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    “Maniquíes”, muestra fotográfica de Rasia Friedler y Jorge Papadópulos

    Veinticuatro fotos de grandes dimensiones sobre un símbolo del consumo y del deseo en Sala Camacuá

    Tienen ojos inexpresivos que parecen mirar un punto indefinido detrás de las vidrieras o parados en los pasillos de las tiendas. Sensuales, atléticos o andróginos, representan a hombres, mujeres y niños, visten a la moda y la ropa siempre les queda perfecta. Cada tanto aparecen desnudos, con sus cuerpos escuálidos y muy blancos, entonces recuerdan su real naturaleza. Los hay con rostro y sin rostro, con la cabeza entera o rebanada, pelados o con cabellera, y también se encuentran en trozos en alguna feria: una pierna suelta, un torso por un lado, la cabeza por el otro. Los maniquíes están tan incorporados al paisaje urbano que por lo general los transeúntes no reparan en ellos, aunque alguien distraído los puede confundir con seres reales en medio de un comercio. Una especial mirada hacia estas figuras hechas a semejanza de las personas aparece en Maniquíes, muestra fotográfica de Rasia Friedler y Jorge Papadópulos, que se exhibe hasta el domingo 17 en la Sala Camacuá del edificio de AEBU (Camacuá 575).

    Friedler y Papadópulos se conocieron a través de las redes sociales, donde habitualmente publican sus fotografías, y decidieron hacer una muestra juntos sobre estos objetos tan atractivos como inquietantes. Ambos tienen siempre sus cámaras a mano para registrar lo que ven por la ciudad, para no dejar pasar el momento justo. Con ellos, Búsqueda realizó una recorrida por la muestra de 24 fotos de grandes dimensiones tomadas en Montevideo y en ciudades de otros países.

    “Hay un libro de Naomi Wolf, El mito de la belleza, que me hizo reflexionar sobre cómo se nos exige a las mujeres ideales inalcanzables de belleza”, explica Friedler sobre su foco en los maniquíes. “Es algo que se fue agudizando más y más en la sociedad posindustrial hasta llegar al punto de la transformación de los cuerpos por procedimientos médicos. Los maniquíes encarnan esos imperativos sociales y me interesó ese fenómeno”.

    Psicóloga, artista multidisciplinaria y poeta, Friedler suele integrar en sus exposiciones pinturas, dibujos, fotografías, fotomontaje, collage, arte digital y escritura. En 1999 fundó SaludArte, organización que promueve el vínculo entre la creación artística y la vida saludable. Para esta muestra, trabajó con la superposición de planos e imágenes de diferentes épocas y con el maniquí como como hilo conductor.

    “Tienen una similitud con el cuerpo humano que genera una proximidad perturbadora, aquello del doppelganger de Freud, la figura del doble que es casi igual pero diferente, entre lo inanimado y lo animado. Estamos viviendo en una sociedad donde cada vez toleramos menos las imperfecciones humanas e idealizamos las imágenes robotizadas, que se vuelven más humanas”, agrega Friedler. En uno de sus fotomontajes aparecen manos de muñecos articulados y, por detrás, manos reales que parecen estar esperándolas. “Es el ser humano recibiendo y creando lo artificial”, explica la autora.

    Sus palabras llevan hacia la ciencia ficción en la literatura y el cine, a los replicantes de Blade Runner y a los maniquíes de Soy leyenda, con quienes el personaje que encarna Will Smith conversa en una Nueva York desolada y posapocalíptica. Para él esas figuras son tan reales que les pone nombre, incluso termina “matando” a Fred, a quien confunde con un enemigo zombi.

    Otro de sus fotomontajes muestra el maniquí de una adolescente delgadísima superpuesta a la Estatua de la Libertad (ver foto), una superposición que hace reflexionar sobre lo que significa para muchas jóvenes su cuerpo en el que a veces se sienten atrapadas por rechazo o frustración, como si fuera una cárcel. En San Pablo sacó una foto muy impactante que muestra una serie de maniquíes femeninos con las cabezas rebanadas. De perfil solo se ven sus bocas y mentones. “Lo que vale es el cuerpo y no la cabeza. Es la desvalorización de la mujer como ser pensante”, dice la artista.

    El montaje con imágenes de diferentes épocas está muy bien logrado en una de sus fotos, que muestra la espalda de tres maniquíes masculinos que “miran” hacia el pasado, donde por la calle transita un viejo trolley de Coptrol. Es bellísimo también su fotomontaje de un maniquí de mujer vestida con un buzo de los años 60 y con un inmenso disco de teléfono antiguo que cubre su cara. Una gran composición, igual que la del delicado maniquí sentado frente a una vieja máquina de coser.

    Al pasar frente a una casa demolida, un día Friedler encontró un maniquí roto. Y allí surgió un nuevo fotomontaje. “Me surgió la idea de la caída de toda una civilización y el pasaje hacia otro mundo. Algunos hablan de la cuarta revolución, que no es industrial sino digital, un nuevo mundo civilizatorio en el que estamos entrando”.

    Contrastes

    Ha trabajado como consultor, investigador, docente y gestor, pero Jorge Papadópulos ejerce la fotografía desde su adolescencia. Cuando vivió y estudió en Río de Janeiro, donde hizo una maestría en Sociología, se compró un equipo fotográfico; hizo lo mismo cuando se fue a estudiar a Estados Unidos un doctorado en Ciencias Políticas. Esta es la primera vez que expone sus imágenes.

