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    A 80 años de su creación, autoridades del INAU plantean discutir algunas de sus funciones y profundizar el trabajo socioeducativo

    “¿Te acordás de lo que hiciste ayer? ¿Sabés quién es este señor? Trabaja en el INAU y mirá que te va a llevar”. Javier Salsamendi, el presidente del Instituto del Niño y Adolescente del Uruguay, cada tanto es parte de conversaciones entre padre e hijo cuando visita a algún conocido. “Todavía somos el cuco”, dice sonriendo mientras relata las bromas que hacen sus amigos.

    El INAU, agrega, todavía tiene una imagen que cambiar y debe volver a discutir algunas de las tareas que hoy realiza, como seguir cuidando a mayores de 18 años discapacitados que están en el organismo desde niños o hacerse cargo de menores de edad con problemas psiquiátricos que deberían ser parte del sistema de salud.

    Varias veces en el centro de la polémica por la demora en las adopciones o la forma en que trata a los adolescentes que cometieron delitos, el INAU festejará mañana viernes sus 80 años de vida y arrastra todavía la imagen de ser el lugar al que van los niños con problemas disciplinarios y los pobres.

    El organismo que hoy se conoce como INAU fue creado en 1934, a partir de la aprobación del Código del Niño. El primer nombre de la institución fue Consejo del Niño, título que mantuvo hasta 1988, cuando pasó a denominarse Instituto Nacional del Menor (Iname). Pero la aprobación de un nuevo Código de la Niñez y Adolescencia llevó a que cambiara otra vez de nombre en 2004.

    Cuando en 1934 se sancionó el Código del Niño, se comenzó a entender que el niño tiene “derechos inherentes a su condición”, según explica la asistente social Socorro García al analizar la historia del INAU. Esta creación respondió a la necesidad de “centralizar los esfuerzos realizados” en distintos organismos.

    En esa primera etapa, el Consejo tenía ocho divisiones: una prenatal, primera infancia (0 a 3 años), segunda infancia (4 a 12), adolescencia y trabajo (de 13 a 21 años), higiene, jurídica, educación y servicio social. A fines de los 60 se comienzan a modificar las estructuras del organismo, lo que es interrumpido por una nueva dictadura. En 1988 pasa a ser un servicio descentralizado y en la segunda mitad de los 90 se analizan más cambios debido a la nueva “realidad social, económica y cultural”, que trajo como consecuencia la “aparición de familias, niños y jóvenes en situación de alto riesgo social”, escribió García en un trabajo publicado en la web del INAU.

    Hoy esa institución tiene a cargo a casi 80.000 niños y adolescentes atendidos por 5.000 funcionarios, a los que se suman otras 7.500 personas que forman parte de organizaciones sociales que tienen convenios con el INAU. Maneja un presupuesto anual que ronda los U$S 350 millones.

    “Salvo la Defensa Nacional, el INAU hace de todo”, dijo Salsamendi a Búsqueda. Atiende a niños en centros y clubes donde reciben alimentación, educación y realizan actividades recreativas, a los que han sufrido maltrato y abuso, hay centros para adolescentes que cometieron delitos, otorga permisos de trabajo para menores de 18 años, controla las adopciones y debe vigilar lo que sucede en bailes, que no vendan alcohol a los jóvenes y observar que los medios de comunicación no violen el horario de protección al menor. Todo se hace en dependencias del organismo o por medio de acuerdos con organizaciones sociales.

    Según los últimos datos del INAU que forman parte de la Rendición de Cuentas, el 64% de los menores de edad que son atendidos tienen entre 0 y 5 años. El 18% tiene entre 6 y 12 años, el 15% son adolescentes entre 13 y 17 años y el 3% son jóvenes con 18 y más años.

    “Es un monstruo de muchas cabezas y se le siguen agregando funciones”, afirmó Salsamendi.

    Una de las “grandes discusiones” sin concluir, evaluó Salsamendi, es el “diseño de la estructura en materia de infancia”. El Código de la Niñez y Adolescencia establece que el “rol rector” sobre temas de la infancia es del INAU pero en los hechos no lo cumple, recordó el titular del organismo. Un ejemplo es la educación, que está a cargo de la ANEP.

    Cambios.

    Salsamendi y el director Jorge Ferrando explicaron que uno de los desafíos para el futuro es ir a un “sistema nacional de educación”. “La ANEP sería el principal actor de este sistema y los demás deberíamos estar a su servicio”, dijo Salsamendi. Ferrando explicó que hay experiencias del INAU que se pueden complementar en las tareas de la educación formal. Por ejemplo, los clubes de niños, donde además de apoyo escolar se apuesta a la recreación, música y teatro. Hoy hay 160 clubes que atienden a unos 12.000 niños y la demanda por estas actividades crece, agregó.

    Otro desafío para el INAU es transformar el sistema de hogares y trabajar para eliminar la “discriminación” y la “estigmatización”. Los jerarcas destacaron que los deportes en los que compiten adolescentes del INAU con jóvenes de liceos y colegios sirvió para cambiar de a poco esa imagen. “Cuando lográs el acercamiento, la gente se conoce, las construcciones simbólicas caen”, dijo Salsamendi.

    Ferrando agregó que el “estigma INAU” abarca también a los funcionarios. “Cuando entramos había funcionarios a los que les daba vergüenza decir que eran del INAU. Todavía hay casos pero se busca cambiar eso”, afirmó.

    Sostuvo que otra área a cambiar es la atención a los mayores de 18 años con alguna discapacidad. “Cualquier persona que empieza con protección del INAU y que luego es mayor de edad sigue en nuestro sistema porque no tiene autonomía”, dijo. Hacerse cargo de estas personas “limita” el ingreso de niños porque se sigue “financiando un montón de adultos”. Por eso Salsamendi dice que ese grupo debería ser atendido por un sistema de cuidados.

    Además, Ferrando dijo que hay una “demanda creciente” para la atención de niños autistas, “un área postergada porque hay otras urgencias, pero es una población a la que hay que darle una atención más fuerte”.

    Para los directores del INAU también es necesario dejar de estar a cargo de los menores de edad con problemas psiquiátricos, que deben ser atendidos en clínicas especializadas. Al año se gastan unos U$S 19 millones para atender esta situación. Esto debería ser parte del Sistema Nacional de Salud, dijo Salsamendi.

    Nuevos roles.

    Ferrando indicó que el objetivo es que el INAU se pueda especializar en lo socioeducativo y en el acompañamiento de niños y adolescentes, además de continuar la atención a tiempo completo de niños que llegan al organismo producto de situaciones de violencia y abandono.

    En cuanto a las adopciones, Ferrando dijo que se han agilizado. El año pasado hubo 113 casos contra 82 de 2012. “Hay gente que dice que el INAU demora mucho, pero hay cosas que dependen de la Justicia. Además, hay más gente para adoptar que niños en esa situación”, afirmó.

    En lo que queda del año, el INAU apunta a continuar con la expansión de la atención en primera infancia a través de los CAIF, Centro de Atención en Primera Infancia y programas de acogimiento familiar.

    Otra idea en la que comenzaron a trabajar es “investigar, sistematizar y compartir” lo relacionado con las “transformaciones que han sufrido las familias, la crianza de los niños y adolescentes”. Al organismo le interesa debatir el rol de los padres, familiares y cuidadores.

    También se proponen mejorar la inserción educativa y laboral de los adolescentes trabajando con sindicatos, organizaciones sociales y empresas públicas y privadas.

    Información Nacional
    2014-08-07T00:00:00

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