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    “Yo no vengo con 50 personas a las que les debo favores y tengo que colocar”, dice Sartori, que sube en las encuestas

    Hay imágenes que son poderosas. En la Patria Gaucha, terreno siempre fértil para políticos en campaña, hubo varias. Una de ellas fue la de Juan Sartori a caballo. La sonrisa ancha, el jopo inalterable, los saludos al aire, desfilando como si lo hubiera hecho toda la vida, como si Tacuarembó le perteneciera, mientras otros de los precandidatos blancos observaban la escena desde un palco. Así se ha movido Sartori desde que aterrizó en Uruguay y en la política hace solo tres meses. Se adueña del show, se desplaza con comodidad dentro de las tradiciones típicas o la liturgia blanca ante las miradas serias y desconfiadas de sus compañeros de partido.

    Mientras crece en las encuestas, el millonario empresario dice que quiere terminar con la política de antes pero lanzó su campaña en un Palacio Peñarol con muchas personas a las que acarreó desde distintos lugares del interior del país.

    Promete que va a generar 100.000 puestos de trabajo y bajar los impuestos pero no ofrece demasiadas pistas de cómo hacerlo. Asegura que se va a rodear de los mejores técnicos pero todavía no da nombres. También se defiende de los que lo cuestionan por su billetera. “Todos tenemos las mismas reglas de juego. Capaz que la única diferencia es que yo no estoy en un cargo público, recaudando en la noche, no sé de quién, con qué compromisos, para financiar mi campaña”. Lo que sigue es un resumen de su entrevista con Búsqueda.

    —Usted tiene su propio call center para medir su intención de voto. ¿Qué números le dan sus encuestas?

    —Me dan todos alrededor del 20%. Y creciendo todas las semanas. Tratamos de hacer encuestas todas las semanas, que no son las más profesionales, las más exactas, pero es para tener una idea de la tendencia, de lo que está pasando. Y hoy en día nos da que venimos creciendo tranquilamente.

    —Una de las preguntas que hacen sus encuestadores en sus llamadas es: “¿Sabe que Sartori es reconocido como uno de los empresarios uruguayos más exitosos en el exterior?”. ¿Usted se considera así?

    —No sé qué preguntas hacen, ni de qué manera. Mi vida empresarial fue gran parte en el exterior…

    —¿Pero usted cree que el común de la gente lo reconoce como un empresario exitoso en el exterior?

    —Hay que preguntarle a la gente, es difícil definirse a uno mismo. Lo que es seguro es que yo he tenido hitos empresariales en el exterior que pocos uruguayos han tenido. Poder cotizar empresas en bolsas en Nueva York. Quizás en lo empresarial sea como jugar en primera división en el mundo, es algo que tuve la suerte de poder hacer con algunas de mis empresas. Poder hacer negocios en Europa también, que es algo muy regulado, que es una competencia importante y en donde me fue bien.

    Juan Sartori

    —Desde afuera la imagen que se ve de su campaña es la de alguien que está descubriendo a Uruguay, sus tradiciones, sus símbolos, su folclore. ¿Con qué país que no conocía se encontró en estos meses de gira?

    —Por supuesto que hay cantidad de situaciones que no vivo todos los días. Encontrarme con que Uruguay todavía tiene situaciones de pobreza extrema, lugares que por lejanía no tiene saneamiento, ni acceso a servicios públicos, me resultó difícil de entender. Encontré que en el país hay una cantidad de cosas que no funcionan como deberían, que en muchos aspectos ese crecimiento, ese desarrollo que hubo, no le llegó a la gente. El tema ese del empleo, que para mí es fundamental, es lo que encontré en todos los rincones del país. No solo los que perdieron el empleo sino los que tienen miedo de perderlo.

    —En su acto de lanzamiento en el Palacio Peñarol prometió generar 100.000 puestos de trabajo. Fue una propuesta concreta. ¿Cómo planea hacerlo?

    —Son 100.000 puestos de trabajo en un período de gobierno. Si lo hacemos antes o generamos más, mejor. Pero es importante ponerle un número y que es lo que queremos lograr, porque no hay duda que en “Juan escucha” surgió que es la preocupación principal.

    —¿Por qué ese número, por qué 100.000?

