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La automatización y sus consecuencias en el mercado laboral es un tema de debate recurrente en los últimos meses en Uruguay. Los estudios académicos y oficiales indican que en las próximas décadas más de la mitad de los empleos corren riesgo de perderse a manos de la tecnología. Las proyecciones abonan temores reales de pérdida de trabajo y también alimentan mitos.
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Con el fin de aportar al debate y en el marco de su plan Hacia una estrategia nacional, Uruguay 2050, la Oficina de Planeamiento y Prespuesto organizó una charla sobre automatización y empleo en Uruguay con representantes de diversos sectores. Así, convocaron al decano de la Facultad de Economía, Rodrigo Arim, al secretario general del gremio bancario (Aebu) y secretario de Relaciones Internacionales del PIT-CNT, Fernando Gambera, a la ingeniera y fundadora de ThalesLab (una empresa que apoya a start-ups tecnológicas), Sylvia Chebi, y al socio director de Armor Bionics, una empresa que se especializa en el modelado y diseño 3D para la planificación quirúrgica, Pablo Santiago Pereira.
Para Gambera, este “avance de la tecnología y cambios en el trabajo” pone al movimiento sindical “en un cruce de caminos” y le plantea “dos desafíos principales”.
“El primero es reestructurarse. En esta cantidad de empleos cruzados y diversificación de funciones, tenemos que generar una estructura sindical que represente eso. Ya no se concibe que tengamos sindicatos por rama, vamos a tener que crear una organización sindical que represente a estos nuevos formatos”, sostuvo.
“Hay tareas que están repartidas entre la cajera de supermercados, en el que trabaja en el Abitab, en una financiera o en un banco. Todos los productos se ofrecen en varios lados”, sostuvo el dirigente, y agregó que este cambio es “un gran desafío” porque implica modificar la “cultura sindical”.
“El otro dilema es que la negociación colectiva va a tener un vuelco y un cambio fundamental, y es que va cobrar más importancia y muchísima más fuerza” en “las reivindicaciones sindicales” la “formación profesional continua y la capacitación que los niveles salariales”, agregó.
Según Gambera, una forma “efectiva” de redistribuir es “generando niveles de conocimiento de acceso universal”.
“Eso en el mundo del trabajo se puede asegurar a través de una negociación colectiva distinta, de buena fe de ambas partes, estableciendo reglas de formación continua que hagan que los trabajadores que dejan de hacer determinadas tareas puedan ser empleados en otra área”, añadió.
A pesar de estos cambios, el dirigente advirtió que “muchos de los que hablan de innovación luego pagan con esa moneda de no innovar en su relación laboral”.
Gambera sostuvo que si la nueva etapa que se abre implica que “todas las sociedades estén incluidas”, entonces se está frente a “una oportunidad” histórica. De lo contrario, advirtió, se corre el riesgo de “seguir ensanchando una brecha” de riqueza que “ofende a nivel mundial” y que supone mucha “acumulación de capital favorecida” por la tecnología.
Mitos y educación.
Para Rodrigo Arim “cada vez que la humanidad entró en un proceso de cambio tecnológico emergió de ella con más empleo, con más capacidad para generar recursos, con más nivel de vida y con más bienestar”.
“Es cierto que el progreso ha generado menos trabajo, pero eso no tiene nada de malo, no creo que nadie quiera trabajar 72 horas como en la Revolución Industrial”, añadió.
Arim puso en entredicho “dos mitos”. El primero es que el mundo está ante “una revolución industrial”. Al respecto dijo que “la revolución en la productividad no es la misma que en las otras revoluciones”, y que de lo que se trata es de un “cambio tecnológico profundo”.
El segundo estaba vinculado al tema de la capacitación que mencionó Gambera. Para Arim no hay “un desplazamiento de la demanda de trabajadores”, sino que lo que está cambiando “mucho” es la composición de esa demanda.
“Lo que está pasando es que la formación de los trabajadores no está cambiando en la misma dirección”, que las nuevas demandas laborales que surgen de la automatización y el uso de la tecnología en el trabajo.
“Eso que es un drama en el mundo desarrollado, en Uruguay es más dramático aún porque nuestro sistema educativo está demostrando ciertas dificultades”, sostuvo.
Según el académico, “la llave para el bienestar social hoy es culminar la educación terciaria. En Uruguay estamos muy lejos no ya de eso, sino de terminar la educación secundaria”.
“El riesgo en Uruguay no es ser desplazado por la máquina, el riesgo es que gran parte de nuestra población ya no logra acceder a conocimientos importantes”, agregó.
“Uno de los problemas que tenemos en este país es que pensamos que hay formar para un solo oficio. Y hacer eso hoy con un muchacho de 18 años puede ser condenarlo a estar en riesgo permanente de perder su puesto”, dijo Arim.
El futuro y las bases.
Según Sylvia Chebi, “hay muchos miedos y mitos con estos temas”.
“Entiendo que van a desaparecer trabajos, pero se mejora la calidad. Hay mucho desconocimiento sobre la inteligencia artificial, la gente cree que las máquinas van a sustituir todo y no es así. La tecnología va a crear nuevos trabajos. Tenemos que trabajar en pasar del miedo a la inquietud de hacer cosas nuevas”, dijo.
Advirtió que el sistema educativo uruguayo está “formando gente para trabajos que no sabremos si existirán en un futuro. No solo la universidad tiene que cambiar, tiene que cambiar la escuela y formar gente con la inquietud de aprender constante”.
A su turno, Pablo Pereira dijo que es “muy difícil” pensar en cómo será el 2050 y que por ello “se deben volver a las bases y valores de una buena educación, que siempre ha rescatado a la humanidad”.
“Veo un futuro lindo porque lo vamos a poder disfrutar. El trabajo que toman las máquinas sería más tiempo para nosotros y aprovechar eso que nos hace humanos”, agregó.