Otra novedad es que “empezaron las conversaciones, incluso con estudios de prefactibilidad, de consorciarse o asociarse (algunas industrias), básicamente para generar escala y no ser rehenes de un monoproducto”, contó Vago, que es productor agropecuario de Colonia Valdense.
Afirmó que “sería importante que hubiera otra Conaprole, que se armen consorcios y que otras multinacionales que hoy están en Uruguay inviertan acá”.
El Inale es una organización jurídica de derecho público no estatal que fue creada por ley en 2007.
Lo que sigue es un resumen de la entrevista.
—¿Cuáles son los principales puntos del plan de desarrollo lechero?
—Entre junio de 2021 y julio de 2022 una comisión de desarrollo lechero del Inale, con la colaboración de profesionales como el vicepresidente del Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria, Walter Baethgen, y el economista Carlos Stegneri, entre otros, trabajó en la elaboración de un plan estratégico de la cadena de valor láctea.
Se puso como plazo 15 años, pensando en tres períodos de gobierno, que brinde reglas claras y cierta previsibilidad.
Los diferentes eslabones del sector participaron, como también lo hacen en el Consejo Directivo del Inale, donde también están los representantes de los ministerios de Ganadería (MGAP), de Industria, de Relaciones Exteriores y de Economía. Además, participó el Ministerio de Ambiente, que no integra el Inale, pero cruza todos los eslabones.
Ese grupo priorizó algunos temas con debilidades o necesidades estructurales en cada uno de ellos.
Hoy estamos en un proceso de repriorización, porque hay ciertas cosas que ya se están haciendo, como la red tecnológica, está previsto crear un Fondo de Promoción de Tecnología Agropecuaria con el INIA y tenemos proyectos con las intendencias, la Oficina de Planeamiento y Presupuesto (OPP) y la Dirección de Desarrollo Rural del MGAP.
Al principio hablamos de un incremento de 50% de la leche en 15 años, y nos quedamos cortos. Ese fue el crecimiento que hubo en los últimos 120 años.
El promedio histórico es de 2,5% anual en el aumento de la producción de leche. En los últimos 40 años el crecimiento pasó a ser de 3,7% cada año. Y ahora está estabilizada la producción.
El objetivo definido es lograr un incremento de 3,5% anual, lo que significaría duplicar la producción de leche en 15 años.
Porque acá el problema, y por decirlo de alguna manera la madre de todas las borregas, es que falta leche. Eso es lo difícil de llevar adelante si no hay políticas concretas.
Somos conscientes de que falta leche, de que hay que desafiar ese crecimiento, y estamos trabajando sobre temas en agenda de cómo atacar eso para tener un impacto real.
El diagnóstico principal es que en Uruguay falta leche y la salida para el crecimiento es abrir más cuencas lecheras, aumentar la productividad, tener más vacas y más tierras para el sector. El Banco República ha dado créditos a 20 años de plazo para comprar campos.
Pero el acceso a la tierra es básico para incrementar la producción de leche, además de la incorporación de tecnología.
—¿Esos son los cuellos de botella para la lechería uruguaya?
—Hay un tercil de productores que están bien, otro tercil que está más o menos y un tercil que está rezagado. Eso sucede en todos los tamaños de tambos. Tecnologías hay y algunos las adoptan.
Estamos viendo algún otro instrumento más potente como para crear un mecanismo de acceso a la tierra, sobre todo de los productores jóvenes, con modalidades distintas, desde arrendar hasta que puedan comprar o asociarse con alguien que ponga la mitad (del dinero), como se hace en Nueva Zelanda.
—La idea de fideicomisos o fondos para darles tierra a los productores de leche ya se planteó hace varios años, es algo recurrente y nunca se concretó, salvo en algún plan de estabilidad del Instituto de Colonización. ¿Qué se plantea ahora para viabilizarlo?
—Las propuestas definidas en el plan estratégico son las de redimensionar las fracciones de Colonización, los acuerdos privados sharesmilkers o gestores y un fideicomiso de tierras para arrendar. El sharemilker es el dueño del establecimiento lechero que tiene un socio que aporta el 50% del capital y cogestiona el tambo, para luego dividir los ingresos entre ambos.
—¿Qué más considera clave de ese plan de desarrollo?
—Además de atender las industrias que están con problemas, de dar previsibilidad, de mantener las reglas durante cierto tiempo, más el tema ambiental y el de los jóvenes, el foco hoy es aumentar fuerte la producción de leche y la reconversión industrial.
Y abrir la puerta para que puedan venir otras empresas, multinacionales o no, al Uruguay. Hoy hay capacidad ociosa industrial para el volumen de leche que se produce. Así ocurre con algún emprendimiento industrial, que le falta leche y requiere de una cuenca que le provea esa materia prima.
En otro extremo, la empresa Estancias del Lago armó todo el circuito, tiene las vacas, la leche, la planta de leche en polvo y está funcionando bien.
Hay otro tema también que es el tipo de empresas que queremos. Que sean varias en competencia.
¿Qué tipo de tamberos? De todos los tamaños, y mantener el entramado de productores familiares porque es bueno para el país. Porque este plan arranca con declarar y asimilar que la cadena láctea es estratégica, ya que es la que más empleos genera, más derrama en las comunidades y la que más multiplica por cada dólar invertido.
