A esos efectos, ADP ya cuenta con oficinas en Dolores y Paysandú y estará inaugurando otras en Young y Ombúes de Lavalle.
Lo que sigue es un resumen de la entrevista realizada por Campo con José Santos, contador público, quien asumió como gerente general de ADP el 1° de marzo de este año.
—¿Las inversiones de ADP en ganadería responden a la coyuntura o a un redireccionamiento de fondo en el giro de la empresa?
—Lo vemos como algo transitorio, más de oportunismo. Ya teníamos ganado en lugares donde era fácil hacer algunos corrales en el sentido de que la inversión es baja, por lo que el costo de entrada y salida también es bajo. Mañana explota nuevamente el precio de la soja o los granos en general y la reconversión puede hacerse rápidamente. Estratégicamente, en este nuevo escenario, que no sabemos cuánto va a durar, ni en qué precio finalmente se va a acomodar especialmente la soja, nos metimos un poco más en ganadería. Fue rápido, porque ya teníamos algo de infraestructura y una persona con mucho conocimiento que ya la venía controlando.
—¿Cuánto ganado están manejando actualmente?
— Hoy tenemos casi 7.500 cabezas, de las cuales unas 5.000 están en los tres feedlots. Para el resto, entre lo que contamos también con ganado de cría, seguimos aprovechando los bajos de los campos.
—¿Eso implicó que disminuyeran el área dedicada a la agricultura?
—No; básicamente, lo que hicimos fue manejar en forma diferente el tema de las rotaciones. Nos animamos a hacer pasturas en algunos campos con posibilidades y que venían bien por la rotación y donde antes no hacíamos, porque obviamente tratábamos de hacer granos. Cuando vimos que el escenario empezó a cambiar, resolvimos pensar un poco más estratégicamente el negocio y vimos que hoy conviene más, salvo en soja, convertir el grano en carne que venderlo. Transformamos el trigo, que hoy tiene un precio muy bajo, en carne, y le suma más valor.
—¿Es decir que no se alteraron los planes agrícolas de la empresa?
—Se alteraron algunos proyectos. ADP había estado bastante estabilizada en área en los últimos dos años, período en el cual nos dedicamos a consolidar la que teníamos, haciendo un esfuerzo muy grande en optimizarla, en ponerle mucha tecnología, y no tuvimos un crecimiento. Pero habíamos decidido en el pasado mes de mayo empezar a crecer de forma más criteriosa, pensando en tener unas 10.000 o 12.000 ha más en los próximos tres a cuatro años, y eso lo paramos, entendiendo que en este escenario debería haber una readecuación en el precio de las rentas y seguramente más oportunidades.
Desde el punto de vista de producción, entonces, estamos dedicados a consolidar lo que tenemos y buscar sinergias con la ganadería en los lugares donde se puede. Hoy ya tenemos unos casi 3.000 animales más de lo que teníamos.
—¿Cuándo comenzaron y cómo fue el proceso de decisión?
—El proceso de decisión habrá durado unos 45 días, a partir de agosto, porque la caída de los granos se dio básicamente en julio. Una de las cosas interesantes que tiene ADP es que es una compañía con un modelo muy flexible. El hecho de arrendar campos y tercerizar todos los servicios permite eso.
Los encierros no los tuvimos antes por un tema de comida. Lo que hicimos fue, sobre todo la fibra, porque teníamos avena, la terminamos de picar hace un par de semanas, y enseguida fuimos armando los corrales y encerramos el ganado.
— ¿Consideran que ya alcanzaron el objetivo o podrían seguir invirtiendo en ganadería?
— Todo depende de cómo siga la evolución de los precios de los granos y de la carne. Lo que estamos viendo es que la carne está muy firme y que va a seguir sostenidamente. A diferencia de la soja, donde el stock que va a quedar en EEUU es muy grande, pasando de los 3 o 4 millones de toneladas habituales a 10 millones o más, con el stock ganadero en aquel país pasa lo contrario, estando históricamente muy bajo, manteniendo los precios de la carne muy firmes, por lo que todo indica que va a tener un tiempo con valores interesantes. Entonces, en esta combinación de precios de granos bajos y ganado con buen precio, en nuestros planes está la posibilidad de ampliar los tres corrales que ya tenemos y seguir creciendo en la producción de carne.
—¿Con los corrales apuntan solo a la cuota 481?
— Sí, apostamos todo a eso, que es la mejor ecuación, sin dudas. De hecho, antes de hacer los corrales, teníamos ya acuerdos con un frigorífico, que nos da la certeza de que encerramos el ganado y a los 120 días lo embarcamos.
Costos suben,
precios bajan
— ¿El hecho de trabajar 100 % con tierras arrendadas le resta rentabilidad al negocio agrícola?
