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Medio mundo está enganchadísimo a Rey Tigre. Este documental dividido en siete episodios de una hora de duración cada uno fue visto por más del 10% de la población estadounidense (34,3 millones de espectadores) durante sus primeros días en Netflix. Aunque todavía no está en el top ten de preferencias de los usuarios en Uruguay, va camino a desbancar a la tercera temporada de Stranger Things, la ficción original más exitosa de la plataforma, con 36,3 millones de espectadores. Pero Rey Tigre no es ficción. Es algo bastante más extraño y fascinante.
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Dirigida por Eric Goode y Rebecca Chaiklin, esta miniserie documental del género true crime absolutamente increíble recoge la historia de Joe Exotic, un megalómano criador de grandes felinos (tigres, leones, leopardos), propietario del Greater Wynnewood Exotic Animal Park en Oklahoma, gay polígamo, aficionado a las armas y los explosivos, con un gusto atroz por los chalecos símil cuero con flecos, el animal print, la ropa brillante y el peinado mullet. Exotic, cuyo nombre real es Joseph Allen Maldonado-Passage (aunque su verdadero apellido es Schreibvogel, exótico e impronunciable, lo que le dio pie para usar el alias artístico con el que hoy es conocido a escala mundial), fue mago, llegó a grabar su propio reality show e incluso incursionó en la política. Asegura ser el criador de tigres más prolífico de Estados Unidos, tiene un canal en YouTube, JoeExoticTV, donde pueden encontrarse videoclips de sus canciones (sí: también aspira a ser estrella del country) y diversas entregas de su programa Joe Exotic TV Live, en el que, entre otras delicias, aparece desvariando y despotricando contra Carole Baskin, su némesis, directora fundadora del “santuario animal” Big Cat Rescue, ubicado en Florida. Exotic acusa a la autodenominada Madre Teresa de los grandes felinos de tener a sus animales en condiciones por debajo de lo aceptable. Y se declara dispuesto a demostrar que ella es la responsable de la desaparición de su segundo esposo, el millonario Don Lewis, declarado muerto en 2002, en lo que forma parte de uno de los misterios más inquietantes y aterradores que aborda la serie. Además de amenazarla de muerte en reiteradas ocasiones, Exotic intentó contratar a un sicario para que se hiciera cargo de la mujer.
La rivalidad entre estos dos personajes es solo una parte de una ciénaga sin fondo. Rey Tigre se sumerge en las entrañas del comercio, la domesticación y las distintas formas de exhibición de estas criaturas, negocio sumamente rentable que flirtea con la ilegalidad. Extrañas y retorcidas tramas se dan cita en un submundo de obsesión por felinos (que se manifiesta como una adicción y que forma parte de lo que se denomina síndrome de Noé), un submundo fascinante y repulsivo a la vez que involucra a empresarios chantas, adictos a drogas duras y mujeriegos repulsivamente fanfarrones, tráfico de especies y cachorros escondidos en valijas, exploración laboral y maltrato animal, amputaciones, piernas de titanio y mutilaciones, conspiraciones, amenazas, traiciones y demandas, una muerta trágica y un incendio para nada accidental.
El peculiar elenco de este caótico cóctel parece salido de un casting de la más delirante película de los hermanos Coen. Hay que ver para creer. Hay que ver, para empezar, a su exótico protagonista, con su pelo oxigenado, su bigote herradura al estilo motoquero y sus precarios tatuajes de estética carcelaria, y conocer detalles de su agitada vida amorosa, su relación con los animales exóticos, con sus empleados, con sus esposos, con sus socios, con los amigos o socios que se convierten en sus adversarios, y con su archienemiga, Baskin, su otra gran obsesión después (o al mismo grado) de los tigres y los leones. Y hay que ver a Baskin, vestida con animal print de pies a cabeza, caminando con el mentón erguido, universal gesto de arrogancia y autosuficiencia, proyectando una mirada cándida al borde de lo inverosímil, hablando, entre otros asuntos, de su devoción y entrega hacia los felinos, en contraste con la soberbia y el egoísmo que, según ella, Exotic disfraza de altruismo y buen trato animal. Hay que escuchar la historia de cómo conoció a su segundo marido, el desaparecido señor Lewis, que llevaba adelante una serie de actividades comerciales poco claras en Costa Rica, donde además tenía una amante. Hay que recorrer Big Cat Rescue, que la propia Baskin define como santuario, pero funciona como un zoológico que se mantiene principalmente gracias al trabajo desinteresado de voluntarios que no reciben un centavo de los 50 dólares que pagan los visitantes por los paseos guiados de una hora y media de duración.
La dinámica de este establecimiento tiene algo de secta, algo que también se aprecia, con mayor claridad, en el Myrtle Beach Safari, emprendimiento de otro gran personaje de esta demencia: Mahamayavi Bhagavan Doc Antle, amo y señor del Institute for Greatly Endangered and Rare Species (T.I.G.E.R.S.), un “adicto” a los felinos que, como Exotic, también practica el poliamor (aunque heterosexual) y mantiene relaciones románticas y abusivas con las mujeres que trabajan para él. Y hay que ver a los cuidadores del G. W. Zoo y conocer sus historias y los lazos que los unen. Ver a Kelci Saffery, trabajadora del zoológico que perdió un brazo tras ser atacada por un tigre y que, lejos de sentir rencor hacia Exotic, solo le expresa gratitud, asegurando que gracias a él encontró su misión en la vida. Ver a John Reinke, una de las personas que mejor conoce el zoo y su peculiar dueño. Y a Rick Kirkham, productor televisivo que pensaba hacerse millonario con la creación de un asombroso y malogrado reality protagonizado por el Rey Tigre. De nuevo: es un documental. Y es impecable la manera como los directores administran la información y van sumando capas de desvarío y demencia. Aunque, vale decir, es cierto que sobre los últimos dos episodios la densidad de las tramas y de los testimonios que se han ido acumulando es tan vasta que uno puede marearse un poco.
La fascinación y el asombro que provoca Rey Tigre se encuentran en plena onda expansiva. Donald Trump manifestó su interés en uno de los casos criminales que aborda la serie y ya se habla de la posibilidad de hacer una película de ficción (Exotic manifestó que quiere que Brad Pitt interprete su papel). El director español Alex de la Iglesia se declaró fan de la serie y escribió en Twitter: “Cada fotograma es de una violencia visual abrumadora, de un kitsch doloroso, solo superada por la demencial y delirante vida de cada ser que habita en el documental como animales encerrados en jaulas. Imprescindible”. Rey Tigre fue grabada entre 2014 y 2020 y se terminó de editar en enero de este año. El 12 de abril Netflix emitió en EE.UU. The Tiger King and I, especial de 40 minutos en el que el actor y conductor Joel McHale dialoga con varios de los protagonistas, que revelan detalles que quedaron fuera de la edición final. Aun así, los directores Goode y Chaiklin afirman que les ha sobrado material. Es que, como se verá, la historia del Rey Tigre continúa escribiéndose.