“Cuando terminé con TV Ciudad estuve durante todo un año teniendo reuniones muy interesantes con los tres canales privados de Montevideo. Todo en un plan de ‘qué bueno, te queremos con nosotros, hiciste una revolución’. Fue un reconocimiento a lo hecho, pero nada se concretó. Yo quería dar un salto, trabajar con conceptos directivos, y todos los ofrecimientos eran de producción, una etapa linda de mi vida pero ya superada”, le cuenta a Búsqueda vía Zoom. Lo que hizo fue escribir “como 20” proyectos. Uno de ellos incluyó a la Red Tal, la unión de 85 canales públicos de América Latina, como TV Ciudad y Canal 5. “Yo le plantee a la Red la posibilidad de crear una oficina suprarregional acá en Madrid, donde están todas las sedes de los organismos multilaterales, y me la llevaron. Además, hay mucho interés acá en trabajar con América Latina. Me vine a liderar ese proceso, pero por cuestiones internas y económicas todavía no me han podido acompañar como a mí me hubiese gustado”.
Con ese proyecto aún en miras pero en stand-by, creó su propia empresa, dedicada a juntar ideas (muchas veces las suyas), canales y fondos dentro de la gestión audiovisual. Dalmaud, que se dice “militante de la televisión pública”, se entusiasma al hablar de su presente pero no le escapa a hablar del pasado, ese que habla de una gestión exitosa en TV Ciudad. “Me hubiese gustado una salida un poco más ordenada”. Ya no mira el canal municipal, pero igual siente que perdió el impacto logrado. No apunta directamente a la intendenta Cosse, pero siente que sobre el final a él le quisieron medir “el grado de obsecuencia”. Sí apunta a su exsuperiora directa, la exdirectora de Información y Comunicación de la IM, Ana de Rogatis, y quizá a él mismo: “Yo tomé una decisión por la mala gestión emocional, de liderazgo, de una persona que no duró ni un año en el cargo”. Pasó mucho agua bajo el puente, pero quizá no demasiada.
—Sí, un poco vine por eso. Más allá de haber trabajado en medios privados, soy un militante de la televisión pública, lo que me llevó a presentar ese proyecto. Llegué a TV Ciudad con varios prejuicios, el canal venía de una etapa con cierta oscuridad, se lo conocía muy poco más allá de temas sindicales, ocupaciones. Pero le vi potencial y empecé a enamorarme. Al venir y reunirme acá comencé a ver otros prejuicios: se piensa que en América Latina los canales de televisión pública no son competitivos, son demasiado “culturosos”, y su mentalidad es más cortoplacista, ligada a las autoridades del momento. Acá, en cambio, salen a competir de igual a igual por la cuota de mercado, más allá de que cuentan con más dinero.
—Ya que habla de autoridades, en una nota con El Observador de julio de 2021 dijo que en su salida de TV Ciudad influyeron bajadas de línea e incomunicación con la División de Información y Comunicación.
—Hubo seis intentos de reuniones con la directora y siempre pasaba algo y no se concretaba. En el medio, se detectaron unos casos de Covid y la IM decidió cerrar el canal. Eso podía discutirse, yo era de la idea de que no había que cerrar, de que había que trabajar en burbujas, priorizar la información y los derechos de los ciudadanos a estar informados. Pero se decidió que no hubiera nadie en el canal y todos para su casa. El 6 de diciembre murió (el expresidente Tabaré) Vázquez. Eso era todo un acontecimiento, y se decía que había que tener una cobertura grande, fuerte, despegada y de gran despliegue, ¡una contradicción con la orden reciente de haber bajado la cortina! Entonces empezó un ida y vuelta: que hay que poner un lazo negro en la pantalla, que quién va a la calle, que quién tiene la llave del canal, ¡tranquilos, el director soy yo! No hay una reunión, un lineamiento, una guía, ni siquiera una evaluación. Yo le había dado a la intendenta una memoria de gestión sin recibir una devolución. Ahí comenzó una dinámica de órden-órden-órden cuando yo soy más de planificar y pensar en el equipo. No tenés una reunión pero te dicen que tenés que hacer una nota “a tal”. Te empiezan a setear la forma en la que tenés que armar los contenidos. Ahí me di cuenta de que la cosa no venía bien. Yo consideraba que los objetivos generales ya los había logrado, pero me hubiese gustado un ciclo más para una transformación más profunda del canal. Salvo en la época del Covid, tuvimos 1.100 o 1.200 horas de producción nacional al año más el informativo. Y todo con un presupuesto que el último año fue de $ 85.000.000, ¡con eso había que hacer magia!
—Desde España, ¿mira TV Ciudad?
—No.
—¿Lo miraba acá luego de renunciar?
—Tampoco, quizá algo los primeros meses. Ahora, hice una búsqueda y ví que en Twitter el canal me dejó de seguir (risas). También me llama la atención que en lo digital utiliza una paleta de colores basado en lo verde, igual que la estética municipal. A cualquiera que hace un curso de semiótica en la facultad eso le hace ruido.
—¿Dice que hay mucha identificación con la política institucional coyuntural?
—No lo sé. Eso es meterse con la independencia de los canales. Yo trabajaba mucho con el equipo el generar el mayor distanciamiento posible, pese a que era dependiente técnica y administrativamente de la Intendencia.
—¿Nunca tuvo problema con los intendentes Daniel Martínez o Christian Di Candia? TV Ciudad es tan municipal ahora como lo era entonces.
—Yo trabajé con total independencia. Hacía reportes de gastos y alguna reunión de planificación para conocer las actividades de la IM, lo cultural. Claro que el director es un cargo de confianza; en mi caso era técnico y no político porque jamás fui militante. Nunca tuve un lineazo en los contenidos, lo que más me decían era: “No hay plata”.
