—La base del ritmo vino de África y se fue deformando. El chico, repique y piano nacieron en la Ciudad Vieja, con los toneleros del Montevideo rural. Lo mismo paso en Cuba con las barricas de ron y las tumbadoras. En Buenos Aires había cultura afro pero la raza negra fue extinguida y acá en la guerra de la Triple Alianza nos aniquilaron y quedamos solo el 10% de la población. Somos 300 mil nada más. El toque se fue definiendo a principios del XX, y el candombe ha evolucionando sin pausa. Ahora los tambores tienen más volumen, ha cambiado el sistema de afinación. Hay dos toques, que son la raíz: Sur y Palermo. La diferencia mayor está en los pianos y en la velocidad. Hoy, los tambores de Cuareim han casi que igualado la velocidad de Ansina.
—¿Y de dónde viene el toque Cordón?
—Cordón es una buena imitación de Palermo, con la misma frase de los pianos, mayor cantidad de tambores y más volumen. Surgió en el conventillo de Gaboto, con la Llamada de Cordón
—Originalmente, el toque Cuareim…
—(interrumpe) ¡No es de Cuareim, es del Barrio Sur! Cuareim se llama desde hace, ponele, 50 años. Pero antes acá en el Sur estuvieron los pobres negros cubanos, Libertadores de África y otros grupos negros que venían tocando desde fines de 1800. Los primeros toques fueron en el Cubo del Sur. Y ya había gente que salía por estas calles a fines de 1800. Entonces, Cuareim es una calle que funcionó de punto de reunión cuando estaba el conventillo Medio Mundo, y ya está. Ahí se armó Lonjas de Cuareim y su Morenada, liderados por los hermanos Silva cuando se vinieron para el conventillo con otros muchachos del barrio. Si hablamos de antigüedad, en este barrio la siguen teniendo los Vilaza, que están acá desde 1837. Yo desciendo de los Ocampo Vilaza. También están los Cubimba, los Rodríguez Andrade, las familias antiguas. El gran Rodríguez Andrade, que inventó la vuelta olímpica, aunque la historia dice que fue aquel equipo del 24, vivía acá en la calle Paraguay. Los Silva vinieron mucho después, por los años 50.
—¿Por qué decidió hacer tambores?
—Porque sentí la curiosidad de saber cómo se hacían, y porque quería estar seguro de tocar tambores de calidad.
—¿Influyó que estaban de moda los parches de plástico?
—No. Hubo gente que quiso simplificar y sustituir al cuero con el plástico, simplemente por ser modernos y porque el plástico dura más y no cambia el sonido si se moja. Una cosa es aplicarle al cuero un tensor mecánico que se acciona con llaves, que todos lo incorporamos. Pero el plástico es el recurso del que no sabe nada. Por suerte no tuvo andamiento. ¡Porque era muy terraja! Muy terraja el sonido y muy terraja el que lo usaba. ¡Había que ser berreta para tocar ese parche de nailon!
—En los últimos años se volvió al sonido del cuero y al parche clavado en la tabla…
—Claro. El tambor clavado tiene una calidez que no tendrá nunca uno con tensor. Es algo bien folclórico y tradicional. Hay un matiz natural entre el tambor afinado al calor del fuego y cómo se va desafinando a medida que se toca y baja el tono. En una llamada, los tambores clavados y con tensor matizan diferente.
—¿Fabrica los dos?
—Y claro. Mi tambor piano es clavado. No me gusta tocar con tensor. Pero el tensor es bueno para el repique, para que mantenga la nota. Cada tambor tiene su voz, su función, su tamaño y su lonja adecuada. El tensor mecánico resiste más a la desafinación y permite volver a afinar fácilmente.
—¿Un tambor se fabrica igual que en 1950?
—¡Claro! Con el paso del tiempo fui perfeccionando el proceso. Lo puedo hacer en forma artesanal o más industrial, para poder cumplir con una demanda intensa. Teniendo las maderas ya curvadas un tambor se puede hacer en uno o dos días. Pero a mí no me gusta estoquear. Me gusta trabajar por encargo y tomarme mi tiempo, lo que me lleva algunos días más.
