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    “Mi instrumento es más exigente que una novia: es como una esposa”

    Hoy, jueves 17, el aclamado bajista Tony Levin vuelve a La Trastienda

    ¿Qué tienen en común Robert Fripp, Peter Gabriel, Pink Floyd, John Lennon, James Taylor, Judy Collins, Peter Frampton, Carly Simon, Richie Sambora, Joe Yamanaka, Gary Burton, Tim Finn y Goro Noguchi? Que todos, en algún momento de sus carreras, en el estudio o el escenario, oían sonar bajo sus pies las notas sólidas y nítidas que surgían del bajo de Tony Levin. Su cabeza calva, su bigote abundante y oscuro y su delgada anatomía encorvada sobre su instrumento, configuran una de las tantas estampas fijadas en las retinas de rockeros de todo el mundo durante los últimos 40 años.

    Es uno de los sesionistas más capacitados de la historia del rock y el pop para tocar cualquier cosa: lo que le pidan, sea sencillo o ultracomplejo. Y es, al mismo tiempo, uno de los más versátiles y creativos compositores y ejecutores de las cuatro cuerdas, dueño de un poderoso sentido del ritmo y de la melodía, y de una asombrosa capacidad para crear texturas sonoras que no son parecidas a nada.

    Desde 1981, es el bajista inamovible de King Crimson, uno de los pilares fundamentales del rock progresivo. Desde el vamos, en su debut con la banda de Robert Fripp, en el disco “Discipline”, irrumpió con el Chapman Stick, un instrumento inventado por Emmet Chapman y popularizado por Levin que luce como el brazo de una guitarra pero con el doble de cuerdas, que se ejecuta con ambas manos y que suena como la fusión de una guitarra, un bajo y un teclado.

    Hoy, jueves 17, Levin volverá a tocar en Montevideo al frente de Stick Men, el trío que comparte con el baterista Pat Mastelotto, también integrante de la última formación del “Rey Carmesí”, y el guitarrista Marcus Reuter, quien lo acompaña con su touch guitar —guitarra eléctrica diseñada por él, de sonido y aspecto muy similares al Chapman Stick—, en un demencial dúo sónico capaz de derretir un glaciar.

    Los temas del álbum “Stick Men”, de Levin, los clásicos progresivos de Crimson y citas a vacas sagradas como Bartok, Debussy o Stravinsky sonarán, así, una vez más en La Trastienda (a las 21 horas, con entradas a $ 530 y $ 780), duro, fuerte, al límite del tímpano, como para demoler el edificio del viejo Cine Miami.

    Desde su casa, ubicada en la pequeña ciudad de Kingston, en el estado de Nueva York, a una hora de la Gran Manzana, y minutos antes de volar a Buenos Aires, este gran artista que el 6 de junio cumplirá 66 años, conversó con Búsqueda sobre su música y su estrambótico instrumento.

    ¿Por qué regresa siempre al Río de la Plata?

    Bueno (ríe). Antes que nada, no suelo elegir los sitios donde toco, sino que eso queda a criterio de los promotores y de las agencias. Pero el espectáculo “Stick Men” ha encontrado una muy linda audiencia en Uruguay y en Argentina. Sucedió lo mismo con King Crimson hace muchos años. Disfrutamos mucho la pasión de la audiencia por allí. Pueden entender nuestra música de un modo sofisticado y a la vez se desbordan de pasión. Eso es muy inusual. En los años 90 tocamos bastante en Argentina (los recitales de King Crimson en 1994 en Buenos Aires y Córdoba fueron registrados en un disco en vivo llamado “B’Boom: Live in Argentina”, editado en 1995) porque queríamos conectarnos con esa pasión y buena comprensión del rock progresivo que tienen. “Stick Men” es una continuación de aquello. Por alguna razón, en algunos sitios la gente consigue comunicarse de un modo más intenso. Latinoamérica lo logra. No cualquier audiencia en todo el mundo quiere escuchar música que nunca antes había oído. La mayor parte de los públicos, especialmente en mi país, Estados Unidos, quiere oír hits. Por eso disfrutamos tanto de venir a Sudamérica. Me encantaría volver a girar con King Crimson por Argentina y Uruguay. Quizá sea posible.

    ¿Cómo se relaciona la propuesta sonora actual de “Stick Men” con las raíces de la música progresiva?

