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Al comprar una vivienda o un automóvil los uruguayos razonan en términos de dólares, más allá de que los precios de ciertos bienes durables estén conectados con la evolución de los ingresos de las familias, que en general son en pesos. Más aún, precisan convertir a la moneda estadounidense cualquier monto de dinero elevado para poder comprenderlo. Para Gerardo Licandro, gerente de Asesoría Económica del Banco Central (BCU), la dolarización es “una mala idea para los hogares, una mala idea para las empresas y para la economía” del país.
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Con el dólar como una segunda moneda en Uruguay, no es llamativo que la atención a la evolución de su cotización se acentúe en momentos en que adquiere tendencias aceleradas como la de los últimos días; ayer miércoles 10 bajó levemente, pero luego de varias jornadas de alza, algunas relativamente fuertes. En la víspera se operó a $ 44,537 en el mercado mayorista (“interbancario”); el martes 9 había tocado un máximo en 10 meses ($ 44,640), según el promedio informado por el Banco Central (BCU).
La baja de ayer coincidió con la tercera intervención consecutiva del BCU en el mercado de divisas a futuro (US$ 20 millones el lunes 8, US$ 8 millones el martes 9, y por US$ 1 millón en la víspera): no participaba desde mayo del 2020 (si bien había aceptado dólares en pago al emitir Letras de Regulación Monetaria). Un operador consultado por Búsqueda interpretó que el BCU quiso “reducir la volatilidad” cambiaria. Estimó que en el descenso también pudo haber incidido el hecho de que hubo mercados “más tranquilos en la región, como Brasil o México”. Según la fuente, la cotización del dólar en Uruguay podría haber tocado “una especie de techo”.
Pensar en dólares
Atacar la dolarización es parte del plan de trabajo definido por el BCU. Junto con el presidente de la autoridad monetaria, Diego Labat, Licandro parece estar liderando la comunicación pública del asunto; en la última edición de la revista En Obra, de la Asociación de Promotores Privados de la Construcción (Appcu), se enfocó en el mercado inmobiliario. Allí pantea como una interrogante si es un problema que el precio de las propiedades se exprese en dólares en Uruguay y señala que “la respuesta corta a esa pregunta es un enfático: ¡Sí! Por varias razones”, y enumera: primero, porque incentiva la dolarización general de la economía y, como resultado, afecta el crecimiento de largo plazo. Afirma que ese efecto se ve reforzado por un tema que identifica como “cultural: como todas las cosas de valores elevados que compramos los uruguayos se expresan en dólares (además de los bienes inmuebles, la mayor parte de los bienes durables), somos incapaces de pensar en grandes sumas de dinero en otra moneda que no sea en dólares, lo que hace que todo nuestro ahorro lo pensemos en dólares”. Y al dolarizarse el ahorro de las familias —que son uno de los principales aportantes de fondos en el mercado de crédito doméstico— se dificulta el desarrollo de crédito en pesos, lo que deja a las empresas y a los propios hogares “sin alternativas de financiamiento al dólar”.
En segundo lugar, la dolarización de los precios de los bienes inmuebles —que son rígidos en el corto plazo— hace que tanto el ciclo productivo de la industria de la construcción como de la economía general sean más profundos, explica. Cuando ocurre un shock negativo de demanda —generalmente asociado a un aumento del valor del dólar—, el precio en pesos en el mercado resulta de un precio rígido en dólares y un tipo de cambio más elevado, por lo que aumenta en vez de bajar. Eso hace que la diferencia entre oferta y demanda sea más importante que en una situación normal, provocando un ajuste aún más significativo de las cantidades a la baja.El jerarca del BCU pone ejemplos de esa situación al comparar con un par de países que no tienen dolarizado su mercado inmobiliario. Señala que los ciclos de la actividad y del empleo son más profundos en Uruguay y ambos tienen una correlación negativa con el valor real del dólar, a diferencia de lo que pasa en Colombia y Chile.
En tercer lugar, en tanto el valor de las propiedades está vinculado al ingreso familiar, el dólar es “una mala unidad para fijar los precios de los bienes inmuebles”, agrega.
“No hemos llegado a esta situación porque fuéramos tontos, o por un perverso designio u oscura conspiración. Simplemente, la evolución histórica de las sociedades muchas veces produce resultados agregados que resultan ineficientes cuando los vemos con el diario del lunes. Esto ocurre por la existencia de problemas de coordinación, externalidades, garantías implícitas, temas culturales, errores de política, etc.”, explica el economista. Afirma que el propósito final es que una vez que la inflación finalmente baje, Uruguay tenga “mercados financieros en moneda doméstica y una moneda de calidad”.