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    Almas robadas en zoológicos franceses

    En algunos caso, los paseaban por ciudades, los exhibían en ferias y los mantenían encerrados en jaulas. En otros momentos, tal vez el más impresionante de este largo periplo desgarrador, los seres humanos fueron exhibidos en zoológicos, al lado de fieras o animales exóticos. Convivían, les construían hábitats, les armaban escenas para que entretuvieran al público. A fines del siglo XIX y principio del XX, esto pasó en Europa con indios latinoamericanos, en especial con un grupo de Tierra del Fuego y otro Mapuche. Una interesante muestra fotográfica recoge en el Museo de Arte Precolombino e Indígena la investigación de dos especialistas que trabajan sobre un material relevante para rescatar uno de los episodios más indignos de la historia de la humanidad. Se muestra allí un grupo importante de fotografías de gran tamaño, copias digitalizadas de estos seres humanos tratados como animales. Son imágenes contundentes, de enorme impacto, que empujan a cualquier espectador sensible a un viaje demoledor. La propuesta se llama, simplemente, “Zoológicos humanos”. Es que no hay mucho más para decir.

    Llama la atención la tierra en el piso, las paredes de ladrillo a la vista, como si hubiera una obra en construcción o un gran espacio en escombros. Ese lugar contradice claramente el entorno del museo, donde brillan los pisos y se imponen la escalera de mármol y las maderas cuidadas con patios y cuartos perfectamente acondicionados para exhibir el acervo del sitio. El MAPI ofrece piezas arqueológicas de diferentes épocas y culturas precolombinas. Y también curiosidades, como una reconstrucción de una especie de tatú gigante, cabezas enormes de animales prehistóricos o vasijas con forma humana de épocas remotas.

    La muestra de “Zoológicos humanos” es otra cosa. Hay que recorrerla con pasos lentos que pisan la tierra y el pedregullo como si el piso estuviera pensado para desestabilizar la caminata: todo allí es incómodo y, al mismo tiempo, cautivante, desde las luces tenues hasta el clima, la distancia y el recorrido construido para ver las fotos desde determinado lugar, detrás de un gran alambrado que ubica al espectador en el punto de mira del encierro. Una voz cuenta la historia de estas imágenes y del pasado doloroso que retratan. Es un holograma, otra curiosidad del montaje, una imagen suspendida en el espacio y proyectada sobre un acrílico en el medio de los escombros.

    En las fotografías de indios fueguinos y mapuches trasladados a París entre los años 1870 y 1930 hay múltiples rostros. Conjuntos en escenario construidos para recrear el ambiente y, en especial, individuos retratados en escenas familiares. Según cuentan el chileno Christian Báez y el inglés Peter Mason, las obras provienen de dos álbumes de fotografías del príncipe Roland Napoleón Bonaparte, antropólogo y sobrino nieto de Napoleón. Aquellos libros fueron ubicados en París, en la Biblioteca Nacional, donde se encuentran retratos de muchos grupos étnicos de diferentes partes del mundo, seres humanos secuestrados, la mayoría de las veces, y expuestos en ferias europeas junto a animales o en condiciones de cautiverio.

    Allí estaban los mapuches y fueguinos, un punto de partida para la investigación que establece varias líneas de encuentro entre lo científico y, en cierta forma, también lo artístico. Porque en esta exposición se impone la imagen desnuda, casi sin explicación o necesidad de ir más allá. La gente se enfrenta a rostros de niños con miradas perdidas, tristes, en brazos de sus madres a las que parece que alguien les robó el alma, madres que amamantan o simplemente abrazan a sus pequeños, cuerpos casi desnudos, hombres duros pero muertos en vida.

    El público se enfrenta a la terrible actitud del desposeído en el peor sentido del término, el que no tiene ni siquiera fuerzas o posibilidad ya de luchar por lo más preciado del ser humano: su espacio de libertad, su tierra, su lugar en el mundo. Parecen mirar todavía hoy con el vacío más poderoso de todos: el del desarraigo. Este proyecto logró repatriar en 2010 algunos de sus restos. Los enterraron en el sur, en su tierra, donde unos pocos indígenas todavía recuerdan las historias contadas por sus abuelos. Esas fotos, en ese lugar y en este tiempo, parecen querer desenterrarlos a todos. Y devolverles el alma.

    “Zoológicos humanos. Fotografías de fueguinos y mapuche”. En el MAPI (25 de Mayo 279). De lunes a viernes de 11.30 a 17.30 horas. Sábados de 10 a 16.