En la última década el sistema educativo uruguayo, en los distintos niveles, modificó su oferta alineándola a las demandas que las nuevas tecnologías traen al mundo del trabajo, aunque ello ocurrió con mayor o menor profundidad, según los casos.
En la última década el sistema educativo uruguayo, en los distintos niveles, modificó su oferta alineándola a las demandas que las nuevas tecnologías traen al mundo del trabajo, aunque ello ocurrió con mayor o menor profundidad, según los casos.
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEl economista Juan Manuel Rodríguez repasó esos procesos en una consultoría hecha para la Unidad de Estudios del Empleo de la División de Desarrollo Económico de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal). Uno de sus énfasis es que exista un “observatorio” o un ámbito similar que haga, de manera sistemática, un seguimiento de los cambios que traerá la tecnología al mercado laboral, y la necesidad de capacitar recursos humanos para eso.
Los robots sustituirán algunas tareas que hoy hacen las personas. “Muchas categorías de trabajos, sin desaparecer, tendrán cambios porque la organización de las empresas y los modelos de negocios tendrán modificaciones importantes que requerirán nuevas habilidades”, afirma.
Entre la oferta educativa y demanda de esas destrezas existe una brecha que algunos ven como “inevitable”. A partir de entrevistas, el consultor señala que directores de instituciones de enseñanza indican que en un principio las nuevas tecnologías no son aplicadas en las empresas porque se las desconoce; cuando el conocimiento aumenta y se difunden resultados positivos, se comienza a introducirlas lentamente. A partir de ese momento, se traslada al sistema educativo la demanda de las habilidades necesarias para realizar esa transformación. “De ser este el proceso, implicaría que las instituciones educativas no enseñarán las nuevas competencias hasta que su demanda no alcance cierto nivel. Esto supondría que la profundización del cambio tecnológico es una condición de la actualización de la oferta educativa”, afirma Rodríguez.
“Todas las instituciones tienen procedimientos o prácticas para captar las demandas nuevas. Lo hacen a través de estudiantes que realizan pasantías en empresas, egresados y las que tienen vínculos estables con empresarios, mediante la participación de estos directamente. Y en todos los casos son importantes los vínculos académicos, los intercambios de docentes y estudiantes y la participación en encuentros internacionales. Sin embargo, en ningún caso estas fuentes de información son parte de un sistema formalizado de relevamiento de informaciones con el objetivo específico de analizar los cambios en la demanda de habilidades actual y futura. Al mismo tiempo, de las entrevistas realizadas se desprende que existe una coincidencia absoluta en que contar con una información rigurosa y actualizada de los cambios productivos y tecnológicos, así como de las competencias que los mismos requieren, sería de suma utilidad para la definición de nuevos cursos y la actualización de los existentes”, añade.
Observatorio. Cita diversas investigaciones —desarrolladas en ámbitos gubernamentales y académicos— en torno a la disrupción tecnológica y su impacto laboral en Uruguay que “no tuvieron continuidad y, si bien dieron resultados y concluyeron en diagnósticos y proyecciones, no fueron mantenidos en el tiempo ni profundizados”. Según Rodríguez, todos los actores coinciden en que sería de gran utilidad contar con un trabajo metódico de relevamiento y prospección de las demandas de habilidades actuales y futuras. Y agrega que “parece claro que hay una diferencia sustancial entre el relevamiento informal de datos y la realización de un trabajo sistemático aplicando una metodología sólida académicamente, de análisis de la realidad y su proyección hacia el futuro”.
Propone un “observatorio” como una opción, aunque también una institución o varias podrían llevarlo a cabo, estableciendo una modalidad de conducción abierta a la participación a las otras entidades involucradas. Como una oportunidad menciona el Proyecto O*NET Uruguay que está realizando el Ministerio de Trabajo con otras instituciones, como el Instituto Nacional de Formación y Empleo, con apoyos internacionales.