    —Es un cálculo económico. Hemos perdido 50.000 empleos en los últimos años. Para empezar hay que revertir esa tendencia. El país está recibiendo inmigración por primera vez y tenemos gente que se ha ido a trabajar a otros lados. No está desempleada en Uruguay, está trabajando en otros lados pero le gustaría volver, trabajar acá. Tenemos que generar una cantidad de puestos de trabajo suficientes para que el desempleo baje, para quienes se fueron, para los inmigrantes. Y que eso permita crecer la economía. Primero hay que revertir lo que está pasando, porque estoy seguro que en los próximos seis meses se van a seguir perdiendo puestos de trabajo. ¿Y eso por qué es así? Demasiados impuestos, demasiada burocracia y una falta de atraer inversiones a un país que sea confiable para ellas. Esas tres barreras hay que derribarlas. Bajar costos, bajar el combustible, que es el séptimo más caro del mundo, no tiene nada que ver con el precio del petróleo. Es una ineficiencia interna. Y eso hace que muchos productores agrícolas se vayan a trabajar a otro lado, a Paraguay por ejemplo. Hay que bajar esos costos, que son fruto de ineficiencias, para que las empresas vuelvan a invertir y desarrollarse acá. No hay una empresa que no esté achicando. Esa es una realidad que debemos enfrentar. Y después hay que volver a reposicionar a Uruguay en el mundo con las tendencias globales que están funcionando. Hoy Uruguay tiene todo para ser un centro de atracción para nuevas tecnologías, para investigación médica. Tenemos uruguayos que ganan premios internacionales todos los días. Y no tenemos marcos jurídicos interesantes. No tenemos una política real que funcione para ir a buscar inversiones como teníamos antes.

    —Eso en la teoría está bárbaro, ¿pero cree realmente que se puede generar 100.000 empleos bajando esas “tres barreras”? ¿Está convencido o es una promesa de campaña?

    —Todas mis promesas de campaña son cosas que pienso, sé, y puedo lograrlas. No hago promesas.

    —¿Bajar los impuestos también? ¿Hay espacio para bajar impuestos?

    —Pero por supuesto que hay espacio para bajar los impuestos. Nunca recaudamos tanto. Nunca. Y sin embargo nunca tuvimos tanto déficit fiscal y nunca se gastó tanto. ¿Y quién en el Uruguay me dijo que está satisfecho con el nivel de servicios del Estado? Nadie. Si hacíamos antes, con mucho a menos recaudación, servicios que funcionaban, ¿cuál es el problema hoy? La mala administración, el clientelismo político. No soy de los que piensan que hay que achicar para que las cosas funcionen porque esto no es una empresa.

    —¿Y entonces cómo va a bajar los impuestos?

    —Los impuestos se bajan, se retoma la actividad y se recauda más. Pero esto funciona en todos los lugares del mundo. ¿O por qué los lugares con los impuestos más bajos son los que funcionan mejor en el mundo entero? Mirá dónde están Suiza, Singapur, Luxemburgo. ¿Qué ha hecho Estados Unidos en los últimos tres años? Un plan de baja de impuestos que provoca una cantidad de empleos en muy corto plazo. Al que yo no entiendo es al que dice: “Como estoy gastando mucho y tengo déficit fiscal, subo los impuestos” y entonces se mata la actividad. Es al revés.

    Juan Sartori

    —¿Qué impuestos concretos piensa bajar?

    —Hay que retomar la actividad. Entonces los impuestos que hoy hacen que la gente pierda demasiada plata son los primeros que hay que cambiar para generar empleo. También hay que mirar el objetivo social. Para mi los jubilados están en una situación insostenible. No podemos tener gente que aportó toda la vida, que creyó en un sistema y que no llegue a fin de mes. Yo creo que el IASS es un impuesto injusto, que hay que bajar. Hay que empezar por atender eso. Y después está la situación de decir cómo crecemos la economía para que dé para todo eso. No es: bajo los impuestos, entonces recorto esto y lo otro. Es ver cómo crece la economía para que se paguen más impuestos, que sean justos, y que permitan que algunas injusticias se cambien.

    —¿Todas estas cosas las analiza con asesores económicos? ¿Le dicen que son realizables? Todo suena a algo que está en el aire y se puede complicar al bajarlo a tierra.

