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Sobre la medianoche del viernes 11, un hombre de 52 años llegó a la emergencia de un hospital público en un estado crítico. Sentía escalofríos, estaba deshidratado y temblaba. En la puerta de la sala de emergencias, la enfermera lo atendió y el médico de guardia lo estabilizó. Los estudios de sangre y orina mostraron que se había intoxicado por mezclar whisky con vodka y ron. Era alcohólico. Una vez que volvió a tener autocontrol, sintió vergüenza y pidió su celular para llamar a su hija. Ella no contestó. “Ya estoy cansada de vivir esto”, le había dicho varias veces. Por un momento, la vergüenza se transformó en un grito de ayuda para “parar”.
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Luego de que expresara su voluntad de mejorar, el equipo médico lo diagnosticó y consideró su internación en un centro de desintoxicación. Sin embargo, no había cupos. El paciente se fue con la orden para su casa y los médicos desearon que volviera a la consulta en dos semanas. Aguantó tres días sin probar una gota, pero después cayó “en la tentación del vasito de whisky”. Ya no volvió.
“Los fisurados, como se dice en la jerga, tienen un síndrome de abstinencia espantoso y si les das un pase para que los vean en un mes, marchaste. El paciente más grave te queda afuera porque estamos dando una respuesta mala”, dijo a Búsqueda Pablo Fielitz, director de Salud Mental y Poblaciones Vulnerables de la Administración de los Servicios de Salud del Estado (ASSE).
“A veces es difícil ubicar pacientes porque los centros están colmados. Los estabilizás, los desintoxicás, pero es como ponerle un parche al problema”, acotó el director del Hospital Pasteur, Federico Martiarena.
Según el director de Salud mental, el consumo de alcohol está más “naturalizado” que el de otras drogas. Así, mientras la adicción a la pasta base ocupa titulares y causa preocupación, el alcohol pasa más desapercibido pero impacta en un número mucho mayor de personas. El alcoholismo afecta hoy a entre 50.000 y 60.000 personas, una cifra que equivaldría a un Estadio Centenario repleto.
“La pasta base hace más ruido, pero en términos de desarrollo social el alcohol es mucho peor. Es un costo que se puede cambiar o, al menos, reducir con políticas de intervención temprana y oportuna. La pasta base afecta a unos pocos miles, lo que pasa es que se ve más por cómo actúa la persona”, agregó.
Para mejorar las políticas de rehabilitación, el nuevo Directorio de ASSE apuesta a “agilizar” la atención que hoy considera “lenta” e “insuficiente”. Pretende instalar al menos dos nuevos centros de desintoxicación de casos agudos —uno en Montevideo y otro en Maldonado—, aumentar los centros diurnos y “reperfilar” el Portal Amarillo, que se creó en 2006 para tratar casos de adicción en adolescentes y jóvenes. Allí llevan más de 10.000 pacientes atendidos.
El artículo 542 del proyecto de ley de Presupuesto que está en discusión en el Parlamento, indica que se prevé destinar $ 100 millones de pesos para formar equipos multidisciplinarios que traten pacientes internados y de forma ambulatoria.
Hasta ahora, las habitaciones en el Portal Amarillo reciben adolescentes menores de 18 años y mayores, y están divididas para hombres y mujeres. Dentro de sus equipos hay psiquiatras, psicólogos, toxicólogos y asistentes sociales, pero “no es suficiente”, indicó Fielitz. “Aunque no todas las personas usuarias problemáticas de sustancias requieren internación para desintoxicarse, el paciente más grave está quedando fuera de la asistencia de forma sistemática. Se necesitan más camas y cupos; se necesita mejor atención”, señaló.
Psiquiatras y médicos consultados por Búsqueda coincidieron en que el momento en que un adicto al alcohol, a la pasta base o a otras drogas llega a la sala de emergencia es una oportunidad “valiosa” y “quizás la única” para recuperarlo. “El pedido de ayuda dura poco. Necesitamos mejorar los mecanismos de acción. En muchos casos, las personas que terminan en la cárcel son consumidores, sobre todo, de pasta base”, dijo Fieltz.
Aun en los casos en que el paciente se desintoxica y decide no seguir con el tratamiento, agregó, “no es un dinero gastado en vano”. “Con esa desintoxicación evitás o que te rapiñen o que tengan un ataque suicida, porque es una población que se suicida más. Es la oportunidad de hacerle una pesquisa médica de hepatitis B, hepatitis C, VIH u otras patologías que de otra forma quedan sin diagnosticar”, explicó.
Mejor atención
El Directorio de ASSE no tiene números precisos sobre si aumentó el consumo en usuarios problemáticos de drogas en los meses de pandemia. Tras la aparición de los primeros casos de Covid-19, la atención disminuyó y hubo menos consultas, aunque la cifra subió en los últimos dos meses. “Pero no sabemos si necesariamente responde a un aumento en la prevalencia de consumo; a muchos ya los habíamos visto antes. No empezó ahora”, señaló Flietz.
El incremento que sí preocupa a las autoridades es el consumo de alcohol en adolescentes y de opiáceos en adultos. El director de Salud Mental aseguró a Búsqueda que hay un “notorio” aumento en mujeres y hombres que desarrollan adicciones; el fármaco más frecuente es el Tramadol. “No hay constancia” del consumo de heroína, añadió.
“En general, la relación con los opiáceos comienza por un posoperatorio o por la receta verde de un médico para una situación puntual. El problema aparece cuando la gente lo usa de forma abusiva; van a consultas con diferentes médicos, aparecen en la emergencia o, lamentablemente, lo consiguen en ferias”, advirtió el jerarca. El psiquiatra también aseguró que el proceso de desintoxicación en estos casos “es largo” y a veces requiere la hospitalización. “Es que si no, se siguen inyectando”, explicó.
Cada caso es distinto. Por esa razón, el Directorio de ASSE considera que los centros de desintoxicación deben cumplir con características distintas a la atención en las mutualistas o los seguros médicos. Es que en la atención privada, la mayoría de los pacientes no se internan porque “tienen respaldo y un mayor soporte”, señaló Fielitz. De hecho, los centros privados están pensados para internaciones de unos 30 días y en ASSE se sostiene el diseño de instituciones con capacidad para 90 días.
“El perfil es distinto. De alguna manera, tenés que recomponer la red de sostén de una persona que está en un contexto más vulnerable económica y socialmente”, dijo el director de Salud Mental. En muchos casos, se apuesta por el tratamiento ambulatorio y el seguimiento desde el hogar. “Pero hay pacientes más complejos y hay que seguirlos”.