Arriba de su escritorio, Luis Calabria tiene dos esferas metálicas chinas. Una herencia. Son las mismas que Jorge Larrañaga movía mecánicamente de una mano a la otra para sacarse el estrés en sus largos años como senador en el Palacio Legislativo y también cuando le tocó asumir como ministro del Interior. A su espalda, Calabria tiene enmarcada una fotografía con el rostro en primer plano de su líder. En otra mesa, en un portarretratos, aparece nuevamente un Larrañaga sonriente en una foto tomada hace poco tiempo, el día en que Calabria contrajo matrimonio. Sobre una de las repisas está tallada en madera la frase ya célebre del extinto dirigente político blanco: “Hay orden de no aflojar”. Larrañaga murió hace dos meses, pero en este despacho su presencia se hace imposible de esquivar. El director de Secretaría del Ministerio del Interior se emociona hasta las lágrimas cuando habla de la importancia de una figura a la que acompañó como una sombra desde la militancia juvenil hasta el día en que dejó de existir. Por eso se quiebra. Y por eso siente que tiene que subir el perfil y salir a la cancha a defender un legado que pretende transformar en concepto: el larrañaguismo. Calabria afirma que no es tiempo de hablar de nombres sino que es momento de encarnar en ese larrañaguismo una visión de país y un modelo de gestión que “necesita” el Partido Nacional y también “todo el sistema político”.
—Estamos acomodando el alma. Jorge dejó un vacío humano, espiritual, muy grande para los que lo queríamos, para los que teníamos en Jorge no solo una idea política sino una referencia de vida. Tenemos una sensación de total desconsuelo. Entonces estamos intentado gobernar ese vacío. Y tratando de sacar del dolor y de esa emoción la respuesta política porque somos conscientes de que además de ese vacío, Jorge dejó un legado de ideas, un legado conceptual, político que es el larrañaguismo y que es lo que queremos defender. Estamos sin Larrañaga pero con larrañaguismo. Sería un profundo error histórico no ver que hay una expresión política y que hay que reivindicar esa expresión dentro del Partido Nacional. El sistema político y el país necesitan esa visión larrañaguista. Es el homenaje, el reconocimiento que hay que hacerle: honrar su pensamiento, ese modo de entender al país.
—Es muy reciente. El golpe ha sido muy fuerte. Pero hay un diálogo permanente con los compañeros y creo que el desafío es salir a buscar a los larrañaguistas de a pie y que el próximo congreso en la primavera nos tenga a los larrañaguistas centrados dentro de lo que es el sueño de país que tenía Jorge. Y a partir de eso vendrán los formatos electorales. Lo fundamental ahora es reafirmar el concepto, esa corriente de pensamiento, la consolidación conceptual del larrañaguismo. Después vendrá lo otro.
—¿Cree que Larrañaga, enfocado en su gestión como ministro del Interior, había descuidado la actividad partidaria, a su agrupación política?
—Estaba 100% enfocado en el ministerio. Y eso hacía que lo partidario se viera resentido. Por eso ahora obviamente hay que abrir canales que permitan que ese larrañaguismo conceptual pueda afirmarse como proyecto de ideas. Insisto, después de concentrar la idea de país larrañaguista, vendrán las alianzas, los acuerdos, los esquemas electorales. Ahora hay que concentrar esa visión de país que el país y el partido necesitan.
—¿Cuál es esa visión?
—Creo que la pandemia le permitió al presidente Luis Lacalle Pou exhibir en todo su esplendor lo que es la significación del valor libertad. El otro principio que nutre la noción de justicia que tenemos y que funda nuestra actividad política es la igualdad de oportunidades. Y creo que ese concepto es el que vertebra el proyecto larrañaguista. Cuando Jorge hablaba de la descentralización estaba diciendo que el origen no determine el destino. Si no hay igualdad en el acceso a los derechos no hay justicia en la sociedad. Se tiene que juntar lo que es la libertad con la igualdad de oportunidades. Y ese énfasis que tiene ese proyecto de país es el que hay que defender e impulsar. Lo necesita el partido y el sistema político.
—¿Le puede servir a ese proyecto la gestión que hizo Larrañaga al frente del Ministerio del Interior?
—Se vio el nivel de gestión y el compromiso que Jorge tenía. Estaba resolviendo, o intentando resolver, el que había sido el principal problema del país. Y la gente vio lo que era Jorge gestionando. En el último tiempo había sido la labor parlamentaria, había quedado muy atrás en el tiempo lo que fue su labor ejecutiva como intendente de Paysandú. Pero en su labor parlamentaria fue protagonista en los últimos 20 años. Fue artífice de acuerdos multipartidarios en educación, en seguridad. Eso marca un protagonismo de Jorge en los principales problemas que ha tenido el país. Y que va en ese sentido de justicia que tiene la actividad política como la entendemos, asegurando la igualdad de oportunidades.
—¿Y cómo se construye el larrañaguismo sin Larrañaga? ¿Quién va a levantar esa bandera? La gente va a demandar una figura visible en la que depositar su confianza. ¿Quién va a ser?
