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    “Somos los mejores de la región”

    Julio Bocca proyecta una escuela de danza modelo construida por Carlos Ott

    Claudia Schiffer, Sophia Loren, Julia Roberts, Isabella Rossellini, un jeque árabe, Les Luthiers, Osvaldo Pugliese, La Mona Jiménez, Eleonora Cassano, Susana Giménez y Martha Legrand, su familia, y en un rincón una pequeña imagen junto a Mujica, Ehrlich y Buta­zzoni, de hace seis años, cuando fue designado al frente del Ballet Nacional del Sodre (BNS). La colección de fotos ubica al interlocutor y magnetiza la atención de la austera oficina de Julio Bocca, en el segundo piso del Auditorio del Sodre. A las 9:45 del miércoles 13 termina la clase matinal de calentamiento. Agitado y transpirado por el ejercicio, Bocca deja la sala junto al cardumen de bailarines. Se cambia de ropa y en dos minutos está posando para el fotógrafo. A un par de metros, un grupo de escolares forma fila y se apresta a entrar a la sala en el más riguroso silencio. “¡Mirá, es Bocca!”, susurra uno. “Shhh”, lo calla la maestra.

    Apenas iniciada la charla con Búsqueda, Bocca cuenta que dos años atrás vendió su casa de Punta Gorda después de que la robaron tres veces. “La última vez se llevaron un cachorrito de rottweiler. Y dije: hasta acá llegamos”. Hoy vive en un apartamento frente al Golf. Dice no disfrutar con las entrevistas pero entiende que su palabra es importante para promocionar los espectáculos y asume la tarea como una más. “Al principio mis respuestas eran ‘sí’, ‘no sé’, ‘puede ser’. Era peor que Messi. Hoy estoy más acostumbrado a la tarea de comunicar”.

    Explica que su alejamiento temporal de la dirección del BNS en abril se debió a que salieron cosas internas que no debían hacerse públicas y que necesitaba tomarse un tiempo y recargar las energías. Volvió muy motivado, y tiene el firme propósito de ubicar al Ballet uruguayo entre los diez mejores del mundo. “Los viajes te permiten ver dónde estás parado, confirmar tus falencias y virtudes. No tengo dudas de que ya somos el mejor de la región, y podemos seguir mejorando”.

    Para Bocca, la creación de una escuela integral que sume a la formación artística la escolaridad curricular, es clave. El edificio ya está elegido, y en poder del Sodre: el viejo local del Instituto Nacional de Alimentación en la calle Uruguay, a pocos metros del Auditorio. Bocca confió al arquitecto Carlos Ott la elaboración de un anteproyecto para transformarlo en una institución modélica, a imagen de las escuelas de los principales ballets del mundo.

    Hay entusiasmo en su rostro por el próximo estreno de Carmen (en agosto, con coreografía de la brasileña Marcia Haydée), por la grilla confirmada para 2017 y 2018 y la gira que la compañía emprenderá en diciembre de este año, con funciones de Coppelia y Un tranvía llamado deseo en el Liceu de Barcelona y el Canal de Madrid, además de una audición en la capital española. “Esta gira es como subir de categoría. Actuar en esas salas tan prestigiosas, nos pondrá a la vista de los principales productores y teatros del ballet europeo”.

    Si bien reconoce que tuvo ofrecimientos para dirigir alguna compañía, volvió a negar la información publicada por Búsqueda (Nº 1861) de una oferta para dirigir el American Ballet Theatre de Nueva York. “Esa oferta no existió”, afirma enfáticamente. “Tuve que escribir a Kevin McKenzie (director del ABT) pidiéndole disculpas y mandar varios mails a Nueva York para aclararlo”. Agrega haber recibido propuestas de trabajos puntuales como maestro en San Francisco y en el ABT, “pero la tarea de dar clase no me gusta, prefiero los ensayos”. Si bien se siente afortunado de recibir esas propuestas, dice que tiene “una vida armada acá, una pareja, y eso influye”.

    —Decidió quedarse y comenzó una segunda etapa pero da a entender que la posibilidad de irse siempre está, lo que genera cierto pánico en el medio artístico. ¿Usted es imprescindible?

    —Estamos trabajando para que la verdadera figura sea la compañía. El nombramiento de Sofía Sajac como codirectora apunta a eso. Es una artista con una visión de la danza en la que confío y con una gran personalidad. Ahora debe tener su lugar, tomar sus decisiones. La idea es potenciar la confianza de los bailarines y conocer los límites. Deben sentir que son el motor. Y el Sodre debe tomar las riendas y decir adónde queremos ir y qué hacer. Sin dudas que la ida de Gerardo Grieco (sustituido por Gonzalo Halty) es una especie de parate.