—Antes se usaba la madera de la yerba de Brasil. ¿Y hoy?
—Los tambores se hacían con barriles y barricas de yerba o de cualquier cosa que venía en barco. Hoy usamos tablas rígidas y las curvamos. Yo uso pino Brasil, pero puedo doblegar roble, cedro o cualquier madera.
—¿Suena mejor con maderas más duras?
—No, el sonido depende de la forma del casco. Las maderas más duras pueden rendir un poco mejor pero son muy pesadas. Y como el tambor se toca caminando no pueden ser muy pesados. Hay que encontrar el equilibrio entre una madera fuerte y que a la vez sea liviana. El problema es que el pino Brasil está escaseando.
—¿Y el eucaliptus, que abunda?
—Es una madera dura y pesada y aparte no curva fácil. De un tablón tirás la mitad, entonces hay que buscar otras alternativas como el pino americano y otras maderas nuevas de nombres muy extraños que admiten bien la curva. Yo curvo cualquier madera, y si hay curva, hay tambor.
—¿Se usa calor?
—A veces, pero no me gusta mucho informar de cómo los hago. Así como se llenó de profesores, se llenó de fabricantes, y a veces nosotros mismos contribuimos para que se llene de atrevidos. Hay gente que respeta las tradiciones, pero hay muchos que hacen tambores de cualquier medida, de cualquier forma y avasallan la historia del instrumento. Se llenó de luthiers y cada uno piensa que le puede dar la forma que se le antoja. Si la guitarra hubiera sufrido lo que sufre el tambor, si hubiera caído en manos de estos expertos, ya no existiría más: le habrían cambiado la forma.
—¿Qué vicios tienen los tambores de hoy?
—Le dan mucha panza para darles más volumen, entonces son muy grandes. Y los que tocan no se cansan de tocar sino de cargar. Y además tocan tan fuerte que no se escuchan. Cuando hay una cantidad de tambores en exceso y de gran tamaño hay demasiado volumen y poca escucha. Y cualquier buen músico sabe que para poder tocar cómodo y tocar bien, tiene que poder escucharse. Y hay tantos tambores que no se oyen, y no pueden dialogar entre las cuerdas, sino que tocan al unísono. ¡Las cuerdas compiten entre sí! Los muchachos piensan que quien toca mas fuerte toca mejor. Se perdió el diálogo rítmico, dejan de conversar entre las cuerdas y pierden el ritmo. Las comparsas de hoy no hacen música, son batallones de tambores.
—¿Ese palo es generalizado o rescata alguna comparsa que mantenga el buen toque?
—Son pocas. Este año, en el desfile de 18, Yambo Kenia fue la cuerda más equilibrada. Se escuchaban todos los tambores y se entendía bien lo que querían hacer. A veces quieren tocar tan fuerte, con tantos cortes y tantas figuras… ¡El candombe ya está inventado! Es un ritmo solo, no hay que agregarle mas nada. Todos esos que se hacen los arregladores, que vayan a un festival de percusión. En las Llamadas lo que hay que hacer es candombe, y hoy lo que menos se escucha, especialmente donde está el jurado, es el candombe liso, el candombe autóctono. Y lo que le estamos mostrando al mundo es un mamarracho. Si escucho por internet un desfile de llamadas voy a creer que es así, y nada que ver. Son ejercicios que vienen de otros lados, de las escuelas de samba, ya están escritos, no inventaron nada. Todos esos cortes son sacados de otros ritmos y ejercicios de redoblante y batería. El candombe es un ritmo autóctono que tiene la ventaja de no ser tan conocido en el mundo. Sigue estando virgen, ¡lo podemos explotar nosotros! Somos los responsables de mantenerlo así y lo estamos deformando.
—¿A qué lo atribuye?
