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    Aislamiento por Covid “aceleró” el deterioro cognitivo en ancianos y afectó el desarrollo en niños; la recuperación será “lenta”

    Especialistas del grupo asesor de Presidencia advierten que observan un incremento en consultas por sobrepeso, déficit de atención, trastornos de sueño, una mayor adicción a la tecnología y un aumento de agresividad e irritabilidad en adultos mayores

    Hubo un consenso entre los académicos. Para que la población mundial entienda los datos científicos, la información vinculada a la pandemia por Covid-19 debía ser comunicada en términos coloquiales. Así, desde que se decretó en Uruguay la emergencia sanitaria, en marzo, los asesores del Grupo Asesor Científico Honorario de Presidencia (GACH) eligieron usar metáforas de fútbol y hablar en términos de “olas”. Según la médica internista Gabriela Ormaechea, que integra el equipo, la primera ola apareció con la detección de los casos y la segunda se vinculó al estudio de los efectos infecciosos. En ambos casos se propuso una serie de medidas —como el cierre de escuelas, consultas médicas y el “mínimo” contacto con la población de riesgo— que “ayudaron” a frenar el avance y proteger a los ancianos.

    Sin embargo, la tercera y cuarta ola en Uruguay mostró que aquellas medidas “no fueron gratuitas”. Según expertos del GACH, el distanciamiento, la baja atención médica y el “pánico” agravaron el deterioro físico, emocional y cognitivo en ancianos, y aumentó la brecha educativa en niños con trastornos adaptativos y de contextos críticos.

    “Las conductas positivas, como la intención de cuidar a los que tenían más posibilidades de contagio, trajo consecuencias negativas que uno no esperaba y no previó”, dijo Ormaechea a Búsqueda. “Han pasado cosas durísimas, como el viejito desahuciado que ha muerto solo en un residencial porque no podía ver a sus familiares. O adultos mayores sanos recluidos con retrasos adaptativos. Hay un degradé de situaciones complejas”, añadió. Esto también afecta a los menores, sobre todo a los más pequeños.

    “Los riesgos de que haya un retraso en un niño con una mayor carencia de estímulos en un hogar monoparental donde no se alimenta bien y no va al jardín son grandes. Hay casos, como en los niños autistas, que es necesaria la intervención temprana y ahora se ve relegada”, señaló el neuropediatra Gustavo González, que coordina el grupo de asistencia primaria del GACH.

    Las limitaciones en la educación no solo afectan a niños con enfermedades graves o problemas de atención. Según los pediatras, hay estudios sobre la población uruguaya que muestran que un niño en un contexto crítico tiene un rezago de un mes frente a quien vive en “condiciones óptimas”. “Si vos pensás en un año, es un retraso en el desarrollo intelectual y de sus habilidades importantes. Por eso, y aunque solo somos asesores, insistimos en la vuelta a clase. Los niños sufrían para proteger a los adultos”, agregó.

    Tanto en menores como en adultos mayores, es “imposible” hacer una caracterización sobre la población que sea “homogénea”, pero sí se observan patrones que atraviesan a los dos sectores, sostuvieron los expertos.

    Menores

    Los pediatras de la Sociedad Uruguaya de Pediatría (SUP) y el GACH coincidieron en que las condiciones ambientales influyen en el desarrollo cognitivo del niño, que el estímulo afectivo es “clave” y que las aulas y consultas virtuales no sustituyeron la presencialidad. Aunque las escuelas están habilitadas para recibir alumnos desde agosto, la necesidad de mantener la distancia de metro y medio entre los bancos obligó la división de estudiantes en subgrupos e hizo que, según estadísticas de Primaria, en setiembre fueran en promedio unos 12 días a clase.

    “Sobre todo en los más pequeños, es importante estimular el lenguaje, la parte lúdica, la escritura y la interpretación de situaciones. Pero no en todos los casos se contuvo a los niños y por eso las consecuencias son grandes. La situación nos preocupa y por eso insistimos en que vuelvan a clases”, señaló la infectóloga y epidemióloga pediátrica Mónica Pujadas, que integra el GACH.