    —¿Eso implica un lastre para el Sodre y empezar todo de nuevo?

    Creo que si hay algo que funciona bien, es bueno entrar y engancharse en eso, y si tenés cosas nuevas, incorporarlas. Pero no me parece que se deba cambiar algo porque personalmente no me guste. Si se viene haciendo de una forma que funciona, se debería seguir en esa línea.

    —¿Se encuentra motivado para seguir?

    —Sí. Estoy muy bien. Los viajes me sirven para respirar y ver lo que se hace en otros lugares, aprender e incorporar lo nuevo. También me pasa que veo algo y pienso: epa, no estamos tan mal. Tiendo a ser duro y negativo y me sirve para ver con otros ojos y seguir apuntando bien alto. Estoy más tranquilo y conforme con el trabajo de la compañía. Se nota un cambio.

    —¿Es posible su meta de estar entre las diez mejores compañías del mundo?

    —¿Y por qué no si la mayoría de ellas tienen bailarines latinos? El nivel está. Se necesita profesionalismo, disciplina, constancia, trabajar. Hay una cantidad de uruguayos en gran nivel afuera. Entonces, poder se puede.

    —¿Por qué razón cree que hay tanto interés de los bailarines extranjeros para integrar el BNS?

    —Tenemos dos españoles, una italiana, una japonesa, una australiana. Hay ganas de trabajar no solo por cómo está creciendo la compañía sino por el repertorio y la cantidad de funciones, unas 90 anuales. Son muy pocas las compañías en el mundo que mantienen un repertorio clásico como nosotros: el Bolshoi (de Rusia) o el Royal Ballet (de Inglaterra), donde es muy difícil entrar.

    —En este momento la mitad de los bailarines son uruguayos. ¿Cómo se llega a su meta de que el 80% sean locales?

    —Lo lógico sería que siendo una compañía nacional, la mayoría fuesen de acá. Pero para eso hay que tener un 80% de buenos bailarines y no quiero llenar una cuota. Así estamos muy bien, somos los mejores de la región, entendiendo la región como Chile, Brasil, Argentina y Uruguay.

    —¿Lo somos?

    —Sí, y lo dijo Marcia Haydée siendo directora de una compañía en Chile. Los grandes centros mundiales del ballet están al tanto de lo que sucede aquí y recibimos felicitaciones constantemente.

    —Ha dicho que para eso sería buenísimo potenciar la Escuela Nacional de Danza (END).

    —Sería muy bueno que los bailarines se formen en una institución que también integre la educación formal. Para los chicos que quieren aprender danza es muy complejo trasladarse todos los días. La danza requiere comenzar muy temprano, a los siete u ocho años, y también es necesario que aquellos que no llegan a integrar una compañía, tengan formación secundaria como para seguir cualquier otra carrera. El Sodre ya tiene el edificio para eso, acá a la vuelta (la ex sede del INDA), un lugar enorme, incendiado y abandonado. Tenemos un preproyecto que le pedimos al arquitecto uruguayo Carlos Ott, que con su Ópera de la Bastilla en París demostró que sabe mucho de teatros y de arte. Hemos ido varias veces con él y el arquitecto del Sodre. Es un proyecto de diez pisos que integra la danza clásica, contemporánea, la escuela de canto lírico, primaria, secundaria y habitaciones para los estudiantes del interior.

    —Sería la NASA del Ballet…

    —No la NASA. Sería esto (muestra en su computadora un video de la escuela del Royal Ballet). Es educación para los chicos y les permitirá salir al mundo a competir. También permitirá alimentar al Auditorio. Si no, siempre vendrán más de afuera. Esto es un monstruo, un búnker, y hay que mantenerlo. Requiere una estructura fuerte que esté todo el tiempo generando producciones. La inversión para la escuela sería de unos 12 millones de dólares. Hay herramientas posibles como las PPP (proyectos de financiación público-privada). Sería un maravilloso referente de la región. Una escuela completa como esta no existe en Argentina ni en Chile ni en Brasil.

    —¿Cuánto es actualmente el presupuesto del BNS?

    —Unos cuatro millones y medio de dólares anuales, entre sueldos y producciones. Y lo que se gasta en producciones se recupera por la venta de entradas. Han bajado los patrocinadores privados. Ahora son tres: Antel, Brou y Pronto. Estamos buscando más.

