• Cotizaciones
    jueves 05 de febrero de 2026

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, tu plan tendrá un precio promocional:
    $ Al año*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, por los próximos tres meses tu plan tendrá un precio promocional:
    $ por 3 meses*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * A partir del cuarto mes por al mes. Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
    stopper description + stopper description

    Tu aporte contribuye a la Búsqueda de la verdad

    Suscribite ahora y obtené acceso ilimitado a los contenidos de Búsqueda y Galería.

    Suscribite a Búsqueda
    DESDE

    UYU

    299

    /mes*

    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá

    Amargado el corazón

    Columnista de Búsqueda

    La nueva serie de Ricky Gervais no es exactamente una comedia. No lo es en el sentido de que dedica buena parte de su tiempo a mostrarnos cómo lidia con el dolor el bueno de Tony, un reciente viudo que no para de lamentar su pérdida. Hasta el punto de considerar e incluso intentar suicidarse en su desamparo. Lo interesante y lo que de alguna manera la convierte en una comedia es que, en medio de su dolor, Tony decide ser abiertamente desagradable con todos quienes lo rodean. Esa será su venganza hacia el mundo que, eso cree, le arrebató su ser más querido.

    Usando como disparador de la acción unos videos póstumos que su esposa le dejó antes de morir, en donde le da consejos para su vida sin ella, cada capítulo muestra a Tony/Ricky Gervais destilando bilis y malhumor hacia todo aquel que se cruce en su camino. Así caen el cartero, sus compañeros de trabajo en el más bien patético diario local, sus familiares (entre ellos su cuñado y jefe) y cada vecino que aparezca por ahí.

    El británico Gervais es conocido por su humor negro sin concesiones, un humor que a veces con mayor o menor delicadeza no suele dejar títere con cabeza. En esta ocasión parece haber elegido introducir algunos matices que intentan humanizar ese humor sin cuartel ni tregua. Es verdad, el tema elegido, la viudez, se presta para apostar a ese doble perfil de seriedad y acidez. Lo cierto es que sin ese doblez, el chiste se agotaría más rápido: no son infinitos los insultos inteligentes que un viudo resentido con el mundo puede dejar caer en su recluida y reducida vida diaria.

    Gervais, que además de protagonizar la serie es responsable de la idea, la producción y la dirección, es el centro de toda la acción y nada parece ocurrir en su ausencia. Sin embargo, After Life (Netflix, 2019, seis capítulos de media hora cada uno) logra crear una galería de personajes ricos y variados que son los que terminan aportando los matices que el Tony/Ricky necesita para funcionar mejor y resultar, dentro de los márgenes de la ficción humorística, creíble y, con un poco de esfuerzo, hasta querible.

    El contrapunto que de manera recurrente se establece entre el amargado viudo y su cuñado, por ejemplo, sirve para recordarle al espectador que no todo lo que ocurre en el universo sucede alrededor del deprimido y deprimente Tony. Algo parecido pasa en su interacción con Julian, un adicto a la heroína que es también el repartidor del diario local. Luego de comprarle una dosis de heroína, Tony es robado por Julian y va a reclamarle el dinero. En ese encuentro conoce a Daphne/Roxy, una prostituta amiga del yonqui, y establece un vínculo de consumidor/dealer con Julian. Ese par de relaciones nuevas aporta material para algunas secuencias cómicas y otras trágicas, pero sirve sobre todo para confrontar a Tony con un mundo que sigue girando a pesar de su dolor y en donde las vidas de los demás siguen teniendo sus dosis propias de miserias y alegrías.

    Y está la redacción del Tambury Gazzette, un diario local que se especializa en “historias humanas” como la del joven que toca dos flautas con la nariz o el vecino que asegura que la mancha de humedad que apareció en una pared de su casa tiene el rostro de Kenneth Brannagh. Historias de nulo valor periodístico que siempre son cubiertas por el amargo Tony, quien está convencido de que sería mejor estar muerto que haciendo esa nota. Y Tony siempre es acompañado por Lenny, el fotógrafo del Gazzette, un perezoso y no demasiado inteligente socio que, él sí, parece estar encantado con las historias que cubren.

    Ese doblez del humor de Gervais, uno de los más ácidos comediantes del Reino Unido, abre una puerta de luz en la oscuridad densa de su humor. La posibilidad del cambio, que no de la redención, ofrece una nueva paleta humorística, quizá más suave, que la habitual en Gervais. Así, Tony sostiene algunos intercambios memorables con Anne (excelente Penelope Wilton), una viuda mayor que él, a quien conoce en el cementerio, visitando ambos a sus respectivos fallecidos cónyuges. En esos intercambios, de un humor serio y humano, es donde brillan más los matices, dejando un humor menos feroz que el habitual en Gervais.

    Lejos de ablandar el resultado, estos instantes proveen al espectador una base más realista desde la cual entender y hasta anticipar la oscuridad sarcástica de los otros momentos del show. Es decir, dan a la serie una suerte de contrapeso menos filoso.

    Muy inglés es todo en After Life. Desde la belleza tranquila del pueblito a las playas de arenas frías; desde el humor sin concesiones del viudo a la flema con que el resto lidia con su mala onda; desde la incorrección política radical al aplomo, un aplomo que a veces resulta también absurdo. Y eso también es muy inglés.

    En el rubro actuaciones, obviamente la palma se la lleva el creador y director Ricky Gervais, que puede pasar de ser un irritante, agresivo y autocompasivo viudo a un tipo agradable con solo mover una ceja y cambiar ligeramente la inflexión de la voz. El elenco es sólido y aporta un efectivo contrapunto al omnipresente Gervais: muy bueno su dubitativo cuñado (Tom Basden), el fotógrafo Lenny y su indolente mirada sobre el trabajo y la vida (Tony Way), la enfermera que cuida al padre de Tony (Ashley Jensen). Mención aparte merece David Bradley por su excelente interpretación del padre del viudo: es muy bueno el gag recurrente en donde le pregunta a su hijo cómo está Lisa y por qué no vino, provocando la amargura de Tony, quien le recuerda que ya le dijo mil veces que Lisa está muerta.

    Las opiniones sobre After Life —que ha sido renovada para una segunda temporada— son variadas y muchas coinciden en preguntarse si no estamos asistiendo al fin del Ricky Gervais más radical, amansado por el tiempo. El principal logro de la serie es mostrar la capacidad de Gervais para hacer un humor que, sin dejar de tener su clásica furia oscura y mala onda, incorpora una dimensión humana que pone en relieve, un relieve terrenal y humano, el valor de violentar la norma social a través del humor. Nunca viene mal recordar al espectador que detrás de la máscara del payaso hay siempre una cara real.