Ante los altos índices de repetición y ausentismo y los bajos niveles de aprendizajes de sus casi 500 alumnos, las maestras de la Escuela Nº 308 del barrio Jardines de Manga concluyeron que su centro de estudios necesitaba “repensarse” con planes educativos flexibles. Así, el plantel docente de la escuela, que integra el Programa Aprender, dedicado a trabajar en los contextos más pobres, buscó la forma de mejorar los resultados educativos de una población proveniente de los asentamientos aledaños (Los Sueños, Capra, Nuevo Capra), que en su mayoría acude a clases para recibir el servicio de la copa de leche y el almuerzo diario.
La respuesta que el cuerpo docente encontró para motivar y entusiasmar a esos niños fue cambiar la forma de enseñar y, sobre todo, de vincularse con sus pares y con la comunidad educativa. El camino elegido fue la llamada “didáctica multigrado”, una modalidad aplicada tradicionalmente en las escuelas rurales, sobre todo aquellas con menor cantidad de alumnos, que agrupa a los niños según “el momento de aprendizaje” en el que se encuentren y no por sus edades biológicas.
Tres años después de comenzar esa experiencia considerada “pionera” —por implementarse en una escuela urbana con casi medio millar de alumnos— los resultados fueron “impactantes”. Según contó a Búsqueda su maestra directora, Stella Maris Demestre, se registró una mejora en la asistencia, la promoción y el “clima escolar”, que se tornó más colaborativo. Demestre lideró el desafío junto a una veintena de docentes: cuatro de nivel inicial, 14 maestras de Primaria, un profesor de Educación Física, una profesora de Danza y una maestra secretaria, además de talleristas comunitarios.
La multigraduación en Uruguay empezó a ser estudiada “de forma explícita” en 2004, en el marco de instancias de formación continua de maestros rurales, explicó Santos. Aunque tampoco se trata de un fenómeno aislado para el mundo académico, sobre todo de Europa y de América Latina.
El Consejo de Educación Inicial y Primaria (CEIP) de la Administración Nacional de Educación Pública (ANEP) “apoya y promueve” este tipo de propuestas curriculares innovadoras, dijo a Búsqueda el consejero de Primaria, Pablo Caggiani. A través de los proyectos Podes, destinados a escuelas de contexto crítico, invierte fondos en esas iniciativas.
De hecho, la política educativa del CEIP busca “garantizar la igualdad de aprendizajes” y “proteger las trayectorias educativas”, dotando de mayor autonomía a las escuelas para adaptar sus proyectos educativos a las necesidades de cada niño, subrayó Caggiani.
Una propuesta multigrado en una escuela urbana —como el caso de la Nº 308— implica además permitir una autonomía “inédita en la historia de la escuela pública”, destacó. Para el consejero, “el modelo de la vieja escuela tiene ya 400 años” y debe adaptarse a las realidades del siglo XXI.
Propuestas innovadoras similares a la de la escuela de Jardines de Manga son aplicadas desde hace años en otros centros urbanos —como en la Escuela Nº 178, de Casavalle, o en la Nº 249, de Cruz de Carrasco—, pero es en el medio rural donde “hay muchísimo camino avanzado” en modalidades como las que distribuyen a sus alumnos en grupos multigrado. Así lo entienden educadores, autoridades y académicos que proponen ahora extender estas experiencias a otros contextos y niveles educativos.
“La didáctica multigrado puede establecer el puente de lo rural hacia otros escenarios, como el urbano, la educación de adultos, la especial, la de contextos de encierro, la enseñanza media y hasta la superior y universitaria”, aseguró a Búsqueda Limber Santos, maestro director del Departamento de Educación para el Medio Rural del CEIP.
El aula multigrado es “la situación donde alumnos de diferentes edades y grados o niveles educativos comparten experiencias didácticas”, aunque, según Santos, implica “mucho más” que compartir el aula como espacio educativo: “Este modelo puede ser la clave para transformar la educación toda en cuanto a los vínculos de enseñanza y aprendizaje”.
Aprender por contagio
Entre los 463 niños que asistieron en 2019 a la Escuela Nº 308 de Manga muchos eran extranjeros, en particular dominicanos, contó su directora, para señalar que en los talleres multigrado confluyeron en un mismo ámbito físico no solo niños de distintas edades y de etapas evolutivas, sino también de nacionalidades y culturas diversas.