—A que hay competencia por ganarle al otro, y eso separa a la familia del candombe, porque yo te quiero ganar.
—¿Cree en los concursos?
—No, no creo. No hay mejores. Si tengo que dar un veredicto, son muy parejos, y hoy muchos compiten a ver cuál es peor, porque cada vez están más lejos de las raíces. En Bahía tocan el ritmo tal cual es y con los instrumentos originales. Incluso algunos afinan los atabaques con tientos. Cuando los cubanos tocan la rumba con los batá, te erizás. Cuando tocan la comparsa callejera, no hacen estas cosas raras que hacen acá.
—¿O sea que en su opinión se corre riesgo de que se pierda la esencia del candombe?
—Lo están llevando lejos. Con las coreografías, las bailarinas están perdiendo el paso candombero porque a las bailarinas les exigen hacer coreografías. Van más preocupadas por medir y contar los pasos. Uno, dos, tres, dos, dos, dos, y levantar el brazo, parar, girar. Las meten en un brete, y no las dejan libres para bailar el candombe, que es un ritmo libre.
—¿Le piden consejos los directores de las comparsas?
—No me interesa aconsejar a las comparsas porque están metidas en un esquema que no me va, se rompen la cabeza cuando el candombe ya está ahí. Lo que necesita el candombe es alegría y color. Vemos que ahora se le da mucho glamour y cada día se parece mas al carnaval de Brasil. Es más, hay bailarines que salen disfrazados con la fantasía brasilera, con los requeches que traen del carnaval de la frontera del año pasado. Se hacen los modistos y lo único que hacen es ir a comprar baratijas del lado brasilero. Un mamarracho. ¡Bailarines con botas de taco alto hasta la rodilla!
—¿Va a las llamadas?
—Voy. Me gusta ser espectador y ver que cada vez hay más participación en la vereda y en los conjuntos, de todos los niveles sociales. No todos los días ves un evento con diez mil artistas. A las Llamadas va el doble de gente que a un clásico, y convocados en su mayoría por el evento, no por tal o cual comparsa.
—Hace 30 años era un clásico que se armara lío al final...
—Eso era un tema político, al final de la dictadura muchos usaban las Llamadas para expresar su repudio a la represión y aprovechaban la gran concurrencia para provocar. Los líos no eran entre los conjuntos, eran contra la policía. Por suerte eso se terminó.
—¿Y qué le parece la movida de Asociación Uruguaya de Candombe (Audeca) con las Llamadas de San Baltasar, los 6 de enero, por fuera de los Directores Asociados de Espectáculos Carnavalescos Populares del Uruguay (Daecpu)?
—No estoy de acuerdo, sobre todo con el nombre. Porque San Baltasar no existe. Existe el rey Baltasar, y la única vez que en el mundo se reconoce a un negro como rey, estos abombados me lo ponen de santo. Yo quisiera saber en qué iglesia está San Baltasar como está San Pedro, San Juan o San Benito. No es un santo, la iglesia católica reconoce al rey Baltasar junto a Gaspar y Melchor. Son figuras bíblicas. Audeca hizo ese desfile para competir con las Llamadas, y con las Llamadas de Carnaval no se compite. La hicieron para en algún momento poder tener el dominio de ese desfile.
—¿Y cuándo fue la última vez que salió?
—En el 82, porque estaba en contra del sistema. Después volví en el 2000 para apoyar a mis hijos cuando sacaron una comparsa, La Calenda. Después ellos se dieron cuenta solos y salieron solo dos años. Hay un gran abuso de poder y falta de equilibrio. Hoy por hoy dejó de ser aquella fiesta popular y pasó a ser una fiesta comercial y turística en la que se beneficia económicamente mucha gente menos los que participan directamente. ¿Ta’? Si bien los directores sacan unos manguitos cagados, todo el mundo gana plata menos los protagonistas. Hace 30 años yo planteé: o somos protagonistas o no me sirve. Si vamos a defender, defendamos en serio o paremos las Llamadas. O todo o nada. Y por eso me fui.