    “Nunca me había dado cuenta de que estaba fotografiando maniquíes. Revisando archivos viejos, me encontré con una cantidad de esas fotos, sin embargo, hasta que no decidimos hacer una exhibición no había tenido conciencia. Sí siempre busqué el contraste entre el ser humano y los objetos, que es lo que aparece en mis fotos. Es una interacción que me permite jugar con mi propia imaginación. Yo me proyecto en un diálogo hipotético del maniquí conmigo o con otra persona. Me hago ese tipo de representaciones”, explica. A él le llama mucho la atención la acumulación de objetos en la sociedad y la velocidad con la que cambian y desaparecen. En los maniquíes encuentra algo particular: “Son objeto de deseo en una sociedad de consumo”.

    En sus observaciones se ha dado cuenta de la diferencia de ese “objeto de deseo”. En las expoferias de 18 de Julio, por ejemplo, se exhiben maniquíes con cuerpos de mujeres voluptuosas que visten ropa interior sugerente o ropas ajustadas. En los shoppings, sin embargo, la representación de mujer es otra, con cuerpos más estilizados. Papadópulos saca fotos cuando hombres y mujeres pasan cerca o se paran junto a estos maniquíes y de allí surge el contraste. A veces es su propia imagen la que se ve a través de un vidrio o espejo y parece un voyeur de su propia obra. En una de sus fotos, un maniquí de mujer deportista se muestra enérgica y poderosa detrás de lentes negros. Por detrás de ella, pasa una mujer delgada que camina seria y ensimismada, ajena al contraste.

    En Holanda fotografió a su hija Sofía con un largo tapado frente a una vidriera en la que se exhibe un maniquí femenino desnudo y en pose casi erótica (ver foto). En otra, aparecen maniquíes de niños en una vidriera tras un cartel que dice “Kids are the future”, y en la vereda un señor veterano es el contrapunto para la foto. “A veces noto cierto humor casi involuntario que quiero transmitir o sentimiento en el contraste del ser humano y el maniquí”.

    Una de sus fotos con maniquíes de niños no causa humor, sino cierta inquietud. Son un grupo de seis, tienen rostros y cabellos pintados y están desnudos. Se exhiben en una vidriera de la calle Lavalle, en Buenos Aires. Al lado, un hombre joven mira hacia la cámara con gesto entre desafiante y enojado.

    “Hay un fotógrafo muy versátil, Helmut Newton, que en la década de los 70 se dedicó a la moda, entre otros temas. Tiene una serie de fotografías en Vogue en las que hizo interactuar a los maniquíes, a veces en situaciones eróticas, a veces al borde del suicidio. Él trató de darle al maniquí la vida que no tiene. No es enamorarse, pero sí proyectar los deseos o angustias que tenemos”.

    Era la gloria vestida de tul / con la mirada lejana y azul / que sonreía en un escaparate / con la boquita menuda y granate / y unos zapatos de falso charol / que chispeaban al roce del sol. La canción de Joan Manuel Serrat se llama De cartón y piedra y cuenta la historia de un hombre que roba un maniquí de mujer del que está enamorado.

    “Como psicóloga pienso que enamorarse de un maniquí exige menos complejidad porque es enamorarse de un objeto con sus propios deseos, le podemos proyectar lo que queremos y responderá de acuerdo a lo que esperamos. Habla de una dificultad de representar al otro en su subjetividad. También en él está encarnado el concepto de la ‘mujer objeto’”, agrega Friedler.

    El cuento Las hortensias, de Felisberto Hernández, recuerda las escenas de Newton, el fotógrafo que menciona Papadópulos. La historia tiene como protagonista a Horacio, un hombre que experimenta placer al contemplar las escenas que otros han compuesto para él con sus muñecas. Es un hombre repleto de parafilias y de fobias, que convive en un trío perturbador con su esposa y una muñeca.

    Hay fotos que ha sacado Papadópulos que tienen un contraste demasiado violento como para exhibirlo. “En la medida de lo posible tenemos que dignificar a la gente. Saco las fotos porque me generan curiosidad, pero no me gusta mostrarlas”, explica. Sin embargo, es gracioso el contraste que captó entre un maniquí enorme de brazos musculosos y tatuados, con cara de animal, y un hombre parado frente a él. El maniquí está en la puerta de un negocio de tatuajes y parece estar conversando con el hombre, como lo hacía Will Smith en la película. “Es la representación de lo grotesco. Hay una cultura del tatuaje que no le tiene miedo a la mirada canónica sobre la belleza”, explica el fotógrafo.

    Además de exhibirse en el hall de la Sala Camacuá la muestra se extiende por pasillos y la cafetería del edificio de AEBU.  Para Papadópulos el lugar le da otro valor a la exposición. “La gente viene, va al club y está viendo arte. Es distinto ir a una sala especializada. Si por acá podemos sensibilizar a alguien o hacerlo reflexionar, genial”.

    AEBU está tratando de reflotar su vieja impronta ligada a la cultura. Ahora Sergio Mautone, exdirector de Cultura del MEC, coordina el área y le está dando un empuje con exposiciones de fotografías. Después de Maniquíes vendrá una muestra de Aurelio González.

    Pueden ser artesanales o hechos en serie, clonados unos de otros, como los que exhiben Friedler y Papadópulos. Sus fotografías son atractivas, impactantes, reflexivas. Al salir de la muestra, seguramente se verán con otros ojos los maniquíes que abundan en la ciudad. Tal vez alguno esté gritando en silencio: Libérame, libérame / Y huyamos a escribir la historia.

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