• Cotizaciones
    jueves 11 de julio de 2024

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, tu plan tendrá un precio promocional:
    $ Al año*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, por los próximos tres meses tu plan tendrá un precio promocional:
    $ por 3 meses*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * A partir del cuarto mes por al mes. Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    Académicos dicen que los niños no son “víctimas preferentes” del narcotráfico, pese a más violencia

    Episodio mortal en El Pinar Norte disparó debate sobre consecuencias del combate al microtráfico

    Apenas un centímetro de diferencia hubiera hecho la historia muy diferente. Las balas que en la madrugada del 23 de febrero hirieron a los dos chicos de seis y ocho años en El Pinar Norte los atravesaron de forma tangencial. Entraron por el pecho y salieron por la axila. Quien disparó lo hizo a matar.

    “Están vivos de milagro. Si se hubieran movido estaban muertos”, dice a Búsqueda el director del Hospital Pereira Rossell Álvaro Galiana. Los niños, desde el punto de vista médico, están bien. Todo lo demás está mal.

    Los niños baleados, heridos o muertos parecen ser el último y conmovedor capítulo relacionado con el narcotráfico —el microtráfico, el menudeo— que impactó a la opinión pública en los últimos días. En ese episodio de El Pinar Norte fue asesinado un hombre de 22 años y su hijo de dos ( Búsqueda Nº 2.266). Fue fuera de una boca de venta de drogas. Otro chico, de cinco años, resultó ileso. Los cuatro habían sido llevados a ese lugar, esa noche, por dos adultos, el que acabó muerto y el conductor.

    Enseguida, un dato surgido desde el principal hospital pediátrico del país, ese que hablaba de 27 menores heridos por lesiones de proyectiles entre abril de 2022 y marzo de 2023, cuando antes eran casos excepcionales, hizo que Sinaloa no pareciera tan lejos.

    Desde la academia se señala que los episodios de violencia que afectan siempre al eslabón más débil del narcotráfico, sumados a una respuesta institucional basada ante todo en lo represivo, solo pueden generar más derramamiento de sangre. Si bien son cautelosos a la hora de pensar en los niños como un nuevo blanco, como han asegurado que ya ocurre distintos actores jurídicos y sociales, no descartan que esto se consolide en el futuro. “Para concluir algo así hay que poder analizar una serie de casos más larga”, afirma a Búsqueda el doctor en Ciencias Sociales Emiliano Rojido, especializado en violencia y criminalidad.

    Relación

    “¿El microtráfico es un tema criminal o social? Es de los dos, pero solo con persecución criminal no se resuelve. Si no tengo dispositivos de inclusión social, habitacional o educacional, solo voy a seguir metiendo personas presas”, dijo el exsecretario de la Junta Nacional de Drogas (JND) Diego Olivera en un conversatorio sobre drogas organizado por Convocatoria Seregnista el miércoles 28 de febrero en El Living. Agregó que “cuando los Estados tienen una política muy represiva contra el microtráfico lo que ocurre es que aumentan los vendedores, porque el distribuidor, sabiendo que (los responsables de las bocas) caen, precisa más”.

    Quien estuviera al frente de la JND en el último gobierno del Frente Amplio apeló a la analogía del criminólogo estadounidense Peter Reuter, quien describe al narcotráfico como un reloj de arena: es más visible y es más fácil de atacar en sus partes más anchas, la de los cultivadores y la de los vendedores al menudeo, casi invariablemente población vulnerable. En el medio, la parte más estrecha y más difícil de aprehender está integrada por los grandes actores de ese tinglado, quienes verdaderamente se llevan la parte del león.

    Olivera señaló que una política notoriamente basada en lo represivo agrava el problema, debido a las particularidades de un mercado que no funciona dentro de la legalidad. Esto incluye cuando los vendedores habituales caen presos la necesaria “contratación” de nuevos que los reemplacen, no siempre poseedores de la confianza de los distribuidores, el eslabón superior. En estas dinámicas, estos recién llegados pueden ser disciplinados a balazos en caso de deudas, pérdidas u otras transgresiones como pretender una tajada más grande. “Quiero plantear, sé que es complejo, los eventuales efectos contradictorios. Cuando nos preguntamos por qué hay tantos niños baleados, tantos muertos y tantos ajusticiamientos, ahí está parte del problema”, concluyó.

    En esta misma sintonía, el sociólogo Marcos Baudean, con una maestría en Políticas Públicas y experiencia en políticas de drogas, apunta a lo contradictorio de una acción aplaudida por la población en general, como el cierre de una boca, y los efectos que esto produce. Una boca complica la seguridad del barrio y distorsiona la vida cotidiana de los vecinos; pero lejos de ahuyentar a los consumidores, cuyo radio de movilidad suele ser bastante acotado, lo que se abre es un “mercado” en disputa entre allegados al vendedor caído —muchas veces era el responsable del sustento familiar— y posibles competidores.

    El cierre de bocas comenzó a realizarse como una punta de lanza de las políticas de seguridad en 2015, cuando Eduardo Bonomi era ministro del Interior, recuerda Baudean. Eso se ha profundizado. El 19 de enero, en su comparecencia ante la comisión permanente parlamentaria, el actual titular de esa cartera, Nicolás Martinelli, dijo que la Policía “desarticula más de 1.000 bocas por año”. El hecho de que estas vuelvan a abrir es una señal de lo difícil que es solucionar el problema, agrega el sociólogo.