    Lo nuestro es rock progresivo de fronteras bien definidas (“hard-edged progressive rock”) con algunas variaciones de ambient rock. Las variaciones sonoras que podemos conseguir con el stick y la touch guitar son bien diferentes a las del bajo y la guitarra. Entonces, tenemos múltiples manifestaciones de sonido. Pat Mastelotto no solo toca la batería acústica tradicional, sino que usa herramientas electrónicas que le permiten combinar efectos, samples y loops. Es un músico increíble que incluso puede tocar las partes de bajo con esos recursos. Y eso nos permite muchísimas combinaciones sonoras. Ensayamos muy duro para resolver cada pieza y sonar como nosotros mismos, como una banda única. Allí está la tradición del rock progresivo: en tener tu propio sonido y en no sonar como nadie más.

    ¿Cómo se logra explorar e innovar en un género aparentemente cerrado como el rock progresivo?

    Esa es la palabra que importa: explorar. Necesito mantenerme explorando musicalmente cuando escribo y, como ejecutante del stick, necesito mantener la búsqueda constante de nuevos caminos que puedo transitar en ese instrumento. Eso me mantiene todo el tiempo ocupado en vencer nuevos desafíos. Y eso me gusta. Es lo que más amo de la música. Entonces, cuando lo comparto con la audiencia no me preocupa lo que a la gente le gusta, pues tengo la esperanza de que ellos capten nuestra pasión por lo que hacemos y se unan a nuestra emoción por la música. Sería muy lindo llegar y tocar las canciones de Peter Gabriel (ríe), pero no puedo hacerlo ni escribo ese tipo de música.

    ¿No le gusta ese tipo de música?

    Me gusta mucho, sí, pero no es lo que me sale al componer. Mi música no es tan simple y además, en esta banda, somos más que un solo tipo. Giramos en torno a lo que los tres tenemos en común para lograr la voz del grupo, que es más importante que la voz de cada uno de los tres. Después de cinco años en “Stick Men”, creo que la hemos encontrado.

    ¿Cómo y cuándo se inspira para componer?

    La pieza viene a mí no importa dónde esté. Si estoy manejando, me detengo y la escribo en la partitura que llevo a todos lados. Puedo estar en un avión. A veces simplemente llega no sé de dónde o cuando estoy tocando y practicando en el instrumento. Trabajas duro durante meses y hasta años a partir de una pequeña idea para construir un tema. También puede inspirarte un colega en un concierto o un compañero de banda. Una vez tuve una idea muy simple, la escribí, se la envié a Marcus y él escribió una melodía alrededor que era tan buena que le pedí que se olvidara de la mía y que trabajáramos con la suya. Así es la creación en una banda, como en un equipo de fútbol. Ese tema se llama “Big Dog”.

    En su concierto de 2010 en Montevideo, casi no hubo silencios. De hecho, se extrañó un poco el silencio en ese concierto. ¿Qué piensa concretamente sobre el silencio en la música?

    ¿Hubo mucho sonido sin pausa? Ok, voy a pensar en eso. No sé qué pienso sobre eso… Cuando improvisamos, algunas noches nos sale algo muy suave, pero en otras suena algo muy ruidoso. Es diferente todas las noches: eso es lo divertido de improvisar. No es siempre lo mismo. Quizá estábamos de un humor ruidoso esa noche. Lo lamento (ríe).

    ¿Qué recuerda de haber grabado en “Double Fantasy”, el último álbum de estudio de John Lennon?

    Fue un gran honor. Fue sencillo porque eran piezas fáciles de tocar en el bajo. John estaba muy feliz de estar de vuelta en el estudio. Respetó totalmente lo que toqué y le gustó. Lo más sorprendente fue la cantidad de tiempo que pasamos zappando. Tuvimos poco tiempo para grabar porque John tenía muchas ganas de tocar y de divertirse.

    ¿Siente al Chapman Stick como una novia a la que sigue conociendo?

    Es más exigente que una novia: es como una esposa (ríe). Para mí, este instrumento es fácil y difícil a la vez. Siempre aparecen nuevos desafíos, siempre necesito averiguar más sobre lo que hay detrás suyo. Aún guarda secretos. Hay muchos ejecutantes de stick ahora, pero soy uno de los primeros y tengo la suerte de haberlo tocado en las grabaciones que ellos escuchan hoy. Probablemente la mayoría lo escuchó en el disco “Discipline”, de King Crimson. Verdaderamente es un instrumento muy completo. Me gusta por su versatilidad pero, sobre todo, porque sigue retándome.

    ¿Cómo es su vida fuera del escenario?

    Estoy en casa, con mi esposa y mis hijos. Tengo mi estudio en casa y allí paso muchas horas investigando, tocando y grabando. La música es una parte muy grande del día. De cada día.