Hace dos meses, el colorado José Amorín Batlle asumió la presidencia del Banco de Seguros del Estado (BSE) en un breve acto en la sala del Directorio del ente, que hace homenaje a su fundador, José Batlle y Ordóñez y al ministro de Hacienda de la época, José Serrato. De aquella institución monopólica defiende el respaldo estatal y la experiencia acumulada. Dice que los monopolios tienen “unos cuantos inconvenientes”, aunque no es partidario de abrir a la competencia las pólizas de accidentes de trabajo y enfermedades profesionales, la única rama sobre la que, por ley, el BSE explota el 100% del mercado. Solo estaría dispuesto a “conversar” sobre el asunto —un reclamo recibido por el gobierno de parte de la gremial de las aseguradoras privadas y de algunas compañías de manera individual— “siempre y cuando el hospital del BSE siga siendo el que atienda” a los pacientes cubiertos por esas pólizas porque, a su juicio, no hay otro mejor preparado para hacerlo.
—La encontré bien, tiene una estructura moderna y funciona ordenadamente. Y encontré algo que es muy importante en las organizaciones, y es que los funcionarios son hinchas del banco.
Sobre lo que se puede mejorar, hay algunos temas grandes, importantes. La ley que modificó el sistema jubilatorio en 1996 prevé que las compañías aseguradoras manejen el dinero que la gente aportó a las AFAP cuando se jubilan y les pague la renta vitalicia. Iba a ser un sistema en competencia y de hecho en algún momento lo fue, pero hoy el BSE es el único actor porque el diseño hace que a los privados no les interese competir. Pero esa va a ser el área más importante de seguros; hay que trabajar para mejorar el diseño y se pueda estar en competencia. No tengo temor y me parece que es bueno que el banco compita en esa área. Si se dan las condiciones, eso va a ayudar a todos, básicamente a quien se jubile a tener una jubilación más segura y quizás un poco mejor.
—La anterior administración ya le hizo ajustes en las tasas de mortalidad y creó la Unidad Previsional (UP) para que las aseguradoras puedan invertir en activos más acordes a sus obligaciones futuras. ¿Qué más se precisa?
—Sigue habiendo alguna cosa para mejorar en las tablas, que tiene que ver con los familiares que reciben pensión después que el jubilado fallece. El problema serio era que las jubilaciones se ajustaban por el Índice Medio de Salarios y no había prácticamente papeles del Estado para invertir en unidades reajustables, eran todas en unidades indexadas prácticamente, y durante mucho tiempo eso produjo una pérdida muy grande para el BSE. Con la UP ahora se va cubriendo de alguna forma esa deficiencia.
—¿Qué otras modificaciones prevé?
—Hay otra área bien importante que es la de accidentes de trabajo. Hay un hospital nuevo del que tengo muchísimas referencias y puede ser ejemplo en esta región. Eso todavía no está demasiado bien promocionado. Está frente al Antel Arena; ahí hay un ejemplo de cosas mal hechas y en frente un ejemplo de cosas bien hechas. Lamentablemente, la promoción fue para la cosa mal hecha. Tenemos que hacer un esfuerzo muy grande en vender servicios, en permitir que lo usen no solo los que tienen seguro de accidentes de trabajo y enfermedades profesionales, sino el resto de la sociedad.
—Un cambio que reclaman los privados al gobierno tiene que ver con abrir a la competencia esa rama monopólica. ¿Usted qué opina?
—El banco está en condiciones de competir porque tiene el mejor sanatorio, por lejos. Si uno pregunta dónde están los mejores cirujanos de mano, si hay 10, siete de los mejores están en el BSE.
Ahora, no soy partidario de desmonopolizar. Si uno le pregunta a los trabajadores dónde quieren atenderse si tienen un accidente de trabajo, todos van a decir al BSE. Pero este es un caso especial, porque no es la persona interesada el que compra el seguro, sino el empresario. Y la lógica es que el empresario va a elegir el más barato y el más barato no es el mejor. Y, como sociedad, tenemos que intentar que el que tiene un accidente de trabajo salga lo mejor posible, porque si una persona pierde una mano la sociedad toda va a tener que pagar una renta durante su vida; queremos que pueda volver a trabajar normalmente para hacer su vida normal. No soy partidario de desmonopolizar los accidentes de trabajo en la situación que está hoy Uruguay.