    —Con todo respeto: las cosas están estudiadas por todos los premios Nobel del planeta. No vamos a encontrar acá un genio que va a reintentar un sistema fiscal que solo aplique al Uruguay. Los que estamos aplicando son cosas que están absolutamente probadas en el mundo entero. No creo que haga falta tener 25 genios que digan cómo hacer todo de vuelta. Hay que aplicar lo que funciona en el mundo con soluciones pragmáticas. Los países a los que le va bien hacen esto. Y no transitan por los caminos del Frente Amplio, que a otra velocidad ha tenido consecuencias desastrosas en los países donde se implementó.

    —Más allá de propuestas concretas, a los candidatos se les empieza a exigir que muestren equipo, con quién se podría rodear en un hipotético gabinete, por ejemplo. ¿Eso lo tiene pensado?

    —Lo que pasa es que yo hago las cosas de manera diferente. Yo no vengo con 50 personas a las que les debo favores y tengo que colocar. Vengo a tratar de presentar una nueva manera de hacer política. En mi partido el 30 de junio termina la interna, y seguramente todos los candidatos quieran ser parte de esa nueva oferta del Partido Nacional. El equipo va a ser el mismo. Lo importante es ver de qué manera, quién va a estar liderando. A mí lo que me importa es obtener resultados. Si estamos hablando de ministerios, voy a tener la gente más capaz para ejecutar cierto plan, sean de donde sean.

    —¿Pero no piensa en alguien concreto, en alguien de su confianza?

    —Es que yo no pienso así. Primero es importante la aprobación de la gente. Y después, técnicos y gente capacitada sobran en el Uruguay.

    —Que se quieran meter en política no sé si tantos.

    —Estoy viendo mucha más gente de lo que se piensa. Justamente porque estamos haciendo las cosas diferentes. No quieren entrar a la política de antes. Capaz que vamos a terminar justamente con ese mal filtro en el cual las personas capaces no tienen ganas de hacer política. Capaz que volvemos a entusiasmar a mucha gente.

    —Igual en el acto del Palacio Peñarol hubo un aroma a política de antes: gente a la que se le pagó el ómnibus desde el interior, por ejemplo. Tiene algunos vicios de la política de antes, ¿no?

    —No. El tema es hacia dónde vamos y qué política queremos hacer. Si me dicen mañana para llenar el Palacio Peñarol, a quienes quieran venir, y estamos organizando todo para que la gente pueda hacerlo, por supuesto. Es ejecutar algo de manera exitosa. Tampoco hay que caer en el tema de decir: hay que acabar con todo y todo se hace mal. Lo que es la política de siempre, respecto a esto, es que hago un acto, en el lugar más grande que se ha hecho hasta ahora en esta interna, se llena de gente entusiasmada, que viene y se moviliza por una campaña que empezó hace tres meses y que todos decían que era imposible. ¿Y en qué se enfocan algunos políticos y algunos periodistas? En criticar la manera en que alguien vino o alguien aprovechó para visitar Montevideo. Entonces lo que hay que cambiar es esa política: la del día después, cuando algo sale bien, encontrar la manera de criticarlo.

    —Pasa que todo queda muy atado a su billetera. A que todo lo que hace es porque lo pagó: desde los que lo van a votar hasta los dirigentes.

    —Ando por las calles y veo una cantidad de carteles que cuestan muy caros y yo no tengo ni uno. Cada uno tiene su estrategia de comunicación e invierte en lo importante. Y todos tenemos las mismas reglas de juego. Capaz que la única diferencia es que no estoy en un cargo público, recaudando en la noche, no sé de quién, con qué compromisos, para financiar mi campaña. Del otro lado dirán que es malo. Yo digo que es bueno tener esa libertad de no comprometer mis ideas por una recaudación que a veces no es la más transparente.

    —¿Cómo pesan las estructuras en una interna que no es obligatoria?

    —La mejor estructura es el convencimiento de la gente. No tengo ningún problema en no tener estructuras. Creo que si uno hace una buena campaña y genera entusiasmo, la gente va a tener las ganas de movilizarse el día de la elección. Tengo mucha más confianza en el ciudadano informado que la que tiene otra gente en la política. El mundo cambió, hoy ya no existe ese caudillo que viene y maneja la información y le dice a la gente qué votar.

     

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