Sobre el conflicto en Gaza, el ministro reafirmó la postura que adoptó el gobierno: “Fuimos llegando a un lenguaje más duro porque tuvimos que adoptar definiciones más duras respecto a cosas más duras que hacía Israel”.
“Gaza es como un campo de concentración gigante (...) bombardear ahí verdaderamente es bombardear adentro de una jaula”, opinó.
Lo que sigue es un resumen de su entrevista con Búsqueda.
—¿Por qué Uruguay adoptó una postura tan crítica frente a las operaciones militares israelíes?
—Simplemente porque las cosas tienen un nombre. Nosotros no calificamos a nadie, ni calificamos ninguna acción. Hemos recogido definiciones que es importante tener claras. Cuando se toman como objetivos militares a personas no combatientes, eso definitivamente puede constituir un crimen de guerra. Si manejás un auto y tomaste un par de copas y atropellás a un par de niños, es un homicidio. Ni que hablar cuando tirás un gatillo o accionás un disparador de un misil. Van 1.800 muertes, y 1.600 son muertes civiles. Lo cual quiere decir que el grueso de los ataques israelíes se han concentrado sobre población civil. Nosotros no podemos ser indiferentes a eso. Si lo somos renegamos de todas las cosas en que creemos y por las que actuamos, y que defendemos en materia de política exterior. Fuimos llegando a un lenguaje más duro porque tuvimos que adoptar definiciones más duras respecto a cosas más duras que hacía Israel.
—El presidente habló de genocidio. ¿Usted lo comparte?
—Genocidio es una campaña de exterminio prácticamente integral de un pueblo. Acá falta muchísimo para llegar a esa definición. No obstante, hay cuestiones que son sistemáticas en los ataques de Israel. El hecho de que la población civil se ha transformado en el blanco central de los ataques del ejército israelí es una definición bastante seria respecto a sus objetivos y cómo los han llevado adelante. Hay una sistematización en lo que hacen. Obviamente que 1.800 personas no es el total de una población. Gaza es como un campo de concentración gigante, cada metro cuadrado está registrado, mapizado, y bombardear ahí es verdaderamente bombardear adentro de una jaula. Están cerrados por un lado por Israel, por el otro por Egipto, y les tirás bombas arriba, no hay mucho lugar para donde ir.
—La nueva embajadora de Israel en Uruguay, Nina Ben Ami, dijo estar “consternada” por los comentarios del presidente. ¿Qué opina de sus declaraciones?
—Al diplomático le tocan defender cosas muchas veces...
—¿Aun con las que no está de acuerdo?
—Aun las que no está de acuerdo. Acá hubo diplomáticos durante la dictadura que defendieron en diferentes ámbitos internacionales la situación de derechos humanos de este país, con desaparecidos y torturados. No estoy de acuerdo con eso, no creo que lo deba hacer, pero le puede tocar a ella defender esto. Lo ha tomado con una actitud mucho más profesional que su segundo, que definitivamente ha errado en los conceptos mucho más seguido. Las declaraciones del cónsul no han sido de rebatir argumentos, porque capaz que no los tiene, pobre, sino de clasificar, lo cual es inadmisible.
—¿Le preocupan las reacciones de la Embajada de Israel en Uruguay, respecto a lo que puede implicar para las relaciones entre ambos países?
—No, no espero que tengamos la misma posición sobre este tema.
—¿Pero esto repercute en las relaciones políticas entre ambos países?
—Israel es uno de los mercados que más han crecido en este tiempo. Han crecido las exportaciones, la cooperación, y hemos fortalecido el vínculo y el diálogo a pesar del bla bla bla y alcahuetismo que hay en el sistema político.
—¿Este episodio en concreto no va a afectar las relaciones?
—Cada vez que tengamos que ser duros vamos a ser duros, y cada vez que tengamos que reconocer algo lo vamos a reconocer. Uruguay no se guarda nada. Hemos condenado a Israel y hemos condenado los misiles de Hamás. Pero hay una cosa: los objetivos de Israel están mucho más dirigidos, y cuando tienen como blanco escuelas y niños, las más duras condenas quedan cortas.
