—Lo que uno ve es que hay una estrategia muy clara de la derecha de acá y de América Latina: es la búsqueda de polarización, de sembrar yo no diría odio, pero sí generar situaciones de polarización muy fuerte en la sociedad. Creemos que eso es un riesgo muy grande y que, por el contrario, debemos profundizar la democracia, la participación, la agenda de derechos, para que la gente se sienta cada vez más un sujeto del proceso de un país y no un objeto.
—¿La actitud que usted atribuye a la “derecha” uruguaya es coordinada con otras de América Latina?
—A nosotros nos vinculan a Ecuador, a Brasil, a Bolivia, a Venezuela, yo tengo derecho también a vincularlos a ellos. El Herrerismo acá ha mostrado admiración por Temer, por Macri, por las derechas de América Latina; la derecha en Uruguay está tomando un camino que apunta a eso. Lo contrario es promover la tolerancia, la profundización de la democracia, una defensa permanente a la libertad de expresión. Creo que ese tiene que ser el norte de la sociedad y no permitir que nos vayamos a ese proceso de polarización, de sembrar odio. El Frente Amplio tiene la responsabilidad de llevarlo adelante, porque hay que tener mucho cuidado de la antipolítica. Aparecen ahora algunos actores que se quieren hacer outsiders de la política, que no lo son porque tienen larga historia en política, pero su objetivo es el descrédito, la intolerancia, el cuestionamiento a la política y eso no es bueno para una sociedad. Esto no quiere decir que cuando hay errores en la política no haya que marcarlos, porque hay que promover la transparencia, el rechazo permanente a la corrupción que ha complicado muchos procesos en la región. Me preocupa que la derecha salga de esto e intente la polarización y el descrédito de la política.
—¿La polarización no fue la estrategia para que el Frente Amplio llegara al gobierno?
—La polarización política no está mal. Polarizar es muy fácil, lo difícil es cómo lográs el apoyo a tus ideas por parte del otro. Si se da una discusión fuerte, con tolerancia y en el marco de la democracia, eso es bueno. Cuando hablo del riesgo, me refiero a la polarización a través del agravio, de muchas veces hacer operaciones políticas intentando la descalificación y por fuera de la discusión de ideas.
—¿Parte de la estrategia de esa “derecha” fue la investigadora a Ancap?
—Cuando uno analiza todo lo que se hizo en Ancap, ve que fue en el marco de una política energética. En ese momento en Ancap estaba Daniel Martínez a la cabeza, se discutió un plan estratégico que tuvo el apoyo del gobierno y ese plan es el que se llevó adelante. La planta desulfurizadora, las inversiones en portland, los biocombustibles se hicieron por ese plan estratégico. No hubo una decisión por fuera de lo que aprobó el primer gobierno de Tabaré Vázquez.
Cuando uno define un plan estratégico, sabe que va a requerir recursos y ahí hay dos alternativas: se hace con recursos propios o se toma endeudamiento. Ancap en ese entonces no podía financiarlo —y el gobierno central menos—, por eso Ancap debió tomar endeudamientos. Que además fueron muy baratos porque, por ejemplo, el acuerdo petrolero en que se tomó deuda a 2% y a largo plazo fue beneficioso para hacer el plan. Todo esto se hizo a partir de la autorización del gobierno central.
En 2015 el gobierno decidió capitalizar Ancap. Lo podría haber hecho en el 2006, dándole los recursos para aplicar el plan, pero el gobierno de ese momento decidió que no. ¿Qué hizo el gobierno nacional en 2015? Lo que hizo fue compensar, en parte, lo que a Ancap le había costado en su momento cumplir compromisos como la bonificación a los estacioneros, los costos de distribución del combustible. Todo eso quedó muy claro en la comisión investigadora. Eso generó el déficit de U$S 800 millones; no se generó por las inversiones, se generó por el no reconocimiento de costos en el período 2011-2015, lo que fue reconocido por la propia oposición en la investigadora. Ese fue el proceso, en líneas generales, de lo que ocurrió en Ancap. Después están los elementos que ocurrieron en el medio: la fiesta en la refinería —que es de lo que más se habla— yo no la hubiera hecho, y Sendic tampoco sabía cuánto costaba porque no era el encargado de organizar fiestas de una inauguración de obra.
Lo otro a analizar es si esas inversiones son importantes. Sí, nosotros creemos que si no se hubiera hecho la desulfurizadora habría que cerrar la refinería de La Teja. ¿Costó? ¡Sí, U$S 400 millones! ¡Es la segunda inversión ambiental más importante de la historia del Uruguay! Ahora, había que hacerlo. Hoy hay cuatro plantas de biocombustibles de calidad en todo el país. ¿Las inversiones en portland? Estamos cansados de escuchar que el portland da pérdida. Sí, chocolate por la noticia. Si no se terminan las inversiones que hay que hacer en portland, va a seguir dando pérdida. ¿Se resuelve con los 40 jardineros o sacando a todos los funcionarios de Ancap? No, vos sacás a todos los funcionarios y no lo resolvés hasta que se hagan las inversiones.
—¿No hay que cerrarla?
—No, porque cuando ves lo que pasa en la región ves que no hay grandes cementeras. Uruguay tiene posibilidades de vender portland a la región, que además es de excelentísima calidad por las materias primas que tiene. Además, un país que tiene la necesidad de hacer mejoras en infraestructura vial va a necesitar portland. ¿Que hay que hacer una reestructura y tal vez haya más funcionarios de los que se necesitan? Bueno, esos temas habrá que analizarlos, pero en el marco de entender que es importante terminar esas inversiones. Obviamente, algunos no quieren que esto lo haga el Estado, porque históricamente no lo quisieron y prefieren que lo hagan privados. Si siguen machacando y diciendo que no se puede, que pierde plata, va a llegar un momento en que van a decir: “Cerremos”.