—En su período se trajeron ficciones extranjeras como Merlí o El Marginal, se pasaron partidos de la selección, se impulsaron periodísticos como La letra chica y en 2018 se emitió una serie uruguaya, Todos detrás de Momo. ¿Hubo resistencias?
—Todos detrás de Momo surgió de un proyecto que impulsamos desde TV Ciudad, un fondo de fomento para la ficción llamado Series Uy. Sin pecar de soberbia ni nada, hicimos un quiebre desde el punto de vista de los contenidos, demostrando que la televisión pública puede tener determinados programas y ser consumidos. Cuando en 2015 trajimos la primera ficción, El legado, una argentina con Pablo Rago, algunos se nos plantaron. “Nosotros no pasamos ficción”. ¿Y por qué no? Nosotros creamos un cambio de paradigma, de empezar a pensar en televisión.
—¿Cuánto rating llegaron a tener?
—Eso variaba. No ponés algo y ya funciona. Lo que hoy pongo se apoya en lo anterior y valora lo que viene. El mejor momento fue coyuntural y tuvo que ver con la pandemia, con mucha gente mirando televisión y con TV Ciudad en la madurez programática. Había audiencias muy altas desde el inicio del informativo, a las 18.00, seguido por los estrenos y La letra chica. Se promediaban entre dos y tres puntos. La letra chica una vez hizo casi ocho puntos. Eso no lo volví a ver y no creo que se vuelva a dar, salvo en algún evento deportivo muy exclusivo.
—Como la NBA, que llegó a TV Ciudad luego de que usted se fue.
—Yo no lo hubiese pasado. ¡Ni los argentinos, que tuvieron basquetbolistas top en esa liga, se plantearon pasar cinco minutos de la NBA en televisión abierta! Y que se haya querido vender como democratización de contenidos… No sé cuánto valió, se habla de US$ 400.000 (N. de R.: según dijo el director de Recursos Financieros de la IM, Mauricio Zunino, a Fácil Desviarse de Del Sol en julio del año pasado, fueron US$ 395.000 por 2021 y 2022). Con esa plata, desde Series Uy, ¡hacíamos una serie uruguaya para exportar que se te cae la cara! ¡Eso es democratizar cultura y generar empleo! No sé en qué está Series Uy, que tenía apoyo estatal y un promedio de $ 6.000.000 por serie. La gente que hizo Todos detrás de Momo me dijo que con esa plata tuvieron que hacer milagros.
—Un edil blanco, Diego Rodríguez, califica a TV Ciudad de “comité de base televisado” y cuestiona su presupuesto anual de US$ 5,5 millones. No es el único que piensa así. ¿Se justifica ese calificativo?
—Con ese edil tuvimos cruces cuando surgió La letra chica. Es que llegó un periodístico que vino a desafiar cierto statu quo, a poner nuevas voces en horario central, a discutir temas como el poder, la religión, la Operación Océano, a generar ruido y cuestionamientos. Eso demostró que el canal, bien trabajado, tenía un potencial enorme. Pero durante mi gestión no ví el nivel de críticas que hoy se ven. Me da la sensación de que TV Ciudad trabaja en forma ordenada pero perdió la novedad; se hacen cosas interesantes, como en ciencia, pero perdió una impronta. Desconozco sus números, pero sinceramente me llama la atención que no haya nadie que hable de TV Ciudad, salvo la intendenta. Yo fui un director que salió a la prensa para explicar por ejemplo por qué adquirimos los derechos de los partidos de Uruguay. No juzgo, digo lo que hice. Y me llama la atención que quien habla y elogia los contenidos del canal sea la intendenta. Es ahí donde se empieza a desdibujar la cosa y comienza el cuestionamiento, el que es una herramienta y que la plata está mal gastada. Hasta cuando yo estuve, que fue lo que me decidió a irme, había una tendencia a meterse un poco más de la cuenta. Si lo hicieron o no, no sé. Yo no sé si la intendenta se enteró, pero a mí me dio la sensación de que se estaba midiendo mi grado no de lealtad sino de obsecuencia. Y yo no soy un oompa loompa.
—¿La herida cicatrizó?
—Ya procesé que mi vida va por otro lado desde lo profesional. Me hubiese gustado una salida un poco más ordenada. Del canal en sí guardo muy lindos recuerdos y siempre voy a estar para dar una mano. De todas formas, veo que la persona que comandó gran parte de mi proceso de salida ya no está más en su lugar.
—Habla de Ana de Rogatis.
—Exacto. Tal vez tengo que asumir un error. Fue la directora de Comunicación con quien no pude tener una certeza de nada y duró lo que un suspiro (N. De R.: en diciembre de 2021 fue sustituida por Marcela Brener; hoy es asesora de Carolina Cosse). Ahí hay una amargura: yo tomé una decisión por la mala gestión emocional, de liderazgo, de una persona que no duró ni un año en su cargo. Sí, cicatrizó… pero me hubiese gustado dármela en el brazo derecho y no en el izquierdo.
—Finalmente, ¿cómo tendría que ser la televisión pública ideal?
—Por supuesto, tendría que tener una mayor independencia del poder político. Es más fácil decir adónde no tendría que ir: hay que romper estas dinámicas cortoplacistas y refundacionales que tienen los canales públicos de América Latina, donde viene uno y arrasa y desconoce lo anterior. Luego, acabar con la dependencia económica y técnica de los gobiernos, porque esos presupuestos los maneja y los firma, con suerte, un funcionario; pero, si no, lo hace un político con intereses coyunturales y partidarios.