—El presidente dijo que con los ataques de Israel es muy fácil que germine un sentimiento de odio. ¿Piensa que se pueden despertar reacciones antisemitas en la población?
—Esta indignación que levantan los ataques israelíes tienen un efecto mucho más amplio, no solamente se han llevado la condena de prácticamente todos los países del mundo y de las Naciones Unidas, sino que también las sociedades en general reaccionan negativamente a eso. Hoy tenés uruguayos que quieren ir a Gaza, simplemente por la indignación que les producen las imágenes que ven de las masacres en las escuelas y en la población civil de ese país. Si las colectividades judías no tienen una capacidad de respuesta ni de condena a estas cosas que están pasando… Una masacre en una escuela es una masacre en una escuela. No podés matar a 13 o 14 niños y decir ‘Israel ha hecho lo máximo que ha podido para proteger a la población civil’. Eso es inadmisible.
—¿Eso genera condiciones para que aumente el antisemitismo?
—No es antisemitismo. Capaz que tenés algún tarado por ahí que es antisemita y se neutraliza solo. Y hay que tener cuidado. Tampoco podés dejar esos cables sueltos. Pero es distinto condenar una masacre en una escuela que ser antisemita.
—Su candidatura a la OEA, la posibilidad de que Uruguay ingrese al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, el rol que le otorgan al país potencias como EEUU y Rusia... ¿Le parece que el posicionamiento de Uruguay a nivel internacional está en su mejor momento?
—El país que presentás en el exterior es el país que tenés. Al Frente Amplio le tocó agarrar al país en una crisis severa. Y hoy está en el mejor momento de la historia del Uruguay en los últimos 70 u 80 años. Eso es lo que tenés para presentar en el exterior. Pero además con un presidente que ha sido muy innovador y no ha parado de tener ideas. Estamos en el último semestre de actuación gubernamental y el presidente sigue teniendo ideas, sigue generando espacios, en la dimensión pública interna sigue siendo él quien propone la agenda. Aun cuando estamos en campaña electoral. Y sigue siendo quien propone agenda a nivel regional. El que dice las cosas como son, el que plantea estas verdades absolutas que tienen las relaciones internacionales y que la gente esconde o minimiza. Eso sí hace que sea el mejor momento de posicionamiento internacional del país. Hasta hace unos pocos años nos confundían con Paraguay. Hoy nadie tiene la menor duda de qué es Uruguay. Nadie tiene la menor duda de quién es el presidente de Uruguay. Algo fantástico, extraordinario, en lo que significa el posicionamiento del país. El presidente que tenemos es un referente para los principales líderes del mundo, para Xi Jinping en China, para Vladimir Putin en Rusia, para la Unión Europea, Angela Merkel, para Barack Obama en EEUU. Es un referente regional de primer nivel.
—¿Cuánto se debe ese posicionamiento a la figura de Mujica? ¿Se puede legar ese prestigio?
—Sí. Porque si Uruguay genera todavía mejores condiciones de vida, y mejora sus niveles de desarrollo, definitivamente va a ser un país que va a seguir siendo escuchado con atención en la comunidad internacional. Siempre que hay un cambio de autoridades, tienen que presentarse de nuevo. Eso no tenés más remedio que hacerlo. Sin perjuicio de eso, están las condiciones dadas para que haya una continuidad.
—Pero Mujica ya no va a estar...
—El prestigio del país es acumulativo. Y es bueno que Mujica siga de alguna manera involucrado. Es algo que se vio en Brasil después de Lula, Dilma supo darle continuidad y fortaleza al posicionamiento internacional de Brasil. No es necesario que los dos presidentes tengan el mismo estilo, pueden ser diferentes pero hacer lo mismo en beneficio del país.
—Pasemos a la relación con Argentina. Pareciera que hay una cuestión cíclica: hay una tregua, las relaciones mejoran por un tiempo, y luego surge un nuevo cruce y hay que arrancar de cero otra vez. ¿Es así?