— Diría que no. Por supuesto que es más favorable tener la tierra, porque además ha sido un negocio inmobiliario. Pero nosotros hemos hecho muchos números con los valores de hoy y cuando nos comparamos, sobre todo en los grupos Crea, el dueño del campo difícilmente pone la renta, que debe ponerla, entonces los números engañan un poco. Pero el modelo que tenemos nosotros, obviamente tiene una rentabilidad que se ha ido deteriorando porque los costos han subido permanentemente. Costos en alza y precios en baja. Lo más rígido que tenemos hoy, que es donde estamos enfocados en cambiarlo, son las rentas, que estaban adecuadas a un valor de la soja muy distinto a lo que es hoy. Seguramente tendremos que ir a una adaptación a la realidad de los precios actuales.
Tuvimos una pérdida de rentabilidad y tomamos este año como de transición, tratando de adaptar y contener los costos lo mejor posible, pero sí readecuar rentas, de forma que la rentabilidad vuelva a ser, en términos porcentuales, de niveles similares a los que tenía. Pero el negocio tiene un modelo muy interesante, con una rentabilidad bastante buena y con la posibilidad de salirse de un campo fácilmente.
—¿Los contratos de arrendamiento los realizan normalmente en kilos o en dólares?
— Tenemos un mix. Nosotros difícilmente hacemos contratos de más de dos años, lo que nos permite tener un horizonte de tiempo razonable para obtener rentabilidad en ese campo y la ventaja de poder salirse rápidamente. Básicamente, en promedio tenemos dos años, aunque hay de un año, de tres y en algún caso de cuatro años. Nosotros ya veníamos en un proceso de cambiar rentas fijas en dólares a kilos de soja. Y hoy estamos en básicamente un 70 % –30 %, lo que quiere decir que estamos bastante bien, porque el 70 % de los contratos se regularon en forma automática. En el resto estamos buscando renegociar esas rentas fijas en dólares.
— ¿En los campos arrendados por la empresa ubicados en departamentos fuera del corazón agrícola, como los que poseen en Cerro Largo o Tacuarembó, la rentabilidad se ha deteriorado más que en el resto?
— A medida que te alejas del litoral, obviamente las rentas son menores, pero los rindes también son menores, donde hay diferencias del litoral al noreste, del orden de los 1.000 kg por ha, que son muy importantes. Pero lo que hacemos fundamentalmente para poder tener un negocio rentable en esas zonas es acopiar el grano en nuestra propia planta y lo movemos fuera de zafra, con lo cual obtenemos una diferencia muy importante en los fletes, que tienen una incidencia muy grande en los costos. De esa forma hacemos que en el noreste también sea un negocio atractivo.
—¿Este año disminuirán el área en esas zonas?
— No, nosotros no. Estamos muy focalizados en Cerro Largo y de Melo hacia el norte, donde están las mejores tierras agrícolas del noreste. Concentramos bastante área en la zona de Caraguatá, donde tenemos nuestra planta, y donde hay tierras muy buenas.
Donde hay una reducción en general, incluso nosotros dejamos un área muy chica que teníamos, es entre Treinta y Tres y Río Branco y también hay una disminución en la zona Este como Rocha, donde va a caer significativamente.
— Además de las rentas y los fletes, ¿cómo inciden en su esquema de negocios los costos tributarios?
— Quiero ser bien honesto en este tema. ADP tiene 11 años desde que se fundó, es una empresa muy joven, y se han hecho muchas inversiones. Tenemos tres plantas, una flota propia de unos 20 camiones y varias inversiones significativas, las cuales tienen un beneficio fiscal importante. Mentiría si dijera que, al menos hasta el momento, el tema fiscal es relevante.
— ¿Los costos laborales?
— Ese es el problema que tenemos todas las empresas en las que su trabajo depende de mucha gente. Nosotros trabajamos con 150 personas y la mano de obra ha aumentado tremendamente en los últimos años. Este ha sido un impacto fuerte en lo que es la rentabilidad, sin dudas.
En producción, los costos más importantes para nosotros son los arrendamientos, luego las labores, donde la incidencia de los combustibles es fortísima, y en tercer lugar los fertilizantes. Son los tres componentes de más impacto.
— ¿Cuál es un rendimiento de equilibrio en soja para esa estructura de costos?
— Con los precios actuales, con un rendimiento promedio de 2.700 kg pagamos costos; obviamente era un poco menos con la soja a U$S 500.
— ¿Cuál ha sido el rendimiento promedio en ADP?
— Eso, 2.700 kg. Este año va a ser de empate. No es que lo tengamos asumido, sino que nuestro empeño y la gestión están puestos en buscar dónde tener mejores rindes y tratar de pasar el año lo mejor posible, pero si tenemos un empate, ya es bueno, teniendo en cuenta que la zafra de invierno, que estamos levantando ahora, dicho por los técnicos, es una de las peores de los último años, con bajos rindes, baja calidad, y bajos precios. Es un cóctel mortal.