    “Nosotros recomendamos la vuelta gradual, paulatina y no conocemos la realidad de todas las escuelas, pero sabemos que es clave. Muchos de ellos van a empezar a no desarrollar habilidades y capacidades cognitivas, y para los que ya tenían un problema de riesgo por un factor genético, la condición se agravó”, agregó González.

    A pesar de que estos efectos “se verán a futuro”, la presidenta de la SUP, Catalina Pinchak, señaló a Búsqueda que en estos meses hubo un incremento en consultas por sobrepeso, déficit de atención, trastornos de sueño y una mayor adicción a la tecnología. Se constató un aumento en la frustración, mayores problemas de convivencia y cambios en el humor. Por eso hubo una “fuerte insistencia” en que volvieran las consultas —que se hicieron durante meses por telemedicina— y que los niños, en especial los que tienen discapacidades de aprendizaje como la dislexia o trastornos de autismo, recuperaran sus rutinas.

    Los mayores

    Cuando el presidente Luis Lacalle Pou brindó sus primeras conferencias sobre la pandemia, hizo especial hincapié en la necesidad de cuidar a los “abuelitos” y a los más “desprotegidos”. Sin embargo, los expertos del GACH coinciden en que el distanciamiento en residenciales, la disminución de las visitas y el poco contacto con el exterior afectaron la salud mental y física de los ancianos.

    Según el presidente de la Sociedad Uruguaya de Gerontología y Geriatría (SUGG), Dardo Roldán, se puede hacer una división en tres sectores: los que viven en núcleos familiares, los que están solos, o los que están en residenciales.

    Los residenciales son un grupo desparejo de instituciones que varían sus condiciones de cuidado y atención. “Tenés ancianos que están en residenciales en diferentes condiciones y no todos están en las mejores, algunos están en enajenamiento y otros en hoteles cinco estrellas, otros están seguidos por personal capacitado y otros por idóneos”, señaló Ormaechea.

    “En las consultas hemos visto que los mayores inconvenientes pasan por la pérdida en el estado físico, el aumento en las caídas y fracturas”, indicó Roldán.

    En este sentido, en las personas que viven solas es “más difícil” detectar que están atravesando un problema o deterioro. “Es que los adultos mayores no muestran las mismas señales que los jóvenes; pueden estar deprimidos y no levantarse de la cama. Cuando tienen inclinaciones suicidas también son distintas”, agregó Ormaechea.

    Los especialistas concuerdan en que el impacto de las medidas adoptadas por la pandemia en estos sectores es “difícil de cuantificar” debido a que no hay estadísticas oficiales. Datos preliminares de una encuesta del Hospital de Clínicas sobre el impacto psicoemocional —en la que trabaja Ormaechea como profesora de la Facultad de Medicina— muestran que hay adultos mayores que no asisten a consulta. También confiesan que tienen miedo de salir a la calle y dicen haber sufrido mayores problemas de ansiedad y depresión relacionados con la incertidumbre de la pandemia, además del distanciamiento físico de sus familias.

    “El único anciano que la pasa bien es el que está demente, el que está con una severa patología psiquiátrica, porque está fuera de foco”, dijo la doctora a Búsqueda. “Los que tenían un deterioro cognitivo lento se pudieron incrementar; los que tenían uno moderado o severo también y la repercusión en la salud física y mental existe”, dijo González.

    Según Roldán, se ha observado un aumento de agresividad, fricciones e irritabilidad en casos de adultos mayores. “El mayor problema que tenemos a esta edad es que hay una pérdida de control que nos cuesta recuperar y puede que no logremos llegar a un mejor nivel que antes, pero sí volver ocupar el lugar que se perdió”. Una frase similar repiten los pediatras que esperan —o más bien “anhelan”— que, con la vuelta a las consultas médicas y el regreso a clases, se puedan recuperar los meses perdidos. “Es que los efectos se verán en el largo plazo”, advirtió González.

    Y Pujadas añadió: “La recuperación será lenta y puede llevar varios años”.

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