—¿Por qué se termina en la Justicia? ¿Es la estrategia de la oposición o hubo irregularidades?
—Yo les pregunto a ustedes que son periodistas, casi todas las investigadores terminan en la Justicia, ¿no? Leí todos los informes, hablé con abogados, no solo los que nos asesoran a nosotros, y no se encuentran ilícitos. El tema está en la Justicia y será ella la que salde, pero nosotros estamos muy tranquilos. Ha habido un proceso de estigmatización de las empresas públicas y es una estrategia política que utiliza la derecha, pero no explicitando su proyecto político, que es privatizar una parte importante de esos sectores.
—¿El ataque es solo de la derecha, como dice usted, o también ayudaron desde la interna del Frente Amplio?
—La derecha lo explicitó de forma permanente. En el Frente Amplio veo que tenemos matices en cuanto al rol, pero no hay un cuestionamiento a las empresas públicas. Algunos creemos que las empresas públicas juegan un rol muy importante en la economía, pero no solo son elementos para recaudar a partir de tarifas.
Cuando se inició el gobierno del Frente Amplio en el 2005 no había infraestructura energética de calidad, había 20 años de desinversión. En los primeros seis años de gobierno, Uruguay importó de Argentina y Brasil U$S 1.000 millones en compra de energía porque no teníamos capacidad para satisfacer el crecimiento que se tenía. Nadie recuerda eso. Se gastó eso porque no se hicieron las reformas necesarias.
—Usted hablaba de que se estigmatiza a las empresas públicas, pero lo que pasó hace poco con Alur y los “sobresueldos” que se pagaron a trabajadores, ¿no ayuda a que haya una visión negativa de algunas empresas estatales?
—Esto se hizo bajo las normas contables. Hay un auditor externo que no lo cuestionó, está registrado en el balance de toda la erogación y no hay una sola observación en los estados contables de Alur desde que se hizo esto. Además, fue discutido en las comisión investigadora, lo conocen los actuales directores de Alur y esto se manejaba dentro de la empresa como una donación. O sea, para nadie esto fue una novedad. Ahora sale el director blanco, el presidente de Alur, a decir que no sabían. No, no, sabían porque los gerentes en tiempo y forma informaron de todo esto.
¿Qué es lo que se hizo? Cuando llegamos a Bella Unión, los productores de la cooperativa Calnu fueron muy duros y agresivos en su rechazo a la llegada del Estado a desarrollar un plan de inversiones. Nuestros proveedores de caña son los productores, que son quienes tienen la relación laboral con los trabajadores, mientras que Alur nunca tuvo relación laboral con los trabajadores. Por lo tanto, cuando se ha querido plantear que Alur evadió aportes a sus trabajadores, eso es falso. Esos trabajadores no eran ni son funcionarios de Alur. Los trabajadores rurales, que son la mayor parte de la cadena productiva, eran los que estaban en la situación más compleja. Entonces hicimos un acuerdo con el sindicato, la UTAA, que no tiene relación de dependencia con Alur, le buscamos dar una vez al año una especie de plus. Estamos convencidos de lo que hicimos. Era una forma de incidir en una cuota parte, en favor de los más débiles de la cadena. Se registraba ese plus, y en la interna de Alur y Ancap se manejó como una donación, por eso se registra de la manera que se registra y por eso no recibió ninguna observación. Esto no estaba oculto. Acá hay que decir cómo se hizo, después puede estar la opinión de que fue una decisión política empresarial adecuada.
—¿Usted lo volvería a hacer?
—Lo volvería a hacer. En ese momento, lo volvería a hacer. No había alternativa para hacerlo a través de los productores, porque estábamos en una situación de conflicto en esos primeros años.
—Después de todo lo que ha pasado, la popularidad de Sendic quedó por el piso. En ese contexto, ¿hacia dónde va la 711?
—El otro día vi lo que dijo Lucía Topolansky en un medio: “A Sendic le tienen miedo”. Y uno llega a la conclusión de que sí. Llama la atención que todos los días se lo sigue atacando. Según los analistas, los resultados de las encuestas son malos, pero por otro lado, permanentemente se le sigue atacando. Raúl tiene como principal objetivo el trabajo en el Ejecutivo y en el Legislativo, y está focalizado en eso. Ya ha dicho que no tiene en la mira ser candidato en 2019, pero sí va a liderar la lista 711 al Senado. Después, respecto a lo que estamos haciendo, no es nada innovador, entendemos que hay que abrir el Espacio 711 que hasta ahora estaba monopolizado por la 711.
—¿Sendic no genera miedo a la interna del oficialismo también? ¿No hubo golpes desde adentro en su momento?
—En su momento lo planteamos. No tenemos interés en seguir hablando de eso porque lo hablamos en los ámbitos correspondientes. Estamos en una etapa en la que si tenemos diferencias hay que explicitarlas, en la que el proyecto colectivo está por encima de los proyectos individuales. Lo otro es un tema del pasado, ese tipo de enfrentamientos no ayuda al proyecto colectivo.
—El tema del título de Sendic fue algo que afectó su imagen y la del sector. ¿Cree que se manejó bien en esto?
—De todos los temas que hemos hablado, el único tema que es muy personal es ese, y yo lo único que voy a decir es que Raúl dio las explicaciones que tenía que dar.
—¿Cómo pueden levantar una figura golpeada como la de Sendic?
—Con trabajo en el territorio, con la gente. Nosotros tenemos como principal objetivo el apoyo al gobierno, a Vázquez, una actitud unitaria en el Frente Amplio y plantear temas que interesen a la ciudadanía.