samba, ya están escritos, no inventaron nada. Todos esos cortes son sacados de otros ritmos y ejercicios de redoblante y batería. El candombe es un ritmo autóctono que tiene la ventaja de no ser tan conocido en el mundo. Sigue estando virgen, ¡lo podemos explotar nosotros! Somos los responsables de mantenerlo así y lo estamos deformando.

    —¿A qué lo atribuye?

    —A que hay competencia por ganarle al otro, y eso separa a la familia del candombe, porque yo te quiero ganar.

    —¿Cree en los concursos?

    No, no creo. No hay mejores. Si tengo que dar un veredicto, son muy parejos, y hoy muchos compiten a ver cuál es peor, porque cada vez están más lejos de las raíces. En Bahía tocan el ritmo tal cual es y con los instrumentos originales. Incluso algunos afinan los atabaques con tientos. Cuando los cubanos tocan la rumba con los batá, te erizás. Cuando tocan la comparsa callejera, no hacen estas cosas raras que hacen acá.

    —¿O sea que en su opinión se corre riesgo de que se pierda la esencia del candombe?

    —Lo están llevando lejos. Con las coreografías, las bailarinas están perdiendo el paso candombero porque a las bailarinas les exigen hacer coreografías. Van más preocupadas por medir y contar los pasos. Uno, dos, tres, dos, dos, dos, y levantar el brazo, parar, girar. Las meten en un brete, y no las dejan libres para bailar el candombe, que es un ritmo libre.

    —¿Le piden consejos los directores de las comparsas?

    —No me interesa aconsejar a las comparsas porque están metidas en un esquema que no me va, se rompen la cabeza cuando el candombe ya está ahí. Lo que necesita el candombe es alegría y color. Vemos que ahora se le da mucho glamour y cada día se parece mas al carnaval de Brasil. Es más, hay bailarines que salen disfrazados con la fantasía brasilera, con los requeches que traen del carnaval de la frontera del año pasado. Se hacen los modistos y lo único que hacen es ir a comprar baratijas del lado brasilero. Un mamarracho. ¡Bailarines con botas de taco alto hasta la rodilla!

    —¿Va a las llamadas?

    —Voy. Me gusta ser espectador y ver que cada vez hay más participación en la vereda y en los conjuntos, de todos los niveles sociales. No todos los días ves un evento con diez mil artistas. A las Llamadas va el doble de gente que a un clásico, y convocados en su mayoría por el evento, no por tal o cual comparsa.

    —Hace 30 años era un clásico que se armara lío al final...

    —Eso era un tema político, al final de la dictadura muchos usaban las Llamadas para expresar su repudio a la represión y aprovechaban la gran concurrencia para provocar. Los líos no eran entre los conjuntos, eran contra la policía. Por suerte eso se terminó.

    —¿Y qué le parece la movida de Asociación Uruguaya de Candombe (Audeca) con las Llamadas de San Baltasar, los 6 de enero, por fuera de los Directores Asociados de Espectáculos Carnavalescos Populares del Uruguay (Daecpu)?

    —No estoy de acuerdo, sobre todo con el nombre. Porque San Baltasar no existe. Existe el rey Baltasar, y la única vez que en el mundo se reconoce a un negro como rey, estos abombados me lo ponen de santo. Yo quisiera saber en qué iglesia está San Baltasar como está San Pedro, San Juan o San Benito. No es un santo, la iglesia católica reconoce al rey Baltasar junto a Gaspar y Melchor. Son figuras bíblicas. Audeca hizo ese desfile para competir con las Llamadas, y con las Llamadas de Carnaval no se compite. La hicieron para en algún momento poder tener el dominio de ese desfile.

    —¿Y cuándo fue la última vez que salió?

    —En el 82, porque estaba en contra del sistema. Después volví en el 2000 para apoyar a mis hijos cuando sacaron una comparsa, La Calenda. Después ellos se dieron cuenta solos y salieron solo dos años. Hay un gran abuso de poder y falta de equilibrio. Hoy por hoy dejó de ser aquella fiesta popular y pasó a ser una fiesta comercial y turística en la que se beneficia económicamente mucha gente menos los que participan directamente. ¿Ta’? Si bien los directores sacan unos manguitos cagados, todo el mundo gana plata menos los protagonistas. Hace 30 años yo planteé: o somos protagonistas o no me sirve. Si vamos a defender, defendamos en serio o paremos las Llamadas. O todo o nada. Y por eso me fui.

    // Leer el objeto desde localStorage