—No, creo que sería un error entrar a pensar que Larrañaga tiene un suplente o que alguien puede sustituirlo. Él nos dejó el larrañaguismo y ese legado hay que cultivarlo. Por eso creo que tenemos que tener mucha serenidad y mucha firmeza en este tiempo. La serenidad de saber que tenemos ese proyecto de ideas y firmeza para defenderlo. Creo que se defiende como concepto. Después vendrá quién puede encarnar mejor ese proyecto. Hoy no tenemos que concentrarnos en el proyecto porque si no, corremos el riesgo de diluirnos. Hay una generación de jóvenes que nos formamos con él y hoy estamos en lugares de responsabilidad. Jorge sembró sueños en esa generación y hay que honrar esos sueños. Esos sueños son el larrañaguismo y una forma de honrarlos es defender el proyecto, después vendrá lo que vendrá. Pero este tiempo es el de consolidación conceptual.
—¿Alianza Nacional puede mutar a otra cosa?
—Lo importante hoy son los larrañaguistas.
—Por eso, no habla de Alianza Nacional.
—No hablo porque lo fundamental es ser genuino y representar ese proyecto. Obviamente lo que somos y estamos en Alianza somos los principales custodios de ese legado. Este tiempo es el de afirmarnos. Lo otro viene después. Ahora hay que defender el proyecto.
—Varios dirigentes de Alianza han ido en más de una oportunidad a hablar con el presidente Luis Lacalle Pou. ¿Qué se busca en esas reuniones?
—Ratificar el compromiso que se tiene con el gobierno y en el gobierno. Y la necesidad de que este concepto que tenemos de país florezca.
—¿Cree que incluso en la interna del Partido Nacional, tras varios golpes electorales, se revalorizó la figura de Larrañaga con la gestión que hizo en el Ministerio del Interior?
—Sí, creo que muchos vieron —y lamentable tuvo que pasar lo que pasó para que lo vieran— la significación de Jorge. La cultura de diálogo y el modelo político que tenía, muy poca gente en el sistema político lo tiene. Los canales que tenía para llegar a la dirigencia del país y lo querido que era quedó en manifiesto con la tragedia. Pero sí, creo que se valorizó lo que era
—¿Se valorizó a destiempo?
—Sí. A ver, Jorge fue el candidato más votado del partido en 2004, lo levantó. Y después hubo una serie de derrotas electorales que lo que hicieron fue agrandar su imagen, porque siguió defendiendo su visión de país y siguió acompañando aún en la derrota electoral. Ganando o perdiendo mantuvo su visión.
—Usted y otros jerarcas del ministerio estaban históricamente muy unidos a Larrañaga. ¿Hay un sentimiento de orfandad en el ministerio tras su muerte repentina?
—(Largo silencio.) Hay un sentimiento de… nosotros perdimos… perdimos un líder, perdimos un jefe, pero el grupo que estaba con él en el ministerio perdió mucho más que eso: perdimos… perdimos una referencia de vida, perdimos un amigo, perdimos a alguien que para nosotros ha sido tremendamente importante en nuestras vidas y que le vamos a estar toda la vida agradecidos. (Se emociona). Entonces perdimos mucho más que un líder político.
—¿Cómo se supera esa pérdida en el trabajo diario?
—Jorge conformó un equipo y una línea de ejecución. Naturalmente cuando viene el nuevo ministro, por más que mantenga al mismo equipo y a esa línea de trabajo, tiene su impronta propia y nosotros estamos amalgamándonos a esa impronta. Pero el equipo que conformó Jorge está formado por gente muy capaz y muy profesional que ha tenido la capacidad de seguir y mantener esa línea de trabajo. El equipo policial, por ejemplo, ha mostrado un compromiso total. Seguimos todos con la guardia alta, incluso algunos con la guardia aún más alta porque Jorge no está.
—Larrañaga tenía una conducción muy presencial y personalista. Acudía a operativos, desde la madrugada llamaba a los jefes policiales, tenía una exposición pública continua. ¿Qué tanto puede afectar a la Policía la impronta del nuevo ministro, Luis Alberto Heber?
—Heber a su manera está muy presente. No se le puede pedir que sea igual que Jorge porque no son iguales. Son estilos de conducción distintos, de presencias distintas. No es que antes con Jorge hubiera presencia y ahora haya ausencia. Jorge cumplió con los objetivos a su manera y Heber seguramente también los cumpla a su manera.
—Desde que comenzó el nuevo gobierno ha sido constante la crítica de la oposición a los abusos policiales, tanto con Larrañaga como con Heber. ¿Cuál es su respuesta?
—Toda institución que hace uso de la fuerza siempre está expuesta a que haya un abuso. Y en la Policía hay mecanismos para controlar esos abusos. Pero llevar casos particulares a poco menos que a una tendencia general de abusos y calificar a la Policía de abusiva y represora… no viven en este país los que dicen eso. Agarrar un caso puntual y generalizarlo a toda la Policía es totalmente irresponsable, injusto y falso. Si lo que se quiere es construir un relato para cuestionar la efectividad de la Policía, la baja de los delitos, correrá por cuenta de quienes no se alegran del resultado y encima generan un relato falso.
- Recuadro de la entrevista
“Un compañero más” de los policías