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Se realizará en Uruguay el “primer concurso de humor en clave de Derechos Humanos: ¿Y si nos reímos de otra cosa?”, como indica el comunicado en imcanelones.gub.uy. Organizado por la Dirección Nacional de Promoción Sociocultural del Ministerio de Desarrollo Social (Mides) y el Vértice Social del gobierno de Canelones, “premiará propuestas escénicas que a través del humor nos den señales claras de que podemos reírnos sin discriminar por cuestiones de etnias, género, orientación sexual, o discapacidades —entre otras—, criterio que deberá ser respetado en todas las fases del concurso”.
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Los participantes deben tener más de 18 años y escribir un guion que no pase de los 30 minutos. “El jurado evaluará humor, adecuación al tema, creatividad y originalidad”. El primer premio consiste en 15 contrataciones para presentar el espectáculo en locales de Canelones. El monto total de los premios asciende a $ 90.000 y la inscripción cierra el 8 de agosto.
La Declaración de los DDHH establece como derecho humano fundamental la no discriminación por género, raza, etnia, orientación sexual u otra condición. En los últimos días algunos humoristas mostraron su desacuerdo con las limitaciones que imponen las bases, que fueron recogidas por el diario El País (viernes 22) y en programas televisivos como Desayunos Informales y Esta boca es mía, en Canal 12. En el programa matutino estuvo el músico y artista visual Santiago Tavella, integrante de El Cuarteto de Nos, y el humorista Marcel Keroglian. “En el humor siempre hay una víctima y si no queremos discriminar a nadie, no sé qué podemos hacer”, dijo Tavella, coautor de temas exitosos y revulsivos como El día que Artigas se emborrachó y El putón del barrio. Tavella fue pesimista en cuanto a los resultados que tendrá este concurso: “¿Qué se está reglamentando?: no creo que se llegue a un resultado que sea gracioso”.
Keroglian, proveniente del ambiente carnavalero y ex integrante de la murga Contrafarsa, tuvo una posición más moderada. “Nunca basé el humor que yo hago en eso”, dijo refiriéndose a los chistes discriminatorios. “El humor que se hace en Uruguay no pasa tanto por ese lado. Vas al carnaval y ya la gente misma filtra si vos te ponés muy facilista: no tenés el éxito que se supone con el chiste relajado o discriminatorio. Lo que más funciona hoy es la creatividad: hay muchas murgas jóvenes con propuestas nuevas, con más frescura, que tienen más éxito que los otros chistes”. Pero Keroglian sostuvo que la búsqueda de la no discriminación tiene que darse naturalmente. “¿De dónde sale el chiste? De la sociedad, de la observación de la realidad. No es cambiar el chiste: cambiá la sociedad para que cambie el chiste”, sostuvo. El cómico confesó que si bromean con su ascendencia armenia se siente “muy contento”.
“Acá no existe censura: no hay ninguna normativa. Tampoco hay una regulación, porque todo lo otro sigue existiendo. Lo único que se hace es abrir un concurso, en cientos de expresiones artísticas, que potencia otro perfil de hacer humor. Se está exagerando con este tema”, explicó a Búsqueda Federico Graña, director de Promoción Sociocultural del Mides. “Toca otras cosas y saltan ciertos valores establecidos que hay detrás. Cuestionaría también esto de que el humor es irreverente o políticamente incorrecto. Si yo convivo en una sociedad con valores machistas —los números prueban las diferencias vinculadas al género— y hago chistes machistas, yo no estoy ocupando el lugar de la irreverencia desde el punto de vista político, sino que soy totalmente funcional al sistema patriarcal, por ejemplo”. Graña planteó también la discusión sobre lo políticamente correcto e incorrecto. “A veces se habla de lo políticamente correcto desde el lenguaje pero no desde el contenido político real. El concurso apuesta a la irreverencia política porque trata de generar un humor que cuestione ciertas prácticas que generan desigualdades”.
Graña agregó que “no hay nada más políticamente incorrecto en el mundo en que vivimos que hacer un humor que no atente contra las desigualdades. ¿Cómo hacemos para modificarlas? La censura no es el camino: hay que promover que existan otras cosas”. El funcionario definió como “conservadoras” las reacciones que levantó el llamado. “Cuando uno propone una actividad mínima en un millón y hay gente que lo siente como un ataque, en realidad se está cuestionando un discurso mayoritario de la sociedad que tiene un discurso políticamente correcto, que dice aceptar ciertas cosas pero que cuando se propone modificarlas, dice que no”.
Reconoció además que no se puede partir desde “el autoritarismo ni de decirle a la gente qué es lo que hay que hacer, porque es un camino endeble y se cae”.
El intendente de Canelones, Yamandú Orsi, dijo a Búsqueda que esta es “una propuesta concreta que nos pareció interesante y obedece a reclamos de algunos colectivos vinculados a un área de DDHH. No implica que se censure al resto o que el propio intendente esté de acuerdo o en desacuerdo”. De hecho, la Intendencia canaria promueve concursos de murgas y humoristas. “Nosotros reivindicamos el humor uruguayo tradicional para que siga existiendo. En las obras que han venido al Teatro Politeama no se rechaza ni desestimula el humor tradicional, que consiste en reírnos de nosotros mismos”, sostuvo el jerarca.
“Es un desafío buscarle esta otra veta al humor. Creo que es muy difícil de lograr, pero se verá hasta dónde se llega”, dijo el intendente. “La verdad es que no me lo imagino, porque nací y me crié en una cultura donde el humor se basa en reírnos de determinadas cosas”. Orsi agregó que le gustan “las cosas que consume un uruguayo típico, normal, común y corriente. Me divierte escuchar a Cucuzú, que es uno de los que más ha salido a pegar. Me río y no hago un análisis sobre mi ética o qué tipo de humor me divierte. Aunque entiendo que hay gente a la que le puede molestar: lo respeto. Es muy simple: al que no le gusta, que no lo escuche”. Orsi agregó que le gustan las parodias de carnaval en las que hay “una recurrencia permanente a los colectivos humanos desde el punto de vista de su origen, como los judíos o gallegos. Contó que alguien le envió un mail que decía que el humor del clown podría funcionar en el concurso. “Es bueno que se dé esta discusión hoy y que pongamos sobre la mesa cuándo realmente faltamos el respeto y cuándo estamos riéndonos de nosotros mismos”, concluyó.
El intendente dijo también que el humorista argentino Yayo le resulta muy gracioso. “Yo reviento, yo me muero con ese hombre, que es algo... quedo con dolor de estómago, por favor. No puedo creer que a alguien no le guste. Ahí tenés: es lo más bizarro, y me río”. También dijo que se ríe con Landriscina, considerado un “humor sano”.
La comediante de stand up Laura Falero, que estuvo en la “cocina” del llamado, opinó que hubo una “confusión”. “Algunos medios, al leer la convocatoria, por ignorancia total de lo que es la experiencia de la risa y lo que significa el humor en el mundo, leyeron e interpretaron que no se puede hacer humor con nada. El humor políticamente correcto es el que se hace en la televisión, en los medios masivos, para toda la familia. No es lo que persigue este concurso. En las bases no aparece esa expresión”. Para Falero, se apunta a que el público se ría “desde otro punto de vista de las cosas que nos reímos siempre”.
“Podemos reírnos de absolutamente todo y ser responsables en cuanto al lugar en el que uno se para. Podemos reírnos del hombre que violenta a la mujer, de la homosexualidad. Hay muchas cosas relacionadas con los DDHH que son tabú y la idea es que la persona haga una investigación para ver cómo abordar el tema”, aclaró.