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Con la medición actualizada que hace la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), la pobreza en Uruguay era de 3,5% en 2016, la más baja en la región. Pero no se distingue tanto de Argentina, Brasil y Paraguay si se consideran pobres a los que subsisten con menos de US$ 1,9 diarios, el criterio que usa el Banco Mundial. Para el Instituto Nacional de Estadística (INE), los uruguayos cuyos ingresos no les alcanzan para cubrir las necesidades alimentarias y no alimentarias básicas eran 7,9% de la población en su último cálculo correspondiente a 2017.
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Pero la metodología que emplea el instituto oficial se encuentra bajo revisión, a la vez que trabaja en la actualización de otra de las estadísticas sensibles que genera, como el Índice de Precios del Consumo (IPC).
La directora de la oficina gubernamental, Laura Nalbarte, informó que trabajan para rever algunas mediciones porque están desactualizados, en una entrevista publicada el fin de semana por El Observador en la que defendió el trabajo del INE ante cuestionamientos a la validez de ciertas estadísticas efectuados —otra vez— en enero por el movimiento Un Solo Uruguay.
La base de la actualización de la medición de la pobreza y de la inflación —además de otros indicadores asociados— será la nueva Encuesta de Gastos e Ingresos de los Hogares, que está en etapa de análisis de los miles de datos que intervienen, de varias bases.
Para diseñar la futura medición de la pobreza por el método del ingreso, el instituto discute con expertos del ámbito académico y otros organismos públicos acerca de qué líneas se necesitan y cómo se construirán.
La canasta básica alimentaria y no alimentaria a partir de la cual se fijan las líneas de pobreza e indigencia que calcula actualmente el INE por el método del ingreso toma datos “de 2005, 2006, y eso está viejo. Ya se hizo una nueva edición (de dicha encuesta), y eso implica cambiar la canasta”, explicó la jerarca. Con eso se construye también la “canasta que va en formación para el IPC”, para reflejar cambios en los consumos, agregó. Se trabaja para concretar el cambio de base del índice en 2020, informó el INE ante una consulta de Búsqueda.
Para diseñar la futura medición de la pobreza por el método del ingreso, el instituto discute con expertos del ámbito académico y otros organismos públicos acerca de qué líneas se necesitan y cómo se construirán. Nalbarte aseguró que el INE se propone empezar a informar una medición de la pobreza desde una perspectiva multidimensional, y ya no solo si el ingreso de la persona o los hogares es suficiente para solventar gastos mínimos determinados por las líneas de pobreza e indigencia.
Como aporte a ese debate, dos consultores de la oficina en Montevideo de la Cepal —Martín Brun y Maira Colacce— elaboraron un documento con alternativas metodológicas para medir la pobreza en Uruguay, que en algunos casos arrojan resultados distintos a la medición oficial actual. Además, muestran, en general, que los niños y adolescentes presentan niveles de pobreza mayores que los adultos.
Consultoría
Para los consultores, otra cuestión a discutir es si se debe seguir computando el Fondo Nacional de Salud (Fonasa) como parte de los ingresos; si se lo excluye, la pobreza aumentaría en promedio, y en especial entre los menores de 18 años (en 7,4 puntos porcentuales) debido principalmente a la extensión que tuvo la cobertura a los hijos menores de los trabajadores. Del mismo modo, dejar de lado las canastas y comidas en comedores se traduce en un menor ingreso disponible en los hogares y, por lo tanto, hace subir la pobreza.
El tratamiento del valor locativo también requeriría de un mayor estudio, aunque su efecto no es tan fuerte como el de Fonasa según las estimaciones hechas en la consultoría. Sus autores sostienen que construir líneas separadas para los hogares propietarios y no propietarios de la vivienda en que habitan es una opción atractiva.
Paralelamente, sugieren discutir la opción de cálculo de líneas separadas para Montevideo e interior. En primer lugar, ven necesario estudiar los patrones de gastos y precios por departamento y región para evaluar sus similitudes y diferencias. En ese sentido, debería analizarse si las diferencias que se recogen actualmente en las líneas de pobreza por región están afectadas por la disponibilidad de bienes de consumo no alimentario en cada región y por la provisión estatal de algunos bienes y servicios. En caso de que las líneas se construyan de forma separada, debería evaluarse la posibilidad de que provengan de un mismo estrato de referencia a escala nacional, para evitar problemas de concordancia entre las regiones, alegan.
Para los consultores, otra cuestión a discutir es si se debe seguir computando el Fondo Nacional de Salud (Fonasa) como parte de los ingresos; si se lo excluye, la pobreza aumentaría en promedio, y en especial entre los menores de 18 años debido principalmente a la extensión que tuvo la cobertura a los hijos menores de los trabajadores.
Adicionalmente, entienden que “sería de gran interés evaluar con detalle la incorporación de escalas de equivalencia en el ingreso. Tanto las relacionadas con la composición como las que dependen del tamaño del hogar tienen efectos importantes en los resultados de la pobreza por edades (en niveles y en evoluciones relativas). En este punto, es importante evaluar no solo los efectos cuantitativos del uso de diferentes escalas, sino también su pertinencia en términos conceptuales”, afirman en el documento, fechado este año.
Sería una innovación metodológica para Uruguay. La práctica actual es la de dividir el ingreso entre todos los miembros del hogar, obteniendo un dato per cápita. La incorporación de escalas de equivalencia permitiría comparar hogares con diferente tamaño y características demográficas, así como las diferentes “economías de escala” según su cantidad de miembros.
En los ejercicios realizados por los consultores la pobreza en los menores de edad fue más baja que la registrada por el INE, al tiempo que se ubicó continuamente por encima de las cifras oficiales en edades superiores a los 50. De todos modos, en todas las especificaciones analizadas los niños y adolescentes son más pobres que los adultos, y estos más pobres que los adultos mayores. En suma, los efectos de la introducción de las escalas de equivalencia no modifican sustancialmente la incidencia de la pobreza en términos agregados pero suavizan las diferencias entre grupos etarios observadas con las mediciones por persona.
Pobreza relativa
Además de esas mediciones alternativas de la pobreza absoluta, el estudio evaluó las implicancias de estimarla con una línea “explícitamente relativa”. Un enfoque de ese tipo es utilizado porque a medida que las sociedades mejoran sus estándares de vida, la inmensa mayoría de las personas logran satisfacer las necesidades mínimas para la subsistencia, lo que implica la erradicación de la pobreza en términos absolutos. Sin embargo, se argumenta que esto no significa que los recursos con los que cuentan sean suficientes para participar adecuadamente de la vida en sociedad. Bajo esta perspectiva, la mayoría de los países europeos miden la pobreza de forma relativa, estableciendo la línea como una proporción constante de la media o mediana de ingresos, generalmente entre 40% y 60%.
Calculada como el 50% de la mediana de ingresos para cada año, la pobreza relativa en Uruguay difiere respecto a la estimación del INE tanto en el nivel como en su evolución. En particular, dicha línea “incorpora de forma más marcada la contracción de ingresos de principios del siglo XXI, así como también su posterior incremento”, explican los consultores. Por ejemplo, la pobreza relativa estimada en base a la línea equivalente al 50% de la mediana varía entre 21% en 2006 y 15,5% en 2014, frente a una pobreza absoluta estimada por el instituto estadístico oficial en 39,9% en 2004 y 9,8% en 2016.