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El último Informe de integración económica publicado hace pocas semanas por el Instituto de Negocios Internacionales de la Universidad Católica (UCU) planteó algunas dudas sobre la estrategia seguida por la Cancillería uruguaya en torno al intento de lograr flexibilidad del Mercosur para poder negociar tratados comerciales con otros bloques o países en solitario.
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El análisis repasa que para el Mercosur el 2021 estuvo marcado por las “tensiones”, en especial por las negociaciones para bajar el Arancel Externo Común (AEC) del bloque y por la propuesta planteada por Uruguay sobre la flexibilización. Aunque inicialmente Brasil y Uruguay buscaron un planteo conjunto, luego el gobierno del presidente Jair Bolsonaro avanzó en su planteo de abatir el AEC por separado de la iniciativa uruguaya, mientras que la estrategia de Argentina fue “tratar en todo momento los temas como dos negociaciones distintas, con el objetivo de separar el apoyo de Brasil a Uruguay”.
En el marco de la cumbre presidencial extraordinaria por los 30 años del Mercosur, en abril del 2021, Uruguay emitió una declaración unilateral en la que expresó su interpretación de que la Decisión 32 del Mercosur, que obliga a negociar en conjunto con terceros, no está vigente. Tras eso, las conversaciones dentro del bloque sobre la flexibilización “dejaron de estar formalmente en la agenda, pero sí siguieron presentes en constantes declaraciones públicas, especialmente desde el lado argentino, que argumenta que Uruguay estaría violando el Tratado de Asunción de seguir ese camino”. Así, según el análisis académico, “con el paso del tiempo el contexto político en Brasil por las elecciones y el factor Lula se vio abruptamente modificado, lo que sumado a la exitosa estrategia desplegada por el embajador de Argentina en Brasilia, de forma conjunta al cambio de canciller en Brasil, favorecieron un acercamiento entre las dos grandes economías del bloque, lo que dejó en una posición algo más incómoda a Uruguay”.
“Cabe preguntarse si todos los movimientos tácticos desplegados por la Cancillería uruguaya fueron los acertados. Una de las dudas razonables tiene que ver con el nivel de ambición de la propuesta de decisión sobre la flexibilización del Mercosur presentada por Uruguay, ya que se sabía de antemano (…) que no sería aceptada por Argentina, pero quizás no se dimensionó que su nivel de amplitud habilitaría al socio la presentación de una contrapropuesta, donde aceptaría algunos de los puntos, pero descartando el principal”, opinan los especialistas de la UCU. Como alternativa, dicen, se podría haber planteado “con mayor énfasis la posibilidad de explorar la firma de un acuerdo marco o la apertura de un diálogo entre el Mercosur y China, lo que habilitaría las negociaciones a diferentes velocidades y con ofertas diferenciales”. Debido al “cambio de contexto regional que podría afectar la estrategia seguida por Uruguay” esa opción “sigue siendo viable”, especialmente cuando el país asuma la presidencia rotativa del bloque en el segundo semestre de 2022, sostienen.