En los últimos meses, la agrupación mayoritaria de la Asociación de Bancarios del Uruguay (AEBU) tomó nota de dos hechos que recibió como “señales de alerta” que anuncian un problema: el teletrabajo avanza y el movimiento sindical no logra participar de la discusión. La señal más reciente la tuvieron la semana pasada, cuando se enteraron a través de Búsqueda de que el Ministerio de Trabajo está preparando un proyecto de ley sobre el tema, en diálogo con el Instituto Uruguay XXI, la Agencia Nacional de Investigación e Innovación y la Cámara Uruguaya de Tecnologías de la Información, pero sin consultar a los trabajadores, al menos hasta ahora.
Apenas un par de meses antes, los dirigentes de la lista 98 habían visto con preocupación cómo el sindicato había quedado por fuera de una experiencia concreta en el Banco de Seguros del Estado (BSE). El organismo desarrolló un plan piloto que abarcó a unos 30 funcionarios, con el asesoramiento de la consultora uruguaya CPA Ferrere y la empresa argentina Jobing, especializada en la aplicación de teletrabajo en organizaciones.
El sector financiero es uno de los más afectados por el impacto de las nuevas tecnologías, y AEBU, por definición de su asamblea nacional de delegados, tiene entre las prioridades de su agenda abordar el tema. A través del trabajo de una comisión técnica asesora, han generado en los últimos años insumos sobre el impacto del software, la inteligencia artificial y el big data, y también han organizado eventos de análisis y debate.
“Hay muchísimo diagnóstico, pero el futuro del trabajo ya se está implementando y para nosotros es vital sumarnos a esa discusión”, dijo a Búsqueda Roberto Umpiérrez, integrante del Consejo Central de AEBU por la lista 98.
Sobre el avance del proyecto de ley que impulsa el gobierno, el dirigente anunció que su agrupación promoverá que el Consejo Central del sindicato formule una solicitud al Ministerio de Trabajo para integrarse al proceso de diálogo. La lista 98 tiene la mayoría en ese órgano de dirección.
En cuanto a la experiencia piloto en el BSE, además de lamentar que el organismo no haya convocado al sindicato desde el principio, en tono más autocrítico Umpiérrez sostiene que quizás a AEBU le faltó propuesta. El episodio, entiende, dejó a la vista diferentes enfoques de cómo enfrentar el tema en la interna del sindicato.
En el Consejo del Sector Financiero Oficial (banca pública) la presidencia la tiene la agrupación Coordinación para el cambio. Varios de los integrantes de esa corriente están vinculados al Partido de los Trabajadores.
Según contó Umpiérrez, una vez terminado el plan piloto en el BSE, los dirigentes de la lista 98 plantearon en el consejo debatir sobre el teletrabajo para definir una posición al respecto y propuestas, pero los dirigentes de la Coordinación para el cambio prefirieron no hacerlo. Ese hecho, concluye, muestra cuáles son las dos posiciones: una propositiva y otra de reacción.
“El año que viene tenemos renovación del convenio colectivo. Imaginate que, a raíz de esta ley que están impulsando, digan que quieren incluir una cláusula de teletrabajo y nos pregunten cuál es la posición de AEBU. No nos podemos poner a discutir ahí, en el medio de la negociación, si el teletrabajo es bueno o malo, qué ejemplos buenos y malos hay, qué propuestas tenemos. Tenemos que adelantar todo ese trabajo para estar prontos”, argumentó.
Ganar-ganar.
El gerente general del BSE, Raúl Onetto, asegura que los resultados del plan piloto que implementaron dejaron “mucho entusiasmo” en la institución. Tuvieron ese efecto en las autoridades responsables de llevar la experiencia adelante, pero también —y principalmente— entre los trabajadores que formaron parte.
El programa comenzó en junio y terminó a mediados de diciembre. Durante ese período, los 30 trabajadores elegidos hicieron una experiencia de teletrabajo parcial: dos días a la semana trabajaron desde sus casas. El banco les dio una laptop e hizo inspecciones de las viviendas con técnicos prevencionistas. Los funcionarios integraban distintos sectores del banco y distintas cadenas de valor. Por ejemplo, había entre ellos trabajadores que desarrollaban tareas de capital humano, liquidación de sueldos, procesos contables y procesos del área de reclamos.
CPA Ferrere y Jobing diseñaron la experiencia e hicieron un seguimiento de su desarrollo con encuestas. Los trabajadores que participaron, según esas consultas, hicieron una valoración muy positiva. Determinados perfiles de funcionarios (estudiantes, padres y madres jóvenes, quienes están cerca de la jubilación y quienes tienen más de un trabajo) se manifestaron especialmente conformes con la posibilidad de trabajar desde sus casas.
En particular, destacaron que tenían un mejor rendimiento, que se ahorraban el tiempo y los costos de transporte, que se alimentaban mejor y que tenían más tiempo para ellos y sus familias.
“Es ganar-ganar para todos: para los trabajadores, para la empresa y, en última instancia, también para los clientes”, dice Onetto. El gerente general está terminando de preparar el informe final de la experiencia piloto, que en febrero será elevado al Directorio del banco, y se anima a adelantar que seguramente no terminará ahí y que se comenzará a incorporar gradualmente en algunas áreas.
Estar ahí
La lista 98 de AEBU tiene algunas definiciones claras acerca del teletrabajo. En primer lugar, que no se oponen a su aplicación, aunque saben incluso que les generará complicaciones sindicales: el teletrabajo genera atomización y eso, dificultades para organizar a los trabajadores.
Ponerse en contra de los avances tecnológicos, sostiene Umpiérrez, sería inútil, porque a la larga “los cambios pasan a todos por arriba”, y más aún cuando parecen dar un servicio más cómodo a los usuarios e incluso los trabajadores dicen que encuentran beneficios, como reflejan las encuestas del BSE.
Del mismo modo, tienen claro que hay varios aspectos a discutir y regular. Una de las referencias que tienen es un decreto argentino que regula el tema.
Un punto clave a determinar es qué sucede en casos de accidentes laborales. AEBU quiere además garantizar que no se trasladen a los trabajadores costos que hoy asumen las empresas. Si el trabajador precisa Internet debe pagarlo la empresa y también creen que deberá hacerse cargo de un prorrateo de la energía eléctrica.
Del mismo modo, pretenden que se mantengan algunas condiciones ya reglamentadas. En la actividad de los call center, por ejemplo, están definidas las características de los escritorios, y las sillas deben ser ergonómicas. Eso, entienden, se tiene que respetar también en los casos de teletrabajo.
Otra de las preocupaciones centrales de AEBU es que se generen mecanismos que permitan hacer un seguimiento del impacto que tiene el cambio en los hogares y en las familias.
“Los trabajadores no podemos estar ausentes de la discusión. No podemos quedar afuera. Queremos estar ahí desde el principio. No para trancar, ni para poner el palo en la rueda, sino para velar por los derechos de los trabajadores”, dice Umpiérrez.
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