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Ángel Urraburu (padre) asumió por tercera vez la presidencia de la Bolsa de Valores de Montevideo (BVM) en medio de una “crisis económica y política” y una competitividad “apretada” en su sector. Tiene en agenda lograr que la Distribuidora Uruguaya de Combustibles (Ducsa, una sociedad anónima de Ancap) emita acciones y sea el “buque insignia” de un proceso “revolucionario” para cambiar la mentalidad uruguaya “de proletario a empresario”. Espera también “unificar el mercado” con la Bolsa Electrónica de Valores y “revitalizar” la Comisión de Promoción del Mercado de Valores creada en 2009. Pero todo dependerá de una decisión política que hasta ahora, reconoce, no se ha tomado. A continuación un resumen de la entrevista con Búsqueda.
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—La crisis es económica y política. Se generaron déficits que se fueron acumulando y generaron mucha preocupación. Se intentó poner más aranceles a los corredores que están en un punto muy complicado, compitiendo con el exterior y otras instituciones que hacen lo mismo. Estamos muy apretados en competitividad. Eso desencadenó una crisis política importante. El mercado de capitales no se desarrolló nunca al nivel que hubiéramos esperado. A los corredores no les está siendo fácil cubrir sus gastos, que son cada vez mayores, fundamentalmente por las exigencias del Banco Central (BCU). En 2011 había 74 corredores y hoy hay 50, de los que 15 han renunciado. No es atractivo ser corredor.
—¿Cuál ha sido el impacto de las fusiones entre escritorios?
—Hay corredores que pagaban cuatro cuotas y ahora una; hay un detrimento de la recaudación. Vamos a estudiar cómo lo podemos acomodar. Ajustamos el presupuesto de gastos lo más posible. Para salir de una crisis son necesarios los mayores niveles de participación. Replantearnos los grandes gastos, que casi todos están en los agentes de custodia internacional. Hoy el déficit grande lo tendríamos balanceado. Pero los costos cada vez inciden más sobre los corredores de bolsa.
—En su gestión anterior hablaba que el gobierno debe promover el mercado. ¿Se logró?
—No. El objetivo más importante es volver a darle vida a la Comisión de Promoción, que impulsé personalmente y que se ha reunido poco y nada. Ese es el ámbito para hablar del desarrollo del mercado, el gran tema de la bolsa y del país.
—Otras directivas lo intentaron. ¿Cómo lo va a lograr usted?
—No sé si lo voy a lograr. En los seis años que estuve en la presidencia logré muy poco. Pero las cosas hay que impulsarlas igual. Ahora estamos frente a una coyuntura especialmente positiva por esa inquietud del gobierno porque los proyectos de participación público-privado no han tenido la implementación que se esperaba. Si no hay decisión política no hay desarrollo del mercado. Uruguay debe buscar los recursos donde están: en el exterior. Pero también tenemos que pedir que (el gobierno) emita un tramo local (de deuda), aunque sea más lento y pequeño.
—Se trabaja en facilitar el acceso para pequeñas y medianas empresas, algo apoyado por la directiva anterior. ¿Cómo lo ve?
—No conozco la iniciativa. La bolsa constituyó un fondo de inversión en gran medida a instancias de autoridades del BCU, siendo funcional con ellos. Y tuvo logros muy limitados: hoy es un dolor de cabeza. Es uno de los grandes temas que estamos analizando; la idea es mantenerlo por ahora.
—La bolsa se convirtió en sociedad anónima, incorporó directores independientes, un gerente general. ¿Se profesionalizó?
—No estoy en contra, y una de las primeras resoluciones se dio bajo mi (anterior) presidencia. Pero no significa que lo que había antes no era profesional. El problema es que el desarrollo del mercado depende de una decisión política e hicimos todos los esfuerzos pero no la logramos. Hay corredores, quizás la mayoría, que sienten que en el primer período como sociedad anónima la bolsa dejó de estar a su servicio.
Hay que tener corredores con mucha operativa, una situación saneada, una rentabilidad importante. No es el caso de los uruguayos.
—¿Es inconveniente promover el mercado para el Frente Amplio?
—No es un tema de un partido. No hay conciencia de la importancia del mercado. La experiencia del (parque eólico de UTE) Valentines fue un éxito. Me hizo sentir que las semillas que tiré por seis años no habían caído arriba de las piedras, que una estaba en tierra fértil. Es la medida más progresista de los últimos años. Progresista no es sinónimo de izquierda o derecha, sino de ir hacia adelante. Las empresas públicas deben tener accionistas individuales para dejar de ser de nadie y pasar a ser de todos.