    —Habla constantemente de disciplina. Algunos bailarines del BNS afirmaron públicamente que existían malos tratos de su parte. ¿Qué comenta al respecto?

    —Yo no inventé nada, y hablo exclusivamente de danza clásica porque la danza es muy amplia. En la clásica se exige mundialmente determinada conducta. No lo impone Julio Bocca. Tenés que estar en forma física, saltar, girar, volar, tener un pie bonito. Y una disciplina para mantener el nivel de excelencia. Nosotros trabajamos siete horas y media cuando la mayoría lo hace entre ocho y diez. Es cierto que ahora la compañía es mucho más rápida para aprender las obras y eso permite tener más tiempo para pulir los detalles. Ahora montamos Carmen en una semana y media. Entonces, mientras pulimos Carmen, podemos empezar a trabajar otra obra.

    —La historia está llena de maestros exigentes y hasta déspotas. Pero se habló de que se pasaron ciertos límites…

    —Cuando llego a gritar estoy en un límite en el que no se puede más. Si alguien ha trabajado afuera, en las grandes ligas, sabe de qué se trata. Muchos no tienen esa experiencia, y no saben. Solo trabajan con extranjeros cuando vienen los maestros de afuera.

    —Al tratarse de una compañía pública ¿no es legítimo el interés de la sociedad en su interna?

    —¿Y por qué yo tengo que salir a aclarar cosas que se solucionan internamente? Estoy de acuerdo en que se hablen, pero no en ir a un medio. Pero tenés la libertad de ir a un medio.

    —Eso está claro porque ese integrante (el argentino Guillermo González) sigue en el BNS…

    —¿Y si es bueno cómo no va a seguir bailando?

    —¿Cuál es su posición con respecto a los sindicatos en los elencos artísticos?

    —No tengo posición. Este lugar es artístico, de eso me ocupo. El sindicato tiene sus delegados y yo me reúno con ellos normalmente. Lo que quiero es que vengan en hora y trabajen. Pueden reclamar un montón de cosas. Yo fui el primero en reclamar y salir a buscar que tengamos los pisos ideales, que tengamos kinesiología, que se aumentaran los sueldos. Ahora estamos trabajando en un proyecto para ayudar a los bailarines en la transición posterior a su retiro de la danza, después de los 40. Así que me considero un sindicalista de los buenos, que lucha por todo esto, no solo por una cosa y hace paro.

    —¿Cómo evalúa el desempeño actual de la Orquesta del Sodre en el ballet?

    —Para crecer era indispensable tener la orquesta en vivo y por suerte lo hemos logrado. La orquesta está, y con Martín García como director estable para el Ballet, ha crecido mucho. Suena cada vez mejor, se ha renovado con músicos jóvenes.

    —¿Cuál es su máximo sueño en el ballet?

    —La escuela. Yo hice hasta séptimo grado de escuela, y eso me marcó mucho. No tuve una formación y me juntaba con chicos de 18 años en París o en el Bolshoi y me impresionaba su preparación. Podían hablar de cualquier cosa y yo no entendía nada. Es un debe para Latinoamérica, por la historia que tenemos. El Ballet del Colón tiene 90 años, el Sodre 80. La END ha mejorado mucho, pero hay que seguir.

    —¿Ese debe en su formación es la razón por la que no es coreógrafo?

    No. Coreógrafo no soy porque no me gusta. Me gusta dirigir y versionar, pero no siento la parte creativa. Me manejo con lo que siento, y no creo que tenga imaginación para crear pasos.

    —Acaba de rechazar la dirección del Colón ¿No le gustaría ese puesto?

    —Si, claro que sí. No lo descarto. Como el American Ballet, que tampoco lo descarto en el futuro. Me fascinaría. Pero por otro lado siento que este no es el momento. Ir al American sería una presión muy grande, es una compañía muy fuerte. No lo sé… aquí hay algo muy valioso que es la tranquilidad.

    —¿Qué tiene el ballet que lo sigue apasionando?

    —No sé explicarlo. Lo siento en el cuerpo. Por eso soy tan exigente. Es un legado histórico creado de una manera. Uno fue inculcado por los grandes maestros, con esa disciplina y el hambre de querer más, y tuve la suerte de ver a muchos de ellos. Pero las compañías se van diferenciando, la técnica se perfecciona y las obras se adaptan al presente. ¿Por qué voy a hacer Carmen en tres horas? Prefiero reducirla sin alterar su esencia y contarla en una hora y media.

    Vida Cultural
    2016-07-14T00:00:00

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