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A medida que nos acercamos a fin de año es momento de pasar raya y mirar qué nos dejó el 2022. En un año que dejó mucha tela para cortar, en un espacio de dos columnas vamos a intentar sacar conclusiones acerca de lo sucedido y de aquello pendiente para el 2023.
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A nuestro parecer, el 2022 cierra con un saldo positivo. A pesar de que la inflación termina por encima del rango meta y la desaceleración en la segunda mitad del año es notoria, el balance punta a punta es mejor de lo previsto anteriormente y así lo muestran las proyecciones de crecimiento, empleo y déficit fiscal en diciembre de 2021 frente a lo realizado. De todas maneras, no todas las noticias son buenas y vemos algunos nubarrones en el horizonte. Sumado a esto, el gobierno se enfrenta a un 2023 con varios frentes abiertos, los cuales van a exigir de sobremanera el poder de consenso y negociación en un entorno en el cual los distintos actores van a querer posicionarse de cara a las elecciones de 2024.
A pesar de la previsible desaceleración en el tercer trimestre, el crecimiento del 2022 superaría el 5%, muy por encima del 3% esperado a fines del año pasado. Más allá de que gran parte de esto se haya debido a un escenario externo altamente favorable, hay que recordar que siempre gran parte de la actividad se debe a lo que sucede fuera y tanto para bien o para mal es difícil desacoplarse de esta situación.
Se mantuvieron las reglas de juego claras y estables en un contexto en el cual la presión por castigar a los sectores de mejor rendimiento fue alta. Tal vez el debe aquí se encuentre en que prácticamente no se encontraron nuevos destinos de relevancia para los productos nacionales. Los objetivos de firmar un TLC con China y de la adhesión al Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP) serían mojones sumamente importantes, pero los avances del acuerdo con China están demorando más de lo previsto y el proceso de aprobación de adhesión al TPP suele llevar varios años. Mientras tanto, se debería buscar mayores destinos para los productos de exportación.
Si miramos el mercado laboral, el nivel de empleo medido por personas cotizantes en el BPS continuó con su crecimiento durante el 2022, aunque al igual que la actividad mostró una desaceleración clara en la segunda mitad del año. El desempleo en noviembre fue de 7,8%, con un promedio anual de 7,9%. De mantenerse estos niveles, el promedio de la tasa de desempleo sería la más baja desde 2016. Como contrapartida, tanto la tasa de actividad como la de empleo se mantienen por debajo de los niveles prepandemia, lo cual es algo que se debería apuntar a mejorar en el corto plazo. La tasa de actividad en noviembre cerró en 62,4%, levemente por encima del 61,8% promedio de 2021 y por debajo del 63,5% promedio de la última década.
El desafío para 2023 y 2024 va a estar en que los consumidores recuperen el poder adquisitivo perdido durante 2020 y 2021. Si tomamos los datos a octubre, los salarios medidos en términos reales crecieron 0,73% en los últimos 12 meses, pero se mantienen 5,4% por debajo del máximo de enero 2020. El acuerdo alcanzado durante la pandemia de priorizar el nivel de empleo sobre sueldos funcionó, pero ya es algo que quedó en el pasado.
En el próximo año los sindicatos van a exigir una fuerte recuperación de los salarios y, a pesar de que esto choque de frente contra el objetivo de llevar la inflación al rango meta, llegar al 2024 con una caída del poder adquisitivo sería algo muy difícil de sostener y justificar con el crecimiento de los últimos años y rendimiento de la industria exportadora. Tanto la actividad económica como el empleo cierran el año con características similares: un primer semestre de crecimiento, impulsado en gran parte por la continuación de la reapertura tras la pandemia, y una desaceleración en la segunda mitad del año. También coinciden en que, de no darse una mejora en la competitividad o shocks externos favorables, va a ser difícil que en 2023 veamos una mejora apreciable.
La inflación mostró señales de mejora, pero el camino por recorrer es aún largo, al igual que con la desdolarización, para la cual se empezaron a dar los primeros pasos. Las reformas de la educación y de la seguridad social, el planteo de una rebaja impositiva y el objetivo de un TLC con China con el enfrentamiento que esto provoca en el Mercosur son los principales frentes abiertos para 2023. En estos temas nos vamos a centrar en nuestra próxima columna.