—No. Ninguna negociación arranca sino en el punto donde fue dejada anteriormente. Nunca es casillero uno, porque ya hemos superado varios casilleros en la relación con Argentina. Cuando asumimos no teníamos acordado la profundización del Martín García, no teníamos el pliego de obras de esa profundización, ni el mantenimiento conjunto, ni la profundización del río Uruguay. Estábamos exportando 150 millones de dólares menos por año. Teníamos unos cuantos cientos de miles de turistas menos por año. Entonces hemos superado varios casilleros.
—Pero sigue habiendo varios temas en los que no ha sido fácil negociar.
—Hay cosas que siempre van a cruzarse, y eso es inevitable, porque son intereses que están ahí desde que se fundó Montevideo. Al otro día empezó una guerra de puertos. La única manera de salir de la guerra de puertos es algo que propusimos en este tiempo y que todavía no pudimos concretar, y es salir por adelante. Que cada uno de los países tenga la mejor infraestructura portuaria que pueda y los mejores canales. Los puertos van a seguir compitiendo y van a pelear por la carga toda la vida. Nos vamos a reciclar 25 veces, Uruguay va a crecer y ser el país más desarrollado del mundo y estos problemas van a seguir. Lo fundamental para nosotros es no entregar soberanía en el Río de la Plata y en el río Uruguay, como se hizo en las administraciones anteriores al 2005. A veces es obvio que te tenés que trancar en algunos temas, no tenés más remedio porque esos intereses se van a cruzar indefectiblemente.
—¿Gobierne quien gobierne de ambos lados?
—Gobierne quien gobierne de ambos lados. Las concesiones se hicieron a todos los gobiernos en dictadura y democracia. Estos esquemas de soberanía compartida son complicados para Uruguay. Nos la complicamos bárbaro con el hecho de que cualquier proyecto productivo que tengas que instalar en la costa del río Uruguay tenga que pasar por la CARU. Y no tenés más ríos. Son datos de la realidad.
—Pero más allá de la rivalidad histórica de los puertos, este gobierno ha señalado que en las negociaciones Argentina tranca algunos temas y dilata los procedimientos de consulta para vetar los proyectos uruguayos, como ocurrió en el caso de la aprobación del aumento de la producción de UPM.
—UPM es algo que por determinadas condiciones que tuvo el nacimiento de la planta ha pasado a ser un tema emblemático de los dos países. Para Uruguay es muy propio y para Argentina también. Hay una lógica de la relación respecto a UPM, es como el nervio más sensitivo de la relación con Argentina. No hay un interés específico de Argentina en eso, es un tema esencialmente político.
—¿Entonces ambos países son responsables por las dificultades en las negociaciones?
—Siempre que cruzarnos estos intereses nos vamos a trancar. Y siempre, como cuando trancás en una jugada de fútbol, vos tenés que trancar más fuerte. Si no, no te llevás la pelota. Esa es la realidad. Cuando tenés un tema con Argentina como estos, tenés responsabilidades que vienen del fondo de la historia. Esto es como la milonga de Borges que dedica a los orientales: ‘Hombro a hombro, pecho a pecho, cuántas veces combatimos, cuántas veces nos corrieron, cuántas veces los corrimos. (...) Para pelear con hermanos era buena cualquier cancha, que lo digan los que vieron su último sol en Cagancha’. Hay muchas cosas cruzadas de patria vieja. Los orientales siempre guapearon. Y los uruguayos tienen la responsabilidad histórica de heredar a esos orientales. Tenés que ir para adelante.
—¿Lo de recibir a refugiados sirios fue idea suya?
—No, fue idea del presidente. Yo volví impactado por la situación de los niños. Ese campamento que visité es quizás donde estén mejor y entonces no querés saber cómo están los demás. Pero me asombró y me impactó la situación y la tristeza de esos niños. Cuando salí del campo no pude hablar por un buen rato. Capaz es una sensibilidad especial que uno tiene cuando están niños involucrados. Quizás esto también forma parte de nuestra condena a los bombardeos de las escuelas. Niños en esas condiciones fue un impacto fuerte. Tuvimos la capacidad de transmitirlo al presidente, por lo menos, y que el presidente encauzara las acciones que estamos llevando a cabo.
Información Nacional
2014-08-07T00:00:00
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