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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáLuego de varias zafras sin crecer, en la campaña 2020-2021 el área sembrada aumentó 5% respecto a la anterior y el rendimiento de los cultivos posibilitó un leve incremento en la productividad agrícola media del último quinquenio, de acuerdo con el índice de Productividad Ponderada Agrícola que elabora Carle & Andrioli. A eso se agregó un panorama de altos precios internacionales que mejoran los márgenes de rentabilidad del sector. En ese marco, el índice de Inversión en Maquinaria Agrícola (Idima) registró una suba de 35% respecto a la campaña previa.
El Idima es estimado por la consultora con base en las importaciones de tractores, cosechadoras y sembradoras. En esta campaña se concretaron importaciones de esos bienes por US$ 117 millones en total, con aumentos de 57%, 2% y 35%, respectivamente. Este incremento del índice se suma al que se había dado en la zafra 2019-2020 (46%), a pesar de lo cual no alcanza la mitad del valor récord de inversión agrícola registrada en la campaña de 2014.
Otro indicador relevante al analizar la inversión en equipamiento y maquinaria utilizada en la agricultura uruguaya es considerar su monto con relación a las hectáreas cultivadas. En la última campaña ese ratio creció a US$ 67, superior a la anterior, y permitió aproximarse a niveles de reposición de inversiones, según la consultora. En 2009-2014 se había ubicado en US$ 99, en promedio.
“Al igual que en los otros países de la región, la demanda de maquinaria agrícola ha superado a la oferta de equipamiento. De acuerdo con fuentes calificadas, la importación de maquinaria agrícola en los últimos meses se ha enlentecido por dificultades en el aprovisionamiento” en el contexto de la pandemia de Covid-19, puntualiza en el informe.
“En las decisiones de inversión de los productores agropecuarios está siendo determinante la rentabilidad esperada, incidida de forma importante por el nivel actual de los precios de los productos agrícolas. Además, están contribuyendo las mejoras de la oferta de financiamiento y de los incentivos tributarios a las inversiones”, asegura Carle & Andrioli.
En materia de precios, su informe destaca que en los 12 meses cerrados a junio pasado el índice de alimentos de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación subió 34%, al igual que el índice específico de los cereales. A su vez, a partir de datos del Banco Mundial, agrega que los precios agrícolas promedios de la zafra 2020-2021 aumentaron respecto de los promedios de la campaña anterior: soja 41%, trigo 16% y arroz 9%. “El comportamiento de los mercados determinó que los valores exportados de productos agrícolas” de Uruguay en el primer semestre de 2021 fuera superior a igual período de años anteriores, resalta.
Y agrega que mejoró la relación entre esos precios y los costos de los principales factores de producción agrícola, con lo que apuntaló los márgenes de rentabilidad del rubro. “Sin embargo, además del comportamiento de la cotización del dólar impactarán en los costos agrícolas de la próxima campaña el significativo incremento del precio de los insumos y de los combustibles”, advierte Carle & Andrioli.
Desde el punto de vista del financiamiento de las inversiones, el análisis señala que los niveles actuales de precios determinan condiciones más favorables en la oferta de crédito, al mismo tiempo que las “mejores expectativas y flujos de fondos esperados por los productores agropecuarios impulsan una mayor demanda” de fondeo. A mayo, los préstamos bancarios totales al agro ascendían a U$S 2.421 millones, un incremento de 2% respecto a un año atrás, si bien los préstamos a la agricultura bajaron 7%. Paralelamente, en el primer semestre del año se presentaron “numerosos proyectos agropecuarios, principalmente de maquinarias agrícolas y equipos de riego”, al amparo de la ley de promoción de inversiones.
La consultora cierra su informe comentando las perspectivas para la campaña agrícola 2021-2022. Vislumbra un crecimiento del área cultivada, determinado por una mayor intención de siembra en los rubros de invierno —según la Encuesta Agrícola del Ministerio de Ganadería— y expectativas de precio de la soja en la “zona de los US$ 500” y con un precio provisorio de US$ 12,50 la bolsa de arroz fijado para la última zafra.
Para Carle & Andrioli, en “estas condiciones la actividad agrícola podrá continuar invirtiendo en nuevos equipos y tecnología para aumentar las productividades, adecuar los costos productivos y mejorar la gestión ambiental (…). Dado los riesgos de mercado y clima, y una presión de aumento de costos, los productores deberán evaluar el repago de inversiones y créditos en condiciones menos favorables. Experiencias de años anteriores con precios altos muestran que algunas veces las decisiones financieras de inversión y endeudamiento pueden tener oportunidades de mejora”.