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    “Si tocás el violín, sos puto o viejo”

    Fede y Maxi Nathan hacen música Beatle con la Filarmónica

    Son la tercera generación de músicos de una familia con raíces judeoalemanas. A los 29 años, Federico Nathan es uno de los principales violinistas uruguayos, con presencia en la música sinfónica, el jazz y el folclore de raíz contemporánea, como intérprete y también como compositor. A los 25 años estrenó con la Filarmónica de Montevideo su primer concierto para violín y orquesta y comparte su carrera entre Europa, Estados Unidos y Uruguay. Su hermano Maximiliano es a los 26 el principal vibrafonista emergente del medio local, tanto por su talento como por su presencia estable en la orquesta montevideana o en el circuito bolichero, con grupos como La Jarana o el quinteto de Federico, ambos con discos editados por Perro Andaluz. Radicado en Ámsterdam­, Federico fundó en 2013 el Cuareim Quartet, que se presenta en toda Europa con un repertorio clásico de cámara, y que el año pasado participó del proyecto Cinco, dedicado al folclore latinoamericano, junto al clarinetista argentino Marcelo Moguilevsky. El quinteto grabó un CD para el sello argentino Club del Disco, y ha girado por Europa, México, Buenos Aires y Montevideo. Estos hermanos que derrochan virtuosismo en cada toque, grandes animadores de las primeras ediciones del festival Jazz a la Calle de Mercedes, no paran de crecer como músicos y esta semana recorrerán la ciudad presentando Conversaciones con los Beatles, un concierto de la Filarmónica de Montevideo junto al Federico Nathan Quinteto.

    Peter, Claudio y Federico.

    Peter, el abuelo violinista de Fede y Maxi, dejó Europa poco antes de la II Guerra, justo a tiempo de que el nazismo arrasara su patria. Recaló en Montevideo y tocó en la orquesta de la Iglesia Evangélica Alemana. Se casó con una polaca llamada Loti, que se enroló en el Ballet del Sodre, llegó a ser primera bailarina y luego inspectora del Sodre. Uno de sus hijos, Claudio, se hizo violinista casi sin darse cuenta, por vía paterna. Desde hace 35 años es miembro estable de la Filarmónica y la Ossodre. En charla con Búsqueda, los hermanos Nathan recordaron sus comienzos con la música, es decir, sus primeros recuerdos.

    Desde sus ocho años, Fede aprendió con su padre y su abuelo: “El violín era para mí como cuando de chico te llevan al fútbol o a clase de idiomas. No fue una imposición violenta sino más sutil, una obligación subliminal (ríe). Al principio no me gustaba el violín, no entendía por qué lo hacía y la pasaba mal. Me explicaron por qué estaba bueno que estudiara violín y yo tampoco me rebelé. Entonces…”. Sin embargo, Maxi dejó de lado precozmente el instrumento de Stradivarius y se acercó a la batería “enloquecido” cuando vio la película Eso que tú haces, de Tom Hanks, para después embarcarse en el vibráfono. “El violín ya estaba cubierto en casa”, dice entre risas y agrega que es un hermoso privilegio de la vida que en las reuniones familiares se junten las tres generaciones de Nathan a tocar “una que sepamos todos”.

    Los hermanos crecieron tocando y componiendo juntos, y naturalmente al principio lo que les gustaba era el rock. Armaron varias bandas y de a poco fue ingresando el violín.

    “Tocando rock me di cuenta de que con el violín podía hacer lo que yo quisiera”, dice Fede. Eran tiempos de Guns n’ Roses, Nirvana, Green Day y The Offspring. “Curtíamos mucho grunge, teníamos 15 años, la idea era reventar la guitarra. También me enfermé con el disco Deskarado, el primero de La Vela Puerca. Y después, una noche, nuestro padre tocó un tema con ellos en el Teatro de Verano. Imaginate”, cuenta Maxi.

    Un día apareció el peso pesado de los compositores rusos y todo cambió para el hermano mayor. “A los 14, mi abuelo me regaló un disco con el Concierto para violín de Tchaikovsky, y me voló la cabeza. Ah, esto era el rock and roll, pensé, y me empecé a enamorar de la música clásica. Toda esta energía que puedo tener saltando con una guitarra y rompiendo todo con la distorsión, la comencé a canalizar tocando el violín y escuchando a los clásicos. Rápidamente descubrí que mucho de lo que me hacía vibrar con el rock ya estaba hace 200 años, y que había mucho rock en la música clásica”.

    El violinista describe las nuevas sensaciones que descubrió con la música de orquestas: “Están todas las emociones en los clásicos, y ese es un concepto que no llegó a mi generación. Lamentablemente, para la mayoría de los jóvenes de Uruguay, y no tanto, si tocás música clásica o el violín, sos puto o un viejo o un aburrido con gustos de rico. Eso afuera no pasa tanto, pero sigue siendo la norma en este país. Es cierto que está cambiando, se van abriendo las cabezas, pero muy de a poco. Por suerte veo que los músicos jóvenes se están volcando al jazz­ con mucha avidez”.

    Maximiliano aporta que en los últimos años el rock y el pop masivo se ha poblado de otros sonidos no tan “rockeros” como instrumentos de cuerdas y vientos, y que eso ha ayudado a que el público uruguayo deje de lado los prejuicios. Pero cree que en la música clásica “el proceso de apertura mental es más lento y difícil”.

    El violinista agrega que en nuestro medio uno de los nombres claves que han contribuido a ablandar esos esquemas es El Club de Tobi, el cuarteto de cuerdas que durante los últimos 15 años mixturó rock, pop y reggae con la música de cámara, en un formato íntimo, de boliche. “Con los medios y el acceso más barato a instrumentos que hay hoy, los cambios son más rápidos. La banda de rock ha dejado de ser la única posibilidad musical para un joven uruguayo”.

    El concierto Conversaciones con los Beatles repasará una decena de clásicos de los genios de Liverpool como Eleanor Rigby, Blackbird, Something y Come Together, será conducido por Álvaro Hagopián y contará con la actuación del Federico Nathan Quinteto, que completan su hermano Maxi Nathan (vibráfono), Andrés Pigato (contrabajo), Felipe Badaró (batería) y Joaquín Baranzano, el pianista que tiene el honor de haber prestado su instrumento a Paul McCartney, para su habitación en el hotel Sheraton en 2012. Quedan tres funciones a las 21 horas: hoy jueves 18 en el Solís (con entradas a $ 200 en Tickantel), el martes 23 en el anfiteatro de la Facultad de Arquitectura y el jueves 25 en explanada del Museo Blanes, ambas con entrada libre. 

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