    “El reclutamiento de nuevos vendedores es una realidad que pasa en todo el mundo. Los distribuidores contactan a gente que está dispuesta a arriesgar su vida. Es gente con todo tipo de vulnerabilidades, historias de violencia familiar, abandonos, abusos, problemas de salud mental. Pero no tienen por qué haber estado ‘socializados’ en códigos criminales, el ‘disciplinamiento’ es necesario y la herramienta que se usa para ello es la violencia”, dice Baudean a Búsqueda.

    Sin embargo, sobre la otra arista señalada por Olivera en el conversatorio, la que vincula esto con el aumento de los niños heridos de bala, Baudean señala que “si bien se puede hipotetizar que hay una relación”, convendría “ser cauteloso”.

    Cautela

    El tema se instaló en los últimos días, luego de ocurrido el episodio de El Pinar Norte. La fiscal que investiga el caso, Sandra Fleitas, dijo en rueda de prensa que la utilización de niños “es un modus operandi de los delincuentes” como forma de disminuir los controles de las autoridades. La directora de la ONG El Paso, Andrea Tuana, dijo a Canal 10 que hay personas que dejan niños como “garantía” en las bocas cuando no tienen plata para comprar drogas. Un artículo de El País del 1º de marzo decía, citando a fuentes de la investigación, que los cuatro niños habían sido llevados como “señuelos” para evitar a la Policía o como “escudos”.

    Rojido, uno de los autores de Diagnóstico sobre homicidios del Uruguay 2012-2022 y de Tipología de los homicidios en el Uruguay, de los cuales fue coordinador, también subraya la importancia de ser “cauteloso” ante un “fenómeno que no se comprende” y que indudablemente es un “motivo de preocupación”. Al momento, pese a los casos impactantes, los números no sitúan a los niños como población de riesgo para la violencia letal, puntualiza.

    De hecho, el tráfico de estupefacientes es un motivo de mucho menor peso del que se cree a la hora de contabilizar muertes violentas. Según el primero de esos estudios, de junio de 2023, entre 2012 y 2022 solo el 6,5% de los homicidios en el país estuvieron vinculados al tráfico de estupefacientes. El segundo, de enero de este año, basándose en una clasificación propia de las muertes, indicó que esta fue la causa del 11% de los asesinatos, considerando todos los casos de 2019.

    “Los niños no son una población de riesgo para la violencia letal. Hay noticias que hablan de un aumento de casos de niños heridos de bala en los hospitales, pero no conozco estudios académicos que habiliten eso. Hoy, que la cosa está terrible, hay uno o dos por mes. Y esos números generan un margen de error muy grande desde el punto de vista estadístico”, dice Rojido. Este académico ve con “mucha preocupación” la instalación de una lectura “un poco simplista” sobre una mayor violencia contra los menores por el narcotráfico. “Casos como este (el de El Pinar Norte) generan un pánico social. Y la literatura internacional nos sigue mostrando que los niños no son víctimas preferentes del crimen organizado”, enfatiza. Esta en cambio señala que la violencia doméstica, los accidentes domésticos (un niño jugando con un arma cargada que encontró en casa) o una bala perdida en una zona de violencia conflagrada (como el que mató a una adolescente de 14 años en Peñarol el 24 de diciembre) son motivos más frecuentes de estas heridas.

    Rojido no es el único fastidiado por las noticias. Galiana, director del Pereira Rossell, puntualiza que de los 27 niños ahí atendidos por “lesiones por proyectiles” (pone énfasis en las palabras) en ese período señalado la mitad se fue a su casa enseguida, ya que eran producto de “accidentes” con “chumberas” o similares. Los heridos con armas con potencialidad más letal fueron 14, lo que promedia “entre uno y dos casos” al mes.

    “¡No nos transformamos en un cuartel, no tenemos el registro de balazos como prioridad! ¡No es que hacen cola los niños baleados! ¡En estos casos hay un manejo político, se usa periodísticamente para vender y todo el mundo se sube al carro!”, se queja.

    Sin embargo, señala que es una situación que se ha hecho cada vez más frecuente desde hace “10 o 15 años” y que las víctimas pasaron de ser niños pequeños en episodios intradomiciliarios a “adolescentes heridos en las calles” de su barrio.

    “Siempre hay una tendencia casi política a atribuir todos los problemas de violencia al narcotráfico y sus dinámicas, como si fuera una explicación complaciente para el sistema político y la sociedad uruguaya”, dice a Búsqueda la socióloga y criminóloga Clara Musto. En su ya citada comparecencia ante el Parlamento, el ministro Martinelli defendió el “enfoque dual” como estrategia para combatir la violencia, reprimiendo y abordando las causas de los delitos. Lo mismo repitió el presidente Luis Lacalle Pou en su comparecencia en los Desayunos Búsqueda del miércoles 6 de marzo.

    “Ya está muy documentada la poca eficiencia de una acción basada solo en la represión para disminuir el microtráfico; paradójicamente, cuando esta recrudece el mercado se desestabiliza y surgen nuevos actores”, concluye Musto.

    Links:

    “ En ese episodio de El Pinar Norte fue asesinado un hombre de 22 años y su hijo de dos”

    https://www.busqueda.com.uy/Secciones/Los-ataques-contra-ninos-fuerzan-cambios-en-la-accion-de-la-Policia-uc60229

    Información Nacional
    2024-03-06T23:26:00