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    Almagro, Palestina e Israel (I)

    Sr. Director:

    San Almagro en Tierra Santa. En la culminación de su gira por el Cercano Oriente, el canciller Luis Almagro visitó durante dos días las ciudades palestinas de Ramallah y Belén, ubicadas en la Autonomía Palestina (AP), embrión del futuro estado que surgirá cuando culminen las negociaciones con Israel. Más allá del reconocimiento diplomático y la designación de un embajador —Nelson Chabén— brindada por el actual gobierno, Palestina no es un estado sino una región con diversos grados de autonomía —áreas A, B y C— dentro de Cisjordania y Gaza.

    Acordar fronteras definitivas con Israel —que gobierna un 40% de Cisjordania— constituye el principal obstáculo para la paz entre ambos pueblos. Justamente por esta realidad, para llegar a Ramallah desde Amán, al cruzar el puente Allenby —sobre el río Jordán— el ministro fue recibido por funcionarios israelíes, que le brindaron un automóvil y lo condujeron hasta la zona A, en la cual los palestinos poseen el pleno control.

    Almagro se reunió con el presidente Abu Mazen, el canciller Al Malki y otras autoridades. La página web del Ministerio de Relaciones Exteriores tituló el hecho como “Histórica visita a Palestina”. Más allá del autobombo de sus actividades, que el ministro realiza con esfuerzo digno de mejor causa, vale citar algunas de sus declaraciones durante la gira. Afirmó, según consigna la agencia EFE, que “la reconciliación palestina mejora las perspectivas de paz… el tema de la unidad había sido utilizado incluso como argumento contra la negociación política”. Asimismo explicó: “lo que se resuelva acá entre Palestina e Israel, que es crucial, resuelve prácticamente el 80% de los problemas de todo el Medio Oriente y del norte de África”. La “disconformidad del Islam con Occidente en muchos casos se debe a las violaciones de los derechos humanos que se sufren en este lugar… hemos recibido información muy importante para nuestro posicionamiento en foros internacionales”.

    Francamente, es difícil en tan pocas frases equivocarse tanto.

    El acuerdo palestino, entre el movimiento Al Fataj que gobierna en Ramallah y el grupo Hamás que controla Gaza, fue justamente el hecho que cortó el diálogo entre las partes. Y esto fue así porque Hamás, organización definida como terrorista por Canadá, Australia, Europa, Estados Unidos, Japón y otras naciones, es responsable del asesinato de civiles israelíes y de la ejecución de cientos de opositores palestinos. Organizaciones como Amnistía Internacional y Human Rights Watch han acusado a Hamás de cometer crímenes de guerra y contra la humanidad, así como de practicar secuestros, torturas y asesinatos.

    Su Carta Fundacional fija como objetivo el establecimiento de un estado teocrático islámico —sin cristianos ni judíos— en la Palestina histórica, lo cual incluye todo el territorio de Israel. Tras el acuerdo con Abu Mazen, el movimiento aclaró que no renunció a ninguno de sus objetivos ni a la acción violenta. Este es el grupo que Almagro considera facilitará el camino hacia la paz.

    Otra perla fruto de la sabiduría de nuestro canciller es que el 80% —nada menos— de los conflictos del Cercano Oriente y norte africano se solucionarían cuando se firme la paz entre Israel y Palestina. Quizás él posea alguna cualidad de la que uno carece para pronosticar que dicho acuerdo implicará el fin de la guerra civil siria —más de cien mil muertos—, del terrorismo en Irak, del hambre en Sudán y de la represión en las dictaduras árabes.

    Para culminar su sintética pero magistral clase de diplomacia y política internacional, refiriéndose al “enojo” árabe, Almagro afirmó que su origen son las “violaciones a los derechos humanos” que se producen en este lugar”. No nos engañemos, “este lugar” no es Irán con su récord mundial de ejecuciones —donde fue embajador—, ni Siria, ni Egipto con su dictadura militar, ni Gaza ni Arabia Saudita. El lugar al que se refiere es Israel, la única democracia de la zona. Un país donde los ciudadanos tienen derechos democráticos respetados, al grado de existir partidos árabes que se identifican con naciones enemigas y cuentan con legisladores en el Parlamento.

    Finalmente, tras algunas horas de reunión en Ramallah —y sin tener la elemental cortesía de visitar al canciller israelí en Jerusalén, a media hora de viaje— nuestro ministro tiene claro cómo votar en los foros internacionales. Seguramente ese “posicionamiento” del que habla continuará siendo el silencio respecto a Irán, la justificación de la represión venezolana, la abstención sobre la invasión rusa a Ucrania… y la condena a Israel.

    Con su gira y sus dichos, Luis Almagro afecta la relación con un país históricamente amigo, que es asimismo uno de los mayores importadores de productos uruguayos y que brinda becas de estudio a cientos de compatriotas. Estos hechos hieren el sentimiento de la mayoría de los uruguayos, que siempre han apoyado la legitimidad de Israel y su derecho a vivir en paz. Y también afecta los intereses nacionales.

    Luis Fabregat

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