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Argentina es, otra vez, un polvorín. Un gobierno de Alberto Fernández que no termina de consolidarse, bajo la sombra de Cristina Fernández de Kirchner, y que toma medidas erráticas, como el reciente anuncio de la estatización de la gigante granelera santafecina Vicentín. Eso es más incertidumbre en medio de un dificultoso intento de renegociar una deuda pública explosiva, mientras la economía se hunde en la recesión y la sociedad argentina paga los costos de una pandemia de Covid-19 que no termina de ser controlada.
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En ese contexto, no es extraño que los vecinos miren como una opción de vida a Uruguay (que también tiene sus problemas, pero no son de la escala que pueda llevar al precipicio a una nación). Y tratar de seducirlos, a los argentinos o a cualquier otro extranjero, a que con sus capitales y su gasto ayuden a dinamizar una economía uruguaya parada y sin generar empleos es una medida inteligente. Cumpliendo con lo que había anunciado luego de ganar las elecciones, el gobierno encabezado por Luis Lacalle Pou se está moviendo en esa dirección al decretar requisitos más laxos para la obtención de la residencia fiscal en el país.
A partir de julio quienes permanezcan por 60 días en el país y tengan o adquieran un inmueble por el equivalente a unos US$ 377.000 podrán acceder a la ciudadanía fiscal, con condiciones mucho más ventajosas que las vigentes —que requerían 183 días de residencia y acreditar un patrimonio de unos US$ 1,7 millones—. La residencia fiscal también se podrá obtener con una inversión directa o indirecta en empresas por un valor de US$ 1,6 millones, monto sensiblemente menor a los US$ 4,8 millones exigidos en la actualidad para esa causal.
También se anunció el envío al Parlamento de un proyecto de ley que planteará duplicar (de cinco a 10 años) el beneficio de exoneración del impuesto a la renta que generen en el exterior para quienes accedan a la residencia fiscal en Uruguay, al tiempo de que se les dará la opción de tributar a una tasa de 7% por el impuesto a las rentas de las personas físicas en lugar de hacerlo al 12% del tributo a los no residentes.
El objetivo es claro en el sentido de tratar de incentivar la llegada de capitales y empresarios extranjeros junto con sus familias. Y el ojo parece estar puesto al menos inicialmente en los argentinos, que están viviendo una complicadísima situación económica, social, sanitaria y política.
Agentes inmobiliarios y asesores de distinto tipo han constatado en los últimos meses un notorio incremento de las consultas de argentinos interesados en mudarse a Uruguay. Es un fenómeno que, naturalmente, mirarán de cerca desde la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP) de Argentina, para certificar que el cambio de residencia es “real”, en el sentido de que quién emigre debe dejar de tener actividad económica en ese país porque si no estaría en una situación en que podría pagar impuestos en los dos países, por lo que el incentivo tributario desaparecería. No tienen ese problema quienes ya estén jubilados o a punto de jubilarse, o personas jóvenes que efectivamente pasen a tener su centro de actividad económica en Uruguay.
Es imposible determinar el impacto que podría llegar a tener esa flexibilización de los requisitos para la obtención de la residencia fiscal y si efectivamente se verán a decenas o cientos de argentinos que en los próximos años vengan a vivir a Uruguay, como especulan algunos actores inmobiliarios. O si habrá una nueva “revolución” como la que tuvo la soja en el campo nacional con la llegada de empresarios de ese origen a mediados de la década pasada, escapando de las retenciones a las exportaciones en su país. En todo caso, parecen medidas lógicas que han sido aplicadas por varios países en el pasado reciente —los casos de Italia y Portugal— y que, a priori, deberían promover mayor actividad, empleo y gasto de consumo, y junto con eso más recaudación de impuestos. Esto puede ayudar, también, dada la precariedad de las cuentas fiscales, agravada como consecuencia de la crisis sanitaria. Si todo esto ocurriera, así como los argentinos muchas veces nos trajeron complicaciones, esta vez quizás contribuyan con un empujón positivo.