— ¿Qué área de invierno hizo la empresa?
— Hicimos unas 15.000 ha de trigo, 3.000 de cebada y algo menos de 1.000 de canola. Tuvimos inviernos de 25.000 y 27.000 ha. Hicimos una reducción importante, pero en nuestros análisis y en el modelo nuestro de arrendamiento, el doble cultivo es fundamental, porque si se empata en el invierno, que es lo que ha pasado en los últimos años, se licua bastante la renta de la soja básicamente, y eso permite tener una mejor rentabilidad, ya que de lo contrario se le cargaría todo al cultivo de verano y se haría más pesado, donde los rindes deberían ser bastante más altos. Por eso ADP fue uno de los actores que hicieron un área de invierno importante.
— EEUU ya confirmó su “súper cosecha”. ¿Qué esperan de la sudamericana?
— Brasil ha tenido muchos problemas de siembra por un tema de clima, sobre todo en Mato Grosso, donde faltó el agua y sembraron tarde y debieron resembrar en muchos casos, lo que puede complicar los futuros rindes y el total de la cosecha en el país. No se sabe cuánto porque todavía se está cultivando, pero de todas formas, todo indica que a pesar de ese traspié, la cosecha sudamericana va a ser igual muy importante, lo cual está también incidiendo en que el precio de la soja siga en niveles todavía bajos, aunque ha tenido una recuperación. La expectativa de la cosecha es importante, porque a todos nos pasa lo mismo. El cambio de escenario nos agarró a todos con un invierno ya avanzado en el cual se había decidido sembrar poco por un tema de precios. Tanto en Argentina como acá hubo mucha área de invierno que no se plantó por un tema de clima, y el productor se enfrenta a una zafra de verano con un trigo o con una cobertura, y tiene que sembrar, porque tiene armada una estructura y porque además la soja es lo que ha defendido la rentabilidad en los últimos años. Por esto creo que la siembra de esta oleaginosa va a ser igualmente muy importante.
— ¿Y por el lado de la demanda?
— La demanda mundial ha estado muy activa. China en particular, pero también la de EEUU que está muy fuerte. De la cosecha exportable de EEUU se lleva vendido casi el 85 %. Lo que no se sabe es si esa demanda fue oportunista por los bajos precios o fue realmente una necesidad real y sostenible. Habrá que ver en el primer trimestre del año que viene cómo quedan los stocks de EEUU y eso va a influir mucho finalmente en el precio de la soja para la cosecha de Sudamérica.
Planes de suelos deberán flexibilizarse más
—¿Cómo se han manejado con los planes de uso y manejo de suelos?
— En ADP no tenemos dudas de que la conservación del suelo es clave y muy importante. Eso lo quiero dejar bien claro y, de hecho, antes de estos planes oficiales, nosotros nos preocupábamos mucho por las rotaciones, las terrazas, etc. El hecho es que se implementó algo interesante y creo que está bien que se regule porque es una estrategia de futuro debido a que hay productores que cuidan mucho el suelo, pero otros, sobre todo arrendatarios, usufructuaban tratando de sacar lo máximo, sin preocuparse de otra cosa. Entonces creo que es una buena iniciativa para poner de alguna manera un margen de maniobra. Pero lo que está pasando es que con los precios actuales se está haciendo bastante inviable mantener a rajatabla los planes. Tuvimos conversaciones con el MGAP y hemos cambiado algunas rotaciones, porque al final el tema económico es fundamental. Venimos perdiendo mucho dinero con el maíz, este año vamos a perder mucho con el trigo y el año que viene por el plan de uso deberíamos hacer un área de trigo muy grande, más que la de este año, y ahí vamos a tener que revisar a fondo, porque tampoco se trata de cumplir y fundirse. Somos los primeros en apoyar al Ministerio, tenemos la mejor intención, pero somos una empresa que no podemos quebrar por mantener los planes. Creo que es una discusión que se viene fuerte, sobre todo en este cambio de escenario. La soja, a otros valores, tapaba todo, resolvía todos los problemas, porque tampoco es la primera vez que nos va mal en el invierno. Hoy está todo muy finito. Nosotros redujimos muchísimo el área de maíz, a la mínima expresión, solo para cumplir con lo que no podías cambiar en el plan de uso de suelos. Pero con el maíz hace tres años que venimos perdiendo dinero, y tuvimos con el Ministerio algo de flexibilidad. Así como decimos que las rentas deben tener una negociación mucho más profunda, esto también tiene que tenerla, porque si no, va a quedar mucha gente por el camino. Por ahora, en el MGAP estamos teniendo buena recepción, buena relación y pensamos que vamos a encontrar salidas.