En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, tu plan tendrá un precio promocional:
* Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
¡Hola !
En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, por los próximos tres meses tu plan tendrá un precio promocional:
* Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
¡Hola !
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
Hay dos maneras de encarar esta última película de Tim Burton. Una es tomarla como un ejercicio de nostalgia y creer que es una remake de aquella famosa serie de TV (1966-1971) con Johnny Depp imitando a Jonathan Frid como un vampiro cuasi romántico (y no tan soso como Robert Pattinson en la saga “Crepúsculo”) pero de afilados y temibles colmillos. Aquella serie camp de Dan Curtis tuvo sus fanáticos y hasta dos largometrajes entre 1970 y 1971, aunque no se sabe qué pasaría si se presentara ante el público de hoy. Por eso, Tim Burton, que no tiene un pelo de zonzo, decidió encararla de otra manera, más acorde a su propio estilo: nada de solemnidad, nada de homenaje, nada de nostalgia, solamente una intencionada parodia con Johnny Depp como un Barnabas Collins caricaturesco con un exagerado maquillaje que le deja la cara blanca de un muerto-vivo y las garras afiladas como Nosferatu.
¡Registrate gratis o inicia sesión!
Accedé a una selección de artículos gratuitos, alertas de noticias y boletines exclusivos de Búsqueda y Galería.
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
Quien recuerde con respeto al Barnabas Collins de Frid no estará conforme con la sobreactuada composición de Depp, pero ¿alguien en realidad lo recuerda? ¿No es mejor dejarse llevar por la prodigiosa imaginación de Burton sin atarse a viejos objetos de culto que en realidad nunca fueron más que modas pasajeras? La serie Sombras tenebrosas fue un éxito sorprendente, casi inexplicable, pero en esa época también triunfaban los “Drácula” de la empresa Hammer (con Christopher Lee) y, gracias a Roman Polanski con “La danza de los vampiros” (1967), nadie pudo tomárselos en serio por largo tiempo.
Cada tanto, el vampiro resurge en serias y elaboradas reconstrucciones (la de John Badham en 1979 con Frank Langella, la de Francis Ford Coppola en 1992 con Gary Oldman), aunque últimamente ha vuelto con renovados bríos a través de series como “Crepúsculo” y “True Blood”. Ahora vive en comunidades, alterna con los humanos, anda a la luz del día, se enamora y sufre, en fin: lo han despojado de su esencia terrorífica de engendro de Satanás y lo han convertido en un artículo de consumo para plateas juveniles. Por eso, que Tim Burton se lo tome en broma no está mal, y dentro de su carrera es algo tan previsible como festejado.
Burton pertenece a una generación (como los hermanos Coen) formada por el cine, a tal punto que su único motivo de inspiración es el cine mismo. Sus filmes están llenos de referencias cinéfilas, poseen una poderosa sugestión visual, tienen humor y, sobre todo, mucha creatividad para imaginar un mundo irreal, ocasionalmente gótico, a menudo fantasmagórico, casi siempre fascinante. Hizo de “El joven manos de tijera” (1989) un cuento surreal y conmovedor; fue capaz de dotar a sus dos “Batman” (1989, 1992) de una atmósfera similar a la del comic original; logró en “Ed Wood” (1994) que el peor director de la historia del cine se transformara en un personaje entrañable; realizó en “Marcianos al ataque” (1996) la película que Wood pudo haber hecho si hubiese tenido talento; y en “La leyenda del jinete sin cabeza” (1999) mostró un estilo visual alucinante para enriquecer esa tradicional historia de horror.
Entonces, empezó con las remakes. Y ahí no le fue tan bien. “Planeta de los simios” (2001) fue un error imperdonable, mientras que “Charlie y la fábrica de chocolate” (2005), “Sweeney Todd” (2007) y “Alicia en el país de las maravillas” (2010) tenían más amaneramiento que encanto en medio de su cargazón visual. Solo “El gran pez” (2003) mostró la creatividad esperada. Y el filme de animación “El cadáver de la novia” (2005) era un Burton esencial.
Entonces, cabe preguntarse: ¿Sombras tenebrosas entra en su faceta inspirada o en la de fabricante de remakes muy atractivas visualmente pero vacías de sugestión? Hay que decir que está a medio camino, lo cual de todos modos es bastante.
Las primeras escenas prometen: hacia 1772, el joven Barnabas Collins (un Johnny Depp adolescente, gracias a las técnicas digitales) es condenado a vivir eternamente merced a la maldición de una bruja (Eva Green) celosa porque ese chico prefiere a la jovencita Josette (Bella Heathcote) y no a ella. Manda a la inocente niña a la muerte y castiga a Barnabas convirtiéndolo en vampiro, pero encadenado en un sarcófago bajo tierra. En 1972, unos obreros desentierran el cajón y el monstruo sale sediento de sangre tras las yugulares de los pobres operarios. Luego de 200 años, regresa a su vieja mansión, que luce ahora algo abandonada porque sus parientes han perdido la fortuna familiar por culpa de aquella maldita bruja que sigue luciendo joven y que domina el lugar. Graciosamente, esos parientes aceptan a Barnabas a pesar de saber quién es (no que es un vampiro, por cierto), y no se sorprenden demasiado ante su ropaje antiguo, su palidez cadavérica y sus afiladas garras a lo Nosferatu.
Todo ese planteo descabellado es parte de un juego en el que participan una aún espléndida Michelle Pfeiffer como la prima Elizabeth Collins, Helena Bonham Carter (esposa de Burton) como la Dra. Julia Hoffman, y la institutriz de los niños, Victoria Winters, que es igual, por supuesto, a Josette.
La anécdota enfrenta inevitablemente a Barnabas con la bruja en un duelo erótico que destroza el mobiliario, pero nada de lo que pasa puede tomarse en serio: hay que poner buena cara ante el humor que le inyecta el director, sin hacer ascos a la sed de sangre de Barnabas, quien le hinca los colmillos a toda una simpática comunidad hippie sin que eso dé para reírse. El final apocalíptico llega luego de una fiesta estrambótica donde canta el mismísimo Alice Cooper y donde hacen un cameo varias figuras de la vieja serie, incluidos Jonathan Frid y David Selby. La banda sonora se nutre de éxitos de los 70, desde los Carpenters hasta Black Sabbath, y toda esa meticulosa reconstrucción permite ver el cariño que Burton manifiesta hacia esa época en que él miraba con pasión Sombras tenebrosas y tal vez soñaba con ser Barnabas Collins.
“Sombras tenebrosas” (“Dark Shadows”). EEUU, 2012. Dirigida por Tim Burton. Escrita por Seth Grahame-Smith sobre historia propia y de John August. Duración: 113 minutos. Estreno viernes 22.