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Su nombre tiene raíces rusas y escandinavas, pero es muy popular en el País Vasco, donde nació (Bilbao) hace 43 años. Extrañamente, ignora el origen de su apellido. Jugó al fútbol en las inferiores del Athletic, el equipo de fútbol de la capital vasca y a los 14 años comenzó su formación como bailarín en la compañía de Víctor Ullate, en Madrid. Debutó en 1996, integró elencos de los cinco continentes y durante 15 años fue la estrella de la Ópera de Burdeos. En 2004 se transformó en el primer no ruso en hacer Iván el Terrible en el Kremlin. En 2012 bailó con el Ballet Nacional del Sodre en La viuda alegre. Desde entonces está al tanto del fenómeno del ballet en Uruguay. Se retiró en 2016 y el año pasado recibió la llamada de Julio Bocca para ofrecerle su cargo.
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Fanático de Fred Astaire desde niño (“más que de Gene Kelly”), se define como un “cabra loca que hacía todos los deportes” y opina que “el ballet es el mejor deporte, trabaja todos los músculos y desarrolla gran flexibilidad y elasticidad. Lo recomiendo como entrenamiento, especialmente para mayores de 40”. Heredó la pasión por la danza de sus padres, quienes “no pudieron ser bailarines porque en su juventud, en España, si eras mujer bailarina eras prostituta y si eras hombre, eras gay”.
No vivirá todo el tiempo en Montevideo pues es padre de una niña de dos años y además dirige su escuela de ballet en Bilbao, que fundó hace 12 años. “Me jugué mucho con la escuela, porque la inversión era mía y porque trabajamos con el sueño y la ilusión de los niños. Es una responsabilidad enorme y por suerte nos fue bien. Cuando me llamó el Sodre, les dejé claro que tenía que tener un poco de libertad para seguir desarrollando aquello”. Igor Yebra asumió la semana pasada y en diálogo con Búsqueda, el viernes 2, marcó la cancha al afirmar enfáticamente que, salvo al principio, no aceptará hacer producciones con música grabada.
—¿Cómo le llegó la propuesta de dirigir el BNS?
—Conozco a Julio (Bocca) desde que tenía 19 años. Tenemos el mismo grado de pasión por la danza, primero me llevó a bailar a Buenos Aires y aquí me invitó para La viuda alegre. Siempre estuvimos en contacto, hasta que un día me propuso dirigir el Ballet. Me explicó que estaba cansado y que quería parar. Lo pensé un tiempo y acepté. No fue de la noche a la mañana.
—¿Cuál será el eje de la futura programación del BNS? ¿Lo condiciona suceder a Bocca?
—Lo único que condiciona es que él lo ha hecho muy bien y no se puede bajar el listón. Pretendo seguir consolidando lo que él hizo. La programación de 2018 ya está armada en torno a los clásicos (Bella durmiente, Corsario, Lago de los cisnes) y los años siguientes serán por el estilo. Los cambios serán puntuales porque comparto la idea de Julio de que esta tiene que ser una gran compañía de ballet. Todas las grandes compañías tienen base en el repertorio clásico, y eso no lo voy a cambiar. Además, es lo que me gusta. Podemos incorporar elementos contemporáneos dependiendo de los bailarines que tengamos. Están las galas, que son la puerta de entrada a nuevas tendencias, y buscaremos educar al público en caminos alternativos, quizá en salas y formatos más pequeños.
—¿Tiene pensado investigar en la coreografía local para nutrir al BNS?
—Vi el trabajo de Marina Sánchez el año pasado en la Gala y me encantó. Seguiré indagando y espero encontrar más gente. Somos el Ballet de Uruguay y para salir de gira, tenemos que llevar cosas nuestras, mostrar nuestra identidad. Eso es lo que interesa afuera, la singularidad de una compañía.
—¿Hay algún clásico sin hacer que tenga en mente?
—En todos lados se vuelve a los mismos nombres. En los grandes teatros El lago de los cisnes se hace todos los años. Y si no, cada dos. No pasan más de tres años sin que se repita Giselle, Lago, Bella durmiente y Romeo y Julieta. Ah, y Cascanueces a fin de año. Por otro lado, hay que cuidar la venta, y los clásicos siempre venden muy bien. Iremos reinventándonos para ganar nuevos públicos, sumando autores actuales, pero no quiero salas a medio llenar.
—Es bueno entonces empezar en marzo con un peso pesado como Bella durmiente …
—Y con el estímulo extra del vestuario de Ágatha Ruiz de la Prada, una de las mayores diseñadoras a escala mundial. La responsabilidad es grande porque el trabajo anterior ha estado muy bien. Hay cosas a mejorar, como en todos los lugares, pero en la balanza queda un saldo muy bueno.
—Imagino que estará al tanto de las dificultades que motivaron la renuncia de Bocca…
—Estoy al tanto y sé que a todo el mundo le preocupan esas cosas, y es algo que vamos a intentar subsanar. Hemos hablado bastante sobre esos temas con el Consejo. La orquesta está en un momento parecido, con un nuevo director, lo que puede ayudar a limar esos desencuentros. Un gran teatro como este, con orquesta y un ballet, tiene que hacer espectáculos con ambos. No conozco un gran teatro en el mundo donde la orquesta no participe, y no he bailado con pista grabada. Ahora va a ocurrir porque estamos empezando. Me viene así, pero si seguimos con grabaciones, yo no soy la persona. Tendremos que hacer Bella durmiente y Lago grabados, pero después no lo quiero más. Si esa va a ser la manera de trabajar, adiós, muy buenas. No voy a denigrar mi trabajo, y el Consejo lo sabe.