—Pero en esta situación, ¿por qué no se podría bajar el precio de las pólizas de accidentes abriéndolo a la competencia y buscando más eficiencias en el banco?
—En general, soy partidario de la competencia porque los monopolios tienen unos cuantos inconvenientes. En esta área, la situación es que hay un hospital que es notoriamente mejor que los demás y que va a prestar un servicio muchísimo mejor que los demás. Así que creo que la única forma posible de desmonopolización es que al final todo el mundo termine en el hospital. Eso sería ya una cuestión mucho más compleja.
—¿Por qué? Las demás aseguradoras venderían la póliza pero la prestación y atención de la salud sería del hospital del banco…
—Y el hospital le cobraría a las empresas que prestan la póliza. Debería haber un regulador.
—¿Eso no originaría más ingresos para el BSE y para el Estado, por la vía de los impuestos que aportan los privados?
—Esa sería la única forma de desmonopolizar. Pero sería una desmonopolización parcial, porque al final todos terminarían en el hospital del BSE, que es notoriamente el centro de referencia de accidentes y enfermedades profesionales.
—Entonces, lo ve viable…
—Tendríamos que empezar a conversar y trabajar, siempre y cuando el hospital siga siendo el que atienda los accidentes y enfermedades profesionales, porque no hay nadie preparado hoy como el BSE.
De cualquier manera, lo primero y lo clave es corregir el tema previsional. Algo está mal. Para que entren las otras empresas tiene que ser rentable, y hoy no lo es. El banco pierde dinero en esa área. Voy a tener una reunión esta semana con el Banco Central (BCU) para empezar a conversar eso y a negociar con el regulador.
—Los privados han señalado que el BSE subsidia la baja de tarifas en los seguros que están en competencia con las áreas de accidentes y previsional, y piden igualdad de condiciones…
—En accidentes el BCU nos controla cuánto cobramos y nos dice que no podemos ganar más del 10% sobre la facturación. Por tanto, no puedo, con lo que gano ahí, subsidiar el resto del mercado en competencia.
Y con el previsional perdemos plata. Cada área se maneja de forma independiente, no soy partidario de lo que hace Antel en ese tema. No hay subsidios cruzados.
Este año estamos colaborando por la situación fiscal del país y por la pandemia con US$ 30 millones a Rentas Generales.
En el área previsional vamos a trabajar para que los privados puedan estar. Los monopolios no me entusiasman, a veces tienen justificaciones y a veces no tienen ninguna.
—La principal competencia se da en el mercado de automóviles, que en los últimos dos años entró en una guerra de precios en la que el BSE participó. ¿Seguirá con esa estrategia comercial?
—Todos lo hacen; el banco tiene que buscar equilibrio. Este año es atípico, con dos meses donde la siniestralidad bajó más de 50%. Pero hacemos la tarea que no hacen los privados de asegurar autos viejos, por ejemplo. Este año no vamos a bajar la tarifa de autos, la vamos a mantener, y seguramente así vamos a estar bien equilibrados porque bajaron los siniestros de choque, no tanto los de robo.
—Y a escala comercial, ¿qué otros planes tiene para crecer?
—En el interior tenemos mucho para hacer y crecer. Uruguay está absolutamente subasegurado. Vamos a explorar la posibilidad de tener más agencias en Montevideo y en el interior; en principio vamos a llamar a expresiones de interés de privados para una agencia en Punta Carretas y otra agencia en Rocha, y en ambos casos escucharemos si hay interés en otras zonas.
—Por la pandemia, ¿qué baja en las ventas proyecta el banco y qué impacto prevé en la morosidad?
—En morosidad no hay grandes problemas. Se están buscando soluciones para los que tienen problemas más graves: a los transportistas escolares, a los agentes de turismo más chicos, etcétera.
Va a haber caída de la facturación, obviamente; para poner un solo ejemplo, en la medida que hay 200.000 personas en “seguro de paro”, hay 200.000 seguros de accidentes menos. Y sí, la venta baja, va a ser complicado para todos. Pero la siniestralidad, en estos meses que bajó la circulación de vehículos, también va a bajar.