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    “No vemos a los países tomando acciones para mitigar el cambio climático”, advirtió uno de los directores del Banco Mundial

    Tormentas, deshielo de glaciares, sequías e inundaciones. Ese tipo de fenómenos acaparan con más frecuencia los titulares de los medios de comunicación en el mundo, mientras los gobiernos discuten medidas para enfrentar el cambio climático y mitigar su impacto negativo. Pero el tiempo pasa y los debates pueden demorar la implementación de políticas concretas.

    “Hay que empezar a prepararse desde ya, en lugar de preocuparse si esos problemas tienen origen en el clima o en variaciones de la naturaleza”, dijo a Búsqueda el director de Desarrollo Sostenible para América Latina y el Caribe del Banco Mundial, Ede Ijjasz Vásquez.

    Antes de asumir su actual cargo, este colombiano fue gerente sectorial de la Unidad de Desarrollo Sostenible para China y Mongolia de ese organismo, entre 2007 y 2011.

    A continuación un resumen de la entrevista con Búsqueda.

    —¿El desarrollo de Sudamérica depende de lo que pase con China?

    —Las economías latinoamericanas están cada vez más conectadas con la economía china. Desde 2010 China es el principal socio comercial de Brasil y de Chile. Y América Latina ahora es la tercera región más importante como socio comercial para China. Latinoamérica tiene un nivel de urbanización cercano al 80%, mientras que China está llegando al 50%. Cada año 13 millones de chinos salen de las zonas rurales para ir a vivir a centros urbanos. Y esos pobladores precisan ciudades nuevas que deben ser construidas, lo que requiere de cemento, hierro y cantidad de otros minerales. Además cambia la dieta y comen menos arroz y más carne de cerdo y pollo. Por eso es que la mayor parte de la exportación de granos de Sudamérica a China va dirigida a la alimentación de pollos y cerdos. Esa nación asiática concentra el 20% de la población mundial pero tiene apenas 7% de las tierras cultivables, entonces precisan importar alimentos. Eso representa una gran oportunidad para Latinoamérica.

    Lo que vemos complicado es cómo aumentar la producción sin incrementar la presión sobre los recursos naturales y haciendo frente a los desafíos del cambio climático. El crecimiento verde tiene tres características: es limpio, logra que el impacto de contaminación sea reducido, es eficiente en cuanto al uso de los recursos naturales que demanda, y es resiliente, que está preparado para enfrentar eventuales desastres naturales, como sequía, inundaciones y otros. A eso Brasil le incorporó la necesidad de que ese crecimiento sea inclusivo. Siendo Latinoamérica la región más desigual del mundo en cuanto a la situación económica de las personas, hay que ver cómo hacer para crecer y que esa prosperidad arrastre a la población más pobre.

    —¿Cómo se puede lograr ese objetivo?

    —Es un triángulo de balance, porque un crecimiento sin considerar los problemas de desigualdad no es sostenible. Que Uruguay logre un avance en la parte energética, una matriz energética más limpia, o la provisión de los servicios básicos de agua y saneamiento, es algo importante. Lo bueno es que la cobertura es casi universal. Por eso es que el Banco Mundial usa como ejemplo a Uruguay para lograr ese balance. Con Uruguay hemos trabajado mucho en la resiliencia (capacidad de resistir a fenómenos extremos y de reponerse a los mismos) al cambio climático en la producción agropecuaria. En el tema del cambio climático no hay una receta que uno dice: hay que cumplir una serie de puntos. Sino que es preciso experimentar y tener la mejor información posible en términos de suelo, de clima, para canalizarla al agricultor.

    Muchos países de la región recién están empezando a hacerlo. Y Uruguay está en esa frontera de decir cómo hacemos para ir en ese sentido. El problema no es decir que va a llover más o menos de acá a 20 años, sino saber que aumenta la variabilidad climática. Ahora hay una nueva dimensión. El cambio climático está sucediendo y tiene origen humano. ¿En cuántos grados? No se sabe.

    Hay una cantidad de señales de alarma de instituciones, desde la Agencia Internacional de Energía hasta el BM diciendo: no vemos a los países tomando acciones para mitigar el cambio climático. Muchos de los impactos del cambio climático que se esperaban para dentro de 10 o 15 años los estamos viendo más rápido, como el deshielo de glaciares y la frecuencia de fenómenos climáticos.

    Si los países no están listos para los desastres naturales que ocurren hoy, entonces mucho menos lo van a estar para los que sucederán mañana, en cualquiera sea la dirección que vaya. Parte de nuestro diálogo es empezar a prepararse para enfrentar eso, lo que requiere no solo construir infraestructura sino lograr que la sociedad se vuelva más resiliente, estar más organizados en medición y predicción meteorológica, cómo es la coordinación en las comunidades para saber a quién recurrir en caso de inundaciones u otros fenómenos, cuál es la interacción entre el gobierno local y central para enfrentar eso.

    Hay que empezar a prepararse desde ya, en lugar de preocuparse si esos problemas tienen origen en el clima o en variaciones de la naturaleza.

    —¿Qué debería preocupar a Uruguay de la emisión de gases invernadero en el agro?

    —Cuando uno mira las trayectorias de crecimiento y busca que las emisiones de carbono sean bajas uno de los pasos fundamentales es la eficiencia en la producción. La ganadería extensiva en otros países donde están deforestando, como Brasil, básicamente utiliza 1,5 hectáreas o 2 hectáreas por cabeza de ganado. Ese tipo de ganadería es muy ineficiente, con pasturas mal manejadas y procesos agropecuarios que no sean óptimos hacen que las emisiones de gases sean mayores, que una ganadería que empieza a incorporar prácticas de eficiencia en productividad. A la larga, cuando haya un acuerdo global en materia de emisiones de gases de efecto invernadero, esas variables serán incorporadas efectivamente al mercado. Entonces los países que empiezan a prepararse ahora para enfrentar el cambio climático con sistemas de producción más eficientes tendrán una ventaja importante para ese momento.

    —¿Qué recomienda el Banco Mundial para impulsar una política de uso estratégico del agua en la producción?

    —Una parte importante es la infraestructura de irrigación, de captura y almacenamiento de agua. En otros países la estrategia de adaptación y crecimiento agropecuario se concentra en esa parte y se olvidan que hay un factor igualmente relevante que es la eficiencia en su uso. A veces los gobiernos subsidian el consumo de energía, lo que hace que los agricultores utilicen más energía y agua que la necesaria. Eso requiere un cambio de comportamiento, de entrenamiento en los usuarios y de nuevas tecnologías. De nuevo aquí se debe considerar el balance en los mismos criterios del crecimiento verde. Y que también sea un trabajo más participativo de las comunidades, no solo que el productor agropecuario se beneficie de eso. Que cada gota de agua cuente, y no se utilice sin la mayor efectividad.

    Ciencia, Salud y Ambiente
    2012-11-22T00:00:00

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