En ese escenario, explicó Demestre, el maestro “está en soledad” ante salones de 30 alumnos con necesidades variadas. “Y es mentira que un maestro pueda planificar y elaborar 28 o 30 adaptaciones curriculares diferentes”, afirmó. De esa reflexión entre las maestras surgió la idea de trabajar en una dinámica multigrado con duplas y tríos docentes en talleres (el de Música fue el más concurrido), por ciclos (divididos de inicial a tercero y de cuarto a sexto) y cada 15 días.
La experiencia de campo muestra que al principio el alumno de menor edad suele mostrar “mayor dificultad adaptativa” a la propuesta multigrado, pero luego “se va familiarizando” con temas que retomará más adelante, y cuando llega a los niveles superiores muestra resultados auspiciosos y algunos “impactantes”.
La directora contó que esta modalidad multigrado “no elimina la graduación” sino que “rompe la linealidad de esa correspondencia” y respeta la correlación de contenidos propios del grado de cada alumno, siempre sujeta al programa oficial: “Si tenemos un alumno de cuarto año, hay una base conceptual que deriva de lo que aprendió o debió aprender en grados anteriores”.
Al estar el alumno en contacto directo con contenidos de niveles inferiores y superiores a su curso se produce un “aprendizaje por contagio”, aseguró Demestre, al referir a una idea trabajada por su colega español Antonio Bustos, experto en multigrado. Esta diversificación permite, por ejemplo, que un escolar destacado en matemáticas pueda ayudar a otro como “tutor” o “guía” para el aprendizaje mutuo.
La experiencia de campo muestra que al principio el alumno de menor edad suele mostrar “mayor dificultad adaptativa” a la propuesta multigrado, pero luego “se va familiarizando” con temas que retomará más adelante, y cuando llega a los niveles superiores muestra resultados auspiciosos y algunos “impactantes”.
Para la directora escolar, “es imprescindible romper la estructura de los formatos tradicionales graduados”, porque “el maestro está desbordado” y “las formas de hacer escuela tienen que ir, sí o sí, por otro lado”.
Desformatizar la enseñanza
Los maestros, y en particular los maestros rurales, mucho antes de que se hablara de multigrados, ya desarrollaban estas prácticas sobre todo en las escuelas “del interior del interior”, con escaso alumnado.
La multigraduación en Uruguay empezó a ser estudiada “de forma explícita” en 2004, en el marco de instancias de formación continua de maestros rurales, explicó Santos. Aunque tampoco se trata de un fenómeno aislado para el mundo académico, sobre todo de Europa y de América Latina.
En los últimos años se desarrollaron proyectos de investigación en aulas multigrado en Argentina, Brasil, España, México y Reino Unido, y se observaron elementos comunes en esos estudios: por un lado, la percepción de los docentes sobre su insuficiente formación inicial y continua para trabajar el multigrado y, aún así, la convicción sobre la posibilidad de adoptar estos formatos más allá de la escuela rural.
Los maestros, y en particular los maestros rurales, mucho antes de que se hablara de multigrados, ya desarrollaban estas prácticas sobre todo en las escuelas “del interior del interior”, con escaso alumnado.
Las investigaciones “evidencian el desconocimiento o sospechas respecto a la realidad multigrado, en general manifestadas por los decisores políticos”, apuntó Santos, también docente e investigador del Instituto de Educación de la Facultad de Humanidades de la Universidad de la República.
Convencido de que el sistema educativo uruguayo debe apuntar a “la desformatización de la enseñanza”, Santos planteó en diversas publicaciones y actividades “pensar en nuevas posibilidades que desarticulen los formatos hegemónicos”, al tiempo que alentó “una dinámica que no solo se ajuste a los cambios sino que suponga una permanente mirada a la experimentación y la innovación”.
Caggiani coincidió con estos planteos y auguró: “Dentro de 20 años la escuela se parecerá mucho más a un laboratorio o un espacio de aprendizaje y disfrute donde cada uno se relacionará con otros de diferentes edades, nacionalidades y condiciones, y la regla no escrita será la convivencia entre no iguales”.
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