Hay una cantidad de ventajas al ser dinamizadora de la economía uruguaya y generar divisas por las exportaciones.
Después todo esto es llevarlo al ámbito político y del gobierno para que las cosas salgan.
—Al igual que pasó con la política forestal del Estado, ¿está previsto elaborar un proyecto de ley que incluya incentivos fiscales para la lechería y medidas para la reconversión industrial?
—Se está trabajando. Hay una asimetría entre las industrias, las que hacen quesos y las que hacen leche en polvo.
Se está estudiando y pensando en esa reconversión industrial pero cualquier cosa que se pueda hacer para la reconversión puede ser alguna medida muy dura. Porque si no tenés leche y de repente tenés plata entonces tenés que cerrar alguna planta. Todo tiene que ir atado a un proyecto potente y fuerte que estamos tratando de cerrar lo más rápido posible para que haya una mayor producción de leche.
Ahí se puede pensar en dar alguna mano para que se reconvierta la industria y cierre alguna planta, lo que es un tema delicado, porque está el tema laboral y buscar seguros de paro. Pero estás apostando a un rápido incremento de la producción de leche para cuando se reconvierta. Sin leche no se resuelve nada.
—¿Y habrá incentivos fiscales?
—Eso se está discutiendo, porque está todo bastante complejo. Agarramos la pandemia (de Covid-19) y los impactos de la guerra en Ucrania en los precios (de los fertilizantes y de los granos).
El margen de recursos es acotado. Y capaz que no sea tan importante la cantidad de recursos sino la señal.
Algún beneficio fiscal, como hubo en la forestación, será más o menos, pero sí la señal de que hay que ir por ahí. Eso se puede hacer vía ley o con un plan estratégico de desarrollo a 15 años. Se está dando una señal clara para invertir, como se está invirtiendo de vuelta.
Algunas empresas, que elaboran un solo producto, se podrán consorciar con otras y habrá que comprar tiempo para que se reordenen.
—¿El Inale o el MGAP recomendaron a algunas empresas asociarse o formar alianzas?
—Eso ellas ya lo están haciendo. Empezaron las conversaciones, incluso con estudios de prefactibilidad, de consorciarse o asociarse básicamente para generar escala y no ser rehenes de un monoproducto. Más vale mover más leche que inmolarte con un solo producto que no tiene mercado. Esa es una de las alternativas.
El tamaño te da escala pero no te asegura el éxito. Lo que sí asegura el éxito es la gestión.
Sería importante que hubiera otra Conaprole, que se armen consorcios y que otras multinacionales que hoy están en Uruguay inviertan acá. Están trabajando como trabadas porque ven que no hay cuenca, que hay una cantidad de problemas.
En el sector industrial hay tres componentes: la visualización de consorciarse, las relaciones laborales que pesan y la posibilidad de que vengan multinacionales a competir con Conaprole en condiciones razonables.
No estamos pensando en el desarrollo de Conaprole sino en el de la lechería.
—¿Hay industrias en riesgo de quebrar?
—Sí, hay dos o tres (empresas lácteas) que están complicadas. Alguna ya no es pasible de crédito.
Está bien darles una mano a las que están complicadas para que se reconviertan. Hay un tema de gestión que es difícil.
De cualquier manera, eso tiene que ir acompañado de un proyecto fuerte de más leche porque, si no, es como darle una aspirina para una enfermedad más grave.
—¿Cómo se hace para producir más leche si cada vez hay menos productores?
—Por eso uno de los puntos prioritarios del plan estratégico es el de incorporar jóvenes y trabajar en el capital humano. Hay herramientas financieras con créditos de 15 años de plazo para el tambo joven.
Otro factor es que la producción lechera tiene gran adopción de tecnología por parte de la gente joven que está en los tambos.
Estamos buscando tierras que se puedan arrendar, mediante un fideicomiso, para el que quiera entrar a la lechería o el que quiera agrandar su producción.
China está tratando de incentivar la producción y el consumo de leche en niños y en ancianos, pero es insuficiente en su capacidad de abastecer a su población y además está haciendo un cambio en sus hábitos de consumo.
Y Uruguay tiene un potencial en ese mercado, con diferentes productos, así como en otros países asiáticos y árabes. Las exportaciones de lácteos van a unos 60 mercados que no debemos descuidar.
Por eso es importante en la inserción internacional que se mejoren los tratados comerciales existentes y generar nuevos acuerdos en otros mercados, como los caminos iniciados con China y con Turquía.
—Otro capítulo del plan estratégico del Inale es el ambiental…
—Se identificaron necesidades en la construcción de indicadores que sean aceptados internacionalmente, en el manejo de los efluentes en los tambos y las certificaciones correspondientes. Además, hay una sensibilización del tema ambiental, por lo que se está volcando información a productores y se está trabajando con el Ministerio de Ambiente en el tema de los beneficios fiscales y las mejoras en el financiamiento.
Es igualmente importante dar garantías de sostenibilidad ambiental, lo que puede canalizarse con los avances en la comisión de huella de carbono ganadero y en comunicar a la sociedad sobre la preocupación del sector lechero en el cuidado del medio ambiente.
Hay que adecuar tecnológicamente los sistemas de producción para cumplir con los compromisos ambientales asumidos por Uruguay.